La era postreligional

será mística, inter religiosa y supra religiosa

Simón Pedro ARNOLD o.s.b.

 

Al comenzar estas reflexiones, constatábamos que el paradigma postreligional no implica el fin de las religiones, sino un giro hacia nuevas funciones en un paisaje cultural que ha dejado de ser agrario y mítico. En realidad, ¿cuál es el sentido concreto de este giro? Se presenta a la vez como un duelo y como un reto.

 

El duelo es inmenso.

Se trata de renunciar a toda función que tendría que ver con el desciframiento de la realidad global y con su manejo ideológico. La cultura científica agnóstica no necesita de pedagogo ni de juez. Ella misma se ha creado sus propias referencias y no necesita de ninguna “Mater et Magistra”.

Son los discursos religiosos, más bien, los que, a la luz de las nuevas conciencias, necesitan una reformulación, una recreación de sus metáforas teológicas, cosmogónicas y antropológicas, como lo hemos visto. A pesar de signos contradictorios, en particular en los movimientos fanáticos y fundamentalistas de todas las religiones, el liderazgo social y político de las religiones llega a su fin con el paradigma postreligional. En una palabra, se trata de renunciar al poder directo sobre las sociedades y de optar por una presencia humilde de influencia y prestigio humanista.

 

Pero el reto no es menos importante.

El reto lanzado por los Nuevos Paradigmas a las religiones no es menos importante. Debemos, urgentemente, encontrar, en el concierto movedizo y plural del Mundo postmoderno, un lugar específico nuevo. Esta nueva identidad, la veo a la vez de cara a los creyentes mismos y de cara al Mundo.

En adelante, los espacios teológicos, rituales y éticos de las religiones tendrán que brindar a los fieles, oportunidades de elaborar, juntos y juntas, simbólicas siempre nuevas de fe y de debatir constantemente con las nuevas cuestiones. Es lo que llamaría el “foro para un nuevo discipulado”, una dinámica de “inteligencia de la fe”. La prioridad tendrá que darse, en este foro, a la experiencia carismática y mística más que a la dogmática (cuya función interna tiene que replantearse también).

Las instituciones religiosas ya no estarán llamadas a preservar y garantizar “la” Verdad, ni a difundirla a toda costa, sino a elaborar colectivamente un discurso creyente, que tenga en cuenta las interpelaciones actuales. Esta es la responsabilidad de cada confesión y de cada religión para con sus propios miembros.

 

Desafío supra-religioso e interreligioso

Pero existe, más que todo, un desafío supra-religioso e interreligioso de cara al Mundo. Más allá de las fronteras confesionales, ¿cómo las diferentes religiones pueden ofrecer mancomunadamente la riqueza de sus tradiciones éticas y espirituales, simbólicas e intelectuales, como contribución a lo que Francisco llama la transformación del Mundo, su plena Humanización?

El Humanismo como más allá de las religiones es lo que nos toca proponer juntos desde nuestras diversidades… ¿En qué medida seremos capaces de presentar un Humanismo común y polifónico que surja de la experiencia de nuestra, igualmente común, experiencia de la trascendencia? Esta es la gran pregunta que sólo se podrá responder por un intenso diálogo de Humanismos creyentes y un proceso acelerado de sanación de nuestras taras seculares respectivas. Magnífica aventura, a contracorriente de la violencia endémica que nos aqueja.

Me permití, en estas páginas, emitir la hipótesis de una responsabilidad histórica específica del Cristianismo en esta tarea. El Cristianismo podría ser el verdadero anfitrión de una invitación universal a este nuevo escenario religioso, sin afán hegemónico

¿Estoy soñando algo imposible de cara a siglos de ostracismos mutuos y a los signos contradictorios del escenario religioso global de hoy? O, al contrario, ¿es precisamente por lo imposible que hay que apostar?, lo que el Papa Francisco parece querer intentar.

 

Simón Pedro Arnoldosb nacido en Bélgica, es monje benedictino fundador y miembro del monasterio de la Resurrección, Chucuito, Perú. Fue ordenado sacerdote en 1981. Estudió música, es también doctor en comunicación y licenciado en teología. Dese hace varios años es profesor y comunicador, además de ser prior y maestro de novicios en los monasterios donde estuvo. Tiene varios libros publicados en francés y en español, así como también discos de música litúrgica y religiosa.

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