ELENA CASANOVAS

EL PAÍS. 22 SEP 2019

 

LA UE DEBE FRENAR LA EVASIÓN FISCAL

Los paraísos fiscales son una realidad más cercana de lo que nos pueda parecer. Lejos del tópico que los describe como micro-estados en vías de desarrollo, muchos Estados europeos cumplen los requisitos para ser considerados paraísos fiscales: impuestos muy bajos y legislaciones laxas, que son aprovechados por grandes empresas y particulares con alto poder adquisitivo para evitar pagar impuestos que les corresponden.

Según cálculos del economista Gabriel Zucman, un 8% de la riqueza mundial en manos de los hogares se encuentra en paraísos fiscales, de la cual un 80% no se declara. Esto supone pérdidas millonarias de recaudación de los impuestos de renta, sucesiones y patrimonio. Suiza, un país europeo, se encuentra en el centro de esta red de corrupción mundial, en la que también participa Luxemburgo, Estado miembro de la Unión Europea.

Pero los grandes protagonistas de la evasión fiscal son las empresas multinacionales. Las estimaciones de Zucman apuntan a que el 40% de los beneficios de las grandes empresas son trasladados a paraísos fiscales cada año. Aprovechando vacíos legales y una legislación no adaptada al nuevo modelo económico y financiero, trasladan contablemente beneficios a jurisdicciones donde tributen menos, evitando así pagar lo que les correspondería. Por ejemplo, Google fue noticia hace unos años por terminar pagando una tasa efectiva de impuestos sobre beneficios del 2,4%, muy por debajo del 35% que marcaba entonces la ley en EE UU, y del 12,5% de Irlanda, donde tiene su sede. Esto fue posible por la desregulación de la legislación irlandesa, que le permitió declarar beneficios en Bermudas, territorio británico de ultramar sin impuesto de sociedades.

Esta trampa legal, llamada base de la erosión fiscal y traslado de beneficios o BEPS1, por sus siglas en inglés, no reporta ningún beneficio a la actividad económica real de los países receptores de fondos. El traslado de beneficios ocurre únicamente mediante artificios de ingeniería contable, de modo que el impacto en el crecimiento económico o la creación de empleo es nulo. Sin embargo, tiene un gran efecto perjudicial a efectos de recaudación. Los países receptores de fondos, como Suiza, Holanda, Luxemburgo, Malta, Irlanda y Bélgica consiguen recaudar impuestos que les corresponderían a otros países como Francia, Alemania, Italia, España, Suecia, el Reino Unido y Polonia. A la vez que esto se permite, en la Unión Europea se discute sobre límites de déficit y equilibrio presupuestario, lo que obliga a los países perdedores a compensar su falta de recaudación subiendo otros impuestos como el del trabajo.

Algunos organismos internacionales están empezando a poner el foco en los mecanismos que permiten la evasión fiscal. En una reciente publicación, el FMI alerta de la inestabilidad financiera y el daño al crecimiento económico que pueden generar estos grandes flujos de capitales. La OCDE, de la mano del G20, está tomando la iniciativa y desarrollando un proyecto para luchar contra el BEPS. Pero los esfuerzos provenientes de organizaciones sin capacidad de exigir que se cumplan los acuerdos no bastan.

La Unión Europea tiene la responsabilidad de ser el único organismo con capacidad para empezar a regular en materia de evasión fiscal. Tras las elecciones de mayo, arranca un nuevo curso en las instituciones comunitarias. Por ahora, el comité de Asuntos Económicos y monetarios del Parlamento Europeo ha aprobado la creación de un subcomité especializado en impuestos y delitos financieros. Esperemos que este avance sea el primero de muchos.

 

1. BEPS (del inglés «Base Erosion and Profit Shifting», en español «Erosión de la base imponible y traslado de beneficios») es el término que designa en fiscalidad internacional, las estrategias de planificación fiscal utilizadas por las empresas multinacionales para aprovecharse de las discrepancias, lagunas, mecanismos no deseados e inconsistencias de los sistemas fiscales nacionales y trasladar sus beneficios a países de escasa o nula tributación, donde las entidades apenas ejercen ninguna actividad económica y eludir de esta forma el pago del impuesto sobre sociedades.

 

 

LAS INVERSIONES FANTASMA PARA ESQUIVAR AL FISCO

Luxemburgo, un país de 600.000 habitantes, alberga tanta inversión extranjera directa como los EE UU y más que China. El motivo de que ese pequeño país parezca un imán para las inversiones extranjeras hay que buscarlo en la ingeniería fiscal de las multinacionales. Una parte importante de las inversiones transfronterizas son movimientos entre filiales de un mismo grupo multinacional, y un enorme pedazo de esas transferencias son como un fantasma porque buscan pasar inadvertidas para el fisco. En realidad pasan por entidades vacías, que no tienen un propósito comercial sino simplemente sirven para realizar operaciones financieras dentro del grupo para rebajar la factura fiscal. "Algunos paraísos fiscales albergan gran parte de la inversión extranjera directa fantasma en el mundo", explican Jannick Damgaard y Thomas Elkjaer y Niels Johannesen, que son investigadores del FMI y profesor en la universidad de Copenhague respectivamente. Además, son autores del artículo El auge de las inversiones fantasma, incluido en la revista del FMI.

Relatan como Holanda y Luxemburgo están en la cúspide de una lista donde vuelven a aparecer las Islas Vírgenes, Bermudas, Caimán, Hong Kong. A nivel mundial, las inversiones fantasma ascienden a 15 billones de dólares al año, el equivalente al PIB conjunto de China y Alemania. En menos de una década las inversiones fantasma han crecido hasta representar el 40% del total de la inversión extranjera directa con un crecimiento superior al del PIB mundial. "Hoy en día, una empresa multinacional puede usar la ingeniería financiera para transferir grandes sumas de dinero en todo el mundo, reubicar fácilmente activos intangibles (patentes, derechos sobre marcas) altamente rentables o vender servicios digitales desde paraísos fiscales sin tener prácticamente ninguna presencia física en otros países".