POEMA DE CASALDÁLIGA A GASPAR

 

Como un vuelo cortado por la muerte

Igual que un crucifijo en carne viva,

Como un abrazo extremo, que me llama,

Me ha cercado tu nombre,

Gaspar, hermano mío.

 

Asturiano, justicia de minero,

Bronco acantilado,

Corazón de Jesús en pura llaga.

 

Tola y sus montes callarán ahora,

-verdes la guerra y la arboleda verde-

Mientras hablamos,

Mientras el Pueblo vela, todavía junto al Dios que escucha,

La Paz del Reino que se aplaza tanto.

 

 Hablaremos tú y yo, Gaspar, a solas.

Al contraluz de mi anhelante fiebre.

Como si aún no fueras un glorioso llegado.

A corazón abierto,

Gaspar,

Sin más testigo

 

Que el Amor que ya vives cara a cara.

 

Terratenientes eran

Los que ahogaban tus pobres,

Los que ahogan mis gentes.

Y es el mismo Evangelio

Que te ardía en las manos

Más que el fusil inhóspito,

Amor exasperado, hermano mío:

Tus manos bajo el óleo

Sangrándote,

Llorándote los ojos cielo arriba.

 

Dime, Gaspar,

 

¿qué harías

Si volvieras?

 

Y cuida bien de Tola,

Cuida de Nicaragua, todavía en combate,

No dejes que tu sangre se marchite

En el cáliz (rajado) de su Iglesia.