GASPAR GARCÍA LAVIANA,

MÍSTICA Y COMPROMISO

 

EN EL XXXI ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE G.G.L.

 

       Yo creo que la principal razón de la pervivencia a través ya de siglos de la figura de Jesús de Nazaret y el movimiento religioso por él iniciado es el haber asumido el grupo de sus íntimos el compromiso de hacer memoria de su vida y en especial de su Última Cena dando así origen a la celebración de la Eucaristía, que ha sido siempre el núcleo mismo de la vida de los cristianos.

 

Pienso que eso mismo es lo que se ha de hacer con las grandes personalidades que han surgido en la historia de los pueblos y con aquellos que, sin llegar a tener un resplandor universal, sin embargo, para un determinado grupo su vida es considerada ejemplar en todos o en algunos aspectos de ella.

 

Para mí es el sentido principal que tiene este encuentro hoy en el aniversario de la muerte de Gaspar: hacer memoria, para mantenerlo vivo, de quien algunos consideramos como ejemplo entrañable de sensibilidad ante el sufrimiento humano y como ejemplo de sacrificio y entrega radical en la lucha para la liberación del pueblo,  en este caso, nicaragüense, y como ejemplo también, ¿cómo no decirlo?, de cura-pastor, utilizando la imagen bíblica, que da la vida por sus ovejas, los campesinos de Tola y San Juan del Sur.

 

Y hacemos memoria de Gaspar no sólo porque nos sentimos orgullosos de él por ser asturiano, nacido en Les Roces, paisano nuestro, sino, y sobre todo, para intentar, en alguna medida, imitarlo, asumiendo en nuestra vida alguna de sus principales sensibilidades, actitudes o comportamientos, lo que, de una u otra manera, debe situarnos siempre en una postura en favor de los más débiles de nuestra sociedad. No merecería la pena perder el tiempo en liturgias vacías en honor de Gaspar, en una exaltación de su persona si ello no condujese, de la manera que fuere, en favor de un mundo mejor, más justo, más igualitario, más solidario.  Aplaudir la entrega y el sacrificio de Gaspar y vivir desentendidos del sufrimiento humano, alienados y entregados al jolgorio de la vida consumista occidental es, al menos, una incoherencia, pero también podríamos decir que una hipocresía.

 

            Más que datos biográficos, que seguramente todos conocéis, lo que quisiera hacer es revivir su espíritu, o, si queréis, su mística, la fuerza interior que le condujo hasta esa muerte violenta que nadie hubiera deseado, para que pudiera luego seguir  aportando su buen hacer en la reconstrucción de la nueva Nicaragua, que no parece haber encontrado los líderes adecuados para el cambio que necesitaba este país.

 

Pero aunque la revolución sandinista no ha logrado aún los objetivos que sus mejores líderes, como Gaspar, le habían marcado, no se puede decir que su sacrificio no sirvió para nada. El espíritu de Gaspar sigue vivo en el corazón de muchos nicaragüenses, está presente como una fuerza que aún no podemos saber la repercusión que pueda alcanzar. Cuando murió Jesús de Nazaret parecía que todo había terminado, pero su Espíritu era demasiado grande para que pudiera ser acallado por el simple hecho de destruir su cuerpo. Gaspar sigue viviendo, está presente aún hoy en Nicaragua y puede seguir siempre vivo e influyente, si encuentra corazones generosos que se dejen captar y arrastrar por el ejemplo de su atrayente vida, totalmente entregada al servicio de los más pobres de Nicaragua.

 

            Estoy totalmente convencido que los aspectos fundamentales de la mística de Gaspar, o si queréis, aunque es distinto, de su ideología, se concentra en estas dos palabras: encarnación y liberación. Bueno, creo que habría que añadir su actitud profética de denuncia del mal. Era la misma mística que nos movía a algunos curas que teníamos su misma edad y a seglares de los movimientos obreros de la HOAC y de la JOC, que fueron bien conocidos por Gaspar y por las gentes de esta Cuenca.

 

Para nosotros el ejemplo de vida sacerdotal era y es Jesús de Nazaret. Hoy, en este año que quisieron llamar “sacerdotal”, la jerarquía eclesiástica nos ha puesto como modelo a seguir al cura de Ars. Al menos he de decir que me parece un despropósito. Aunque tenga mucho que imitar, sin lugar a dudas, no será su modo de estar en el mundo, que por otra parte es muy distinto al de hoy. El mejor modelo que podemos tener los curas y todos los cristianos es Cristo. Pero quizás tengan miedo a que imitemos a Jesús de Nazaret, a que imitemos la radicalidad con que él juzgó el entramado religioso del judaísmo y sobre todo a sus autoridades y sus leyes. Las jerarquías no quieren ni radicalidad ni crítica, quieren que vivamos separados de la gente, distinguiéndonos hasta en el modo de vestir, para que nos vean distintos, al otro lado del pueblo.

 

            Desde la perspectiva del cristianismo la mística que teníamos era totalmente coherente. Jesús de Nazaret era el Verbo encarnado, el Hijo de Dios hecho hombre. San Pablo diría “en todo igual a nosotros, menos en el pecado”. Se hizo hombre en concreto entre los pobres, nació en una familia obrera y en un ambiente rural, como eran todos los pequeños pueblos de Galilea. El sacerdote tenía que hacer lo que Jesús de Nazaret, debía “encarnarse” allí donde se le asignara su lugar pastoral. Y, como había hecho él, lo debía hacer viviendo la misma vida de la gente sencilla del pueblo. Había que convivir con todos, participando de sus problemas y en las luchas de cada día. Arrimarse al poder o al dinero no fue el camino que eligió el Jesús. Como pensábamos que el cura no iba a ser visto como uno más del pueblo viviendo del culto y para el culto, enseguida se vio la necesidad de vivir de un trabajo civil: ello nos identificaría más con la vida de la gente y nos daría más libertad respecto a los Obispos al vivir del propio sueldo. La mayor parte de los jerarcas defendían la situación de privilegio que tenía la Iglesia en tiempos de Franco y no querían curas que les incordiaran en esa buena relación con el poder que favorecía aquel nacional-catolicismo que cercenaba todas las libertades. Los curas obreros son expresión de ese deseo de encarnación de aquellos curas que veían imprescindible para el anuncio del evangelio que los oyentes los vieran como alguien de los suyos. Como sabéis, Gaspar ya desde el principio del ejercicio de su sacerdocio estuvo trabajando en Madrid en una carpintería. Aquí en la Cuenca hubo unos cuantos curas en la mina.

 

            Me gustaría aportar, a título de ejemplo, los testimonios de dos personas de Nicaragua que conocieron a Gaspar donde dicen de él que le llegaron a considerar como uno más de ellos. En el libro de la RTPA Gaspar, misionero y comandante sandinista dice Alba Fernández, feligresa de El Hostial, en San Juan del Sur: “Todos le apreciábamos y teníamos confianza en él, como si fuera uno de nuestros hijos”, pág. 137. Y Lillam Reyes dice de él: “Era un hombre que vivió la Palabra de Dios, que se encarnó en nuestra pobreza, que se hizo uno más entre nosotros, los sanjuaneños, los nicaragüenses”, pág. 143.

 

            La actitud crítica de Jesús de Nazaret, siguiendo la postura de denuncia de los profetas, era un rasgo de su vida que nos impactaba y los jóvenes curas de aquella época, aquí en España, pensábamos que debíamos imitarle denunciando la incompatibilidad de la situación española con la doctrina social de la Iglesia. Jesús denuncia todo lo que él veía mal en la sociedad en la que vivía, todo lo que no estaba en consonancia con el Dios del Amor. En aquella sociedad judía teocrática donde las leyes religiosas regulaban hasta los mínimos detalles toda la vida de la gente,  las autoridades religiosas desempeñaban una papel decisivo en la vida del pueblo. Jesús ejercerá una crítica radical de aquel sistema sostenido por estos tres pilares: la ley, el templo y la autoridad religiosa. Incluso leyendo por encima los evangelios se puede ver cómo Jesús se enfrenta a los que detentaban el poder religioso, cómo denuncia unas leyes opresoras y un templo corrompido. Su crítica del sistema y su modo de vivir al margen de él, hará que enseguida se granjee la  enemistad de los poderosos que creen ver en él un peligro para la sociedad. Deciden su muerte y no tardan en conseguir que la autoridad romana lo sentencie a morir crucificado.

 

            A este Jesús es a quien queríamos imitar algunos curas. Por eso, cuando llegamos a las parroquias, por una parte, hemos querido vivir una vida lo más parecida posible a la del pueblo, nos hicimos cercanos a la gente, más que Sr. Cura, vestido siempre de autoridad, queríamos ser el amigo de todos. Y por otra parte, al ser conscientes de la situación de dictadura que había en España, algunos nos hemos puesto al lado de los que querían y buscaban el cambio democrático y, corriendo riesgos parecidos a los más comprometidos, manifestamos nuestra disconformidad con la situación denunciando la situación de pobreza de un sector importante de gente y la falta de libertad que había en nuestro país, participando también en los movimientos y actividades de la oposición a la dictadura. Era evidente la contradicción de la España de Franco con la Doctrina Social de la Iglesia. La mayor parte de los obispos estaban de acuerdo con aquel nacional-catolicismo que mantenía a la Iglesia en una situación de privilegio.

 

            Pues es esta mística la que hace que Gaspar en Madrid trabaje en una carpintería, allí el sacerdote quiso ser hombre en un carpintero. Al llegar a Nicaragua comienza su trabajo pastoral implicándose en una labor social, imprescindible como signo de identificación con el evangelio de Jesús de Nazaret, y ejerciendo al mismo tiempo una crítica radical de la deplorable situación nicaragüense. Cómo vio al campesinado de sus parroquias y cómo le afectó su situación de pobreza y los abusos de los poderosos, los ricos y los militares, lo podemos ver leyendo sus poesías. Vio enseguida que la solución no consistía en llevar a cabo unas obras sociales que no eran más que parches puestos en una sociedad enteramente corrompida en la que unos pocos vivían a costa de los demás. Por una parte estaba la familia Somoza y los títeres que les ayudaban a sostenerse en el poder, incluida la Guardia Nacional. Y por la otra el campesinado, pobre y humillado. El perro gordo y el perro flaco, como dice Gaspar en una de sus poesías.

 

            Otro factor importante como componente de nuestra mentalidad fueron las ideas que luego se empezaban a estructurar en la teología de la liberación. Cuando se hablaba de “salvación” había que implicar a “todo el hombre”. El mensaje cristiano de salvación no se dirige sólo a lo que se suele llamar alma en la persona. Es una liberación total, de todas las esclavitudes, interiores y exteriores, personales y sociales. El Reino de Dios es el Reino de la santidad y la gracia, pero es también el Reino de la vida y la verdad, de la justicia, el amor y la paz.

 

Esta teología destaca en Jesús su actitud crítica frente a una religión que era la base de la sociedad y que en absoluto se ocupa de los marginados que en ella hay: enfermos, lisiados, ciegos…, niños, mujeres en general y viudas en particular. Las autoridades religiosas se preocupan sobre todo de hacer que se observe el cúmulo de leyes que regulaban hasta el detalle la vida de los judíos, leyes que a veces nada tenían que ver con el comportamiento moral, leyes que eran un agobio para el pueblo que se veía incapaz de su cumplimiento, por lo que eran despreciados por los puritanos cumplidores. Jesús propone una religión cuyo eje fundamental habría de ser el amor, propone un camino de liberación, con sólo una ley: “amaos los unos a los otros como yo os he amado”. Propone una nueva visión de la religión que se centra en un Dios Padre de todos, de judíos y gentiles, rompiendo las fronteras nacionalistas del judaísmo, propone una religión en la que todos somos por igual hijos de Dios, donde no hay amos y esclavos, donde desaparece toda categoría humana, una religión que nos ha de conducir a una fraternidad universal.

 

Gaspar está ya en Nicaragua el 18 de noviembre de 1970. Unos pocos años antes, 1968, había habido en Medellín (Colombia) una reunión de obispos latinoamericanos, cuyas conclusiones se consideran como el nacimiento de la Teología de la Liberación. Podemos recordar los elementos más importantes de esta teología, que supone una nueva manera de entender la fe y la vida cristiana.

 

Señalaré en primer lugar la opción preferencial por los pobres: los pobres han de ser la pieza principal en el Reino de Dios: ellos han de ser el centro de atención de todos los esfuerzos de la Iglesia y también los protagonistas en el quehacer del Reino de Dios, que hay que llevar a cabo también en este mundo, haciendo que sea cada vez mejor.

 

En lo que se refiere a la espiritualidad, la Teología de la Liberación dice que ésta se ha de vivir en la oración, en la mística, en el arte, en la poesía... pero también, y sobre todo, en el testimonio. Es una espiritualidad que se entiende como fuerza interior en los creyentes, una espiritualidad que les empuja y les mantiene en la lucha de la liberación de los pueblos y en el respeto a la naturaleza. Tenemos que dar cuenta de  nuestra fe ante los demás haciéndonos presentes en medio de la sociedad, haciendo un mundo mejor en todos los niveles de la vida humana, pero sobre todo participando, junto con todas las mujeres y hombres de buena voluntad, en el quehacer de la transformación de las condiciones inhumanas a las que son sometidos los desposeídos de la sociedad en beneficio de los que detentan el poder económico y político.

 

Otro elemento distintivo de la Teología de la Liberación es el compromiso temporal: Es importante rezar, meditar, participar en el culto, leer la Biblia..., pero es igual de importante el compromiso en la transformación del mundo en Reino de Dios, haciendo que sean cada vez más realidad en él la solidaridad, la justicia, la paz, la verdad, la vida... Esta teología impulsó a muchos a enrolarse en movimientos políticos, sindicales y ciudadanos que luchaban por la liberación de las clases populares. Hay que recordar que las dictaduras era la forma de gobierno que había en unos cuantos países latinoamericanos, tal como sucedía en Nicaragua. Es de justicia resaltar que, además de las estrellas más brillantes que han lucido en Latinoamérica y que todos conocemos, como Gaspar mismo, son muchos los cristianos sin renombre que, junto con otros militantes, han muerto en el campo de este combate para cambiar la situación de explotación y opresión en estos lugares.

 

Y por terminar de señalar algunas notas más importantes de la T. de la L. decir dos palabras sobre la denuncia profética: Los cristianos que viven la Teología y Espiritualidad de la Liberación asumen y hacen suyo el grito de los pobres, señalan con el dedo a explotadores y opresores, y defienden los valores del Reino de Dios (la honestidad, el reparto equitativo de los bienes, el salario justo, la solidaridad con los más pobres...) tanto en la sociedad como dentro de la Iglesia. Por hacer esta denuncia profética ya Gaspar, como sabemos, estaba sentenciado a muerte.

 

Esta es la religión y el Dios que Gaspar lleva en su corazón y que predica y vive en Nicaragua. El Reino de Dios que él predica es el mismo que predicó Jesús de Nazaret, el Reino de la vida y la verdad, el reino de la justicia el amor y la paz, es el mismo Reino de Dios, cuyos valores son los proclamados en las Bienaventuranzas. De aquí la concepción que tiene de la sociedad, que ve como una colectividad de hermanos fundamentada en el respeto mutuo, teniendo como referencia todos los derechos humanos.

 

Creo que para entender la vida de Gaspar y su decisión de participar en la revolución armada  hay que tener muy en cuenta toda esta mística religiosa que era el alma misma de su personalidad. Enseguida vio Gaspar que la única solución posible para cambiar la situación era llevar a cabo un cambio radical, entendiendo, como otros nicaragüenses, que eso allí sólo era posible a través de la lucha armada. Por eso decide entrar en ella uniéndose a FSLN. Murió en el intento de liberar al pueblo nicaragüense de la opresión somozista y de la explotación a la que sobre todo el campesinado era sometido. Sucedía eso un 11 de diciembre del año 1978, hace 31 años. Quisieron acabar con él, pero no pudieron. Gaspar sigue vivo.

 

Y nada más. Os agradezco vuestra atención.

Pipo Álvarez.

En La Hueria a 11 de Diciembre de 2009 en un acto de homenaje a Gaspar G.L.