LA PARROQUIA

EN MEMORIA DE D. ALFREDO

En la celebración de la Eucaristía en la iglesia de Santa Teresa, Avilés,

el día 11 de mayo de 2019

 

Después de tanto como se habló, y siempre bien, de D. Alfredo, poco más podemos añadir.

Hoy esta parroquia pretende recordarle con mucho cariño y decirle cómo lo veíamos nosotros los feligreses.

D. Alfredo tenía muchas cualidades. Era honrado, trabajador, bueno e inteligente… Podríamos seguir enumerando muchas otras, pero lo mejor para todos nosotros es que era un cura extraordinario. Este es el motivo por el cual durante cuarenta y cinco años en esta parroquia se le ha querido y admirado tanto.

Entre las múltiples virtudes que tenía D. Alfredo, nos gustaría destacar dos: su seriedad y su rectitud. Siempre se mostró firme ante la falsedad y la mentira.

También nos dio ejemplo en todas las facetas de su vida: como hijo fuimos testigos del gran amor con el que cuidó a sus padres. En numerosas ocasiones lo veíamos comprando con su madre y llevarle la cesta. Como profesor de religión era querido y respetado por sus alumnos y compañeros y como cura era una persona comprometida para todos sus feligreses y siempre podíamos contar con su ayuda cuando lo necesitábamos.

En cuanto a las celebraciones D. Alfredo no era muy amigo de ellas, pero sí de las más importantes como la Navidad, Pascua, comuniones, bodas de plata y oro. Y, cómo no, la fiesta de la parroquia: “Santa Teresa”.

Siempre en todas las celebraciones hacía cambios para que no cayéramos ela rutina. Y nos transmitía la ilusión con la que hacía todas las cosas.

Después de la eucaristía teníamos un pinchoteo.

¡Qué contento se le veía hablando y disfrutando con todos!

Entre las actividades que había en la parroquia queremos recordar la reunión que hacíamos cada quince días un grupo de feligreses. En estas reuniones hablábamos de temas que salían en el periódico y religiosos…

D. Alfredo nunca reusó hablar de ningún tema aunque fueran polémicos, sobre todo para él. Aunque había discrepancias y opiniones distintas, nos sentíamos tan a gusto que no encontrábamos el momento de irnos. Él era abierto y progresista, nos encantaba debatir con él.

D. Alfredo quería a sus feligreses, era cariñoso y sensible con nosotros. Lo tenemos visto llorar en funerales y en otros momentos de enfermedades graves.

Recordamos con cariño sus 50 años como sacerdote. Para esta celebración todos participamos con ilusión y todo nos parecía poco.

Le estábamos tan agradecidos que ese día le dimo sun regalo como recuerdo. Colaboramos todos, incluso personas que no frecuentan la parroquia habitualmente.

Para D. Alfredo no había distinciones. él siempre decía: “En mi iglesia no se pasa lista”.

Recordamos con cariño y dolor el día que vino a despedirse. ¡Lo vimos tan vulnerable! ¡Qué pena nos dio! Pero él, como un campeón, mantuvo el tipo hasta el final.

D. Alfredo tenía especial delicadeza para los enfermos y mayores. Queremos destacar a Susana, no por importante, sino por sus muchos años. A partir de los 100 años se celebraba el cumple con una misa especial y un ramo de flores. ¡Con qué agradecimiento y nerviosismo lo aceptaba. “Se lo daba su D. Alfredo querido”.

Yo quería recordar la última vez que hablé con D. Alfredo. Me contaba los problemas de su enfermedad, en especial que le temblaba la mano y que tenía poca voz. Yo trataba de animarle y le decía: “D. Alfredo, no puede decaer. sus feligreses lo estamos esperando. ¿No recuerda cuando nos daba ánimos y fortaleza a nosotros en momentos difíciles? Él me contestaba:¡Calla, né! Tanto di a mis feligreses que quedé sin nada para mi.

Así era nuestro cura: sencillo y humilde.

De D. Alfredo nos atrevemos a decir sin temor a equivocarnos, que después de su vocación de cura, sus otros pilares eran: la familia, de la que hablaba con tanto cariño respeto, y su parroquia con sus feligreses.

Cuando ya estaba enfermo y su cuñado lo traía de Gijón para decir misa en esta parroquia, nos contaba que cuando llegaba a la rotonda de los Canapés se sentía mejor. Así que ya veis cómo quería a esta parroquia y a sus feligreses. no nos quería dejar desatendidos, lo reñíamos para que distanciara las misas, pero no nos hacía caso.

D. Alfredo era nuestro cura, pero también un buen amigo.

De D. Alfredo tenemos tantas cosas y siempre buenas que hablar después de tantos años que no acabaríamos.

Por último, quisiéramos decir una frase que él decía a su amigo Gaspar: “Mientras yo viva, Gaspar no morirá”. nosotros queremos rescatar esa frase haciendo una pequeña modificación:

“Don Alfredo, mientras tus feligreses vivamos, usted no morirá nunca en nuestro corazón”.

Agradecemos a la familia por estar en esta parroquia en estos momentos tan tristes y dolorosos.