CURAS GUERRILLEROS

Gaspar García Laviana fue un cura guerrillero. Al intentar hacer una reflexión sobre el hecho de que un sacerdote llegue a tomar las armas para entrar en un combate donde hay muertes a un lado y otro, lo primero que se me ocurre es echar una mirada a la historia para ver si este hecho es algo muy aislado ocurrido en aquellos años, pongamos 1960-90, o si hay más otros parecidos en tiempos actuales o  pasados.

Echando mano de mis parcos conocimientos históricos, los primeros curas guerrilleros, o mejor dicho guerreros, que me salen a la memoria son aquellos obispos que ya desde el medievo empuñan la espada para defender sus posesiones o agrandarlas.  Yendo a los libros para citar algunos casos, nos encontramos con algunos nombres que destacan entre los “obispos guerreros”: Odo, que lo fue de Bayeux, sobre el que hay abundante información de sus hazañas bélicas. Se dice de él que fue el primer obispo guerrero. Vivió entre 1036 y 1097; Adémar de Monteil, obispo de Le Puy entre1077-1098, que fue nombrado por el Papa Urbano II delegado apostólico de la Primera Cruzada, dedicándose  con ahínco a la recaudación de dinero y a organizar un ejército; el poderosísimo Anthony Bek, obispo de Durham (1245-1311), cuya conducta fue más propia de un señor feudal que de un obispo pastor. Participó en varias acciones guerreras entre las cuales la toma de los castillos de Dirleton, Tantallon y Dalhouise, fortalezas ocupadas por tropas escocesas.

Si se toca el tema de los Papas implicados en guerras, que hay varios que lo fueron directa o indirectamente, el que es considerado como prototipo fue Julio II, el Papa Guerrero (1443-1513), que fue apellidado también el Terrible, debido a su gran fuerza física y fuerte carácter. Durante sus diez años de papado se mostró como un hombre de acción preocupado fundamentalmente por los asuntos temporales, y en numerosas ocasiones combatió junto a sus tropas “armado hasta los dientes”. Quería hacer de la Santa Sede la primera potencia de la península italiana”.

Las mismas “Cruzadas” eran guerras donde “en nombre de Dios” se mataba con el fin de conquistar los Santos Lugares, aunque también había otros fines económicos y políticos. Las Bulas fueron utilizadas para sacar el dinero necesario para mantener esta lucha en ocasiones muy sangrientas. La Bula de la Santa Cruzada en su origen tenía ese fin. Quien la compraba era dispensado de obligaciones como el ayuno, o se le concedía poder ser absuelto en peligro de muerte de sus pecados. Hubo nueve Cruzadas que se llevaron a cabo entre los años 1096 y 1272.

No podemos olvidar la existencia en la Iglesia de las Órdenes Militares. “Fueron instituciones religioso militares creadas en el contexto de las Cruzadas como sociedades de caballeros cristianos (miles Christi), inicialmente para la defensa de los Santos Lugares  (Templarios, Hospitalarios y del Santo Sepulcro) y luego aplicadas a la propagación o la defensa de la fe cristiana, ya fuera en Tierra Santa o en otros lugares, contra los musulmanes (como las órdenes militares españolas durante la Reconquista), contra los paganos (como la Orden Teutónica en el Báltico) o contra cristianos heréticos (como las militia Christi que combatían a los albigenses). Los caballeros de las órdenes militares estaban sometidos a los votos canónicos de las órdenes religiosas, siendo "mitad monjes, mitad soldados". Posteriormente muchas órdenes se secularizaron.” Tenemos suficiente con este párrafo extraído de Wikipedia, pues lo que importa aquí es recoger esta conjunción entre lo religioso y lo militar que se ve no sólo natural, sino promovida o animada por la misma Iglesia.

Las Guerras de Religión, que específicamente son las que se produjeron en Francia (1562-1598) entre católicos y hugonotes (calvinistas), de las que fue episodio destacado la Matanza de la noche de San Bartolomé. En estas guerras se mata por defender posturas religiosas. También reciben este calificativo otras guerras que se producen en Europa en las que tienen alguna implicación los diversos modos de entender la fe cristiana, aunque lo religioso fuese más bien para ocultar otros verdaderos motivos.

Pensando sobre este tema también recuerdo, ¿quién no?, al cura Merino, participando, al igual que el fraile Asensio Nebot en las guerrillas que lucharon contra los franceses que invadieron el territorio español (1808-1814). Jerónimo Merino creó él mismo el regimiento de húsares de Burgos. Se trataba de una lucha de guerrillas y también popular: nuestra Guerra de la Independencia. España había sido invadida por Francia y había que expulsar a los invasores y reponer en el trono al rey depuesto Fernando VII. Un objetivo eminentemente político que, una vez alcanzado, de poco le serviría al pueblo. Es elocuente lo que dice en sus memorias el mariscal francés Suchet: “Campesinos, propietarios, padres de familia, sacerdotes y frailes, abandonaron sus ocupaciones sin dudarlo … con el fin de engrosar las … bandas formadas contra nosotros”.

La Guerra Civil Española (1936-1939), que fue un levantamiento en contra de la República, el régimen legalmente constituido, recibió el nombre de Cruzada con el fin de declarar aquella guerra no sólo justa sino santa. La persecución religiosa o política que sufrieron los católicos por parte de algunos elementos del Régimen Republicano y la protección, hasta con privilegios, de que fue objeto la Iglesia Católica justificaba el carácter que se le quiso dar de Cruzada.

Después de esta mirada por alto a la historia recogiendo algunos datos relacionados con la participación de sacerdotes (curas, obispos y papas) en guerras que evidentemente conllevaban todas ellas violencia y muertes, vamos a entrar, ya en los años 1960-90, en el tema de los Curas Guerrilleros modernos, que empuñaron las armas y entraron en guerra por motivos bien distintos. Esta dura decisión estuvo condicionada, por una parte, por el contexto económico, social y político en que vivían los parroquianos a los que fueron enviados a servir pastoralmente y, por otra, debido a un nuevo modo de ver la evangelización: tanto la figura del misionero, como el mensaje cristiano, se entendían de diferente manera a como se había hecho en el pasado, debido ello al impacto del Concilio Vaticano II y a la Teología de la Liberación que estaba surgiendo entonces. Las conclusiones del episcopado latinoamericano en su Asamblea de Medellín (Colombia) en el año 1968 reflejan estos importantes cambios producidos en la Iglesia Latinoamericana.

 

La situación socio-económica

Los mismos obispos latinoamericanos en su documento de Medellín hablan de la situación en que vivían las gentes de sus países que era “de subdesarrollo, delatada por fenómenos masivos de marginalidad, alienación y pobreza”; “la gran mayoría del pueblo latinoamericano” vive en un “contexto de pobreza y aún de miseria”. Ven “formas de opresión de grupos y sectores dominantes”, “desigualdades excesivas entre ricos y pobres, entre poderosos y débiles”. Incluyen también entre los males que aquejan a la población las deficiencias de la administración judicial que a menudo ocasionan “serios males”. El episcopado latinoamericano denuncia en el documento en repetidas ocasiones esta lamentable e irritante situación social que sufrían sus pueblos.

Los prelados dejan bien claro que en estas circunstancias no se puede decir que haya paz, pues ella no consiste sólo en que no haya ejércitos en lucha. Los que están sufriendo explotación, opresión y represión viven en estado de violencia continua, y por consiguiente en estado de guerra. Es necesario “crear un orden social justo, sin el cual la paz es ilusoria”, y ello “es una tarea eminentemente cristiana”. Así pues, están invitando ellos mismos a que todos los fieles participen en una deconstrucción de la sociedad.

Piden los obispos “solidaridad con los pobres, a la que la caridad nos lleva. Esta solidaridad significa hacer nuestros sus problemas y sus luchas, saber hablar por ellos”. Es este un lenguaje sencillo, directo y muy claro. Los pobres saben mucho de buenas palabras y pocos hechos que les ayuden a salir de su situación. Viven situaciones de esclavitud, en algunos casos absolutamente real, y necesitan liberación. Es en este contexto en el que hay que entender la Teología de la Liberación, que es parte de la ideología que asumen los curas-guerrilleros, igual que los seglares cristianos que se integran en los movimientos de liberación nacional, estuvieran en el frente o en retaguardia. Todos ellos incorporan en sus siglas la “L” referida a este concepto de liberación.

 

La situación política: dictaduras militares, abiertas o encubiertas

Es evidente que la situación social descrita anteriormente no existiría durante mucho tiempo si no hubiera habido unas fuerzas represoras de cualquier movimiento social de protesta o de liberación que surgiera. Además de las clases medias y las profesiones liberales, estuvieron también al servicio de los ricos (grandes terratenientes o multinacionales) las Fuerzas Armadas del Estado. Los más importantes militares formaban también parte de las élites del poder económico.

Veamos esquemáticamente los gobiernos militares de aquella época. En Argentina entre los años 1966-1973 gobiernan militares y también entre 1976-1982: Videla, Viola…; Uruguay (1973-1984): Juan María Bordaberry; Chile (1973-1990): Augusto Pinochet; Bolivia (1971-78): Hugo Banzer; Paraguay (1954-1989): Alfredo Stroessner; República Dominicana (1930-1961): Rafael Trujillo; Perú (1968-1975):Juan Velasco Alvarado; Ecuador (1972-1976): Guillermo Rodríguez; Colombia (1953-1957): Gustavo Rojas Pinilla; Brasil (1964-1985); Venezuela (1953-58): Marco Pérez Jiménez; Panamá: Omar Torrijos, Manuel Noriega; Cuba: venía rigiéndose por la Constitución de 1940, pero en el año 1952 se hace con el poder, mediante golpe militar, Fulgencio Batista. En el año 1959 triunfa la Revolución Cubana y termina haciéndose con el poder Fidel Castro. Nicaragua (1936-1956…): Anastasio Somoza. Esta familia estará al frente de Nicaragua hasta el triunfo del FSLN en el año 1979.

Dentro de este contexto socio-económico y político está situada Nicaragua, cuyo primer dictador, Anastasio Somoza García, se enfrenta a la creciente oposición de obreros, campesinos y estudiantes ya desde 1940. Para lograr el objetivo de subyugarles “llevó adelante una fuerte represión, a través de un impresionante incremento de los miembros las fuerzas policiales y militares, la creación de numerosas cárceles, la persecución, los secuestros y la aplicación de torturas por parte de la Guardia Nacional”. La familia Somoza controlará el poder directamente o a través de otros hasta el año 1979, cuando triunfa la revolución sandinista. Este puede ser el resumen de la situación a la que llega Nicaragua bajo el imperio familiar de los Somoza: “La mayoría de las empresas del Estado, como los ferrocarriles o compañías de electricidad y hasta los capitales públicos, estaban dirigidos por los parientes del dictador. Eso desató desigualdades económicas y la absoluta pobreza en la que se encontraba la inmensa mayoría de la población aumentaba año con año. El gobierno somocista, apoyado por unos pocos propietarios de tierras y empresarios nicaragüenses y por las empresas norteamericanas, no daba respuesta a los problemas sociales, como el hambre, el analfabetismo y los bajos salarios de los trabajadores”.

Todas las dictaduras en Latinoamérica nacían con parecidos fines, recurrían también a semejantes métodos de control y conllevaban las mismas desastrosas consecuencias para las clases populares, empobrecidas hasta límites inhumanos.

 

Personas coherentes

Además de la situación en que vivían los empobrecidos y el nuevo modo de entender la evangelización, hay una razón más que explica el hecho de que hubiera algunos curas que llegaran al extremo de la lucha armada. Al predicar el mensaje cristiano en términos de Liberación y hablar de la necesaria transformación estructural de la sociedad para cambiar las condiciones de vida del pueblo, los sacerdotes instaban a los cristianos a asumir un compromiso de acción eficaz, que de verdad condujese al cambio en un corto plazo, pues la situación a veces era dramática. Cuando la represión era tan brutal y el sometimiento tan doloroso, algunos pensaron que la única salida posible de liberación era la lucha armada. Esta llamada que hacían los curas al compromiso temporal fue escuchada y seguida por algunos fieles que tomaron la decisión de pasar a formar parte de las organizaciones guerrilleras. Algunos sacerdotes, al ver a sus gentes asumir decisión tan arriesgada, se vieron ellos mismos obligados a seguir el mismo camino.

 

CAMILO TORRES

El primer cura guerrillero fue el colombiano CAMILO TORRES, sacerdote diocesano, que murió en su primer combate el año 1966, a los 37 años. Coincide su muerte con el año en el que termina sus estudios y comienza su actividad pastoral Gaspar, que doce años después también caerá en combate a la misma edad.

Camilo Torres Restrepo nace en una familia de clase media. Después de ordenarse sacerdote hace estudios de sociología en la Universidad de Lovaina. En París, según W.J. Broderick, toma contacto con “grupos cristianos que colaboraban clandestinamente en la lucha por la independencia de Argelia contra el poderío francés. Fue allí donde Camilo descubrió que era posible forjar un matrimonio entre cristianismo y las convicciones de la gente que tomaban las armas por la causa de la liberación”.

Otro hecho que influye en quienes ven posible cambiar la sociedad a través de la lucha armada es el resultado obtenido en Cuba por los revolucionarios comandados por Fidel Castro. Este triunfo será referencia en toda Latinoamérica para construir una nueva sociedad.

Al principio Camilo Torres se dedica a la acción social y a propagar sus ideas desde sus cargos en el Instituto de Reforma Agraria, de profesor en la Universidad Nacional y capellán universitario. Pero cuando se conoce la radicalidad de su postura, el cardenal arzobispo de Bogotá lo retira de su capellanía y de sus clases en la Universidad Nacional. También se le boicotea la escuela que él había fundado en Yopal para la formación de jóvenes llaneros. Se le acusa de ser “un peligroso comunista”.

Así las cosas, Camilo comienza a contactar con la guerrilla colombiana: las FARC y el ELN. Él intentará un amplio movimiento político, el Frente Unido. En octubre de 1965 entra en el ELN y dos meses más tarde Camilo anuncia su presencia en las filas guerrilleras desde donde llama a todos los colombianos a participar en una guerra total contra el poder del Estado. El 15 de febrero de 1966 muere en su primera acción militar, un enfrentamiento con una patrulla del Ejército Nacional.

 

CURAS GUERRILLEROS ESPAÑOLES

Del mismo modo que Ché Guevara se convirtiera en un icono guerrillero laico, Camilo Torres fue ejemplo para algunos católicos y concretamente para algunos curas españoles que, movidos por parecidas inquietudes, siguieron sus pasos. Se puede decir que, relativamente, la presencia de sacerdotes españoles en las guerrillas colombianas fue en estos momentos “numerosa e importante”.

Si tenemos en cuenta los informes secretos del ejército colombiano hay que pensar que había como una docena de curas españoles vinculados de una manera u otra a las guerrillas que había en Colombia, pero no siempre estos informes son de fiar, pues fácilmente podrían ser calificados de “guerrilleros” quienes destacasen por su oposición al régimen. Estos son los nombres que dan: José Luis Vecina, Vicente Ordanza, José Luis Amo, Juan José Galán, Miguel Nevado, Vicente Tonicheli, Luis de Llanos, Miguel Linares, Alfredo de la fuente Recio, Manuel Pérez, Domingo Laín y José Jiménez, destacando entre ellos estos tres últimos. Todos se vincularon, al igual que Camilo torres, al ELN. Domingo Laín estuvo como asesor del Estado Mayor del ELN, cuyo primer comandante era entonces Fabio Vázquez. Precisamente al huir éste a Cuba, ocupará su puesto Manuel Pérez (Poliarco), siendo el Comandante Mayor durante 24 años. También el informe militar da una lista de 19 clérigos colombianos que trabajan o colaboran con el ELN o con las FARC.

CONCLUSIÓN

El hilo conductor de estas líneas ha sido el siguiente: Siendo Gaspar el tema central, he querido resaltar que él no ha sido el único sacerdote en tomar esa decisión tan importante de empuñar las armas e ir a combatir al frente. Lo hicieron otros sacerdotes en parecidas circunstancias. Pero es más, mirando la historia de la Iglesia también vemos que hubo obispos y Papas que hicieron la guerra, aunque con fines muy distintos. Pretendo suavizar el impacto que en principio puede causar en algunos ver a un sacerdote hacerse guerrillero. No parece que concuerde lo uno con lo otro. Es verdad. Lo mismo que no concuerda ser cristiano, o simplemente ser persona, con ningún tipo de violencia. Pero siempre se justificó la que se hace en defensa propia. Gaspar se solidarizó con los violentados y él mismo lo fue.

Hay una cuestión al respecto que que no se puede soslayar: si el fin justifica o no los medios. A algunos les parece que el fin justifica los medios en unos casos sí y en otros no, según el fin beneficie a unos o a otros. Las Cruzadas, que hubo en el espacio de casi dos siglos (1096 y 1272) se justificaban, y hay quien las justifica hoy, por el fin. Se veía bien luchar para hacerse con los Santos Lugares.. La Guerra Civil española, siendo un levantamiento contra la República democráticamente establecida, se santificó calificándola de Cruzada, a pesar del elevado número de muertos que hubo. Seguro que muchos también hoy aplauden la postura de la Iglesia. ¿No se puede también tener una postura comprensiva con unos sacerdotes que toman las armas para defender a los empobrecidos?

En lo que se refiere a la teoría moral sobre este tema, era doctrina bastante común justificar la muerte del tirano. Las dictaduras militares de esta época condujeron a situaciones a veces más duras aún que las producidas por las tiranías. Los curas guerrilleros de los que estamos hablando participaron en guerras de liberación de pueblos que estaban explotados y oprimidos, empobrecidos y masacrados por dictaduras inmisericordes que abundaban, como hemos visto, en los países latinoamericanos. La guerrilla implicaba una violencia grave en contra de una minoría protegida por las Fuerzas del Estado y las Leyes represivas, pero era una respuesta a una violencia también grave que ejercía un puñado de gente en contra de una mayoría popular totalmente desprotegida. Este es el verdadero contexto en el que hay que encuadrar a los curas-guerrilleros modernos a la hora de emitir un juicio moral sobre su decisión de tomar las armas. Yo creo que los que más tienen que decir en este tema son aquellos que vivían en tales condiciones de miseria que conmovieron el corazón de unos buenos curas que toman la decisión de defenderlos poniendo en peligro su vida. Los testimonios de esas gentes no son de condena sino de sumo agradecimiento. En general, la gente sencilla, normalmente sin pre-juicios, se expresa de ese modo.

José María Álvarez Rodríguez.