RECEPCIONES DE LOS REYES: NO HABÍA NINGUN POBRE y por eso… NO ESTABA JESUCRISTO
Mateo 11,25-30:
“Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mi, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera”.
En los actos oficiales de la abdicación y la proclamación de los reyes no había ningún dignatario extranjero. Ni falta que hacía: hubo bastantes españoles, pues solo a la recepción del palacio real asistieron 2.000, protegidos por 7.000 agentes de seguridad (¿cuánto costó todo esto?). Pero no vimos ningún pobre: no vimos desahuciados, parados, mendigos, vagabundos, inmigrantes, y claro, menos aun los deportados... Por supuesto que entre esos 2000 no estaba Jesucristo, aunque sí algunos obispos: ¿acaso su presencia no indica que la Iglesia Oficial forma parte de un sistema neoliberal que, a todas luces, es contrario al Evangelio? ¿Para cuándo la separación neta y nítida entre la Iglesia y el Estado?
Jesucristo dijo: «Sabéis que los jefes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los grandes las oprimen con su poder. No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro esclavo; de la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por todos”
Para Jesús las personas humanas no son todas iguales, porque ellas se hacen desiguales a sí mismas: no son lo mismo los de arriba que los de abajo, los opresores que los oprimidos, los ricos que los pobres, los grandes que los pequeños, no son lo mismo los soberbios que los humildes. La opción de Jesús es totalmente contraria a los opresores, a los ricos, a los grandes, a los de arriba, a los soberbios; y por el contrario, es totalmente clara y definida por los oprimidos, por los pobres, por los pequeños, por los de abajo, por los humildes. Por eso dice: “Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla”.
Partiendo de que el discurso de Felipe VI fue bastante aceptable, lo cierto es que desde el poder, desde arriba, desde la desigualdad, desde la riqueza, desde la soberbia, desde el dominio sobre los demás, es imposible entender el Evangelio e identificarse con Jesucristo.
Por eso Jesús, fiel a Dios y al hombre, vino a compartir en todo nuestra condición humana, desde abajo y desde dentro, para anunciar la liberación y la salvación a los pobres, a los afligidos, a los cansados y agobiados, muchas veces aplastados por el yugo del hambre; la emigración; los desplazamientos; la deportación; la opresión; la injusticia; el desprecio; la marginación; la impotencia; la guerra; la muerte injusta; la religión alienante, amenazadora, manipuladora, a veces carga dura e insoportable. Jesús fue un laico creyente, que nos enseñó y se comprometió con un mensaje de amor, vida, fraternidad, justicia, igualdad, esperanza y felicidad para todos y para todo. Es por lo que Jesús dice: “Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré”. Porque su relación con el Padre fue total, así de total fue también su compromiso con el hombre.
Un cordial abrazo a tod@s.-Faustino