Llenarse de riqueza o llenarse de Dios
Fijarse en esta gráfica antes de leer más abajo: la mitad de la izquierda recoge los países considerados desarrollados, la de la derecha los países en vías de desarrollo o pobres. Las cifras sobre cada columna recogen el porcentaje de pobreza del país respectivo:
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ESTE MUNDO ES PARTE ESENCIAL DEL REINO DE DIOS
Al ver Jesús el gentío subió a la montaña, se sentó y se acercaron sus discípulos, y él se puso a hablar enseñándoles:
"Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos.
Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra.
Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados.
Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos quedarán saciados.
Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los hijos de Dios.
Dichosos los perseguidos por causa la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos.
Dichosos vosotros cando os insulten, y os persigan, y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo".
1.-Mateo y Lucas recogen este importante discurso de Jesús. Mateo comienza diciendo "Dichosos los pobres en el espíritu", mientras que Lucas dice simplemente "Dichosos los pobres".
Ambos textos se complementan perfectamente, porque no basta con ser pobre sin más para ser dichoso o feliz. Hay millones de personas pobres que no son felices, porque la pobreza material, el no tener lo suficiente para vivir dignamente, es totalmente contrario a Dios. Tenemos el derecho y el deber de luchar por tener lo necesario para vivir. Ciertamente ser rico es incompatible con el Reino de Dios. Jesús lo dice muy claro: "no podéis servir a Dios y al dinero".
Pero podemos ser materialmente pobres y estar llenos de ambición, querer tener más de lo necesario, querer ser ricos, incluso hasta el punto de cometer delitos por alcanzarlo. Así nuestro modelo de hombre es el rico, el poderoso, el acaudalado, el que tiene todo lo que quiere. El rico siempre es opresor, y el que quiere ser rico y no lo consigue es un opresor en potencia, solo que no oprime porque no puede. Hay que ser pobre por fuera y por dentro.
Lo grave de la situación actual del mundo es que más de la mitad de la población mundial no puede tener lo necesario para vivir, sencillamente porque el resto se lo impide o se lo quita.
2.-A lo largo de toda la Biblia hay cientos de pasajes sobre la riqueza y la pobreza. En el Evangelio la postura de Jesús sobre este problema, sin duda el mayor de la humanidad, es muy clara, como podemos ver en el texto de hoy, en la Parábola del rico y el pobre Lázaro (este aceptado y aquel rechazado), en las maldiciones de Lucas hacia los ricos (¡ay de vosotros los ricos!), en la conversión de Zaqueo (devuelve cuatro veces lo que ha robado y por eso Jesús le dice: “hoy ha venido la salud a esta casa”), en el pasaje del joven rico (no quiso seguir a Jesús porque era rico), en la descripción del hombre que acumula más y más en sus graneros, los que rehúsan la invitación por atender a sus negocios, etc.
La llamada de Jesús a compartir con los hambrientos, sedientos, enfermos, desnudos, emigrantes, encarcelados, va a ser la medida de nuestro compromiso con el Reino de Dios.
Jesús quiere que todo hombre tenga lo necesario para ser feliz en este mundo, y para conseguirlo sabe muy bien que hay que luchar por la Justicia. Por eso dice: dichosos los que tienen hambre y sed de justicia. Solo desde la justicia es posible una vida digna en este mundo para todos. Por eso este mundo es parte esencial del Reino de Dios.
Es por lo que Jesús sintetiza y ratifica su enseñanza con esta sentencia lapidaria: “No podéis servir a Dios y al dinero”.
El dinero es el rival de Dios, porque es el rival del hombre. Para Jesús el verdadero valor es el hombre, no el dinero. El hombre es el dios al que hay que servir para servir al Dios verdadero.
NOTA.-Hoy Esther nos hace pensar en un gran drama: LOS NIÑOS Y NIÑAS DE LA CALLE. ¿Dónde quedó aquello de Jesús: “de ellos es el Reino de los Cielos”, o “quien recibe a un niño en mi nombre a mi me recibe? Este comentario es un complemento perfecto al del domingo anterior sobre la ESCLAVITUD INFANTIL.
¿Qué hacemos por ellos? Próximamente tendremos la oportunidad de hacer algo. No la dejemos pasar.