Presencia de los creyentes en el mundo
EL SACRAMENTO DEL HERMANO
LOS 85 MAS RICOS DEL MUNDO TIENEN ELLOS SOLOS
TANTO COMO 3500 MILLONES DE POBRES
Mateo 5,13-16:
Dijo Jesús a sus discípulos: "Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Vosotros sois la luz del mundo. Nose puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una vela para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo".
1.-Jesús nos dice que tenemos que ser la sal de la tierra.
La razón es bien sencilla:
-la sal preserva a los alimentos de la corrupción. Con la enorme cantidad de corrupción que tenemos en el mundo actual y en nuestro país, estamos necesitando millones de toneladas de sal. Los grandes y poderosos de este mundo se han vuelto sal puramente sosa, corrupta y corruptora, pues nada les importa conservar esta humanidad, este diminuto y grandioso planeta del universo. Su ambición nos puede llevar a la autodestrucción por la explotación desaforada y acaparamiento por unos pocos de sus limitados recursos, hasta el punto de que los 85 más ricos del mundo tienen ellos solos tanto dinero como los 3500 millones más pobres del planeta, según informa Oxfam. Eso es puro ateísmo.
-la sal, en su justa medida, sazona los alimentos, los hace más apetecibles y placenteros, regula importantes funciones en nuestro organismo. Este maravilloso mundo debería ser muy apetecible y placentero para todos los seres humanos y para toda la creación. Si los enormes bienes y riquezas que hay en este hermoso planeta no estuviesen acaparados por unos pocos, sino al servicio de todos y de todo, el mundo sería inmensamente más feliz, y placentero. Habría más alegría (hay demasiada tristeza en este mundo), nadie moriría de hambre, avanzaría mucho más el conocimiento, la cultura, el desarrollo integral de las personas, el sentido y la gratitud por la vida.
2.-Jesús nos pide ser luz.
Para ser luz hay que serlo con las obras, de lo contrario esa luz se apaga. Para serlo con las obras tenemos que serlo con el compromiso con este mundo, especialmente con todo lo que sufre: seres humanos y demás seres vivos.
Este compromiso empieza por tratar a todos y a toda la creación con justicia. La justicia es el primer grado de amor, que es tanto como:
Tratar con justicia a todos y a todo aunque no sintamos afecto hacia ellos, aunque sí respeto por todos y por todo. Esto solo ya cambiaría el mundo muchísimo: no habría niños ni hombres esclavos, guerras, salarios injustos, muertes injustas y prematuras, animales torturados como en las carreras de camellos, focas desolladas vivas, perros abandonados, bosque y ríos contaminados, deportes crueles y sanguinarios como la matanza de delfines calderón en Dinamarca, por no citar los toros, las peleas de animales e incluso de niños en Inglaterra de 8 años encerrados en jaulas metálicas sin protección alguna para diversión de adultos: ¡que barbarie!
De este primer grado de amor, la justicia, pasaríamos al siguiente: amarnos de verdad unos a otros, esforzanos por hacernos mutuamente felices y sentir la felicidad de hacer felices a los demás. Siguiendo por este camino, no solo sentiríamos la felicidad de amar, sino también la de sentirnos amados por los demás, porque a la vez que amamos provocaríamos en los demás el nacimiento del amor, y no solo el de los seres humanos, sino también el de los demás seres vivos de la creación.
3.-Este estilo de vida debería ser el de todos los hombres, pero muy especialmente el de los creyentes en Jesús de Nazaret.
Por este estilo de vida deberíamos darnos a conocer los cristianos, y no por templos llamativos, monasterios, catedrales, pinturas, imágenes, procesiones, peregrinaciones, santuarios, pomposas celebraciones teatrales, etc. Para Jesús el primer sacramento fue el sacramento del hermano, es decir, el sacramento del hambriento, del sediento, del enfermo, del desnudo, del encarcelado, del oprimido, del maltratado... Este sacramento del hermano es el más y absolutamente necesario para pertenecer al Reino de Dios. Quien niega a estos hermanos más necesitados, niega a Jesucristo aunque reciba todos los sacramentos una y mil veces, pero quien afirma a esos hermanos afirma a Jesucristo, aunque no lo conozca, aunque sea ateo, agnóstico, librepensador... Aquí está la clave y la prueba de toda religión verdadera.
Por algo Jesús les dijo a sus seguidores: "Que vean vuestras buenas obras, y den gloria a vuestro Padre que está en el Cielo". Esta debe ser nuestra presencia en el mundo.
Un cordial abrazo a tod@s.-Faustino
NOTA.-Todos somos diferentes, a veces mucho, lo que nos puede llevar a la frontera del enfrentamiento. Para evitarlo existe una excelente y sencilla virtud: el respeto mutuo. Pues sobre esto nos ayuda hoy Esther a reflexionar.
Es difícil intentar explicar que es el respeto, porque no es algo que se puede tocar, pero si podemos sentir o ver donde se encuentra.
Respetar a los demás es relativamente difícil.
Si nos respetamos a nosotr@s mism@s, los demás también nos respetaran, y nos sentiremos bien, sin depresiones ni conductas auto-destructivas, más libres, apreciad@s, segur@s de nosotr@s mism@, con mayor confianza y autoestima, consiguiendo lograr nuestras metas.
Lo ideal sería que nos aceptáramos los un@s a los otr@s sin pensar que si hay diferencias en la forma de pensar, es el otr@ el que esta equivocad@. ¿Quién nos asegura que no lo estamos nosotr@s? Pongámonos en lugar de la otra persona y si alguien hace algo que pensamos que está mal, intentemos enseñarle como se hace, sin imponerlo, respetándole, pues cada un@ es libre de decidir si quiere aprender o no.
Aceptaremos a los demás, como son, sin importar su condición, sean ricos, pobres, niñ@s, mujeres con las que compartan su vida o no, personas con problemas físicos o psíquicos, con estudios o no, sin discriminar al negro por su piel, al musulmán porque puede ser un terrorista, a l@s barrenderos, limpiadores… Simplemente pensemos como estaríamos si nadie limpiase los hospitales, escuelas, comedores, o recogiese la basura…
No solo hemos de respetarnos entre nosotr@s, sino a cada forma de ser y de vida, es decir, todo lo que nos rodea, los animales, la naturaleza,… la cual está siendo destruida por el hombre olvidándose de que todo lo que le hagamos, nos será devuelto. Hemos de respetar a los demás porque todos dependemos un@s de otr@s, somos un eslabón más de la cadena de la vida y sin el agua o la naturaleza… no podríamos existir.
Para tener y dar respeto, hemos de ser responsables, vivir según nuestras elecciones y sus consecuencias (ya sean positivas o negativas), nuestros valores y convicciones, valiéndonos por nosotr@s mism@s, no dejando que nos manipulen, intentando mejorar cada día y estar orgullos@s cuando logremos nuestras metas.
Nosotr@s valemos tanto como cualquier otro ser humano, y merecemos ser felices, pero ell@s también
Hoy os envío un power titulado “El Respeto”, una breve y simpática moraleja que nos sirve para recordar que siempre debemos respetar a los demás, incluso aunque no comprendamos sus costumbres.
Espero que os guste.
Un saludo, Esther (micooperacion@hotmail.com