Queridos hermanos vivos

Ser útil después de la muerte: donación de órganos y cuerpo

 

Sin duda podemos ser útiles para nosotros y para los demás después de la muerte, haciendo donación de nuestros órganos para trasplantes y nuestro cuerpo para investigación. Utiles para  nosotros, porque esa donación es un valor más que añadir a nuestra vida, y útiles a los demás para posible aprovechamiento de alguno de nuestros órganos y en todo caso para investigación médica. Hacerlo es a la vez humano y cristiano.

Pero fijémonos ahora en este anuncio que circula por la red:

Lapida moderna de 2 cms de granito negro intenso con Incrustación del escudo del Barça. Tamaño de 90 x 70 cms personalizable a cualquier medida inferior. El precio lo incluye TODO:

·         La lapida ajustada a las medidas que nos indiques, con los cantos pulidos.

·         La grabación del nombre del difunto, fechas y dedicatoria.

·         Embalaje y transporte hasta el cementerio indicado.

·         Pago de las tasas de colocación e instalación en el nicho indicado.

·         21% de IVA

 

Por el contrario, prestemos atención a esto otro: Me llamó mucho la atención en Guatemala que en algunas etnias mayas, como la Hachí, no solo no quieren atuendos, ni siquiera caja, para ser enterrados, sino ser sepultados directamente en la tierra, La Madre Tierra, pues de ella han salido y a ella vuelven, pero no para quedar muertos, sino a través de ella retornar a su origen, y por eso cuando prevén la muerte natural ya próxima convocan a familiares y amigos para pedirse perdón y reconciliación mutua, y darles la bendición. Después del fallecimiento, hay varios momentos muy significativos, como la llegada a la iglesia precedidos de un gran cirio encendido donde una persona, llamada padrino, lee textos de la Biblia alusivos a la resurrección, hace varias oraciones ofreciendo a Dios toda la vida de la persona fallecida para que sea aceptada y acogida por Dios y participe ya en la nueva vida, para lo cual les pide a los antepasados del difunto que salgan a recibirlo a la entrada de la nueva vida. Otro momento especial es la llegada a la sepultura: el padrino baja a la sepultura, la inciensa, la besa, y se baja al difundo para devolverlo al vientre de la Madre Tierra, para que en la intimidad, lo guarde con ternura y amor hasta el día de la resurrección.

 

Pero en este mundo del neoliberalismo en que se mueve el mundo occidental, todo es negocio puro y duro, todo se mercantiliza y se banaliza hasta el paroxismo, incluidas las mayores ridiculeces, como la de esas lápidas.

La fe de los creyentes en Jesús de Nazaret, ni de lejos va ni irá nunca por ahí, porque:

    1º.-Jesucristo murió injustamente asesinado  y resucitó para la salvación plena y definitiva de todos y de todo: los seres humanos, los animales, las aves, los peces, las plantas, los árboles... Este mensaje de salvación universal de todos y de todo, recorre toda la Biblia, sobre todo el Nuevo Testamento, pues el verbo resucitar aparece cinco veces en el Antiguo Testamento y veinticinco veces en el Nuevo; y la palabra resurrección aparece cinco veces en el Antiguo Testamento y veintitrés veces en el Nuevo. Señal de plena autenticidad.

    2º.-Dios todo lo hizo para la vida, y vida para siempre. Este mundo es solo un proceso en esa etapa donde los seres humanos, inteligentes y libres, tenemos la misión de hacer un mundo mejor y más feliz para tod@s y para todo. (Aunque todo se transforma, nada desaparece; incluso nuestro cuerpo físico se renueva muchas veces a lo largo de nuestra vida: adquirimos un esqueleto nuevo cada 3 meses, la piel se renueva cada mes, las células que recubren el estómago cada 4 ó 5 días y las que están en contacto con la comida cada 5 minutos, etc. Sin embargo seguimos siendo la misma persona irrepetible durante toda la vida: ¿qué hay que da continuidad a nuestro ser personal durante tantos años y a través de tanta transformación? Realmente somos algo maravilloso).

 3º.-Yo no creo en un dios que está esperando por una misa o una oración para salvar a una persona. Eso sería una crueldad: el Dios, Padre verdadero, que nos enseña Jesús no es así. Nosotros podemos ayudar a las personas y a los demás seres vivos  a ser más felices en este mundo, a vivir más dignamente, a cumplir su misión en esta primera etapa de la vida, pero nosotros no salvamos a nadie, es Dios en Jesucristo quien nos salva a tod@s y a todo para siempre, que resucitó para todos y todo participes en la plenitud de su resurrección.

4º.-Si participamos en la celebración de la Eucaristía es para ser mejores, más justos, fraternales y solidarios con todos los hombres y sobre todo con los más necesitados y oprimidos de este mundo. La verdadera Eucaristía es compromiso. Es desearlo ardientemente y hacer todo lo posible porque así sea. Si la Eucaristía no es para esto no sirve para nada. Dios es Dios: no necesita expiaciones, ni sufragios, ni velas, ni ritos teatrales, ni peregrinaciones a ningún lugar: los santuarios donde Dios nos espera es en los hambrientos, sedientos, enfermos, desnudos, emigrantes, encarcelados (Mateo 25,31-46).  La oración no es para convencer a Dios de lo que debe El hacer, sino para convencernos a nosotros mismos de lo que nosotros debemos hacer. Los que llamamos difuntos, en realidad no son tales porque están vivos, vivos para siempre, en las mejores manos que son las de Dios. Lo que Dios necesita porque es tarea nuestra, no de El, en este mundo, es que pongamos pan en la boca del hambriento, agua en la lengua del sediento, ropa en el cuerpo del que tiene frío, acogida en el inmigrante, compañía en el encarcelado. Es decir: justicia, igualdad, fraternidad, solidaridad, vida, esperanza, amor para todos y para todo.

5º.-Ante la ausencia de quien queremos mucho, no podemos evitar el sentimiento que nos duele en la mente y en el corazón, como le pasó a Jesús con Lázaro. Reunirnos para compartirlo en lo que llamamos funeral, aniversario o una misa, etc., para apoyarnos, para sertirnos más cerca, para compartir los mismos sentimientos como Jesús con Marta y María, es algo bueno y deseable y nos anima a ser mejores con los demás como ellos lo están siendo con nosotros en esos momentos difíciles. Todo esto también es compromiso de unos para con otros.

6º.-No pensemos a los hermanos que se han ido como muertos o difuntos en un cementerio, sino como vivos y felices en la casa del Padre. No hagamos monumentos ni panteones para ellos, que no les hacen falta para nada, sino que lo empleemos todo en hacer algo bueno para los vivientes de este mundo, que mientras están aquí son responsabilidad nuestra. Nuestro Padre Dios no nos necesita para los "muertos", nuestro padre Dios nos necesita para los vivos. A la Eucaristía en recuerdo a los difuntos, no venimos a lamentar su muerte, sino a celebrar su vida para siempre.

7º.-Como acto último de generosidad hagamos donación de todo nuestro cuerpo, y para que nos animemos, aquí va un botón de muestra con el número 672 desde hace muchos años: Ver archivo adjunto.

Un cordial abrazo a tod@s.-Faustino