Los viejos estorbamos
El ministro japonés de finanzas acaba de pedir a los viejos que se mueran pronto, porque no producen nada y resultan caros.
Mateo 24,37-44:
Dijo Jesús a sus discípulos: "Cuando venga el Hijo del Hombre pasará como en tiempo de Noé. Antes del diluvio la gente comía y bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca; y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del Hombre: Dos hombres estarán en el campo: a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán; dos mujeres estarán moliendo: a una se la llevarán y a otra la dejarán. Por tanto estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría abrir un boquete en su casa. Por eso estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del Hombre".
El mensaje central de este pasaje del Evangelio es la recomendación insistente que nos hace Jesús de que estemos en vela.
1.-El miedo y la incertidumbre ante la muerte es una constante en la historia de la humanidad, y una pregunta que no falta en ninguna religión, volcando siempre la inquietud en el más allá, pero no en el más acá. Este texto del Evangelio, en un lenguaje e imágenes adaptados a su contexto sociológico, nos deja un mensaje bien claro: "hay que estar en vela", pero no para estar vigilando a ver cuándo nos sorprende el final, sino que debemos estar en vela para dedicarnos constantemente a cumplir nuestra misión en este mundo. Lo importante es que el final llegue cuando estemos cumpliendo nuestra tarea en el campo, en el trabajo, haciendo el pan, ayudando como voluntarios/as, etc., etc.
Dice un chiste que la cama es el lugar más peligroso que existe porque casi todo el mundo muere en ella. Lo importante es que, estemos donde estemos, nos hayamos ocupado y preocupado de cumplir nuestra misión de construir el Reino de Dios en este mundo para el bien de la Humanidad y de toda la creación, porque en este mundo de hoy hay una tarea inmensa que realizar, pues estamos plagados de problemas por todas partes: hambre, injusticias clamorosas, guerra y violencia de unos contra otros, desesperación de la mayor parte de la humanidad, sobre todo en el Tercer Mundo, pero, con la crisis, también aquí, pues en España el suicidio es la tercera causa de muerte después de las cardiovasculares y el cáncer, ya que tenemos una media de 10 suicidios diarios: más muertos por esta causa que por el tráfico.
2.-El ministro japonés de finanzas acaba de pedir a los viejos que se mueran pronto, porque no producen nada y resultan caros, y hace ya dos años que el FMI alertó que los ancianos estábamos viviendo demasiado tiempo.
Está claro que los ancianos estorbamos.
Los planes del gobierno español pasan por privatizar la sanidad. Ahí ya tienen la solución pues en la sanidad privada aumentan un 2 % las muertes de ancianos y un 10 % las de recién nacidos. Solución perfecta para los planes del neoliberalismo, que solo en el dinero tiene su dios, y por eso a los enfermos no rentables los envía a la sanidad pública y se queda solo con los que son negocio. Empresarios y políticos se dan la mano, estos al servicio de aquellos.
Por eso tenemos que hacerle caso a Jesús: estar muy en vela, muy vigilantes para no caer en la trampa de unos y otros, no sea que pronto nos pase como a un hombre del Camerún, que llegó al hospital a consultarse de heridas en las piernas (Úlcera de Buruli, que afecta sobre todo a comunidades rurales pobres) y cuando le dijeron que la única solución era cortarlas contestó: “tuve que trabajar dos años para poder pagar esta consulta. Para operarme tendría que trabajar cuatro años más, así que tendré que morirme”.
Por tanto, no hay tiempo que perder. Hay que estar muy en vela, muy despiertos, porque un cáncer espantoso que está extendiendo por todo el mundo: el neoliberalismo capitalista, que, sobre todo a partir del derrumbe soviético, se ha hecho dueño absoluto del mundo, de las conciencias, hasta tal punto que se está incrustando, cada vez más, en la genética de las personas, las sociedades, las empresas, los gobiernos. A muchas personas ya les ha hecho perder toda ética, toda noción del bien y del mal: el dinero lo justifica todo.
3.-Este neoliberalismo deja cada día muchos miles de personas tiradas en la cuneta de la muerte injusta y prematura, y antes de llegar a ese final sumidas en la tristeza, la impotencia, la desesperación... A otras las empuja a robar para comer, a beber para evadir las penas, a caer en trastornos mentales, a drogarse y luego para sostener la dependencia delinquir y a parar en la cárcel, incluso a desearse la muerte antes que la vida.
4.-Por tanto, menos pensar en el más allá, que está en las manos de Dios, y más pensar en el aquí y ahora. Pensar en la vida, en la vida para todos y para todo aquí en este mundo. Los creyentes tenemos que ser los primeros en comprometernos en la construcción de un mundo nuevo, incluida la sanidad, pues la salud es imprescindible para vivir dignamente. Incluso otear el horizonte del mañana, intuir el futuro a partir del presente para prevenir antes de llegar a tener que lamentar. Esto le pedía también el Concilio Vaticano II a la Iglesia, que el actual Papa está intentando retomar. Tenemos que hacer también todo lo posible para ayudarle a la Iglesia a refundarse desde su mismo origen que es Jesucristo.
¡Vaya si tenemos que estar vigilantes! Afortunadamente hay muchas personas, sobre todo en la base del pueblo de Dios, que están muy alerta y muy en vela comprometidas con el mensaje de Jesús hacia los empobrecidos, maltratados, encarcelados, emigrantes, enfermos, ancianos. Son la esperanza de un gran renacer.
Un abrazo muy cordial a todas/os.-Faustino