CIUDADANOS DEL MUNDO
Como seres humanos y más como creyentes tenemos que
ser y sentirnos siempre ciudadanos del mundo
Juan 20,19-23
Al amanecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas, por miedo a los judíos. En esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros». Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». Y dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo, a quienes les perdonéis lospecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».
1.-Cercanía física, lejanía humana:
La amplitud y universalidad de los medios de comunicación van haciendo que este maravilloso planeta en que vivimos, el más bonito y más perfecto de los hasta ahora conocidos, nos parezca cada día más pequeño y nos sintamos más cercanos unos a otros. Evolucionó durante millones de años hasta llegar a la hominización.
Esta cercanía humana debería llevarnos a conocernos más y mejor, a unirnos, a complementarnos, a enriquecernos más y más unos a otros, aportando todos los valores que como personas humanas deben conformar nuestras vidas. Pero por desgracia no siempre es así, y a veces nos tenemos miedo unos a otros, nos enfrentamos, nos atacamos, nos apoderamos unos de los bienes necesarios para la vida de los otros, nos explotamos, nos enzarzamos en guerras, no nos sentimos identificados por un origen y un destino común. Casi siempre la avaricia, que nos arrastra a querer tener más de lo necesario a costa de los demás, está en el origen de los conflictos, con frecuencia muy graves, que nos afligen, y conducen a millones de seres humanos a nacer, vivir y morir de forma injusta, dolorosa y prematura. Lejos de una hominización humanizadora para la vida y felicidad de las personas, caemos en una deshumanización increíble que nos hace comportarnos ferozmente unos con otros. Bien lo demuestran los Bancos y las Cajas con los desahucios, las preferentes y las subordinadas; y los multinacionales explotando los bienes y personas del Tercer Mundo
2.-Puertas cerradas y blindadas:
Donde hay miedo no hay paz. Los discípulos de Jesús tenían miedo a aquellos que poco antes lo habían asesinado a El. Por eso se refugian en una casa con las puertas cerradas. Jesús entra y por dos veces les dice "paz a vosotros". Ellos se tranquilizan. Jesús añade: "Como el Padre me ha enviado, así os envío yo. Recibid el Espíritu Santo". Y los envía a proclamar el Evangelio a toda la creación. El destino de Jesús fue este: "He venido para que todos tengan vida y vida en abundancia", pero hay demasiadas personas con las puertas bien cerradas y blindadas: no dejan entrar a Jesús en los pobres de la tierra..
3.-El mundo como destino:
Desde entonces nuestro destino como creyentes en Jesús es el mundo, es toda la creación. Somos ciudadanos del mundo para trabajar para que todos tengan vida, y vida en abundancia, incluidos también los animales, las aves, los peces, las plantas y "toda la creación" . Lo contrario de lo que pasa hoy, en que millones de seres humanos apenas tienen vida, y mucho menos en abundancia porque ni siquiera tienen para comer o la pierden indignamente por condiciones inhumanas de trabajo en las maquilas de América, Africa o la India, y muchos seres vivos son asesinados, incluso masacrados para divertirse, de forma injusta y cruel, incluidas las cacerías reales,las corridas de toros, etc.
4.-"Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia":
Por todo ello necesitamos urgentemente que Jesús nos entregue, también hoy, el Espíritu Santo de Dios, para que suscite en esta humanidad ansias irrefrenables de Justicia, fraternidad, solidaridad, amor, paz, esperanza y vida, para todos los seres humanos y para toda la creación, para "perdonar los pecados", es decir, quitar el mal del mundo, porque el pecado es el mal que hacemos y el bien que dejamos de hacer a los seres humanos y a la Madre Tierra, un pobre más entre los empobrecidos del mundo por el daño que le estamos causando. A ella, pues, también tenemos que pedirle perdón, y protegerla y cuidarla lo mejor posible, por ella misma, que es criatura de Dios, y por nosotros mismos, porque sin ella no podemos vivir. Así pues, acompañados por el Espíritu de Jesús, pasemos como El haciendo el bien y curando a los oprimidos por el mal, porque Dios está con nosotros como estaba con aquel gran Jesús de Nazaret de Galilea.
Un fraternal abrazo a tod@s.-Faustino