Si en los países pobres de África, América o la India hubiera tantos coches por familia como tenemos en los países desarrollados ya no tendríamos ni oxigeno para respirar.

 

Millones de personas a lo largo de la historia de la humanidad, y también en nuestros días, fueron y son  víctimas de una muerte injusta y prematura por las guerras, las injusticias, el hambre, la sed, el odio, la violencia... Si murieron y mueren para quedar muertas ¿quién les reparará un daño tan grande?

 

Juan 6, 24-35: "En aquel tiempo, cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos esta­ban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús.  Al encon­trarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: "Maestro, ¿cuándo has veni­do aquí?". Jesús les contestó: "Os lo aseguro: me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura, dando vida eterna, el que os dará el Hijo del Hombre; pues a éste lo ha sellado el Padre, Dios". Ellos le preguntaron: "¿Cómo podremos ocuparnos en los trabajos que Dios quiere?", Respondió Jesús: "Éste es el trabajo que Dios quiere: que creáis en el que Él ha enviado". Ellos le replicaron: "¿ Y qué signo vemos que haces tú, para que creamos en ti? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Les dio a comer pan del cielo". Jesús les replicó: "Os aseguro que no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre quien os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo. Entonces le dijeron: "Señor, danos siempre de ese pan". Jesús les contestó: "Yo soy el pan de vida. El que viene a mi no pasará hambre, y el que cree en mí no pasará nunca sed".

 

1.-Mundo salvaje, mundo humano:

 

Jesús se preocupó  por la alimentación integral del hombre. Ante la gente con hambre hizo que todos comieran y sobrara. Hoy hay comida de sobra pero también hay hambre de sobra porque no hay "hambre y sed justicia".  Cada día nos indignan más el hambre y la injusticia que hay en el mundo, y también cada vez hay más indignados por las dos cosas. Esta indignación es muy positiva. Hay que hacerla crecer sin parar, hasta que este mundo cambie por lo menos de salvaje a humano, para, tan siquiera, saciar el hambre de las inmensas masas de empobrecidos que tenemos en el mundo. Hemos creado una sociedad de consumo, pero para consumir unos pocos lo que debería ser consumido por todos.  Sin embargo los consumistas no queremos que todos los 7000 millones de habitantes del planeta Madre Tierra consuman como nosotros, los llamados desarrollados: si en los países pobres de Africa, América o la India hubiera tantos coches por familia como tenemos en los países desarrollados ya no tendríamos ni oxigeno para respirar. ¿Hemos venido a este planeta para consumir y ser consumidos o para ser felices? Si se pueden fabricar bombillas que duren hasta 100.000 horas, por qué se fabrican tan solo para que duren 6 y 8000? En esta sociedad del neoliberalismo suicida donde el consumo es la ley, hay que fabricar las cosas para que duren poco, para que se acaben pronto, y así compremos más. Resultado: estamos llenando el mundo de chatarra, de desechos, de contaminación. Montamos fábricas para producir objetos y más objetos, y después tenemos que crear empresas para recogerlos, y otras fábricas para destruirlos (incineradoras) o enterrarlos por miles de años (cementerios nucleares) porque son muy peligrosos.

 

Pero el hambre del hombre no se sacia solo con tener cosas, porque hay personas muy saciadas de todo pero que no les basta: solo se sacian saciándose más, como los adictos a las drogas, que acaban siendo víctimas de su propia adicción. Jesús lo sabía muy bien y por eso dice a la multitud que le busca: "me buscáis porque comisteis hasta saciaros". La búsqueda de la felicidad es el motor constante de nuestras vidas: subyace a todo cuanto hacemos. Jesús quiere dar respuesta a esta búsqueda profunda de la felicidad, y por eso habla de un alimento que perdura, un alimento de vida eterna, que empieza por creer en Jesús y su mensaje: "que creáis en el que el Padre ha enviado", porque Jesús es el pan de vida, "el pan que da la vida al mundo".

 

2.-El único pan que puede dar verdadera vida a este mundo es el pan de Jesús.

 

Su pan verdadero es la justicia, el amor, la solidaridad, la igualdad, la fraternidad, para todos los seres humanos y para la creación. Es lo que Jesús hizo y enseñó. Sin estos valores no hay verdadera vida. Sin estos valores lo que hay son luchas, injusticias, muertes, venganzas, guerras, odios, violencias, enemistades, incomprensiones,  rencores, divisiones, tristezas y sufrimientos cada vez mayores para la mayor parte de la humanidad: son los frutos del consumismo. Por eso necesitamos urgentemente volver a Jesús.

 

3.-La carencia de los grandes valores.

 

La carencia de esos grandes valores, llevó a millones de personas a lo largo de la historia de la humanidad, y también en nuestros días, a ser víctimas de una muerte injusta y prematura por las guerras, el hambre, la sed, la injusticia, la emigración, los desplazamientos, la violencia, el odio, la tristeza, la desesperación... Si murieron y mueren, también hoy, para quedar muertos, ya nadie les puede reparar un daño tan grande. Nosotros ya no podemos hacerlo. Nosotros solo podemos desearlo con toda la fuerza de nuestra alma, y pedirle con esa fuerza a Dios que lo haga, pues solo El puede reparar un daño tan enorme, y seguro que lo hará, para darles esa "vida eterna" que empieza aquí luchando por un mundo mejor para todos y para todo, para terminar en la plenitud. Somos hijos de Dios y como tales nos quiere felices ya en este mundo. Por eso Jesús comprometió su vida con la felicidad para todos y para todo, para este mundo y para la "vida eterna".

 

Un abrazo muy cordial a tod@s.-Faustino