EL AMOR, FUNDAMENTO DEL MATRIMONIO

¿Si no hay amor, hay matrimonio?

 

 

Marcos 10,2-16: “Se acercaron unos fariseos y le preguntaron a Jesús para ponerlo a prueba: "¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su mujer?" Él les replicó: "¿Qué os ha mandado Moisés?" Contestaron: "Moisés permitió divorciarse dándole a la mujer un acta de repudio". Jesús les dijo: "Por vuestra terquedad dejó escrito Moisés este precepto. Al principio de la creación Dios los creó hombre y mujer. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne. De modo que ya no son dos, sino una solo carne. Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre". En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo. Él les dijo: "Si uno se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio".

 

Partiendo del contenido de este pasaje del Evangelio hoy vamos a hacer un comentario  muy especial, sobre un tema complejo y difícil como es el matrimonio, consistente en plantear unas cuantas preguntas calientes, que van en rojo. Luego haremos algunas consideraciones, pero antes de leerlas, es mejor que hagamos dos cosas:

 

1ª.-Contestarnos con franqueza las preguntas a nosotros mismos.

2ª.-Que os animéis a escribir las respuestas, y remitirlas a mi correo. Yo las reenviaré ANONIMAMENTE a todos los Contactos (más de 300 directos), para que nos sirvan a todos de reflexión y de elementos de juicio ante los graves problemas y crisis por los que está atravesando actualmente el matrimonio. Si alguno las quiere firmar, por supuesto que también lo puede hacer.

 

 PREGUNTAS CALIENTES:

 1ª.- ¿Estás de acuerdo en que el amor es el FUNDAMENTO de matrimonio?

 2ª.- ¿Por qué actualmente hay tantas rupturas matrimoniales?

 3ª.- ¿Es más cristiana una pareja que simplemente se juntan, se quieren y se tratan bien, dan buen ejemplo a sus hijos, o una pareja casada por la iglesia con todas las bendiciones que ya no se quieren, se tratan mal, dan mal ejemplo a los hijos, etc.? ¿Dónde está Dios más presente, en la primera o en la segunda?

 4ª.- Una y otra pareja piden el bautismo para sus hijos: ¿Es más coherente con el Evangelio bautizar a los hijos de la primera pareja o de la segunda? ¿O no lo es en ninguna de las dos?

 5ª.- En una pareja en la que se acabó el amor y son como extraños uno pra el otro, ¿hay matrimonio? ¿Deben seguir manteniendo las apariencias sociales y legales o romper?

 6ª.- Supongamos  el caso de un matrimonio que por las causas que sea el marido abandona a la mujer y se va por el mundo, la deja con los niños, se olvida de ella y de ellos, incluso sin medios para poder vivir, pero encuentra a un hombre que la acoge, la trata bien, le ayuda a salir adelante, se preocupa de la educación de los niños, conviven entre todos en verdadera armonía, y son pareja de hecho. Esta mujer, creyente, que encontró en este hombre la solución para si misma y para sus hijos, ¿puede recibir los sacramentos, puede comulgar, puede actuar en todo como los demás cristianos? ¿Y el hombre que se juntó con ella, puede hacer lo mismo? Si quieren, ¿deben bautizar a sus hijos? Hechos similares a este, hemos conocido bastantes en Guatemala: maridos que marchaban a EE.UU., con muchas promesas de enviar ayuda desde allí y más adelante volver, pero al cabo de unos meses, ni ayuda, ni vuelta: olvido total. Era la desgracia de muchas mujeres y muchos niños: desprotegidos, desamparados y en la miseria.

 7ª.-El rol que la cultura occidental y la religión de la iglesia oficial asignan a la mujer, ¿son fuente de machismo? ¿Ese rol está en coherencia o en contradicción con lo que afirma Jesús en el pasaje del Evangelio citado?

 8º.-Hoy están a la orden día las relaciones y la convivencia prematrimoniales: ¿qué opinas de esto?

 

VAMOS AHORA CON ALGUNAS REFLEXIONES:

 Ser mujer en tiempos de Jesús era vivir sometida al varón, servirle de ayuda adecuada, satisfacerlo sexualmente y darle hijos antes que hijas.  La mujer era la tentadora de Adán  y por tanto peligrosa y sospechosa. En consecuencia había que acercarse a ella con cautela, y sobre todo mantenerla siempre sometida. La mujer era propiedad del varón. Antes de casarse lo era del padre y después del marido. Si quedaba viuda era propiedad de los hijos varones o de nuevo del padre.

La mujer era ritualmente impura durante la menstruación y hasta siete días después. Si tenía un hijo varón era impura 40 días después del parto, pero si era niña hasta 80 días, por lo que tenía que ir al templo a "purificarse" (de qué, me pregunto yo). Durante ese tiempo nadie debía acercarse a ella. Incluso los objetos que tocaba quedaban contaminados. De todo esto derivaba su exclusión del sacerdocio ritual, de la participación plena del culto y de acceso a las áreas más sagradas del templo. La mujer era fuente de impureza.

El esposo podía repudiar a su mujer por una tontería, como que se le quemara la comida, o simplemente porque viese a otra que le gustase más, pero ella por ningún motivo podía repudiar a su esposo.

En tiempos de Jesús esta visión negativa de la mujer aún era más severa porque se la consideraba además frívola, sensual, perezosa, chismosa, desordenada, según la describe Filón de Alejandría contemporáneo de Jesús. Flavio Josefo lo resumen diciendo: “la mujer es inferior al varón en todo”.

La mujer debe estar recluida en casa para protegerla de la agresividad sexual de otros hombres. De lo contrario deshonraría a la propia familia. Para evitarlo era más seguro mantener a las mujeres cerradas en casa. A su marido tenía que llamarle “mi señor”. No podía tomar parte en banquetes. Su testimonio no era aceptado como válido. Las que se alejaban de casa sin la compañía de un varón eran consideradas de mala vida y de sospechosa reputación sexual.

En el templo e incluso en la sinagoga debían estar separadas de los hombres y solo podían acceder al atrio de los paganos (no israelitas). En las celebraciones religiosas bastaba con que estuviesen los hombres, ellas no hacían falta, porque ante Dios no tenían la misma dignidad. Por lo mismo no se les debía enseñar la Ley de la Torá (libro de la Ley Dios de los Judíos) porque harían mal uso de ella: antes quemarla que confiarla a una mujer, decían los varones. Está claro que estamos ante una sociedad machista al máximo con discriminación total de la mujer, tanto en lo público, como en lo pñrivado, como en la religioso.

 Aún hoy siguen en vigor muchas de estas discriminaciones y desigualdades, incluso dentro de la iglesia católica, pero aún mucho peor en otras concepciones religiosas, impregnadas de fanatismo y prácticas abominables (ablación femenina) como la musulmana.

 Pues bien: Ante esa realidad tan negativa para las mujeres el comportamiento de Jesús con ellas fue verdaderamente revolucionario, con sus palabras, pero sobre todo con sus hechos, admitiéndolas en su compañía al lado de los discípulos varones, incluso reservando para ellas los primeros acontecimientos pascuales de su resurrección, e incluso utilizándolas como mensajeras de los mismos para los apóstoles.

 

Concretamente en esta ocasión:

·        Jesús zanja ese machismo y pone a los dos al mismo nivel de igualdad, con los mismos derechos y deberes. Tanto adultera el hombre como la mujer.

·        Jesús quiere que haya una unidad perfecta entre el hombre y la mujer.  Es el ideal. Ser una sola carne es ser una sola persona: el matrimonio es para esto, es estar cada vez más unidos, en una perfecta igualdad en dignidad y derechos. Entre hombre y mujer hay diferencias. La diferencia es un hecho, pero la igualdad es un derecho. Las diferencias son para enriquecerse y complementarse mutuamente.

·        El ideal de Dios Creador es la unión perfecta y perpetua entre el hombre y la mujer. Que se rompa es siempre un fracaso, para los esposos y para los hijos. En España, en el año 2010, por cada 100 uniones matrimoniales se produjeron 75 rupturas. Esto demuestra que no se llega al matrimonio con una preparación mínima y con la madurez suficiente para contraerlo. Pero ante una convivencia imposible, ¿qué es lo más lógico?

·        Si el fundamento del matrimonio es el amor, y este, por las razones que sean, no solo se acaba sino que se convierte en odio, e incluso peligroso, con muy mal ejemplo para los hijos, ¿tiene sentido seguir viviendo juntos? ¿Es coherente que puedan rehacer su vida?

·        Independientemente de la actitud y comportamiento de los padres, ¿no tienen derecho los niños a conocer los valores del  mensaje de Jesús y asuminirlos libremente?

 

Para profundizar más en el tema, os animamos a leer con detenimiento el archivo adjunto que trata de: EDUCACIÓN SEXUAL. CRITERIOS MORALES Y ETICOS SOBRE SEXUALIDAD, PROCREACIÓN, MATRIMONIO Y ABORTO. Es un documento un poco largo, que no trata de sentar cátedra ni de lejos, solamente pretende ayudarnos un poco a pensar.

 Animaros a contestar con plena libertad de conciencia las preguntas que van más arriba: con vuestras respuestas nos enriqueceremos todos/as. Gracias.

Un abrazo muy cordial a todas/os.-Faustino

 

 

 

EDUCACIÓN SEXUAL. CRITERIOS MORALES Y ETICOS SOBRE

SEXUALIDAD, PROCREACIÓN, MATRIMONIO Y ABORTO

Faustino César Vilabrille Linares

 

DATOS PREVIOS: En España se producen una media de 469 roturas matrimoniales al día

SEPARACIONES Y DIVORCIOS:

En el primer semestre del año 2005 se produjeron 70.969 roturas.

En el primer semestre del año 2006 se produjeron 85.633 roturas.  TOTAL: 156.3602

EMBARAZOS Y ABORTOS:

Cada año quedan embarazadas en España unas 18.000 menores, de las cuales 7000 acuden al aborto. De ellas, 800 tienen entre 11 y 14 años.

En el año 2006, en Asturias unas 220 adolescentes se sometieron al aborto. Desde 1998 al 2006 el número de abortos se ha duplicado, en menores de 19 años.

El número total de abortos en España en el 2006 fue de 101.592, de los que 5600 eran de mujeres menores de edad.. En Asturias, seis dieron a luz con menos de 15 años. La franja de edad entre los 15 y los 19 años registró 137 alumbramientos,

En Asturias, en el año 2006, se produjeron 2100 abortos.

TEMA AMPLIO Y COMPLEJO.-Se trata de un tema amplio y complejo, que todos los días está presente en los debates, discusiones y medios de comunicación.

-Sobre estos temas se dan opiniones y opciones totalmente contrapuestas:

·         Los que opinan, por ejemplo, que hay que prohibir toda relación sexual prematrimonial.

·         Los que opinan que se ha de ejercer libremente la sexualidad.

·         Los y las que son favorables a la libertad total de la mujer para hacer uso de su cuerpo, y decidir si quiere   tener o no tener un hijo, e incluso acudir al aborto si lo ha concebido y no lo quiere tener.

·         Los que opinan que hay que tener todos los hijos que Dios mande sin usar ningún control de la natalidad.

·         Los que creen que solo se deben tener los hijos que se puedan atender, cuidar y educar bien.

·         Los que dicen que solo se pueden usar métodos anticonceptivos que sean naturales (Ogino, estado del moco cervical), pero no los artificiales.

 

PROBLEMA ECONOMICO.- Además de lo dicho, en no pocos casos los problemas económicos (trabajo inseguro, inestabilidad en el empleo, sueldos precarios, et.), pueden condicionar no solo la decisión de contraer matrimonio, sino los posibles hijos a procrear.

-No es fácil, por tanto, poner un poco de orden en todo esto. Pero es necesario hacerlo, estableciendo unas cuantas consideraciones importantes para no perdernos en esta heterogeneidad tan dispar.

1ª Consideración: La educación sexual es un derecho más de la persona humana. Nos lo dicen tanto declaraciones sobre los  Derechos humanos, como el mismo Concilio Vaticano II

2ª Consideración: El instinto más fuerte del ser humano y de todos los seres vivos normales es la subsistencia y para ello alimentarse. El hambre es lo primero que queremos saciar. Este instinto nos acompaña desde el mismo nacimiento hasta la muerte.

3ª Consideración: El segundo instinto más fuerte de los seres vivos, y en particular del ser humano, es la reproducción o perpetuación de la especie, y dentro de ella, la sexualidad como forma concreta ordinaria de asegurarla.

4ª Consideración: Tanto el hombre como la mujer, así como otros muchos seres vivos, tienen la posibilidad biológica de tener muchos más hijos de los que en realidad tienen, porque la mujer ovula normalmente todos los meses durante muchos años, y sus ovarios tienen muchos óvulos capaces de llegar a ser productivos. Pero lo cierto es que la gran mayoría y a veces incluso todos, no llegan nunca a participar en la formación de un nuevo ser.

El hombre tiene a lo largo de su vida una producción de millones de espermatozoides de los que solo algunos, o incluso todos, no llegan a participar nunca en la producción de un nuevo ser humano.

Por tanto, lo mismo en la mujer que en el hombre  se pierden enormes posibilidades de generar un nuevo ser. En consecuencia la reproducción parece no ser la única finalidad de las relaciones sexuales.

La naturaleza (para los creyentes, Dios) ha unido a la sexualidad  y a la fecundación una satisfacción y un intenso placer que hace muy atrayente su ejercicio, como lo ha unido también a la comida, al juego, a la alegría, lo  que hace que a veces la sexualidad se convierte se un impulso tan fuerte que no resulta fácil controlar, y más aún en el mundo de la civilización occidental, en que los medios de comunicación exhiben la sexualidad y los placeres corporales asociados a ella en pura genitalidad y a la obtención del placer genital ligado a todo aquello que la economía de mercado consumista quiere que compremos. Lo vemos a diario en los anuncios de coches, electrodomésticos, móviles, ropas, alimentos, detergentes, perfumes, champús, cremas, etc. Siempre sale una mujer o un hombre de cuerpo cien como reclamo publicitario, ligando sutilmente el placer de la compra del producto al placer sexual. Es el sexo convertido en instrumento de mercado, cuando el mismo sexo en si no es ya mercado (neoliberalismo feroz y voraz).

5ª Consideración: Se habla mucho de educación sexual, pero muchas veces se la reduce a instrucción en la genitalidad, o conocimiento anatómico y funcional de los órganos genitales, tanto masculinos como femeninos.

Ciertamente, para educar en la sexualidad  es necesario el conocimiento de la genitalidad, tanto masculina como femenina, pero la educación sexual va mucho más allá del conocimiento de la genitalidad, porque:

·      -toda la persona es un ser sexuado, y por tanto la sexualidad la llevamos no solo en los órganos genitales, masculinos o femeninos. La sexualidad la llevamos en todo el cuerpo y en todas nuestra persona: en el cerebro, en la mente, en los ojos, en el oído, en la boca, en el corazón, en las manos, en los sentimientos, en los afectos, en el tono de voz,  etc. Todo nuestro ser es un ser sexuado.

De ahí que la forma más profunda  y radical de encuentro interpersonal a nivel humano sea la sexualidad humana, porque abarca a toda la persona, supone un proyecto común de vida, convierte a cada miembro de la pareja en camino mutuo de plenitud personal y los conduce a la maduración como personas, y en el caso de creyentes también a la maduración en la fe y a la santidad.

·      El hombre occidental, y más el varón que la hembra, cuando carecen de una verdadera  EDUCACIÓN sexual, tiende a focalizar la sexualidad en la genitalidad, reduciendo aquella a esta, de forma que a veces, el no conseguir ejercer la genitalidad como y cuando quiere, le lleva incluso a delinquir (caso de las violaciones, etc.) Pero, sin llegar a tanto, el sexo, reducido a genitalidad, queda vanalizado, conduce al vacío interior, al desencanto, a la frustración, no pasando de un simple desahogo pulsinonal o pasional. Esta situación conduce  muchas veces a buscar otras formas de satisfacción, con otra pareja, con la pederastia, con el autoerotismo o masturbación, con la prostitución, etc. Estas opciones, además, en caso de estar casados o conviviendo, destruyen la vida y la armonía matrimonial, con graves consecuencias para ambas partes y particularmente para los hijos que son las víctimas inocentes de este proceso.  Por eso, para una sexualidad verdaderamente plenificadora tienen que estar unidos los corazones, no solo los cuerpos.

6ª Consideración: Sin educación integral de la persona no puede haber verdadera educación sexual:

·         -La persona que no sabe convivir, respetar, colaborar, reflexionar, complacer a los demás, respetarlos como persona, no está educada. No está preparada para ser buena pareja.

·         -La persona que no trabaja, que es egoísta, individualista, tacaña, mezquina, mal pensada, desconfiada, machista, no está bien educada. No está preparada para ser buena pareja.

·         -Tampoco es lo mismo tener conocimientos que ser noble, honrado, sincero, leal, generoso, sensible, complaciente, amable, atento, respetuoso, delicado, elegante, discreto, justo, comprensivo. Sin estos valores no hay verdadera educación de la persona, y por tanto no se puede ser buena pareja.

     Educarnos para tener esta calidad de persona es lo más importante que podemos hacer, y lo mejor que podemos ofrecer a nuestra pareja.

 

7ª Consideración: Sin madurez afectiva no pude haber una sexualidad madura. Hoy nos encontramos con bastantes personas adultas físicamente, pero inmaduras como personas, por lo que difícilmente asumen las dificultades, las contrariedades, la lucha por la vida, la resistencia ante las adversidades. Tienen  poca o casi nula capacidad de aguante. Por eso rompen con gran facilidad las relaciones de pareja. De ahí que haya tantas separaciones y divorcios.

La maduración como personas pasa por tres etapas principales:

1ª Etapa: Es la etapa de la INFANCIA o dependencia: cuando nacemos dependemos totalmente de los demás para alimentarnos, vestirnos, curarnos, educarnos, limpiarnos, etc. Es la etapa del RECIBIR: Dos son las cosas más importantes que necesitamos recibir: la COMIDA  y el AFECTO. La falta de comida mata la vida. La falta de afecto mata la persona. El niño/a siente necesidad total de las dos cosas: levanta los brazos hacia arriba para  que le acojan, le protejan, le abracen. Necesita vitalmente recibir cariño y afecto como palpación concreta del amor. Tal es así que si no recibe afecto, ternura, cariño, crece físicamente menos. El niño necesita que lo toquemos, lo acariciemos, lo besemos. Necesita sentirnos físicamente, palpablemente. El niño capta lo que hay dentro de nosotros hacia él.

En consecuencia, si no recibe suficiente amor en la infancia, no lo compartirá bien en la adolescencia, ni lo entregará con generosidad de adulto, sencillamente porque carece de él. Atención: todo esto es parte integrante de la educación sexual. Vemos que no tiene ninguna relación directa con la genitalidad.

2ª Etapa: El amor que hemos recibido en la infancia es el que compartimos en la adolescencia y juventud. Es la etapa del COMPARTIR. Es el desarrollo progresivo de la amistad. Es dar y recibir al mismo tiempo. Es extender las manos horizontalmente para ir unos hacia otros. Es dar y recibir al mismo tiempo. Es el cultivo del compañerismo, la amistad, la convivencia, la valoración mutua, la generosidad compartida, la valoración del otro como persona, el compromiso solidario con los amigos y la sociedad, el aportar algo a los demás sin esperar nada a cambio en actividades culturales, festivas, religiosas, deportivas, ONGs, etc. Es el hacer planes y proyectos en común hacia los demás.

Sin el cultivo y desarrollo de una amistad verdadera hacia los demás y hacia la sociedad es muy difícil llegar a un amor verdadero.

3ª Etapa: Si las dos etapas anteriores se han desarrollado bien, la tercera fácilmente viene por si sola. Es la etapa de dar todo lo que hemos recibido en la infancia y compartido en la adolescencia y juventud. Es la etapa de dar: dar amor a la esposa, al esposo, a los hijos, a los familiares, a los amigos, a los vecinos, a la sociedad. Es el don de si mismo, es el don de la generosidad, el don de la entrega personal, es el don de hacer felices a los demás, es el don de la entrega total al otro para hacerlo feliz. Es el don del amor común de extender las manos hacia abajo para acoger la vida que llega: para su nacimiento, para su desarrollo y para su madurez. Es el don de la identificación con la pareja en la experiencia vital de que hemos nacido uno para el otro, y así el estar juntos supone la mayor felicidad. Es el don de la entrega al bien de la sociedad mediante la profesión, y también la participación comunitaria y ciudadana en actividades sociales altruistas sin esperar nada a cambio más que la satisfacción de colaborar al bien común.

 

8ª Consideración: Más o menos podemos distinguir como tres planos en la relación de pareja:

-plano de la genitalidad

-plano de la sexualidad

-plano del amor

 

LOS TRES SON COMPLEMENTARIOS Y NECESARIOS PARA UNA RELACION DE PAREJA VERDADERAMENTE FELICITANTE.

 

Plano de la genitalidad: Cuando el hombre busca una prostituta, busca satisfacer la genitalidad. Su objetivo es el coito y la eyaculación. Tenía sed genital, bebió agua, quedó saciado, pero pronto volverá la sed, y cada vez más, porque es como el que bebe agua salada en vez de agua pura: cuanta más bebe más sed tiene. En esta relación hay solo una relación de genitalidad, pero no una relación de persona. Es solo satisfacción de un instinto. Para la mujer prostituta esta relación no pasa de ser una forma de ganarse la vida. A la gran mayoría este ejercicio las asquea, les repugna, las frustra. Se sienten mujer objeto, instrumento de consumo, con carencia total de autoestima. En este plano primario no hay relación afectiva, hay solo una relación física y corporal. Se juntan los cuerpos, pero no se juntan las personas.

 

Plano de la sexualidad: Aquí ya hay una relación afectiva y personal. El otro no es un mero objeto. El otro tiene algo para mi que no tiene otra persona, y yo tengo algo para él que no tiene otra persona. La verdadera satisfacción se produce con esta persona. Ella no es algo, es alguien que tiene para mi un significado especial, que polariza mis sentimientos hacia ella. Esta relación ya comporta una importante exclusividad: quiero que el otro sea para mi y no para otra persona: hay con ella una empatía sico-físico-química. Pensar en la infidelidad de la otra persona se convierte en un sufrimiento casi insuperable y abre una gran brecha en la relación interpersonal que la deteriora tal vez para siempre o la rompe definitivamente, En este segundo plano la genitalidad, el acto sexual, resulta plenificador y gratificante como acto de confianza y de unión muy íntima.

 

Plano del amor: Aquí ya se busca más la felicidad del otro que la propia, de tal manera que lo que no sea felicitante para el otro tampoco lo es para mi. Es hacerlo todo de tal manera que el otro sea lo más feliz posible. Ya no busco al otro para satisfacerme ante todo yo, sino para satisfacerlo ante todo a él o a ella. Es satisfacernos complementariamente juntos. Soy tanto más feliz cuanto más consigo que el otro lo sea. A este nivel, en mi mente, en mis deseos, en mis afectos, predomina todo aquello que sé que va a hacer feliz al otro. Soy feliz complaciéndolo a él o a ella antes que a mi mismo. Es una relación de comunión, de plena interpersonalidad. Soy tanto más feliz cuanto más siento que feliz es él o ella. Es una relación de gratificación mutua, sexualmente complementaria en todas las dimensiones de la persona, es la verdadera fidelidad mutua, que abarca a toda la persona en todo momento y por tanto compromete el pensamiento, la voluntad, los sentimientos, los afectos, los deseos, la complacencia, la ternura, la generosidad, la gratitud, la empatía de toda la persona con toda la persona., y que muchas veces se despliega en la relación genital como un momento de plena fusión interpersonal.

 

El plano de la sexualidad y mucho menos este plano del amor no soportan el desencuentro. El desencuentro resulta insoportable porque es como una infección masiva e invasiva de toda la persona, que produce gran sufrimiento. Aquí es donde caben aquellas preciosas palabras de San Pablo: “No dejéis que se ponga el sol sobre vuestra ira. No salga de vuestra boca palabra áspera, sino palabras buenas y oportunas. No pongáis triste al Espíritu santo de Dios, en el cual habéis sido sellados para el día de la plenitud final. Alejad de vosotros toda amargura, arrebato, cólera, indignación y palabra ofensiva. Sed más bien uno para el otro bondadosos, compasivos, y perdonaos uno al otro como Dios os ha perdonado en Cristo”; (Efe.4,25ss.)

 

 

CONCLUSIONES:

 

CONSIDERACIÓN PREVIA:

Un número importante de teólogos y moralistas (más de 500), algunos ya antes del C. Vaticano II y bastantes más después intentaron adaptar la teología, la ética y la moral cristiana a los avances de la investigación, la ciencia, la biología y la antropología modernas, no solo en el campo de la sexualidad, sino y ante todo, a los problemas y aspiraciones del mundo moderno: la injusticia, la desigualdad social, la pobreza del Tercer Mundo, la explotación humana, los derechos y dignidad de todas las personas, la explotación de la Tierra, las relaciones internacionales, el neoliberalismo, la economía de mercado capitalista, la guerra, los derechos humanos, las relaciones humanas e interpersonales y dentro de ellas las relaciones de género y sexuales dentro del mundo de la pareja.

Podemos citar, por ejemplo, a Henry de Lubac, Bernard Häring, C.Rahner, Hans King, Marciano Vidal, Benjamín Forcano, Juan Masiá, Jon Sobrino, Leonardo Boff, Gustavo Gutierrez, José María Castillo, Ignacio Ellacuría, Juan José Tamayo, Enrique Miret Magdalena, Ivonne Guevara, y otros muchos.

 Concretamente en lo referente a la moral, los escritos de Marciano Vidal estuvieron como libros de texto en la mayoría de los seminarios católicos, traducidos a múltiples idiomas, incluso al coreano. Todos ellos fueron profesores en las Universidades más importantes del mundo tanto eclesiásticas como civiles, e inspiraron los documentos más importantes del C.Vaticano II,

Todos estos teólogos y moralistas, abrieron la investigación del mensaje cristiano a una nueva concepción del hombre como persona humana, con unos valores, una dignidad, unas aspiraciones muy profundas a la felicidad, a la justicia, a la igualdad fundamental entre todos y todas, a la dignificación de la mujer en la sociedad y en la iglesia, y dentro de este marco abordaron la genitalidad, la sexualidad, la afectividad y el amor como elementos esenciales constitutivos de la felicidad de la persona humana, todo ello arrancando de la búsqueda del Jesús histórico y su posicionamiento ante los problemas y aspiraciones de los hombre de su tiempo..

Pero la Iglesia oficial de Roma, después de haberlos admitido bastantes años como eminentes profesores y gozando de un prestigio y reconocimiento internacional, incluso habiéndolos escogido y utilizado Juan XXIII como asesores en el Concilio y después del Concilio, ya algo a partir de Pablo VI, pero sobre todo de J. Pablo II, los censuró a casi todos. Les prohibió la enseñanza, les quitó las cátedras, los desautorizó públicamente, incluso les prohibió escribir, dar conferencias, etc. Muchos quedaron en la calle sin tener con qué vivir.

Se les aplicó el artículo &1º del canon 702: “Quienes legítimamente salgan de un instituto religioso o sean despedidos de él, no tienen derecho a reclamar nada por cualquier tipo de prestación realizada en él”.

A este respecto, conviene saber que todo el Parlamento votó una Proposición no de Ley en 1995, para que se remediara la situación a veces penosa de estas religiosas, religiosos y sacerdotes secularizados. Los parlamentarios, samaritanos laicos, fueron solidarios y misericordiosos con este colectivo desprotegido por la mayoría de sus antiguos patronos, obispos y superiores/as religiosos.

Esto sucedió porque, sobre todo con J. Pablo II, la Iglesia oficial de Roma dio marcha atrás, con una involución cada vez más acelerada. Gran parte de la esperanza que había suscitado el C.Vaticano II se deshizo como cera en el fuego. Y en concreto todo lo relacionado con la ética y la moral sexual, volvió a planteamientos anteriores incluso a Santo Tomás de Aquino del siglo XIII. En este campo el retroceso fue enorme. El Vaticano comenzó a sacar documentos relativos a la sexualidad y al matrimonio sin contar para nada con los expertos que hasta entonces habían sido sus colaboradores. Este retroceso e integrismo llevó y está llevando a que cada vez más personas abandonen toda relación con la Iglesia y sus planteamientos ultraconservadores, en general, pero mucho más en el campo de la ética y la moral sexual. De hecho hay un 70 % de católicos que no cumple las normas de moral sexual emanadas del Vaticano. Desde siempre, la moral sexual que sigue el Vaticano fue elaborada por el 50 % de la humanidad, es decir, solo por hombres, no por mujeres. Además lo fue por una pléyade de solteros que elaboraron una moralidad de eunucos, que centró la pecaminosidad en algo a ellos vetado: el sexo, con una fijación obsesiva en este campo. Es por lo que, en esta materia, en concreto, no hagamos demasiado caso a los guardianes del Vaticano porque imponen unas cargas demasiado pesadas o incluso peligrosas sobre los hombros de los demás, lo que Jesús les echó en cara a los fariseos, que luego ni un dedo ponían para llevarlas.[1] La moral oficial que propugnan no resuelve muchos de los problemas éticos y morales que plantea la realidad actual. Por ejemplo: ¿qué va a pasar dentro de unos años si la población mundial sigue creciendo a un ritmo de algo más de 70 millones de personas por año?

Las consideraciones que vamos a hacer ahora parten de una nueva concepción integral de la persona, que enraíza de lleno en la valoración que de todo ser humano hace Jesucristo y que vemos reflejada en el Evangelio, hasta alcanzar plenamente el plano del amor que vimos más arriba como fuente de plenitud y felicidad. Es el nuevo enfoque del que parten los teólogos y moralistas citados más arriba. No podemos en este breve escrito exponer toda la argumentación que ellos desarrollan, sino tan solo sacar las correspondientes conclusiones:

 

ESTAS SON, PUES, LAS CONCLUSIONES, SEGÚN LOS MORALISTAS MÁS CUALIFICADOS DE NUESTROS DIAS:

1ª.-Hay que apostar por una sexualidad liberadora en los tres planos antes citados, que contribuya a la felicidad de las personas, superando por un lado rigorismos trasnochados de pecado, represión y vergüenza en lo referente a la sexualidad, y por otro aceptando la sexualidad no solo como función reproductiva sino también como placentera, gratificadora, comunicativa e integradora. La sexualidad, pues, no es solo para reproducirse, sino también para plenificarse, enriquecerse y sentirse felices interpesonalmente.

2ª.-La sexualidad es algo muy personal y relacional, y como personas adultas debemos tomar nuestras propias decisiones bajo la última responsabilidad de nuestra propia conciencia, y más en una esfera tan íntima de la vida como es la sexualidad. Esto lo destacó Juan Pablo II, pero el actual papa ya ni esto admite..

3ª.-La sexualidad es algo muy importante, muy superior en dignidad y valor a lo que nos difunden muchos mensajes publicitarios, donde las relaciones sexuales se convierten en mero objeto de consumo, reduciéndola a simple genitalidad. (Decía un chico en la Tv.: “yo quiero mucho mejor ir con una prostituta porque me lo da todo hecho y no tengo que ligar a nadie”

4ª.-La sexualidad es para los creyentes un don de Dios. Por tanto es buena, noble, limpia, apetecible, gratificante, equilibradora, fuente de paz, que anima a vivir, a tener ilusión, a darse generosamente a los demás, a colaborar, a buscar el bien, a desear que todo el mundo sea feliz, a querer un mundo mejor y más bueno con todos y para todos. Nos lo dice el Vaticano II con estas palabras: “Los actos con los que los esposos se unen entre sí son honestos y dignos, y realizados de manera verdaderamente humana, significan y favorecen el don recíproco con el que se enriquecen mutuamente los esposos, en un clima de gozosa gratitud interpersonal”. (Aquí el Concilio no cita la procreación como única finalidad de la relación sexual).

5ª.-La sexualidad tiene que estar en armonía con los sentimientos, la plena confianza interpersonal, los afectos, la ternura, la comunicación, el placer, el gozo en común y la reproducción cuando se quiera también conseguir esta.

6ª.-Algunos planteamientos doctrinales de la iglesia oficial actual sobre la sexualidad no concuerdan para nada con los valores de la sexualidad, pues en la práctica la reducen a la mera función reproductiva y esta no es la única ni la primera finalidad de la relación sexual. La primera finalidad es la que expresa el mismo Génesis: “no es bueno que el hombre esté solo, voy a darle una ayuda semejante a él”. En las dos versiones que nos da el Génesis  (Eloista y Yahvista) de la creación del hombre y de la mujer aparece siempre esta relación y ayuda interpersonal como la primera finalidad. La procreación viene en un segundo plano. En el Evangelio, Jesús remite al proyecto original de Dios: “Dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne”. Por tanto, lo primero es complementarse uno al otro: esta es la primera finalidad del matrimonio.

 

El sacerdote y gran teólogo moralista Benjamín Forcano escribe: “Como criterio de discernimiento fijaría este: la sexualidad humana, incluso la heterosexual, no tiene su razón de ser en la procreación, sino en la fusión y complementariedad de la pareja para un proyecto de vida en común, que conlleva la potencialidad de ser fecunda como consecuencia de su amor. Pero esa potencialidad puede quedar sin actuar, por diversas razones y, no obstante, la pareja sigue teniendo plena razón de ser”.

7ª.-El amor verdadero solo es posible entre personas libres e iguales. Por tanto sin reconocerse la misma dignidad uno al otro es imposible un amor verdadero. Toda connotación machista, ejercida por cualquiera de las partes, es contraria a la dignidad personal.

8ª.-El deseo sexual no se satisface ni termina solo con tener hijos. Dura muchos años, incluso más allá de poder físicamente procrear, sobre todo en la mujer (la capacidad de ser productivo se mantiene muchos más años en el hombre que en la mujer). Por tanto los esposos pueden satisfacerse  cuando lo deseen, incluso dentro de una compresión responsable deben satisfacerse uno al otro aunque uno de ellos no sienta en ese momento esa necesidad. No deben negarse uno al otro esta posibilidad, salvo que una causa justa lo impida: estar enfermo, cansado, preocupado por un problema, etc.

9ª.-Es cierto que la relación genital-sexual tiene también la función de asegurar la procreación, pero no solo la procreación, sino ante todo y en primer lugar satisfacerse personal y mutuamente. En consecuencia los esposos deben tener todos y solo los hijos que puedan criar, atender y educar bien, incluso espaciándolos el tiempo que juzguen conveniente (Es la llamada PATERNIDAD RESPONSABLE, que la iglesia oficial sí admite, pero luego niega los medios para poder ejercerla combinada con la primera finalidad del matrimonio). Dicho esto, también hay que decir que tener menos hijos de los que se pueden tener movidos por la comodidad, el egoísmo o la falta de generosidad, no sería ético, ni por tanto cristiano el no tenerlos. A partir de ahí es un deber no tener más hijos, porque sería avocarlos a una vida precaria. Pero los esposos siguen teniendo pleno derecho a satisfacer sus deseos sexuales, y tienen los dos el deber de complacerse mutuamente y que esta unión tan íntima y personal alimente su amor, su entrega mutua, su autoestima matrimonial personal y comunitaria. Incluso el no hacerlo puede avocar a infidelidades y ruptura del matrimonio al buscar en otra pareja o en otros medios lo que no se encuentra en la propia. Por tanto les asiste no solo el derecho sino el deber de usar los mejores métodos anticonceptivos para evitar la fecundación (no abortivos ni esterilizantes), con preferencia de aquellos que no perjudiquen su salud y les permitan ejercer su relación sexual con plena seguridad y gratificación[2]. Muchas desavenencias, sufrimientos y desencuentros matrimoniales vinieron y siguen viniendo por no tener en cuenta esta consideración. En esta situación ambos esposos, como creyentes pueden y deben participar en la Eucaristía dominical, pueden comulgar con toda tranquilidad, y esta comunión con Jesucristo ha de serviles para amarse más, quererse con más afecto, comprensión, alegría y ternura, y llevarlos a los dos a mirar al mundo desde el compromiso con los más empobrecidos y necesitados de la tierra como lo hizo Jesucristo; llevarlos a una más esmerada educación de sus hijos como seres humanos y como creyentes, llevarlos también a dar a sus vidas un poco de austeridad personal en cosas no necesarias, para que haya más para los que más lo necesitan. El compromiso con los oprimidos, maltratados y empobrecidos de la tierra y la construcción de un mundo más justo, fraternal y solidario, debe ser el primer compromiso de todo creyente, y la unión matrimonial debe potenciar este compromiso.

 

NO AL ABORTO:

Ahora bien, si por mala gestión de los métodos anticonceptivos hay un fallo y se produce un embarazo, hay que asumir plenamente la responsabilidad del mismo. El nuevo ser que entra en gestación no es responsable de nada. Por tanto hay que aceptarlo, quererlo y hacer todo lo posible para que el embarazo llegue a feliz término como el del hijo más deseado. No acudir jamás al aborto porque hacerlo sería una quiebra catastrófica, no solo para una vida incipiente, sino para la ética y la conciencia de los propios esposos, que por los muchos casos que conocidos se convierte en una hipoteca muy dolorosa y pesada para toda la vida, tanto en el plano humano como en el cristiano. Una mujer normal nunca quiere abortar, pero si lo hace le queda una huella imborrable y inolvidable para siempre. No obstante si alguna vez nos ha pasado o le ha pasado a otra persona, tengamos muy en cuenta que la misericordia y el perdón de Dios son infinitos y van mucho más allá de todo lo que nosotros podemos comprender[3], y que la víctima inocente de ese fallo que no disfrutó de la vida en este mundo, seguro que ya está en la plenitud de la vida y la felicidad de Dios. Ya sabéis que el desdichado limbo no existe y que todos los niños, absolutamente todos, van al cielo. En todo caso es mucho mejor acudir a la adopción que el aborto.

Aparte de las económicas, puede haber otras causas que justifiquen el uso de métodos anticonceptivos: peligro de salud para la madre, riesgo conocido de enfermedades congénitas o hereditarias, etc.

 

RELACIONES PREMATRIMONIALES:

Hoy no pocos jóvenes tienen relaciones sexuales prematrimoniales, incluso ya de adolescentes, sin pasar por las tres etapas que antes hemos expuesto, y por tanto inmaduros, como vimos en los datos del principio. El permisivismo actual, incluso a veces más instintivo que racional, destruye a la persona, la estanca en su evolución hacia la madurez o le hace madurar artificial y prematuramente. Con frecuencia, sobre todo ellas son víctimas de engaños, de ser utilizadas como objeto, de quedar tal vez embarazadas, de contraer infecciones venéreas o peor aún infectadas de VIH (Sida).

Para que unas relaciones prematrimoniales tengan una mínima garantía y seguridad deben cumplirse unas cuantas condiciones muy importantes:

·         -que haya amor de verdad, de tal grado que la fidelidad que supone entregarse a otro suponga también la esperanza de que el otro responderá a la propia fidelidad con su fidelidad.

·         -que el acto sexual no sea fruto de una pasión descontrolada e insensata.

·         -que no haya engaño afectivo por ninguna de las partes, ni de él por aprovecharse de ella, y de ella por captarlo a él.

·         -que haya un proyecto de vida en común.

·         -que tengan claro los dos que en la relación sexual no se implica solo la genitalidad, sino sobre todo la persona entera. Que ni uno ni otro son un objeto de uso y desecho del ser humano.

·         -que haya total libertad por ambas partes en su consentimiento, sin dominar ni manipular al otro, y que en todo caso sean siempre vinculantes para los dos.

·         -que haya asunción por ambas partes de la responsabilidad y las consecuencias que se deriven de esa relación: embarazo, impacto en la salud (física y síquica), relaciones familiares, consecuencias laborales, repercusión en los estudios, etc.

·         -La verdadera relación sexual se da cuando encuentro a alguien que me quiere tal como soy, me llena de felicidad y de paz, y me anima a vivir.

Según lo dicho es evidente que la mutua atracción sico-físico-química, sin que se cumplan las circunstancias anteriores, no es suficiente. Si se cumplen todas las consideraciones anteriores es difícil calificar de falta moralmente grave las relaciones sexuales prematrimoniales.

 

Tener especialmente en cuenta que:

·         Un embarazo no deseado es siempre negativo para la madre, para el padre  y para el hijo.

·         No acudir nunca al aborto. Este solo sería lícito si como consecuencia de salvar la vida de la madre se produjera el aborto, o sea, sin buscar el aborto directamente. Por ejemplo: necesidad de operarse del corazón y como consecuencia viene el aborto. Es preferible mil veces acudir al preservativo que acudir al aborto. Con los métodos actuales es injustificable contraer un embarazo no deseado y más aún acudir al aborto.

 

PERO, ¿QUE HACER CON LOS Y LAS ADOLESCENTES?

 

A los padres les suele preocupar más lo que le pueda pasar a ellas que lo que le pase a ellos. Siempre se consideraron más graves los deslices sexuales en las mujeres que en los hombres, pero ambos son igualmente responsables.

1º.-La educación sexual empieza por desarrollar y madurar adecuadamente las tres etapas que hemos expuesto más arriba: RECIBIR, COMPARTIR Y DAR AMOR. Sin este proceso no alcanzaremos la madurez integral de la persona.

2º.-Tratemos de dejar atrás las ideas anticuadas que nos impiden comunicarnos adecuadamente con nuestros hijos. Tenemos que aprovechar las ocasiones propicias para hablar con ellos y ellas de una manera franca  y abierta sobre el amor, las relaciones interpersonales y la sexualidad.

3º.-Comencemos a hablar con ellos de sexualidad como hablamos de otras cosas, desde una temprana edad y con frecuencia. Nos dice el Vaticano II: “hay que iniciar a los jóvenes, conforme avanza su edad, en una positiva y prudente educación sexual”.

4º.-Supervisemos las actividades de los hijos de forma prudente y discreta sin dejar de entender que según van creciendo van dejando de ser niños para pasar a ser jóvenes y adultos y cada vez más independientes.

5º.-Es de gran importancia que desarrollen actividades sociales y deportivas que les atraigan y motiven para ser mejores en todo, y les ayuden a evitar y superar fijaciones obsesivas en el autoerotismo. Si se produce una fijación obsesiva en el autoerotismo esto perjudica su desarrollo personal, obstaculiza la alteridad y en su día la plena identificación con el otro. También se resienten el estudio, la  relación con los demás, el altruismo, etc.

6º.-Que descubran en nuestros hechos, en nuestros sentimientos y en nuestras palabras que nos preocupamos por ellos, por su bien y su futuro, y por eso queremos saber qué hacen, con quién salen, a dónde van, etc. Procuremos que salgan en grupo con amigos y amigas de su misma edad y no con personas mayores que les pueden engañar, forzar y llevar a situaciones peligrosas como abusos sexuales, drogas, pornografía, etc.

7º.-Es bueno que estemos al tanto de lo que nuestros hijos ven, leen, escuchan, chatean, navegan por internet, etc.

8º.-Es muy importante que les ayudemos a pensar en su futuro, a plantearse horizontes de desarrollo personal, a centrarse en el estudio y en actividades sociales. Preguntémosles cuáles son sus intereses, inquietudes, aspiraciones, así como a descubrir las consecuencias de sus actos, como las importantes secuelas de tener o provocar un embarazo prematuro, contraer una enfermedad, engañar a otra persona, etc.

9º.-Que el diálogo y la comunicación no se interrumpan nunca. Cuidar la buena relación, el respeto mutuo y el amor.

10º.-Ayudémosles a descubrir que tenemos un cuerpo único e irrepetible hecho por Dios y perfeccionado cada vez más por la evolución. Que debemos quererlo, respetarlo, cuidarlo, embellecerlo con la higiene y la salud, el ejercicio, el deporte, el descanso, la ternura; y que así mismo, cuando sintamos nacer en nosotros la atracción por otra persona, hemos de saber cuidar también lo mismo o más, el de la persona que amamos y queremos amar cada vez más. Si somos y son creyentes hay que decirles que Dios nos quiere libres de toda atadura injusta y felices para amar a todos como a nosotros mismos.

 

PERO, QUE HACER CUANDO EN UNA PAREJA O MATRIMONIO, TODO ESTO SE ROMPE?

Pues es una tragedia. Por tanto:

·         -Hay veces que la ruptura es inevitable porque la convivencia se convirtió en un infierno.

·         -En estos casos hay que pensar, reflexionar, autoserenarse, darse un tiempo de meditación.

·         -Evitar las reacciones compulsivas y descontroladas. Aunque no haya diálogo, no romper la comunicación, y hacer las cosas bien hechas y de mutuo consentimiento.

·         -Cuidar los dos y de mutuo acuerdo de los hijos: son las víctimas inocentes y no culpables, de este proceso de separación o divorcio.

·         -Responder a los compromisos contraídos en cuento a dinero, custodia y educación de los hijos, etc.

·         -Explicar a los hijos de forma gradual según su capacidad el por qué de la separación, y sobre todo darles confianza de que van a seguir siendo muy queridos y cuidados por los dos o por lo menos por la persona que así quiera seguir haciéndolo..

·         -Si la ruptura ha sido fruto de una infidelidad, si hay arrepentimiento y es posible el perdón y la reconciliación, esto es lo preferible para el bien de la pareja y de los hijos. Ambos deben hacer el mayor esfuerzo porque todo vuelva a la mayor normalidad posible. Si el que falló se arrepiente y pide perdón de verdad también Dios le perdona

·         -La infidelidad matrimonial y el adulterio es lo único que en el Evangelio Jesús considera como grave por lo injusticia que se comete contra el otro cónyuge. Si los dos lo hacen, ahí ya no hay matrimonio porque no hay amor: ambos son responsables y culpables, pero, si hay arrepentimiento, siempre son dignos y susceptibles de perdón. Lo tenemos claramente expresado en el caso de la adúltera. Según Jesucristo este fallo es tan grave en el hombre como en la mujer, porque en la cultura occidental se disculpa más al hombre que a la mujer, y esto es injusto. Jesús defiende y le perdona a aquélla adúltera con la mayor facilidad y naturalidad. Solo le dice: “vete en paz y no peques más”.

 

LA HOMOSEXUALIDAD:

 

Es un tema bastante complejo y no fácil de tratar, porque fue un tema históricamente silenciado y poco estudiado, y para muchos autores los datos bíblicos que lo tocan tampoco fueron correctamente interpretados y tratados. Hay opiniones y criterios para todos los gustos. En general las ideologías conservadoras consideran la homosexualidad como una aberración inaceptable. Las ideologías progresistas suelen ser más tolerantes.

 

LA OPINIÓN DE UN EXPERTO:

El profesor de Psiquiatría de la Universidad de Nueva York, Luis Rojas Marcos, escribe lo siguiente: “La causa exacta de la homosexualidad aún no se conoce. Cada día, sin embargo, más estudios científicos corroboran la noción de que se trata de una variación innata de los mecanismos biológicos y psicológicos que modulan la atracción romántica entre personas adultas, por lo que está fuera del control del individuo. En concreto, la orientación sexual parece configurarse en el cerebro del feto durante la gestación, mediante los efectos de las hormonas sexuales, andrógenos y estrógenos. Algo que sí sabemos con certeza es que la homosexualidad no es una enfermedad, no se contagia, no es un vicio, no es la consecuencia de tendencias antisociales, ni la secuela de padres ineptos o de una infancia traumática”.

CONSIDERACIONES:

Visto lo cual, es un tema al que hay que acercarse con mucha prudencia, discreción y comprensión.

Por un lado, se debe buscar orientación profesional adecuada. Por otro lado, no se debe dramatizar el problema, ya que ello puede llevar a situaciones contraproducentes. Tampoco se deben permitir las bromas ni las burlas sobre un tema tan delicado, ni etiquetar a un niño como homosexual, o permitir que se le discrimine como tal.

 (La Iglesia siempre ha enseñado que el acto homosexual es un pecado grave. La Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF) declaró en 1975: "Según el orden moral objetivo, las relaciones homosexuales son actos privados de su regla esencial e indispensable. En la Sagrada Escritura están condenados como graves depravaciones e incluso presentados como la triste consecuencia de una repulsa de Dios". 

La Iglesia distingue entre la inclinación homosexual y la actividad homosexual. La primera dice que no es pecado en sí misma, pero que induce a él; la segunda dice que sí lo es. La Iglesia dice que trata con misericordia al pecador, pero una cosa es decirlo y otra hacerlo, porque luego las normas que le impone al homosexual son de enorme rigor.

El sacerdote y gran teólogo moralista Benjamín Forcano escribe: “Como criterio de discernimiento fijaría este: la sexualidad humana, incluso la heterosexual, no tiene su razón de ser en la procreación, sino en la fusión y complementariedad de la pareja para un proyecto de vida en común, que conlleva la potencialidad de ser fecunda como consecuencia de su amor. Pero esa potencialidad puede quedar sin actuar, por diversas razones y, no obstante, la pareja sigue teniendo plena razón de ser: “La comunidad matrimonial heterosexual, dice el Concilio Vaticano II, es una comunidad íntima de vida y de amor” (GS, 50). No, pues, un contrato para procrear, como se decía en el código de Derecho Canónico. Del mismo modo, un proyecto de unión homosexual es una comunidad íntima de vida y amor, actuable desde las condiciones básicas de un amor interpersonal, sin posibilidad, obviamente, de paternidad o maternidad biológicas. Pero hay algo que identifica en una misma dignidad a ambos proyectos y es que no se ordenan a la procreación, sino a una vida en común, que en el heterosexual se acompaña generalmente de fecundidad biológica y en el homosexual de otro tipo de fecundidad.”

La iglesia tendría, pues, que reflexionar, y no condenar de manera tan radical y rigurosa a los homosexuales: ¿Qué han hecho los obispos y la iglesia oficial para promover la dignidad de los homosexuales? ¿Acaso no son personas, a veces incluso con grandes valores intelectuales, sociales, artísticos y culturales, como Sócrates, Safo,, Alejandro Magno, San Agustín, Miguel Angel, Leonardo da Vinci, Shakespeare,  Marlene Diettrich, etc.

En cada persona la sexualidad tiene diferentes connotaciones que no dependen de una elección libre de la persona, sino que son fruto de la naturaleza. Tal es el caso de la homosexualidad. Así, la persona no es culpable de haber nacido con cuerpo de hombre  y sentimientos de mujer, o viceversa, y por tanto que a un hombre le atraiga más otro hombre o a una mujer otra mujer.

En todo como también en esto, lo que vale es el amor: si en una pareja heterosexual no hay amor, sino incluso odio y desprecio mutuo, ¿acaso está Dios ahí? Y si en una pareja homosexual hay amor de verdad, ¿acaso no está Dios ahí? Lo hemos dicho muchas veces: “donde hay amor, ahí está Dios”.

Otra cosa son las connotaciones sociales que todo esto comporta, los prejuicios, muchas veces falsos con los que se mira a los homosexuales. La sexualidad y los sentimientos son algo muy íntimo y muy personal. El interior de cada persona es algo inviolable que solo Dios conoce. Una cosa es esta realidad y otra que, dado el contexto social en que vivimos, los homosexuales procuren ser discretos, prudentes y cuidadosos.

Jesucristo no se metió en estas cosas tan personales. Solo rechazó con claridad la infidelidad y el adulterio, por lo que supone de injusticia contra la otra persona y la falta de amor. Por eso la iglesia debería dedicarse muchos más a la educación en una fe adulta y madura para todos los decididos a seguir el mensaje de Jesús, y no debería hurgar ni entrometerse en estas cuestiones, y dejarlas a la conciencia de cada cual. Jesús al final solo nos va a preguntar por el amor, por los pobres, los hambrientos, los enfermos, los desnudos, los sedientos, los encarcelados.  Por eso mismo, si una pareja homosexual se quieren bien, se apoyan mutuamente, ayudan a los demás, luchan por el bien de la sociedad, colaboran con los necesitados, ayudan a los que sufren, sin duda que ahí está Dios. En esta pareja así, yo personalmente no vería inconveniente para que asistan a la Eucaristía y participen en la comunión. Pero si en una pareja heterosexual no hay amor, se tratan mal, se hacen sufrir, son egoístas, va cada uno a lo suyo, ¿acaso ahí está Dios?

Pregunta final: ¿hay más matrimonio en unos “amontonados” que se quieren, se ayudan, cuidan bien a los hijos, los educan como personas  e incluso como creyentes, colaboran con la sociedad, ayudan a los demás, o hay más matrimonio en una pareja casados con toda la liturgia eclesiástica, pero que no se quieren, se tratan mal, dan mal ejemplo a los hijos, son egoístas, solo van a lo suyo?

 

SOBRE EL ABORTO Y LA LEGISLACIÓN

González Faus: "No existe un derecho al aborto”.

No existe un derecho al aborto. Ello no significa que legalmente no pueda haber una despenalización: en un Estado laico, ni un delito es un pecado, ni legal equivale a moral. La ley civil tiene como objetivo la convivencia, no la moral: no pretende entrar en las conciencias, sino regular conductas que afectan a la paz social. Por eso las leyes pueden penalizar cosas no inmorales (hablar por el móvil conduciendo) y no penalizar cosas inmorales (el adulterio). Pero una cosa es lo legalmente tolerado y otra lo moralmente permitido.

Nadie tiene derecho a eliminar una vida que está ya humanamente programada.Se busca moralizar el aborto arguyendo desde el "derecho al propio cuerpo" y los "derechos de la maternidad". Pero esos derechos (como casi todos) tienen un límite: nadie puede esgrimir un derecho contra el derecho de otro: de lo contrario, el violador tendría derecho a violar "porque se lo pide el cuerpo". Y la mujer, derecho a abortar hasta en el noveno mes (y echar luego los fetos a una trituradora como se hizo en Barcelona). La maternidad tampoco da derecho a la mutilación genital de una hija, ni a prostituirla para ganar dinero: pues el misterio de la maternidad consiste en esa maravilla de algo que, siendo en algún sentido propio, es a la vez extraño. Y lo es por su contextura vital, no por su tamaño o su edad.

Que "tengo derecho a hacer lo que quiera con mi cuerpo" lo he oído decir a más de un drogadicto. Y no: por nuestro que sea, el cuerpo merece también un respeto. Creerse con derecho a disponer de una vida indefensa solamente porque estorba no tiene nada que ver con una mentalidad de izquierdas, más bien es fascismo puro y duro. El afán de sustituir la expresión aborto por la más políticamente correcta de interrupción del embarazo quizá revele ya una mala conciencia no reconocida. Repito que no hablo de leyes civiles sino de derechos morales. Para el legislador, será sin duda conveniente que lo legal quede amparado por valores morales. Pero todo el mundo sabe que cualquier valor moral tiene sus situaciones límite donde ni el veredicto es claro, ni los expertos coinciden ni el legislador tiene por qué tomar partido. Incluso quien considere inmoral el aborto deberá reconocer que cabe hablar de grados de inmoralidad,según se trate de un ser ya constituido como persona, o en marcha hacia esa constitución, o sólo programado para ser tal. Y debe saber que siempre hubo discusión sobre cuándo se dan esas fases: según Tomás de Aquino (y con su lenguaje), el alma humana no la infunde Dios hasta el tercer mes de la gestación: porque antes la materia "no está aún preparada para recibirla".

En este contexto, un cristiano deberá sentirse obligado al máximo respeto a la vida personal, y aplicarse ese principio a sí mismo, al margen de lo que la sociedad penalice o tolere. Así dará ejemplo de una fina sensibilidad humana, aunque pueda comprender que no todos acepten eso porque, ante las situaciones límite, también nuestra razón patina.

Pero eso no significa que la Iglesia tenga derecho a imponer su propia moral a través de leyes civiles: pues según san Pablo, una parte de la moral cristiana en lo que toca al cuerpo se funda en eso que llamamos la resurrección de la carne.

 

José Ignacio González Faus

 

 

 

 



[1] Por desgracia es un hecho cada día más evidente que la juventud está abandonando masivamente toda relación con la Iglesia, no solo las misas dominicales, sino en todos los demás sacramentos. En muchos sitios los matrimonios civiles ya superan a los eclesiásticos.  Las primeras comuniones son en muchos casos actos meramente sociales. Ya hay intentos comerciales de hacer bautizos por lo civil.

[2] Actualmente se empieza a hablar de que las píldoras anticonceptivas pueden cambiar la sintonía bioquímica de la pareja (posible alteración feromonal) y en consecuencia producir un enfriamiento sicofísico de los esposos y sentir una nueva y más intensa atracción por otra persona que por la pareja propia.

[3] Una vez  había un hombre que le parecía que tenía muchos pecados y muy graves y se dirigió a un confesor que decían que hablaba con Dios. Le confesó sus pecados y le preguntó si era verdad que hablaba con Dios. El confesor le contestó  que sí hablaba con Dios. “Pues, cuéntele a Dios mis pecados, porque estoy muy preocupado, a ver qué le dice”. El penitente fue a los  ocho días a preguntarle al confesor si había hablado con Dios. Este le dijo que sí. El penitente le pregunta: “Y qué le dijo Dios?”. Respuesta del confesor: “Me dijo que ya no se acordaba de nada”.