Adorar al Crucificado

ignorando a los crucificados y crucificadores

 

SIN AMOR AL PRÓJIMO NO HAY AMOR A DIOS

 

 

Marcos 12,28b-34

Un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: "¿Qué mandamiento es el primero de todos?" Respondió Jesús: "El primero es: "Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios es el único Señor: amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser". El segundo es éste: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo". No hay mandamiento mayor que éstos". Él explicó: "Muy bien, Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios". Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo: "No estás lejos del Reino de Dios". Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

 

1.-Amor a Dios y al prójimo son totalmente inseparables:

 

 Jesús lo deja meridianamente claro en este pasaje, que recogen también, con algún matiz interesante, Mateo y Lucas, pues Mateo dice que el segundo es "omoía" al primero. Esta palabra griega significa "equivalente, mismo, igual, que tiene la misma fuerza". Por tanto, se trata de un mismo y único amor. No es posible uno sin el otro. Igual que para formar una cruz son igualmente necesarios el palo vertical y el horizontal, y si falta uno no hay cruz. Así pasa con el amor a Dios y al hombre.

 

Pero, ¿cuál de los dos amores es primero? ¿Hay que colocar primero el palo vertical, dirigido a Dios, o el horizontal, dirigido al hombre?

 

2.-Primero el amor al hombre:

 

A esta pregunta da respuesta el mismo Jesús. En Mateo 25,31 a 46 nos dice: "Venid a tomar posesión del Reino de los Cielos porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, era forastero y me acogisteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme".

 Los justos le responden con esta pregunta: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero y te acogimos, o desnudo y te vestimos? ¿Cuando te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?" Conclusión: los justos, cuando hicieron estas cosas, ni siquiera sabían que se lo estaban haciendo a Jesucristo, pero así era. Por eso Jesús les contesta: "En verdad os digo que cuando lo hicisteis con de estos hermanos míos más pequeños a mi me lo hicisteis". En este texto se fundamentan gran parte de los planteamientos de la Teología de la Liberación. Donde hay una persona que es justa, honrada, respetuosa con los demás, solidaria, noble, sincera, trabajadora, honrada, ahí hay salvación, ahí hay Reino de Dios, aunque ni lo sepa.

 

Por tanto, la respuesta a la pregunta de cuál amor es el primero, está claro que es el amor al hombre. Pero, ¿qué sucede? Que es más fácil agarrarse al palo vertical, agarrarse a Dios. Es más fácil organizar grandes y pomposos cultos, celebrar misas y más misas, manifestarse en procesiones, vestirse con ropajes llamativos, hacer regalos a iglesias y santuarios, hacer donativos con lo que nos sobra, construir monasterios, catedrales o basílicas que atraigan los ojos y la admiración, programar conciertos musicales religiosos que fascinen al auditorio o salgan difundidos públicamente, etc. A Dios no le hace falta nada de nuestro amor para El, pues es la plenitud total, pero le hace falta todo para sus hijos e hijas en este mundo.

 

Por eso cuando el letrado le dice a Jesús que el amor vale más que todos los holocaustos y sacrificios, Jesús, viendo que había contestado sensatamente, le dice: "No estás lejos del Reino de Dios".

 

3.-El camino de Dios es el hombre:

 

En cambio, agarrarse al palo horizontal es más costoso, está más alto, hay que colgarse de él, cuesta sostenerse, pero ese es el camino: colgarse de los empobrecidos, sedientos, emigrantes, maltratados, enfermos, desnudos, encarcelados. El camino de Dios es el hombre, y más el hombre necesitado. Es el hombre y mujer crucificados por las injusticias, las guerras, el hambre, la opresión, la explotación laboral o sexual, la discriminación, el desprecio, la marginación, la humillación. Muchas veces adoramos al Crucificado, pero ignoramos a los crucificados y crucificadas de nuestro tiempo, y a sus crucificadores, no para condenarlos, sino para decir como Jesús: "Padre perdónales porque no saben lo que hacen". En ellos y ellas es donde quiere y necesita ser reconocido y liberado Jesucristo: ellos y ellas (crucificados/as) por lo mucho que sufren, y los crucificadores por lo que hacen sufrir, pues liberar al crucificador de crucificar es liberarlo de ser crucificador. Ellos y ellas nos llevarán al Reino de Dios.

 

No se trata de un amor genérico, vago e indefinido, sino concreto, a las personas concretas y determinadas. El prójimo no es algo perdido en el anonimato, sino que es alguien a quien expresamos nuestra cercanía, nuestro afecto, nuestra solidaridad, nuestro aprecio palpable y visible, nuestro compromiso personal en su lucha por la justicia. Son personas concretas con quienes nos queremos liberar juntos, luchando contra el hambre, la sed, el frío, la emigración, la enfermedad, la cárcel..., contra todo lo que hace sufrir el ser humano, sean personas, instituciones, desgracias, carencias, limitaciones, opresiones, esclavitudes, ignorancias, avaricias, riquezas, corrupciones, poderíos, etc. 

 

4.-Nuestra razón de ser en el mundo:

 

Si los que somos creyentes reconocemos a Dios, este reconocimiento de Dios, si es auténtico, tiene que suponer ir directamente al reconocimiento del ser humano, al reconocimiento explícito de Dios en el hombre. Volcarnos en el hombre, en cada persona humana, para hacerla más feliz y dichosa, he ahí la razón esencial y suprema de nuestro ser en el mundo. Así fue Jesús de Nazaret. Por eso lo queremos, lo admiramos, lo reconocemos, lo seguimos y atendemos en cada persona concreta por la que podemos hacer algo bueno, pero no desde arriba y desde fuera, sino desde abajo y desde dentro como lo hizo El, haciéndose ser humano para compartir en todo nuestra condición humana.

 

Un abrazo cordial a tod@s.-Faustino