FORO DE CURAS DE BIZKAIA
Jueves, 3 de octubre de 2013
Ninguna reforma de la curia impuesta
La Asamblea del Foro de Curas de Bizkaia
ante la remodelación de la Curia y los nombramientos de sus responsables
1.- Quienes participamos hace años en
la Asamblea Diocesana de Bilbao, vivimos aquel acontecimiento como un nuevo
amanecer de nuestra iglesia.
2.- No recordamos este acontecimiento
con nostalgia, como algunos quieren hacer ver, sino como reconocimiento de una
experiencia, compartida e inolvidable, de sinodalidad
y corresponsabilidad eclesial que marcó la forma de actuar en todas y cada una
de las instancias diocesanas durante los años sucesivos.
3.- Sin embargo, sí es cierto que
recordamos con nostalgia las ocasiones en las que nuestros obispos se acercaban
a los consejos parroquiales, con el ánimo de posibilitar su participación o
para informar y dialogar sobre el nombramiento de un nuevo presbítero para esa
comunidad cristiana.
4.- Este proceder, lo sabemos muy
bien, se ha ido diluyendo, y lo que aquellos años era una forma habitual de
funcionar se ha convertido en algo excepcional o extraño, cuando no, imposible
en los últimos años.
5.- Un claro exponente de esta pérdida
es la manera como se ha procedido a la remodelación de la curia diocesana en el
ámbito de lo pastoral y al nombramiento de sus responsables, sin que esto
desdiga para nada la valía y capacidad personal de los designados.
6.- Algo tan importante como lo que se
ha llevado adelante no se puede ventilar con una breve información, tal y como
se ha hecho, y sin dar posibilidad alguna de debate, enmienda y votación tanto
en el Consejo Pastoral Diocesano como en el Consejo del Presbiterio.
7.- Semejante modo de proceder no se
ajusta, de ninguna manera, a la sinodalidad y
corresponsabilidad por la que esta iglesia ha apostado tan decididamente.
8.- Por ello, desde el ejercicio de la
corrección fraterna, llamamos a nuestro obispo y a su consejo episcopal para
que rectifiquen en estos dos puntos:
8.1.- La remodelación de la curia
tiene que ser discutida, enmendada (si así se estimara pertinente) y votada, al
menos, por el Consejo Pastoral Diocesano y el Consejo del Presbiterio, previo
conocimiento de toda la diócesis.
8.2.- Habida cuenta de que se trata de
una reforma pastoral sobre dos de los pilares o dimensiones fundamentales de la
comunidad cristiana y del ministerio pastoral (“caridad y justicia” y
“evangelización y catequesis”), creemos que el nombramiento de sus responsables
(en el caso de que fueran realmente necesarios) es tan importante, o más, que
el de los vicarios episcopales. Por eso, lo propiamente eclesial es que sean
elegidos por el obispo a propuesta de los diferentes consejos pastorales
existentes en nuestra diócesis (incluidos los territoriales) o, en su defecto y
como mínimo, a propuesta de una terna conjunta del Consejo Pastoral Diocesano y
del Consejo del Presbiterio.
9.- La desatención de estas demandas o
su traslado a un tiempo indefinido se realizaría al precio de vaciar gravemente
de contenido el Consejo Pastoral Diocesano y el Consejo del Presbiterio, además
de deslegitimar radicalmente la reforma y los nombramientos (en el caso de que
fueran realmente necesarios).
10.- A fin de evitar males mayores,
creemos que el obispo y su consejo episcopal han de abrir un nuevo periodo en
el que sea posible subsanar este gravísimo déficit de sinodalidad
y corresponsabilidad eclesial.
Bizkaia 29 de septiembre de 2013
BREVE COMENTARIO:
[¡Cuántos no son los
obispos que hacen despóticamente "los nombramientos" en su diócesis!
En varias ocasiones ya lo hemos visto aquí en Asturias, creando un importante
malestar tanto entre buena parte del clero como de los fieles. Parece que tras
esta postura se quiere enviar el mensaje de que "aquí hay sólo uno que
manda: el obispo". Es quizás el momento más claro de ejercicio de
autoritarismo, actitud a erradicar en todos los niveles de la Iglesia. Entre
nosotros los cristianos, por razones obvias, la autoridad o es servicio a la
comunidad o no tiene sentido. Seguramente que todos los obispos que llegan a
sus diócesis y los párrocos que son enviados a sus parroquias dicen que llegan
con ánimo de servicio, que es como hay que entender la misión cristiana. La
comunidad, tanto diocesana como parroquial, no puede ser servida sin ser
escuchada, que es bastante más que ser oída. Por otra parte está el respeto
personal que merecen los agentes de la pastoral, que no pueden ser considerados
como fichas de ajedrez que uno mueve según la propia sabiduría o interesada
estrategia. Pipo Álvarez]