Todos somos Monseñor Romero

25MAR

 

Una vez más algo, que unos llamarán casualidad y yo llamo el Espíritu, me trae un 24 de marzo a El Salvador y a poder participar en la Eucaristía del “El Hospitalito” en memoria del asesinato y victoria de Monseñor Oscar Arnulfo Romero, Arzobispo de San Salvador y actualmente aclamado como San Romero de América.

En estos tiempos de tribulación, en El Salvador, tras el final de su cruenta guerra civil, se sustanció en una época de grandísima opresión e injusticia, con una inmensa mayoría del pueblo sumido en una tremenda pobreza por una oligarquía financiera y militar que no dudaban en recurrir a los métodos más crueles e inhumanos (prisión, desapariciones, torturas, asesinatos,…) para mantener por la fuerza su estatus.

En este escenario, el Arzobispo de San Salvador, como después lo harían Ignacio Ellacuría y sus hermanos jesuitas de la UCA, no dudó, tras la conmoción que le supuso el asesinato de su amigo el Padre Rutilio Grande a manos de fuerzas paramilitares, en tomar la opción por los más pobres y desfavorecidos, representando así la referencia para su búsqueda de la esperanza.

Desde entonces en sus homilías semanales desde la Catedral Basílica de San Salvador, que eran retransmitidas por radio a todo el país y a otros muchos países, denunció los atropellos contra los derechos de los campesinos, de los obreros, de sus sacerdotes, y de todas las personas que acudían a él, así como de la represión militar, recurriendo a los textos de la Conferencia de Medellín y pidiendo una mayor justicia para la sociedad.

Estas denuncias valientes y sin tapujos de toda la violencia estructural lo convirtieron en objetivo directo de los escuadrones de la muerte y militares de ultraderecha.

 

Por otra parte, su actitud personal de compromiso con los pobres y su coherencia de vida le llevó a abandonar el Palacio Arzobispal y querer vivir como vivían los más pobres, estableciendo su vivienda en una modesta dependencia del Hospital de La Divina Providencia (“El Hospitalito”), en la Colonia Miramonte de San Salvador. Este hospital nace en 1966 por idea de la religiosa Carmelita Misionera de Santa Teresa, Hermana  Luz Isabel Cuevas, con objeto de ofrecer un lugar donde albergar a los pacientes del Instituto del Cáncer que venían de otros lugares y que por escasez de recursos tenían que dormir en la calle durante todo el periodo que duraba su tratamiento.

Es en este humilde lugar para los más humildes donde quiso vivir el Arzobispo Romero, y fue en su capilla donde una tarde de Jueves Santo, tras haber consagrado el vino, que en ese momento para los creyentes se constituía en la sangre de Cristo, una bala de un francotirador de los escuadrones de la muerte impactó directamente en el corazón de Romero, haciendo que la sangre de Cristo y su sangre se fundieran en una sola sobre el altar.

 

Romero, que  como Cristo había aceptado su destino de cruz y muerte, proféticamente había dicho: No creo en la muerte sin resurrección. Si me matan, resucitaré en el pueblo salvadoreño”.

 

Y resucitó. La figura de Romero se extendió por todo el mundo, y sus actos en El Salvador congregan multitudes, convirtiéndose en un clamor de la búsqueda del amor y de la paz basada en la justicia, y de un Reino de Dios que también pasa por esta tierra, con una iglesia que como dice la canción…es solidaria, dice la verdad, y cree que Cristo está en el hermano y no en el más haya… Y esos actos actos siempre acaban con un grito: “Romero vive”.

 

Archivo: Westminster Abbey C20th martyrs.jpg

 

Mientras la jerarquía romana de la Iglesia Católica se muestra remisa a dejar avanzar los trámites de canonización de Romero, el pueblo lo considera un profeta y la Iglesia Anglicana lo incluye en la Galería de Mártires del siglo XX de la Abadía de Westminster, como muestra la fotografía superior, y la ONU instituyó el 24 de marzo como Día Internacional del Derecho a la Verdad en su homenaje.

Este año, el oficiante principal de la Eucaristía de “El Hospitalito”, venido de Honduras, donde también saben de persecución, martirio y sufrimiento, nos invitó a meditar y mantener la figura y las enseñanzas de vida del mártir, de modo que Romero seamos todos consiguiendo así su victoria sobre la muerte.

 

P.D.: Perdonen l@s pacientes lector@s que en esta ocasión no acompañe, por razones técnicas, fotografías. Las prometo en un próximo post. ABOUT.