Domingo MELERO[1]
John Shelby Spong nació en junio de 1931. Desde 1976 es obispo de Newark, New Jersey, EEUU. Nació en Charlotte (Carolina del Norte), en el seno de una familia de clase media. Su padre murió alcoholizado cuando él tenía 12 años y entonces su familia conoció la estrechez económica. Spong recuerda la Biblia que le regaló su madre y asegura que, desde entonces, la lectura y estudio de este “Libro de libros” ha sido central para él. Joven monaguillo en su parroquia, recibió una fuerte influencia del pastor Robert Crandall. La influencia de Crandall está en el origen consciente de la llamada de Spong al sacerdocio, así como en la de su hermano.
Cuando, ya en la Universidad, escuchó por primera vez a profesores ateos que criticaban la Biblia (criticaban la lectura fundamentalista de la misma, la única públicamente vigente), Spong sintió que se agrietaba la tierra bajo sus pies y se refugió en la autoridad de la tradición, autoridad que la Iglesia episcopaliana (como la católica) valora con el mismo rango que la Escritura. Este marco, pese a su rigidez, le permitió un plazo largo y estable, de años, en el que fue madurando su postura adulta como creyente. Spong reconoce haber atravesado una crisis de fe de veinte años desde el fundamentalismo y literalismo bíblico y luego eclesiástico de su infancia y juventud hasta una revisión de la figura de Jesús por la que alcanzó una libertad suficiente.
Carolina del Norte es un Estado Sudista y en el Sur de aquellos años incluso los blancos de "buena voluntad" no tenían ningún contacto con los negros. La barrera de color era algo tan sólido como la Gran Muralla China. En 1955 (no antes) y en Montgomery, en el Estado vecino de Alabama, Rosa Parks (fallecida en 1999) se negó a ceder su sitio en el autobús a un blanco y reivindicó así su igualdad, por lo que fue detenida y procesada hasta que un juez (blanco), Frank Johnson, la declaró inocente y dictaminó, por primera vez, que era ilegal e inconstitucional aquella extendida costumbre segregacionista. Todo esto levantó un gran escándalo y suscitó un debate nacional. La acción de Rosa Parks fue la chispa que desencadenó la lucha de la desobediencia activa por los Derechos Civiles en la que destacó el pastor baptista Martin Luther King Jr. Aquel año de 1955, M. L. King, con veintiséis años, lideró el primer boicot a los autobuses, que duró 381 días y que secundaron 50.000 negros de Montgomery. M. L. King, trece años después, a los treinta y ocho años, moría asesinado por un segregacionista en un hotel de Memphis.
En 1955 J.S. Spong tiene 24 años, ha cursado sus estudios en la Universidad y se ha casado con su compañera Joan Ketner, saltándose la regla anglicana de que el matrimonio se posponga hasta la finalización de los estudios teológicos. En los años siguientes, el matrimonio tiene tres hijas, por lo que Joan deja de trabajar, pero no sin rebelarse internamente ante el papel de "madre" y de "ama de casa" que socialmente se le impone.
En este año de 1955, Spong se ordena de diácono y de presbítero y comienza su actividad ministerial. Desde 1957, se compromete activamente en la lucha por los Derechos Civiles y encabeza varias manifestaciones en defensa de la integración de la gente de color en las escuelas. Además, tanto con gente trabajadora como universitaria, forma grupos de estudio de la Escritura.
Piénsese que, en su medio, el fundamentalismo bíblico, entre otras cosas, justificaba con citas del A. T. la segregación racial. Spong presenta un cristianismo que es profundamente inclusivo, que no excluye a ninguna minoría puesto que las diferencias no justifican la desigualdad, y un cristianismo que, además, no tiene porqué entrar en conflicto con los conocimientos científicos por más que éstos echen por tierra las cosmovisiones habitualmente adheridas a la fe (recuérdese el rechazo, todavía hoy, de las teorías de Darwin en las escuelas de algunos Estados por motivos religiosos). Al parecer, sus círculos de estudio, convocados a horas tempranas o tardías, o en días festivos, de manera que pedían esfuerzo, siempre han tenido poder de convocatoria en las parroquias por donde ha ido pasando. Spong, entonces, y aún ahora, se presenta no como quien administra respuestas sino como un buscador más que también está en camino y que es el primero en plantearse preguntas. En 1963, el obispo anglicano John A. T. Robinson (al que Spong conocerá personalmente en 1973 y al que frecuentará hasta su muerte en 1983) publica Honest to God. Spong reconoce que "inspirado por J. A. T. Robinson, inicié mis primeros tanteos en busca de un nuevo punto de partida".
... descubrí que la acción social podía ser un camino fácil para escapar de la tortura de la duda teológica. Mis más profundas y honestas convicciones podían expresarse políticamente con más facilidad que teológicamente. Me sorprendió admitir este hecho, pero, sin embargo, era verdad. Inmerso en esta jungla interior leí, por primera vez, Honest to God de John A. T. Robinson. Fue durante las vacaciones (...). A causa de mi snobismo intelectual de aquel tiempo, no lo había considerado antes un gran libro. El pensamiento que presentaba no era especialmente nuevo. Citaba a Tillich, Bultmann y Bonhöeffer, a los que yo ya había leído. Pero, a medida que lo leía, me iba dando cuenta de que este libro reunía muchas de mis propias dudas y preguntas y “dejaba salir el gato del saco”. Ya no era posible para mí el papel de párroco creyente con la misma certeza. Las palabras y frases que me habían parecido significativas llegaron a ser clichés intolerables que no podía seguir usando. Estoy seguro de que leí el libro tres veces antes de cerrarlo. Robinson me dio el coraje para atreverme a sondear y a cuestionar abiertamente. Nunca he vuelto a ser el mismo desde entonces. Fui conducido hasta mis raíces y obligado a pensar otra vez todo lo que creía, cómo adoraba y si podía o no orar. Todo esto continuó en mi interior mientras seguía predicando cada semana, dirigiendo la adoración, enterrando a los muertos, aconsejando a los que tenían problemas e intentando mantener mi vida sin que se rompiese en mil pedazos.
En aquel tiempo, me trasladé a una iglesia mayor en el centro de Virginia. (...) Empecé una clase de una hora de Biblia, las mañanas de los domingos, antes del culto. Determiné que, por encima de todo, en aquella clase, sería honesto en mi búsqueda de la verdad y seguiría cualquier camino al que esta búsqueda me llevase. La clase llegó a ser un lugar de conversación en comunidad. Se la calificó de erudita, radical, iconoclasta y con otros adjetivos que no me atrevo a repetir. Los fundamentalistas partieron a congregaciones más resguardadas pero los que dudaban comenzaron a regresar a la iglesia. La clase era tan concurrida que mis críticos no se atrevían a impugnarla abiertamente. Recuerdo que, cuando hice una sesión especial sobre la concepción y el nacimiento virginal, había un público apretado, de pie, en una única sala, que incluía a miembros de la prensa[3]...
En 1969 le habían llamado, en efecto, para ser rector en una parroquia de Richmond, Virginia, y, con treinta y ocho años, le empiezan a elegir para cargos importantes de la diócesis, como consejero y diputado en la Convención General. Por otra parte, siguiendo su estudio de las Escrituras, comprende que, al tiempo que se deja el literalismo (premoderno) y que se emprende la búsqueda sin prejuicios sobre qué es lo que realmente sucedió y lo que no (búsqueda histórica, típicamente occidental), importa leer los textos con una mirada y una perspectiva judía: sólo así se puede captar el “sentido” que transmiten.
En estas circunstancias, a raíz de una conversación en un almuerzo con un amigo, comprendí que me había llegado el momento o de atrincherarme o de enfrentarme con algunos problemas muy serios. Así que dediqué aquel año a una exploración del punto central de mi fe: ¿quién es Jesús de Nazaret? Para ello, estaba convencido de que debía ver a Jesús en su contexto hebreo. Entré en este tema con miedo puesto que no estaba totalmente seguro del resultado. Sin embargo, la búsqueda se saldó con una recompensa inconmensurable. No soy un teólogo sistemático y serlo no es mi meta. Lo que deseo es iluminar, desde diferentes ángulos, esta figura que se encuentra en el centro del Cristianismo (...) Estaba preparado para rechazar cualquier cosa que no pudiera traducir al lenguaje de mi mundo secular. Convertí a Lucas en mi primer maestro[4]...
Fruto de este tiempo de búsqueda fue el librito de 1973, This Hebrew Lord, cuyo título intrigó a un rabino de la ciudad que le invitó a hablar en la Sinagoga algunos sábados. Luego, Spong invitó al rabino a la Iglesia algunos domingos. La gente se interesó y la cosa trascendió y llegó a la radio y al periódico local que, sacando fuera de contexto sus frases, puso en titulares que el rector Spong negaba la divinidad de Jesús, con lo que el tema saltó a la televisión[5]. Fue la primera vez que Spong se vio envuelto, como protagonista, en una controversia pública. De aquellos encuentros salió un segundo libro, Dialogue: In search of Jewish–Christian Understanding[6]. Por otra parte, eran tiempos movidos para la Iglesia Episcopaliana pues, en algunas diócesis, se ordenó a las primeras mujeres, lo cual implicó una ardua controversia interna en la que Spong también se significó. El Presidente de la Asamblea de obispos era el Reverendo John Hines, al que Spong considera el mentor y consejero principal de su trayectoria[7].
En 1976, después de haber rechazado durante tres años otras propuestas, Spong aceptó ser obispo coadjutor de Newark y, a los dos años, fue elegido obispo titular. Sus nuevos feligreses sabían que él era un defensor de los "derechos civiles" y de la ordenación de las mujeres, y que llegaba decidido a trabajar por la justicia social y económica (mejoras en la atención sanitaria, igualdad de acceso a los estudios superiores) y a continuar su ministerio pastoral. En los veinticinco años que seguirán, ni él ni la diócesis de Newark serán las mismas. Uno de sus grandes amigos, compañero en el episcopado y visitante asiduo de Newark, era y es Desmond Tutu.
Un drama privado acontece en la vida de los Spong. Desde 1973, su mujer, Joan, comienza a entrar en profundas crisis de tipo psiquiátrico y Spong tiene que sostener la vida familiar: cuidar a su esposa y seguir la educación de sus tres jóvenes hijas. Hacia 1983, a su mujer se le declara además un cáncer y rehusa todo tratamiento hasta fallecer en 1988.
En 1982, La “General Convention” (Asamblea diocesana) de Newark decide comenzar un estudio sobre "los modelos cambiantes de vida familiar y sexual". El Obispo Spong pone en marcha, en 1985, un grupo de trabajo especializado y representativo para estudiar el tema a partir de tres puntos: el aumento de jóvenes que viven juntos antes y al margen del matrimonio, el aumento de gente mayor que decide lo mismo por diversas razones (entre ellas las económicas, como, por ejemplo, mantener sus pensiones), y la pregunta sobre si los hombres y mujeres que viven relaciones homosexuales estables pueden ser “llamados a participar del deseo de la iglesia de consagrar las relaciones humanas”.
Cuando el Informe se hace público tras tres años de trabajo y llega a los “medios” (que, como era de prever, resaltan, fuera de contexto, lo más llamativo), los conservadores se rasgan las vestiduras y estalla una nueva tormenta nacional, sobre todo por la aceptación del matrimonio entre homosexuales. Ante esta situación, al año, o sea en 1988, el obispo Spong publica sus propias reflexiones en un libro, Living in Sin? (¿Vivir en pecado?). El libro comienza así: “Algunos verán este libro como un libro sobre el sexo. Yo lo considero un libro sobre los prejuicios...”. De nuevo Spong trabaja a favor de una iglesia “incluyente” según el espíritu nada puritano de Jesús. Tanto la fuerte oposición de muchos como el apoyo de muchos otros, a los que les vuelve a interesar el cristianismo gracias a su postura sincera, le llevan a escribir, en 1989, Rescuing the Bible from Fundamentalism (Liberar la Biblia del fundamentalismo). Ambos libros se convierten en éxitos de ventas. Después, Spong ha publicado: Nacido de mujer (1992), La resurrección, ¿mito o realidad? (1994), Liberar los evangelios (leer la Biblia con una mirada judía) (1996), ¿Por qué el cristianismo debe cambiar o morirá? (1998), La voz de un obispo (selección de ensayos, 1979-1999); y ha dado conferencias y cursos por todo el país y por muchos países de habla inglesa[8].
Entre tanto, al cabo de dos años de perder a su mujer, Spong se vuelve a casar en 1990. Además, surge una nueva controversia dentro de la Iglesia Episcopaliana a raíz de la ordenación de algún sacerdote que reconoce públicamente su condición homosexual. Spong no evita tampoco esa cuestión y otras igualmente controvertidas (aborto, eutanasia) en las que busca un planteo matizado y abierto, igual que cuando participa en mesas redondas con científicos (Paul Davies, Carl Sagan) o filósofos ateos (A. Flew). Por otra parte, que conozcamos, existe un libro con varios escritos críticos y duros sobre Spong[9]. Ellen Barrett (ver nota 4) concluye su segundo artículo sobre este singular obispo diciendo que a Spong se le puede aplicar la vieja máxima sobre lo que es el ministerio cristiano: “confortar al afligido y afligir al acomodado”.
Para terminar, citaremos algunos párrafos donde Spong formula el sentido de su actividad frente a la norma establecida de una “doble verdad” (por un lado, la de los eruditos y universitarios y, por otro, la que se transmite a los creyentes) y frente a una pastoral todavía básicamente fundamentalista, propia no sólo de su iglesia sino de todas.
Los cristianos, que por lo general no están al corriente del estado actual de las investigaciones, parecen creer que deben o ser literalistas bíblicos o admitir que la Biblia no contiene nada de valor para ellos. Estoy convencido de que hay otra alternativa, de que la inteligencia no tiene que estar ausente de la vida de la iglesia, de que podemos adorar a Dios con nuestras mentes, e incluso de que la ignorancia no es digna de la disciplina de Jesucristo. Mi deseo es hacer que esta alternativa esté disponible para todos. Quiero que los debates teológicos que son lugar común entre los investigadores estén a disposición de las personas corrientes que van a la iglesia. Expreso tanto mi agradecimiento como mi gratitud al clero y a la gente de la Iglesia Episcopaliana de la Diócesis de Newark por la oportunidad que me han brindado de servirles como su obispo. Esta comunidad de fe ha inspirado, casi diariamente, mi vocación como obispo que se atreve a tomar en serio su función de enseñar de forma instruida[10].
Hace tiempo decidí que no podía seguir sacrificando la investigación y la verdad para proteger a los débiles y religiosamente inseguros. Veo otro público al que la iglesia parece ignorar. Un público compuesto por hombres y mujeres formados, que encuentran en la Iglesia un dios demasiado pequeño como para ser el Dios de la vida, un conocimiento demasiado restringido como para considerarlo convincente, o una superstición demasiado evidente como para llegar a aceptarla seriamente.
Mis hijas, ahora ya mayores, formaron parte de este público. Desearía que ellas encontraran en la Iglesia cristiana un Evangelio que se tomara en serio el mundo en que viven, que no tratara de atarles las mentes de ninguna forma, ni antigua ni premoderna, que no temiera examinar las verdades emergentes, procedentes de cualquier fuente, ya sea del mundo de la ciencia o del propio ámbito de la erudición bíblica. Desearía que la Iglesia proclamara un Evangelio que tuviera poder contemporáneo, y que adorara a un Dios que no necesitara ser protegido mediante el expediente de ocultarlo tras una postura antiintelectual por temor a que la nueva verdad destruya la fe y la devoción que Le debemos.
Espero que este libro ilumine las mentes y los corazones de quienes todavía encuentran su hogar espiritual en la Iglesia. Conozco a miles de personas que permanecen en el seno de la Iglesia por costumbre o por esperanza, pero lo hacen a costa de desconectar sus mentes. Más allá de este público, sin embargo, espero que este libro invite también, a los que son miembros de los que podríamos denominar la “asociación de antiguos alumnos” de la Iglesia, a echar un nuevo vistazo, a invertir de nuevo sus vidas en esta institución que contiene en sí la capacidad de desafiar sus propios supuestos y estereotipos para renovar su propia vida y para modificar su comprensión teológica tanto de Dios como de la verdad cuando surgen nuevas ocasiones que nos enseñan nuevos deberes.
Finalmente, espero que este libro anime a los cristianos de todas las confesiones a tomarse la Biblia en serio, a estudiarla en profundidad, a comprometerse de forma relevante con su verdad. Me he pasado más de la cuarenta años dedicando cada día algo de tiempo al estudio de las Escrituras. Es un libro que jamás dejará de asombrarme, pues siempre parece llamarme a descubrir nuevos y excitantes tesoros en pasajes que he debido de leer cientos de veces y que, sin embargo, no había podido comprender. La única decisión que ha afectado de forma espectacular mi vida como sacerdote y como obispo ha sido mi compromiso de estudiar este libro cada día.
Los cristianos fundamentalistas distorsionan la Biblia al tomársela literalmente. Los cristianos liberales también la distorsionan al no tomársela en serio. Si mis años de sacerdocio han ejercido algún poder e influencia sobre la vida de la Iglesia, se habrá debido, fundamentalmente, a que, como liberal, he dedicado mi energía intelectual al estudio de las Escrituras.
El dato biográfico más notable de mi itinerario espiritual consistió en que, aun cuando dejé de ser fundamentalista, no dejé por ello de amar la Biblia, que continúa siendo el objeto fundamental de mi estudio. En consecuencia, soy un fenómeno extraño, al menos en los medios cristianos de Estados Unidos. Se me conoce como un teólogo liberal. Y, sin embargo, me atrevo a considerarme como un creyente, como un cristiano que se basa en las Escrituras. Para muchos, tal combinación es una contradicción intrínseca.
En mi opinión, resulta escandaloso el hecho de que haya ideas que sean habituales entre los investigadores bíblicos de nuestro mundo y que, sin embargo, sigan siendo desconocidas para el común de los fieles de cualquier iglesia o sinagoga. Este estado de cosas no puede sino hacer pensar en el temor de la jerarquía a que los fieles pierdan su fe en caso de que se difundan ampliamente estos conocimientos. Los obispos y sacerdotes conservadores se contentan con afirmar que la erudición bíblica es una ciencia inexacta, siempre cambiante, en la que no se puede confiar para encontrar respuestas definitivas. En consecuencia, argumentan que debemos confiar en la autoridad docente e histórica de la Iglesia. Se trata de un argumento sumamente débil y casi patético. (...) En medio de los cambios y discusiones que se dan en el mundo de la erudición sobre el N.T., hay un consenso que no puede negarse. Las historias sobre la natividad de Jesús no son literales, no son biográficas ni contienen información biológica. Se crearon a partir del proceso interpretativo del “midrash”. Se las adscribió a acontecimientos externos que sólo pudieron ser recordados con bastante imprecisión. Atestiguan la fe de la comunidad que las creó pero no los detalles que contienen. Mis lectores deben introducirse en esta forma de comprender, situarse dentro de esta tradición, hacerse las preguntas correctas y establecer las suposiciones apropiadas. Sólo entonces podrán, estas narraciones, empezar a comunicar la verdad que contienen.
Sólo aquellos a quienes los tradicionalistas consideran equivocadamente como liberales llevan consigo las semillas de renovación y de futuro para las tradiciones religiosas del pasado. Un término algo más apropiado que “liberal” sería el de “abierto” o “realista”. Se trata de nombrar a quienes saben que, en definitiva, el corazón no puede rendir culto a lo que la mente rechaza. Ellos saben, en efecto, lo que los fundamentalistas parecen ignorar: que creer al pie de la letra la Escritura es garantía de muerte. Y también saben lo que, por su parte, los secularistas parecen ignorar: que abandonar los símbolos históricos es como abandonar la puerta a través de la cual nuestros antepasados en la fe encontraron el significado del que vivieron. (...) Yo mismo sería el primero en oponerme a eliminar de los credos la frase “fue concebido por el Espíritu Santo y nació de la virgen María” porque no creo que ninguno de nosotros pueda volver a escribir la historia. (...) Yo votaría por mantener intactos los credos históricos siempre que al mismo tiempo se permitiese y se fomentase abrir los símbolos literalizados al estudio y búsqueda de la verdad que indican[11].
Bibliografía de SPONG, John Shelby:
1973, Honest Prayer, Seabury Press, New York.
1974, This Hebrew Lord, Seabury Press, New York
1975, Christpower, Hale Publishing, New York.
1975, Dialogue: In Search of Jewish-Christian Understanding, en colaboración con Rabbi Jack D. Spiro, Seabury Press, New York.
1976, Life Approaches Death: A Dialogue on Ethics in Medicine, en colaboración con: Daniel H. Gregory, M.D, Richmond, Virginia.
1980, The Easter Moment, Harper & Row, San Francisco.
1983, Into the Whirlwind: The Future of the Church, Harper & Row, San Francisco.
1986, Beyond Moralism: A Contemporary View of the Ten Commandments (En colaboración con: Denise G. Haines), Archdeacon, Harper & Row, San Francisco.
1987, Consciousness and Survival: An Innterdisciplinary Inquiry into the Possibility of Life Beyond Biological Death, edited by John S. Spong, Introduction by John S. Spong. An Institute of Noetic Sciences Book, Sausalito, California.
1988, Living in Sin? A Bishop Rethinks Human Sexuality, Nueva York, HarperCollins.
1991, Rescuing the Bible from Fundamentalism: A Bishop Rethinks the Meaning of Scripture. HarperSanFrancisco, San Francisco.
1992, Born of a Woman: A Bishop Rethinks the Birth of Jesus, HarperSan Francisco, San Francisco. (Traducción al castellano, agotada: Jesús, hijo de mujer, Barcelona, Martínez Roca, 1993).
1994, Resurrection: Myth or Reality? A Bishop’s Search of the Origin’s of Christianity. HarperSanFrancisco, San Francisco (Traducción al castellano, agotada: La Resurrección, ¿mito o realidad?, Martínez Roca, Barcelona 1996).
1996, Liberating the Gospels: Reading the Bible with Jewish Eyes, HarperSan Francisco, San Francisco.
1998, Why Christianity Must Change or Die: A Bishop Speaks to Believers in Exile. HarperSanFrancisco, San Francisco.
1999, The Bishop’s Voice (A compilation of articles by John S. Spong, 1976 to 1998, from The Voice, a publication of the Diocese of Newark. Org. Christine M. Spong), Crossroad, Nueva York.
2000, Here, I stand: My struggle for a Christianity of integrity, love and equality, HarperSanFrancisco, San Francisco.
2001, A new Christianity for a new world: Why traditional faith is dying and how a new faith is being born, HarperSanFrancisco, San Francisco. (Traducción al portugués brasileño: Un novo cristianismo para um novo mundo: a fé além dos dogmas, Editora Verus, Campinas, São Paulo, 2006. Traducción al alemán: Was sich im Christentum ändern muss, Patmos Verlag, Düsseldorf, 2004).
2005, The Sins of Scripture: Exposing the Bible’s texts of hate to reveal the God of love, HarperCollins, Nueva York.