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SOBRE GASPAR
PRIVADO

FORO "GASPAR GARCÍA LAVIANA"

 

DOCUMENTOS

 

 

En la reunión de Enero se hizo una reflexión sobre la pobreza. Estos datos los aportó Faustino Vilabrille.

 

POBREZA EN ESPAÑA

REGION: PORCENTAJE y NUMERO PROXIMADO DE PERSONAS:


NORTE DE ESPAÑA:
(Galicia, Asturias, Cantabria, País Vasco, Rioja y Navarra) ..................14,2 = 1.209.000

LAS DOS CASTILLAS ........................... ..........................13,5 = 1.152.000

COMUNIDAD DE MADRID................................................. 6,3 = 540.000

ARAGÓN .......................................................................3,1 = 263.000

LEVANTE ESPAÑOL:
(Cataluña, Baleares, Comunidad Valenciana y Murcia)......... 27,5 = 2.343.000

SUR DE ESPAÑA:
(Extremadura, Andalucía, Canarias, Ceuta y Melilla) ............35,3 = 3.002.000

 

TOTAL: 8.509.000 LO QUE EQUIVALE A 2.192.000 HOGARES.

Pobreza relativa = 6.241.000 personas = 1.790.000 hogares

UMBRAL DE POBREZA:


Para 1 persona sola:             6.278,7 € año.
Para 2 personas:                  9.418,1 €.
Para 2 adultos y 1 menor:    11.301,7 €.
Para 2 adultos y 2 menores: 13.185,3 €


Pobreza severa = 1.739.800 personas = 316.000 “

Pobreza extrema = 528.200 personas = 86.000 “

Esta pobreza es esencialmente urbana. Afecta a 4 de cada 10 menores de 25 años. De cada 10 pobres extremos 6 tienen menos de 25 años. Y los grupos más desfavorecidos son los menores de 16 años (24, 3 %) y mayores de 65 años (29.6%).

DEL TOTAL DE ESTOS POBRES, tienen vivienda:

Propia: 16.4 %
Alquiler: 83.6 %
Esto nos da idea de por qué tantas personas llegan pidiendo ayuda para el pago del alquiler.
(Datos Informe Foessa y Caritas)

F.V.L.

 

 

                                              

Escrito enviado a D. Carlos Osoro el día 15 de Marzo de 2008

Nota aclaratoria

 

         El día 15 de marzo de 2008 dos sacerdotes, en representación de un grupo de compañeros, entregaron en mano a D. Carlos, arzobispo de Oviedo, un documento en el que se manifestaba una reflexión común sobre varios aspectos pastorales de la diócesis asturiana durante los seis años de permanencia de D. Carlos entre nosotros.

         Como decíamos en el documento de referencia, seguimos pensando que el hecho de que un grupo de sacerdotes, con sus nombres y apellidos, con toda lealtad y honradez, manifiesten a su Pastor su reflexión sobre la pastoral diocesana no supone un enfrentamiento con el Arzobispo, ni esconde la idea de un sínodo paralelo, ni atenta contra la comunión con la Iglesia.

         Durante todo este tiempo hasta hoy, aparecieron en los medios de información, curiosamente sin conocer el texto del documento, toda clase de descalificaciones personales y del grupo, constituido posteriormente en Foro Gaspar García Laviana, en recuerdo y gratitud del misionero asturiano, que dio la vida, luchando contra el tirano y verdugo del pueblo de Nicaragua.

         Hasta ahora hemos sido fieles a nuestra palabra y, por nuestra parte, en ningún momento, ni total ni parcialmente, hemos divulgado el texto del documento.

         En la actualidad pensamos que, con la marcha de D. Carlos a la sede episcopal de Valencia, en nuestra diócesis hay unas circunstancias distintas y una situación diferente; por otra parte, teniendo en cuenta que las filtraciones interesadas, que salieron a la luz, son sesgadas y equivocadas y no responden ni al texto ni al espíritu del documento; en atención también a numerosas personas, sacerdotes y laicos, que nos manifestaron su deseo de conocer el texto de referencia, decidimos, en común, entregar a la información pública el documento, que en modo alguno consideramos ofensivo ni agresivo.

         Con ello no hacemos más que hacer uso de la acertada frase de D. Carlos en su entrevista a La Nueva España el 11 de enero de 2009: ”Si hay algún lugar en el que se puede hablar con libertad absoluta es precisamente en la Iglesia”.

         Con nuestros mejores deseos para D. Carlos en su nueva sede de Valencia.

                            Foro Gaspar García Laviana. Enero de 2009

    

 

DOCUMENTO 1                              

 

TEXTO ENVIADO EL 15.03.2008 AL SR. ARZOBISPO D. CARLOS OSORO

   

Estimado Sr. Arzobispo

Se acaban de cumplir seis años desde su designación como Arzobispo de nuestra Diócesis de Oviedo. Es tiempo suficiente para poner de manifiesto el estilo evangélico de su ministerio pastoral y los criterios evangelizadores que orientan y señalan la misión de la iglesia Diocesana en el momento actual.

Queremos exponerle con serenidad lo que vemos y valoramos y lo que nos preocupa. Incluso queremos decirle en qué  disentimos. El Concilio dice que los presbíteros somos “colaboradores”. Con ese espíritu de colaboración  y, también con palabras del mismo Concilio, “como consejeros necesarios en el ministerio y función de enseñar, santificar y apacentar el Pueblo de Dios”, le hacemos llegar nuestro parecer.

Lo hacemos por obligación de conciencia y por amor a la iglesia y, de manera concreta, a esta Iglesia que vive y está enraizada en Asturias, que tiene una muy larga historia  de misión e inculturación, en la que hemos nacido a la fe, en la que hemos escuchado la llamada del Señor y a la que servimos de todo corazón a lo largo de nuestro corto o largo tiempo de sacerdocio.

 El nombramiento que el Santo Padre ha hecho en su persona para Arzobispo de esta Iglesia Particular, llega después de un largo episcopado de más de treinta años de D. Gabino Díaz Merchán. Sin hacer comparaciones personales, podemos decirle que los últimos cincuenta años han sido muy fructíferos en la misión de esta iglesia, especialmente los post-conciliares,  con la orientación y espíritu eclesial que supieron imprimir, tanto D. Vicente Enrique. y Tarancón como D. Gabino Díaz  Merchán, los dos, por suerte, Padres Conciliares.

Sin duda que hubo sombras y carencias y, en algunos casos conflictos por las diversas maneras de ver e interpretar la realidad. Teníamos el convencimiento de que habíamos encontrado un camino y un modo de evangelización que respondía a los retos del momento. Un logro importante fue que esta Iglesia, como Iglesia, hizo grandes esfuerzos para acercarse y dialogar con sectores históricamente refractarios a ella y marcadamente anticlericales por diversos acontecimientos del pasado que marcaron mucho a esta tierra. La Historia de Asturias del siglo XX está ahí para testimoniarlo.

Su llegada constituyó un momento de esperanza para proseguir este camino y continuar construyendo sobre lo edificado. Siempre hemos entendido, en el mejor espíritu evangélico y así se nos ha enseñado y así lo hemos vivido, que todos los ministerios en la Iglesia son un servicio. Hemos querido verle como un “servidor del evangelio” que traía nuevas energías para animar, con el aporte de su responsabilidad y misión específicas, a los demás ministros e impulsar las iniciativas pastorales que se estaban realizando en esta diócesis.

No partimos de cero. Es una diócesis muy veterana que, sin dejar de ser la Iglesia de Jesucristo en esta tierra de Asturias,- es más, por serlo-, tiene sus propias peculiaridades, sus características por la historia que ha vivido, por el modo de ser y pensar de sus personas, por las transformaciones sociales que ha sufrido, por la vivencia de su fe y religiosidad popular, por los modos de evangelización y planes pastorales que se han desarrollado, por el esfuerzo, trabajo y entrega generosa de sus sacerdotes, religiosos, por el compromiso y la participación de muchos laicos en los movimientos apostólicos de Acción Católica, y por la referencia constante a la Doctrina Social de la Iglesia que nos ha dado pautas para el trabajo pastoral.

Así, a lo largo del tiempo, ha ido acuñando su propia identidad queriendo ser fiel al evangelio y a las personas a las que tiene que anunciarlo. Podemos afirmar que estamos satisfechos de la  misión que ha desempeñado la Iglesia en los momentos más duros y difíciles que ha sufrido Asturias en los años de su drástica transformación social. Y todo esto lo hemos vivido con la convicción profunda de que es el Espíritu Santo el que guía a la Iglesia.

 Después de estos seis años tenemos que manifestarle que somos muchos los que nos vemos sorprendidos y confundidos.  El cambio que estamos atravesando y las actividades pastorales que se van poniendo en marcha llevan una dirección divergente a todo lo anterior. Da la impresión de que se nos quiere hacer ver que estuvimos equivocados. Son frecuentes las manifestaciones de sacerdotes, religiosos y laicos que desconocen a esta Iglesia porque se ha pasado de la misión  de evangelizar al predominio del culto, de la siembra serena y paciente a buscar las grandes manifestaciones, del compromiso y el testimonio a los actos relumbrantes, de una iglesia participativa y comunitaria a una iglesia muy piramidal.

Esto nos desconcierta y nos paraliza  No despierta en nosotros interés y entusiasmo. Es más, estamos seguros de que Vd. lo sabe, lo sufre e incluso y lo comenta en diversos foros, en circunstancias cercanas a la indiscreción Y nos extraña que no lo reflexione, lo comente y busque soluciones allí donde se deben buscar.

 Es por eso por lo que nos decidimos a ponerle por escrito nuestra opinión y nuestro modo de ver esta situación. Lo hacemos con la mejor voluntad, siguiendo el espíritu del Concilio Vaticano II que manda a los obispos escuchar de buena gana a los sacerdotes, dialogar y consultar sobre las necesidades del trabajo pastoral y el bien de la diócesis (P:O.7)  Pero, lo hacemos también, con el temor a no ser bien interpretados y ser acusados de falta de comunión o de amor a la iglesia, o de desconsideración con el obispo, cuando es precisamente todo lo contrario lo que nos mueve y nos saca de esta inercia e indiferencia que se respira en diversos  ámbitos de los sacerdotes, de los religiosos y de los laicos.

 

1.- Hemos aludido antes a la identidad de nuestra Iglesia Diocesana y tenemos que manifestarle que está perdiendo o se están diluyendo esas notas específicas que la hacían Iglesia de Jesucristo que peregrina en Asturias: Su impronta social de iglesia cercana a los problemas serios de Asturias; su  modo participativo en la misión evangelizadora y en sus estructuras o servicios pastorales; su planificación pastoral buscando una iglesia de fermento y levadura, de trabajo personalizado en grupos apostólicos y comprometidos; sus planteamientos diversificados por lo distinto de lo rural, industrial y la costa, los diferentes ambientes y grupos humanos…

Hoy todo parece lo mismo y la prioridad se la llevan actos y jubileos,  conmemoraciones y jornadas. Sinceramente, esto deja muy poco humus evangelizado y dudamos de que haga crecer y madurar la fe de las personas. Siempre hemos creído en la paciente y constante siembra, como el labrador de la parábola. Siguiendo con esa imagen evangélica, la diócesis es como una viña, en la que hay que roturar, sembrar, cultivar, seguir pacientemente los ritmos de crecimiento para poder cosechar los frutos. Si andamos todos los días de festejos ¿qué podemos esperar?

 

2.- A esto se une la forma de su estilo pastoral episcopal. Naturalmente que Vd. tiene su propia personalidad y su forma de ser. Pero, echando mano del mejor sentido común, le decimos que pretende un  protagonismo exagerado e innecesario. Su ritmo de vida y presencia, en casi todo, tiene que ser agotador, pero, ¿resulta eficaz? Da la impresión de que si Vd. no está presente, si Vd. no tiene su personalísima iniciativa, los actos no tienen valor eclesial. Parece que los demás no sabemos evangelizar, no hemos recibido también el Espíritu Santo, no sabemos nada de lo que necesita esta Iglesia. A veces, nos da la impresión de pertenecer a aquel grupo de los trabajadores de la viña que tuvieron que confesar: “nemo nos conduxit”.

Sus mismos colaboradores más cercanos, como son los vicarios y delegados, no se atreven a tomar ninguna decisión. Apenas aparecen por las parroquias, como hacían antes, visitando a los sacerdotes con cierta frecuencia y coordinando las tareas pastorales.  Si les consultas algo, te contestan que antes tienen que pedir opinión o te remiten directamente a tratarlo con Vd.

 

 3.- Unido a esto, tenemos que decirle en conciencia, la consideración que está recibiendo el Sr. Obispo Auxiliar. Créanos que llama desfavorablemente la atención el que no tenga una actividad pastoral y presencia que se corresponda con su ministerio y que pueda aportar su valía y preparación, en momentos como los que estamos viviendo, donde todo es poco para buscar nuevos caminos de evangelización. La mayor parte de la diócesis está perpleja al ver que, mientras Vd. tiene varios actos al día, el Obispo Auxiliar apenas tiene actividad. Nos preguntamos ¿cuál es la razón y la misión de un obispo auxiliar?

 

4.- El problema que vemos más preocupante es la situación que vivimos los sacerdotes. Gracias a Dios seguimos siendo responsables de nuestra parroquia y trabajamos con celo y entusiasmo en la parcela encomendada. Pero hemos caído en la falta de entusiasmo y en la indiferencia hacia todo lo diocesano o de pastoral de conjunto Y, lo que es peor, se abren diferencias y desconfianzas entre nosotros porque vemos diversidad de trato, de confianza, de aprecio y valoración.

Habrá personas y grupos que sean más críticos, pero el Concilio nos dice que los sacerdotes somos “colaboradores”.

Colaborar no es solo obedecer o asentir a todo y ser sumisos. Colaborar quiere decir tomar parte activa en  las orientaciones, en las iniciativas, dialogar,  con caridad y libertad, dar opinión y manifestar la crítica sana y constructiva cuando sea necesario, en todo aquello que conviene a la Iglesia Diocesana. Con este espíritu hemos vivido hasta ahora, como consecuencia de una larga trayectoria conciliar y, de verdad, no ha mermado ni empobrecido nuestra consideración y valoración del obispo y nuestra comunión con él, sino todo lo contrario.

Se nos ha enseñado a ver en la obediencia, no una actitud ciega y pasiva, sino activa, por la que, en la realización de nuestro ministerio, llevados del verdadero amor a Jesucristo y a su Iglesia, propongamos nuestros planes y puntos de vista y expongamos las que vemos como verdaderas necesidades para mejor servir al pueblo de Dios. 

  Vd. sabe, porque se le ha dicho, que bastantes sacerdotes  de mediana edad y mayores, que son los más del presbiterio, tienen la sensación  de contar poco, de no ser valorados, de que su trabajo y experiencia no cuenta. Debe reconocerse que son los que están llevando esa atención callada, entregada, sacrificada en la mayor parte de las parroquias de la diócesis.

Referente a la jubilación, no sabemos cuál es el criterio para que, llegada la edad canónica, a unos se les retire y a otros se les permite seguir en su actividad parroquial.

Mención especial merecen nuestros hermanos secularizados, para los que pedimos una actitud más caritativa y evangélica, más cercana y solidaria. Nos preocupa también la secularización de sacerdotes jóvenes, apenas estrenado su sacerdocio, lo que exige revisar el funcionamiento de nuestro seminario.

 

5.- Uno de los problemas más graves y alarmantes es la falta de vocaciones. Sabemos que Vd. también lo siente así y quiere remediarlo por su cuenta. 

La solución no la tiene uno sólo. Es cuestión de poner a toda la Diócesis a orar, buscar y reflexionar.

No es solución traer sacerdotes de fuera. Cada Iglesia tiene que generar sus propios evangelizadores y servidores. Así lo deben sentir las comunidades cristianas.

Tenemos que clarificar qué es lo que pasa y qué imagen de iglesia y de sacerdote proyectamos. El Seminario ha descendido vertiginosamente de candidatos. No podemos contentarnos con dejar las cosas pasar. Nosotros vivimos la vocación con entrega y alegría, no nos vemos frustrados y estamos ciertos de que el Señor sigue llamando. Es necesario plantearse  con verdad  y sinceridad qué es lo que está pasando.

 También en esto quisiéramos “colaborar” porque nadie tiene la varita mágica. Nos da la impresión de que la imagen es de una iglesia que mira al reciente pasado y no al futuro. Hay más causas, sin duda, y  es obligación nuestra analizarlas y revisarlas.

 

6.- Las últimas decisiones que ha tomado en Covadonga tiene que reconocer que no han sido acertadas. Ni en lo pastoral, ni en lo administrativo. Covadonga está desasistida, le falta planteamiento pastoral para lo que ha sido, es y significa en Asturias. Sigue yendo mucha gente porque es Covadonga, pero necesita otra atención. Son muchos los laicos peregrinos que lo manifiestan.

  Nos dan miedo los acuerdos que se han hecho con el Principado y las reformas que se están realizando o se proyectan. Da la impresión de que puede más el turismo y otros intereses económicos que la consideración de Santuario y su dimensión religiosa y de devoción popular vivida en el alma  del pueblo. Mire Vd., cuando los comerciantes, políticos y empresarios son los más contentos con esos proyectos, lo menos que puede hacer uno es dudar de que aquello traiga algún fruto espiritual.

 

7.- Como situación seria y preocupante, por envejecimiento del presbiterio, las muertes y las jubilaciones, está la atención a las parroquias y la distribución de los sacerdotes.

 Hay un dato nuevo que se preveía,  es la concentración de la población asturiana en la que ya llaman “área metropolitana” en el centro de Asturias  Esto afecta a la pastoral rural y la urbana. No acabamos de ver por qué no se presta más atención a las parroquias y, sobre todo, a las urbanizaciones nuevas y se ponen recursos humanos, interés y dinero en otras cosas que son más secundarias. Hay barrios enteros que no divisan una cruz parroquial.

 A todos nos sorprende, por el contrario,  la amplitud de la curia diocesana y la liberación de cargos o su designación para instituciones que no necesitan tantas personas. Vemos un desequilibrio anómalo. Un dato llamativo, publicado en “Esta Hora”, es que hay en la actualidad 113 sacerdotes que no tienen ninguna encomienda parroquial, lo que supone más de un tercio de la totalidad del número de sacerdotes en activo, cuando es en las parroquias donde están las mejores bases de la evangelización y del fomento de la vida cristiana   Naturalmente que es nuestra opinión y criterio discutible;  pero esto está relacionado con la misión de iglesia que se quiere desempeñar,  más evangelizadora o más  predominantemente cultual o centralizada y burocrática. 

 

8.- La Casa Sacerdotal ha sido una de las mejores instituciones de la Diócesis. Ha hecho y sigue haciendo una labor insustituible. Tuvo y tiene el aprecio y la colaboración de todo el presbiterio Presta servicios a los residentes, demás jubilados y a todos  los sacerdotes con la Clínica que atiende con tanto acierto y generosidad un sacerdote.

 Lo que nos extraña es que no tenga un Director a tiempo pleno que sepa estar al servicio y cuidados de los sacerdotes y que anime la vida y la estancia de esos venerables. Lo piden y lo necesitan los propios residentes.

 No entendemos que haya puesto un administrador seglar que no sabemos muy bien qué misión tiene, cuando hay religiosas que pueden realizar esa tarea.

 Sabemos que la Casa supone un alto coste, pero hay servicios que no están cubiertos. Vd. sabe que, mientras hay sacerdotes residentes que pueden costear una ayuda suplementaria para atenderlos y los acompañen para salir a la calle, otros no tienen medios económicos para ello y se ven privados de ella. No nos parece muy sacerdotal esta diferencia. Todos han servido a la Iglesia diocesana.

 Chocante ha sido el nombramiento del grupo de cuatro sacerdotes para la atención de los compañeros. Uno es nonagenario, otro octogenario y dos con serios deterioros de salud. No es desconsideración para ellos, sino constatación de una realidad, el decir que están más para ser atendidos que para atender.

 Un grupo apreciable de estos sacerdotes jubilados, que gozan de buenas facultades, han manifestado más de una vez que estarían dispuestos a prestar diversos servicios en la pastoral diocesana si se les ofreciera un plan serio y adecuado a sus posibilidades.

 

9.- La administración y el tratamiento de la economía diocesana, también es un asunto que despierta  perplejidad. Por los gastos que se hacen, parece claro que estamos en tiempos de abundancia. Para  unas instituciones no hay límite en las inversiones,- aunque sean costosísimas y que difícilmente se puede justificar su necesidad-, y para otras, como las parroquias de nueva creación o arreglos de parroquias rurales, se dan en aportaciones insuficientes. Como ejemplo más llamativo está la Iglesia del Sagrado Corazón de Gijón, hoy con el título de Basílica, de la que no llegamos a entender ni su necesidad ni su función. 

Perplejidad produce, así mismo, el que haya llamado a una empresa cántabra,- según afirmó, de amigos suyos-, para hacer esa especie de auditoria de la economía de la diócesis, que está costando un cantidad muy importante. De verdad, ¿tan mal estuvo llevada la economía diocesana hasta ahora? Nosotros hemos tenido la garantía de todo lo contrario porque, entre otros criterios, estuvo siempre vigente el de la austeridad.

Además, el  espíritu del Derecho Canónico es que las personas  que asesoran al obispo sean técnicas y expertas, pero independientes, que no pertenezcan a círculos familiares o amistosos del obispo.

 

10.-  La diócesis ha tenido como nota sobresaliente la preocupación social de la fe. La delegación o secretariado de pastoral social ha prestado un gran servicio, aunque haya dado, en algunas ocasiones, disgustos y problemas, por algunas intervenciones. Pero la formación social en la Doctrina de la Iglesia y el análisis de la realidad siguen siendo muy necesarios.

La transformación que ha sufrido ese servicio diocesano nos parece muy radical. Ha sido reducido a mínimos. Encargar de esto a la Universidad del CEU es una incógnita. Nos parece una institución importante, pero lejana de nuestra realidad asturiana.

En sus mismas homilías echamos de menos alguna alusión, orientación o denuncia sobre los problemas sociales, en el mejor espíritu de las Bienaventuranzas.

 

11- Por último, nos queda una palabra sobre el Sínodo y el Jubileo de las Cruces. Del Sínodo vemos que van quedando pocos entusiasmos. Tiene entidad suficiente como para no mezclarlo con otras celebraciones. El ritmo es tan lento que se disipa el interés. Algunos pronunciamientos y miedos crean escepticismo.  Nos entran dudas de que pueda lograr el entusiasmo y participación que necesita como momento fuerte de Iglesia. Convendría no defraudar a las personas.

 Y sobre el Jubileo de las Cruces, que ya está en marcha, nos ha llamado la atención la veneración y devoción que se quiere inculcar en el pueblo, cuando nunca han sido objeto de esa veneración y devoción a lo largo de sus muchos siglos de custodia en la Catedral. Son signos históricos identificativos de Asturias y joyas o piezas de arte muy valoradas y estimadas. Pero nunca hemos visto a nadie arrodillarse ante ellas, ni invocarlas, como tales cruces de la Victoria o de los Ángeles, como auxilio cristiano.

Sí a la Cruz de Jesucristo que nos remite a Él y a los crucificados, pero no a esas cruces que han tenido otro uso, identificación y sentido. Es mucho más importante celebrar el año de la Palabra que nos ha propuesto S.S. Benedicto XVI o el año de San Pablo, que pueden llevar a un mayor conocimiento y aprecio de esa Palabra de la que vive la iglesia.

Hace tiempo que, de diversas maneras,  venimos dando vueltas a todo lo que le exponemos. Podíamos haber mantenido una postura  de silencio e indiferencia y seguir trabajando cada uno en lo suyo. Pero hemos considerado que era una obligación en conciencia manifestarle lo que sentimos, haciéndolo con buenas formas y con buen espíritu.

Nuestro temor es el que se abra una fractura en el presbiterio diocesano con consecuencias no deseadas y de una parte del presbiterio con el Arzobispo, que sería una contradicción en el ser de la misma iglesia.

  Le manifestamos que, también, nosotros estamos abiertos a la corrección fraterna y al diálogo sincero como servidores del Evangelio.

Le suplicamos que nos escuche y, si en algo nos hemos excedido, con humildad estamos dispuestos a rectificar y pedir perdón.

 

(Esta carta fue firmada por 23 sacerdotes, a los que posteriormente se unieron otros 3 sacerdotes

 

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DOCUMENTO 2

 

A VUELTAS CON LA CRISIS

  

      La existencia de una  crisis profunda, multiforme y a escala mundial, capaz de llegar a los espacios más recónditos del capitalismo neoliberal, se ha convertido en un verdadero tópico, gracias sobre todo a los poderosos y diferentes medios de comunicación  social: con las virtualidades características de esta clase de expresiones, portadoras de realidades indudables, que al mismo tiempo se  hacen habituales y hasta vulgares por el uso no ponderado de las mismas.

No hay ningún analista serio que dude ya de la gravedad de esta crisis y algunos no tienen inconveniente en equipararla al gran crak de 1929, ahora con dimensiones incluso más tremendas, y en calificarla de apocalipsis financiero y recesión global, que obligaba a las autoridades de USA a salir al rescate de las entidades financieras importantes del país, inyectando en ellas más de un billón y medio de dólares, cantidad superior a la que vienen costando desde 2001 las guerras de Afganistán y de Irak, sin que con tales operaciones se vislumbre el final del oscuro túnel, en el que se prevén todavía muchos más desastres económicos, como auguraba hace poco el Secretario del  Tesoro de Estados Unidos, H. Paulson Ese clarinazo de salida para ir al rescate de  bancos  y  financieras , -ahora también de las grandes empresas del automóvil, y mañana quizás de las constructoras-, inaugurado por las autoridades políticas americanas, fue seguida también con rapidez por todos los países de la Unión Europea, algunos de cuyos líderes, como Gordon Brown por ejemplo, han propuesto incluso la nacionalización de la banca: una medida que supondría realmente el final del capitalismo neoliberal y globalizador, el modelo económico que para muchos,- olvidándose de mirar al sur y a la periferia del mundo o sencillamente a los barrios marginales de sus megalópolis-, constituía, desde hace años, el anuncio mesiánico del bienestar de la humanidad.

Los dogmas indiscutibles del sistema capitalista avanzado,- que creía en el mercado como demiurgo regulador del sistema, la circulación libre de capitales por la  iniciativa privada, basada  en el único control de la oferta y la demanda, sin dejar apenas espacios para que los gobiernos, representantes democráticos del bien común, pudieran intervenir de forma adecuada-, han quedado en entredicho ¿para siempre? Nosotros no somos economistas, solo analizamos el cataclismo desde lo que nos dice el sentido común y lo que transmiten los medios. En cualquier caso, el nuevo intervencionismo que postulan las grandes potencias económicas nos parece una especie de herejía laica, contraria a convicciones generales consideradas por todos los “sabios occidentales” como axiomáticas: un nuevo “final de la utopía capitalista”. Nos resulta chocante, por calificarlo de alguna manera, leer en el The Financial Times (marzo de 2008), el portavoz más sonoro del  moderno capitalismo, que “los banqueros  deben comprender que si no hacen nada  para refrenar ellos mismos  sus peores excesos, los reguladores  estarán probablemente  sometidos a una fuerte  presión para actuar en su lugar”. Y más llamativo todavía que ese diagnóstico coincida con el de la izquierda francesa reconociendo el fracaso de la globalización para proclamar a renglón seguido que se la controle para orientarla  (Ségolène Royal). Y parece que eso fue el pensamiento básico de la última reunión del G 20.

Y lo más grave de todo es, seguramente, la incidencia inevitable de esta crisis financiera  en la economía real de las empresas, las grandes y sobre todo las pequeñas ahogadas por las dificultades crediticias, que son las que generan, al fin y al cabo, el bienestar de las clases medias y de las más modestas: las quiebras, los cierres totales o parciales, los reajustes salariales y de personal constituyen el pavoroso carrusel diario, más cercano y más doméstico, que termina en una escala siempre creciente de parados de todos los sectores, y de  agobios generalizados a la hora de pagar las hipotecas y los recibos de final de mes, en todas las partes del mundo. “En unas semanas el real brasileño ha perdido el 30 % de su valor; el zloty polaco, un 22%; la rupia india, un 10 %; el peso mejicano, el 14 %, (Le Monde Diplomatique, noviembre 2008)”, por no hablar más que de países emergentes en el ancho mundo nuestro.

Y no parece que las cosas vayan mucho mejor en España, contradiciendo, un vez más, el viejo axioma de que “España es diferente”. Hace poco más de un mes, escuchábamos en TVE a las autoridades políticas y de la banca de primera línea, proclamando con cierta complacencia que nuestro sistema financiero era “solvente, sano, rentable y sostenible”. No estamos para nada seguros de semejante optimismo o, sino, ¿a que vienen esas garantías públicas del Gobierno para los ahorros que los españoles tienen en los bancos o en las entidades financieras, las grandes emisiones de deuda pública del Estado, las cantidades millonarias que tiene preparadas el gobierno por si fuera necesario salir, también aquí, al rescate de algunas de esas entidades con el agua al cuello? Es ya de dominio público que algún banco famoso  tiene bonos contaminados de cierta empresa americana que  inauguraba la movida de las quiebras de aquel país. El elenco interminable de indicadores negativos, los “nuevos jinetes del apocalípsis”: las empresas que se cierran, que van a la quiebra, que tramitan impresionantes regulaciones, –recuérdese a la Nissan-, el aumento espectacular del índice del paro cada mes, de la bajada de la productividad y las dificultades de las “Pymes”, está en la mente de todos. ¡Algunos se consuelan porque cuesta menos llenar el tanque de gasolina!

Ante este  hecho de vida gigantesco,- quizás un “signo de los tiempos” difícil de interpretar desde una atenta mirada de fe histórica-, nos gustaría escuchar la voz de nuestros pastores, en especial la de los más cercanos a escala nacional y asturiana, pero no disponemos de ella. Nos ha llenado de gozo poder leer un documento de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos. Se trata de la sencilla carta de William Murphy, obispo de una diócesis de  Nueva York y presidente del Comité de Justicia y Desarrollo de la Conferencia Episcopal, enviada al gobierno de su nación (1.X.08). Su lenguaje es sencillo, porque reconoce que ni él ni sus colegas son técnicos para decir la última palabra sobre una situación, “terriblemente preocupante y enormemente complicada”. Pero lo hacen porque son conscientes de que ésta “tiene dimensiones humanas y morales”. Por eso denuncia sin ambages que en muchos casos los acuerdos económicos, las mismas estructuras, y los propios remedios adoptados, no persiguen siempre el bien común y la dignidad humana, sino que ponen por encima de los valores los beneficios económicos excesivos, desde los supuestos puramente economicistas, donde los gestores más influyentes y acomodados llevan siempre la tajada del león, en ocasiones con guarismos escandalosos para cualquier trabajador medio. Es la hora de exigir responsabilidades, a “quienes han contribuido directamente a esta crisis o se han aprovechado de ella”,  que en ningún modo “deberían ser recompensados o escapar sin dar cuentas  del daño que han causado”. Un mercado sin bridas de ninguna clase puede ser muy peligroso. “Hay necesidades humanas que no encuentran sitio en el mercado. Es un estricto deber de justicia y de verdad no permitir que necesidades humanas fundamentales queden insatisfechas”. Los prelados estadounidenses urgen también la necesidad de renovar el control y la corrección de las instituciones económicas y financieras, “así como una regulación y protección  públicas efectivas más extensas”. Y proclaman las exigencias radicales que dimanan de la solidaridad y del bien común de los humanos, que no se compaginan con las ventajas de unos pocos, los poderosos, frente a la mayoría. Y termina citando la  carta Encíclica de Juan Paulo II, Centessimus Annus: “Nuestra tradición católica nos remite a una sociedad  del trabajo, de la iniciativa y de la participación, que no está directamente contra el mercado, pero que exige que el mercado sea controlado apropiadamente por las fuerzas sociales y por el Estado para garantizar que las necesidades básicas  de toda la sociedad sean satisfechas”.

Desde este modesto foro, nosotros seguimos proclamando que los privilegiados del Reino de Dios son los “insignificantes de este mundo”, adoptando la sabia definición de pobreza enunciada por Gustavo Gutiérrez,  y que eran y son los preferidos del Señor. Hace años, en la década de los ochenta, cuando el paro era una lacra sangrante en España, la iglesia asturiana, desde diferentes instancias, se comprometió con los parados, porque tenía guías con poder carismático para impulsar campañas y formular, sin temores ni compadreos con los más poderosos, su denuncia profética contra las raíces de aquel mal social. Creemos que el problema de hoy es todavía mayor y más urgente y que nuestra iglesia, la universal y la diocesana, no puede dejar de ser “sacramento del Reino de Dios” que ve en los doloridos y pobres, en  especial en los emigrantes, el rostro del Jesús crucificado.

 

Por todo ello, nada tiene de extraño, que no manifestamos entusiasmos ni  excesiva sintonía con ese nuevo modelo de evangelización, en el Año Santo de la Cruz, que enfatiza sobre las excelencias religiosas de llevar a Covadonga la Cruz de la Victoria,- el mayor emblema de poder del siglo X-, consagrar de nuevo los asturianos a la Santina, y distribuir su icono, muy digno por cierto y también muy caro, por todas las casas. No nos parece que todo esto sea lo más adecuado para  tiempos recios y difíciles como los actuales.

 

Foro de Sacerdotes Asturianos “Gaspar García Laviana”, en el 30 aniversario de su muerte.

Los firmantes coinciden básicamente con los autores de la Carta enviada al Sr. Arzobispo el 15 de Marzo del 2008.

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DOCUMENTO 3

 

 

A propósito de la

Consagración de Asturias a la  Santina

 

 

La Iglesia, sobre todo en los últimos tiempos, suele ser proclive a las manifestaciones multitudinarias. Las grandes concentraciones favorecen y estimulan la común sintonía de los creyentes.

 

      Es posible que sobre la multitud enfervorizada aletee el Espíritu, llenando de entusiasmo el corazón de los adeptos. Es impresionante la concentración de miles de cristianos en torno a la figura del Papa de turno en sus viajes apostólicos.

 

      Las masivas consagraciones al Sagrado Corazón de Jesús y a la Virgen María pueden ser exponente legítimo de una religiosidad verdadera, pero pienso que, después de la fiesta y de la euforia, pasada la resaca del entusiasmo, cuando la explanada, repleta del olor de multitudes, quede vacía, se impone honestamente, hacer recuento de lo que queda y permanece.

 

      En primer lugar, a la hora de evangelizar- que de eso se trata- debemos tener en cuenta la situación actual en la que vivimos. No podemos seguir creyendo que toda la sociedad es católica, que en el mundo hay sólo cristianos. Vivimos en una sociedad pluralista y laica. Volver con nostalgia hacia un nacional catolicismo sería escoger un camino de evangelización equivocado.

 

      Puede suceder que, cuando en nuestras actuaciones pastorales hacemos referencia a toda Asturias, a toda España, a todo el mundo, es posible que haya personas que se sientan ofendidas, por ser incluidas, sin su consentimiento, en nuestros esquemas religiosos, que no son los suyos.

 

      Debemos aprender a vivir en minoría. Somos fermento, semilla, levadura, sal. Dejamos atrás un mundo viejo y no acaba de llegar un mundo nuevo y debemos saber que todo tiempo de transición se caracteriza por su inmadurez y contradicción. Ante el cambio de nuevos modos sociales, ante las nuevas culturas, los nuevos valores y normas, la Iglesia debe presentarse, como San Pablo a los Corintios, “débil y temerosa”.

 

      Hay que volver al encuentro de los espacios de reflexión, de oración, de análisis, de contactos permanentes con personas, con grupos, con movimientos. Debemos pararnos para escuchar lo que nos dice la gente. Hay que profundizar en la realidad en la que vivimos, que está ahí, esperando el testimonio de nuestra fe.

 

      Si todo se reduce a sacar pecho, a agitar banderas, a fletar autobuses, a concentraciones masivas y consagraciones generales, corremos el riesgo de intentar evangelizar con muchos medios, pero con pocos contenidos.

 

                     Foro Gaspar García Laviana

 

 

 

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DOCUMENTO 4

 

Excmo. y Rvdmo. Sr. D. Manuel Monteiro de Castro

Nuncio Apostólico de S.S. en España

Avenida Pío XII 46

28016 MADRID

 

Excelentísimo y Reverendísimo Señor:

 

           Somos un grupo de veintiséis sacerdotes asturianos, que nos hemos constituido en Foro Gaspar García Laviana, en recuerdo y gratitud de este misionero asturiano.

Ante el inminente nombramiento de un Arzobispo para Oviedo, respetuosamente nos dirigimos a V. E., con la conciencia y el deseo de prestar una colaboración leal y responsable a la Iglesia, a nuestra diócesis y a su persona, en la difícil y delicada tarea de elegir un Pastor que responda a la situación eclesial que vive en este momento esta comunidad diocesana  y que tenga en cuenta las características singulares por su trayectoria social e  histórica.

 

El Principado de Asturias,- cuyos límites coinciden con la Archidiócesis de Oviedo-, es una autonomía uniprovincial con personalidad propia por historia y con rico patrimonio social, cultural y espiritual, que ha pasado de ser una de las primeras provincias españolas en el ranking del Producto Interior Bruto en los años sesenta del pasado siglo, a ocupar uno de los últimos lugares en la actualidad, debido al desmantelamiento industrial de la minería del carbón, de la siderurgia y de la construcción naval, así como al abandono mayoritario de las explotaciones agropecuarias y de la pesca, -siguiendo las directrices de la Unión Europea-, sin que se haya afrontado  el grave problema de la reconversión industrial.

Tenemos una de las tasas de desempleo más altas de España, que afectan sobre todo a la juventud y a la mujer en particular, con lo que hemos pasado de ser una comunidad de inmigración a comunidad de emigración.

Todos estos factores se reflejan en la natalidad,- la segunda más baja de todas las comunidades autónomas de España-, en el envejecimiento de la población, en el creciente abandono de muchos pueblos rurales y en el acelerado movimiento demográfico que está causando la concentración de la población en la que ya llaman “área metropolitana” en el centro de Asturias. Casi el 70% de la población vive en el triángulo formado por las ciudades de Oviedo, Gijón y Avilés.

 

No podemos detenernos en analizar todos los problemas sociales que afectan a esta comunidad autónoma y, por ello, también a la Iglesia que vive en este lugar. Pero sí podemos manifestarle que ha sido una característica de esta Iglesia el tomar parte en la clarificación de estas situaciones, que afectan a la vida y a la fe de las personas,  con los valores del Evangelio y aportando su doctrina social.

 

Se ha hecho siempre de una forma comprometida e independiente, logrando una imagen y valoración de la Iglesia muy distinta a la de tiempos pasados.

 

Debemos manifestarle que, en estos últimos años, se echa de menos esa palabra y ese juicio cristiano que emana de la entraña del Evangelio sobre las situaciones sociales y la vida real de las personas. Para nosotros ha sido una sorpresa desconcertante la supresión del Secretario Social Diocesano y el desvalimiento y desinterés apostólico de este campo difícil, pero necesario.

A lado del silencio de la Iglesia ante la crisis actual, está la escasa atención a la pastoral obrera,- con la desaparición del Secretariado Social y de la Escuela Social-, y la alarmante situación de las misiones diocesanas, que tanta vitalidad han aportado y podrían seguir aportando a la diócesis.

Además de todo esto, se da una tendencia uniforme a una línea de pastoral determinada, impidiendo el sano pluralismo.

Sin lugar a ninguna duda, el problema que vemos más preocupante es la situación que estamos viviendo los sacerdotes. Creemos que debiera ser la primera preocupación del nuevo arzobispo.

No es el momento de analizar las causas, sino de resaltar el hecho. Está muy debilitada la unidad del presbiterio diocesano y nos paraliza un desinterés por la falta de iniciativas pastorales que respondan a la situación eclesial que se está viviendo. Nos parece que necesita una honda reflexión y un mayor compromiso en el testimonio de la fe y en buscar nuevos modos de transmitirla en la nueva cultura.

A pesar de esto, los que aún están en activo, gracias a Dios, siguen siendo responsables de las parroquias y trabajan con celo en la parcela encomendada. Pero muchos de ellos han caído en la falta de entusiasmo y en la indiferencia hacia todo lo diocesano o de pastoral de conjunto, porque nos parece abstracto, lejano y de mirar para el pasado.

Bastantes sacerdotes de mediana edad y mayores,- que son los más del presbiterio-, tienen la sensación de contar poco, de no ser valorados, de que su trabajo y experiencia no cuenta. Por lo que se ha primado en esta última etapa, tienen la impresión de que su trabajo pastoral ha sido equivocado, cuando debe reconocerse que son los que están llevando esa atención callada, entregada, sacrificada en la mayor parte de las parroquias de la diócesis.

Nos preocupa la situación de las parroquias y su forma de atención pastoral por el cambio demográfico y la edad y disminución de los sacerdotes. Es algo que debía haberse abordado hace tiempo, pero está descuidado. De las más de novecientas parroquias de la diócesis, la mayoría son rurales y están desasistidas,- dado que un solo sacerdote tiene a su cargo doce, quince y hasta dieciocho-, en contraposición a la amplitud de la Curia diocesana, a la liberación de cargos y a la designación de sacerdotes para instituciones que no necesitan tantos.

 

Con sinceridad y ánimo de colaboración le exponemos nuestro parecer y le aportamos nuestras sugerencias.

 

         Necesitamos un Arzobispo:

 

1º. Que tenga como primera preocupación el restañar la unidad y la fraternidad del presbiterio diocesano, valorando a todos, tratándoles como hermanos y colaboradores, escuchando y haciéndoles partícipes de las iniciativas pastorales, respetando y acogiendo su diversidad, estando atento a sus necesidades, abierto al diálogo franco y sincero.

No hay mejor definición que la del Evangelio: ¡que sea un buen pastor! El Concilio dice que “los obispos, por su parte, han de considerar a sus colaboradores como hijos y amigos, lo mismo que Cristo a sus discípulos ya no los llama siervos, sino amigos” (L.G.28).

Contra lo que se pueda insinuar, el clero de Asturias es noble, trabajador, sacrificado, con amor a la Iglesia; y valora la misión del obispo y acoge a su persona, si se manifiesta como pastor cercano y hermano de verdad.

 

2º Que venga con entusiasmo y con deseos de conocer antes la diócesis, el trabajo pastoral que se venía realizando; que llame a la participación y la valore y la tenga en cuenta.

Que nos anime a buscar juntos nuevos caminos de evangelización y transmisión de la fe. Que mire más al futuro que al pasado. Que crea en el trabajo paciente y no en eventos espectaculares.

 

3º Que manifieste sensibilidad social, que no huya de la vida real, que sea conocedor de la Doctrina Social de la Iglesia, que sea independiente de todo poder, que sepa presentar con realismo la levadura humanizadora del Evangelio, que se atreva a pronunciarse en nombre de la Iglesia cuando los hechos lo requieran, que sepa despertar en los cristianos el compromiso para la vida pública.

Que entienda que la Iglesia de Asturias tiene esta característica en los genes de su historia. Una persona ajena o con miedo a esta sensibilidad, sería vista como extraña y lejana a esta diócesis.

 

 

         Reiteramos que, con esta exposición, queremos expresar nuestros sentimientos de responsabilidad y colaboración eclesiales, siguiendo el espíritu del Concilio Vaticano II, que manda a los obispos escuchar de buena gana a los sacerdotes, dialogar y consultar sobre  las necesidades del trabajo pastoral y el bien de la diócesis.

 

 

         Reciba un saludo atento y cordial de sus hermanos en Cristo

 

RESPUESTA DEL NUNCIO

 

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Vicente Ferrer, uno de los nuestros

 

Causa sorpresa la postura silenciosa de la Iglesia oficial, con  motivo de la muerte de Vicente Ferrer, cuando el mundo multicolor y diferente despedía, con gratitud y emoción, al benefactor y humanitario misionero.

              Pensamos que esta ausencia injustificada ante la pérdida de un hombre íntegro, cristiano excepcional, que hizo de su vida entrega y lucha contra la pobreza en el mundo, contrasta con la admiración general de cientos de miles de personas que se vieron favorecidas por las obras de los servicios sociales de Vicente Ferrer en la tierra más pobre de la zona, en Anantapur: granjas agrícolas, excavación de más de cuatro mil pozos, cooperativas, residencias, hospitales.

              Vicente Ferrer nace el día 5 de mayo de 1920 en Barcelona. A los 24 años ingresa en la Compañía de Jesús, de la que se separa, por dificultades de entendimiento en el mes de marzo de 1970. Ese mismo año contrajo matrimonio con  Anne, periodista inglesa, con la que tuvo tres hijos.

              Vicente Ferrer fue premio Príncipe de Asturias de la Concordia en 1998, español universal, personaje destacado de la historia del siglo XX por La UNESCO en 2001.

              Cuando hoy, dentro y fuera de la Iglesia, se escuchan tantas palabras vacías, pronunciadas a destiempo, cargadas de falsas alabanzas, nosotros, cristianos, alzamos la voz en recuerdo y gratitud de Vicente Ferrer, uno de los nuestros, figura insigne de atención a los pobres, apóstol de la casta inferior de la sociedad hindú, de los intocables y valoramos su esfuerzo y el de tantos otros y de otras, que como él, tomaron muy en serio la causa de Jesús.

 

Foro Gaspar García Laviana


 

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