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MÁS DE LO MISMO

Una visita apostólica cuestionada

TAL PARECE QUE SÓLO SE ESCUCHA POR EL OÍDO DERECHO... Y SE CONDENA SIEMPRE A SINIESTRO, NUNCA A DIESTRO .

SE ACOGEN LAS POSTURAS CONSERVADORAS... Y SE RECHAZA CUALQUIER INNOVACIÓN PROGRESISTA.

 

 

Camilo-Maccise-2(Camilo Maccise, OCD) La prensa religiosa, especialmente en los Estados Unidos, ha comentado, cuestionado o defendido, desde hace un año, la Visita Apostólica a las religiosas estadounidenses de vida activa.  Ellas, caso insólito, están agrupadas en dos conferencias: la Conferencia de Liderazgo de Mujeres Religiosas (LCWR) y la Conferencia de Superioras Mayores de Mujeres Religiosas (CMSWR).

 

La primera representa a más del 90% de las religiosas y se ha caracterizado por animar una renovación en la línea pedida por el Vaticano II. Con limitaciones y excesos, comprensibles en un momento de transición,  ha buscado hacer surgir y acompañar una nueva forma de vida religiosa más acorde con los signos de los tiempos y la nueva situación de la mujer en la Iglesia y en el mundo.

La segunda fue fruto de un proceso iniciado por congregaciones que se oponían a lo que consideraban excesos de la renovación y pérdida de identidad religiosa y eclesial por parte de quienes favorecían la renovación. Esta Conferencia, de corte tradicional, ha sido siempre escuchada y favorecida por la autoridad jerárquica, mientras que ésta ha mirado con sospecha y reticencia a la que congrega a quienes buscan nuevos caminos para enfrentar los retos que el mundo le  presenta a la Iglesia y a la vida religiosa.

En septiembre de 2008, la CMSWR organizó en el Stonehill College, de Massachusetts, un simposio de tendencia netamente conservadora. Participó en el mismo como invitado el Prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada. Unos meses después, sin previo aviso, llegó el anuncio de la Visita Apostólica.  Con ella, se dijo, la Congregación quería responder “a preocupaciones que católicos de los Estados Unidos habían hecho llegar, durante varios años, al dicasterio”.  Casi en seguida, la Congregación para la Doctrina de la Fe comunicaba que la LCWR sería sometida también a una evaluación doctrinal sobre cómo sus miembros habían recibido y promovido la enseñanza de la Iglesia sobre tres puntos: la ordenación sacerdotal de las mujeres, las relaciones interreligiosas y la homosexualidad.

Sin negar la autoridad que tiene el Vaticano para decidir realizar Visitas Apostólicas, la mayoría de las religiosas ha criticado la forma de hacerla, los prejuicios  y acusaciones que la han provocado, la falta de transparencia, el hecho de que sólo se haga a las mujeres y no a los varones religiosos y de que no se cuestione también a las comunidades que siguen la forma tradicional de vida religiosa. Tienen la impresión de que se quiere imponer la forma monástica como la única posible. No ha faltado quien afirme, a la luz de lo sucedido cuando se realizó la investigación sobre los seminarios, que “los investigadores no vienen para comprender y ayudar, sino para imponer conclusiones tomadas de antemano”.

La forma de decidir y de hacer esta Visita Apostólica ha vuelto a poner sobre el tapete la necesidad de revisar el estilo de ejercer la autoridad en la Iglesia. Ante todo, parece que no se puede hoy tomar una decisión como la de esa Visita Apostólica sin escuchar previamente a las personas implicadas. Los centros de gobierno eclesiástico son continuamente bombardeados por informaciones negativas, incluso calumniosas, hechas generalmente por personas y grupos extremadamente conservadores que piensan tener en exclusiva la verdad y descalifican a quienes, legítimamente, tienen otros enfoques y actitudes diferentes. La institución, preocupada por mantener la ortodoxia, la disciplina y la uniformidad, presta fácilmente oído a esas acusaciones. Por el contrario, quienes buscan nuevos caminos no son escuchados. Se les mira con sospecha y, si por amor a la Iglesia se atreven a cuestionar algo, son tachados de desobediencia y de romper la comunión. Decía José Luis Martín Descalzo que tal parece que sólo se escucha por el oído derecho. Un diálogo crítico con las diferentes mentalidades es condición necesaria para lograr en la Iglesia una convergencia en lo esencial.

Tampoco se puede olvidar que el mismo Espíritu, que suscita los carismas y abre a lo nuevo, permite también la oposición para la purificación de las personas y grupos más sensibles al cambio. Éstos deben desdramatizar los conflictos y tensiones y asumirlos sin amargura y con una esperanza activa que defienda la libertad y favorezca una comunión que acepte y respete la diversidad a fin de que “haya unidad en lo necesario, libertad en lo dudoso, caridad en todo” (GS 92).

En el nº 2.697 de Vida Nueva.

 

 

 

ECLESALIA, 23/02/10.- «Tánger dieciséis de febrero 2010.

 

DIOS ES NEGRA Y SIN PAPELES

 

Imagina que diste a luz el domingo pasado en un hospital público marroquí. Un niño precioso.

Imagina que te dieron el alta al día siguiente, lunes.

Imagina que volviste a casa, cansada, sangrando del post-parto, con dolores aún en un útero que lucha por volver a su sitio.

Imagina que en casa te está esperando tu niña de dos años y dos meses y tu pareja.

Imagina que esta mañana mientras bañabas al bebé comenzaste a ver que le costaba respirar.

Imagina que corriste al hospital público marroquí.

Imagina que te dijeron que no podían atenderte.

Imagina que fuiste dos veces.

Imagina que la tercera vez tu bebé dejó de respirar casi en la puerta del hospital.

Imagina que pediste auxilio por tu bebé muerto.

Imagina que se lo llevaron a la morgue del hospital.

Imagina que a ti, a tu niña de dos años y dos meses y a tu pareja os llevaron a comisaría.

 

Ahora imagínate retorciéndote de dolor en las entrañas, el dolor agrio de la muerte de tu hijo, el dolor de un útero que te recuerda recién parida, el dolor de una leche que sube a tus senos duros como piedras. Pero imagínate NEGRA, imagínate AFRICANA, imagínate POBRE, imagínate SIN PAPELES.

 

Estás sentada, doblada sobre tu vientre en aquel sucio despacho de policías que van y vienen y te hablan en una lengua que no entiendes. Allí te miro e intento traducirte las preguntas que me parecen estúpidas, crueles e inhumanas.

Quieren saber qué hacéis en su reino, cómo habéis entrado y cuánto tiempo lleváis aquí. Quieren saber cómo os llamáis, cómo se llaman vuestros padres y porqué habéis venido.

Tu pareja grita y pide piedad. Sabe que todas las preguntas van dirigidas a justificar una deportación al desierto. Tu pareja grita y te tranquiliza llamándote “Honey”.

Tu niña sonríe, juega con su gorro y canta “aleluya”.

La policía busca un intérprete de árabe a inglés para hacer el parte y llevaros a Tribunal.

Me dices que si te deportan al desierto y allí te violan no crees que aguantarás el dolor, que aún estás recién parida.

Un policía se me acerca y me pregunta: ¿Por qué hacéis esto? ¿Por placer? Este amable policía llama “esto” a acompañar a unos padres sumidos en el dolor, a comprar algo de comida para una niña que lleva todo el día sin probar bocado y a intentar traer un poco de humanidad o al menos de buen trato a esa puñetera comisaría.

Entonces le miro, me horroriza su frialdad, y le contesto, lo hacemos por amor. Veo en él a esos seres que comen, cagan y hacen de policía para poder seguir comiendo y cagando. Siento lástima.

Detienen a tu pareja en comisaría y me dicen que como caso humanitario te dejan dormir en casa. Mañana tienes que pasar el Tribunal junto a tu marido.

Te hundes. Es la primera vez que te veo enderezar ese vientre que te duele. Gritas y lloras hasta que un policía te manda callar.

No lo soporto, me puede la escena y le pido por favor que entienda que tu hijo ha muerto hoy, que estás recién parida, que te duelen las entrañas.

Me responde con desprecio que en este reino hay unas leyes, que aquí se hace lo que dice el procurador del rey y que tú eres una NEGRA CLANDESTINA.

Mañana iremos al Tribunal, mañana un hombre de este reino decidirá si te tiran a ti y a tu niña al desierto de madrugada. A partir de ahí la suerte decidirá si serás violada, si tu hija será raptada o por qué no violada también.

 

Imagínate que todo eso te ha pasado hoy.

Imagínate que a todas nos duelen sus entrañas.

Imagínate que a todas nos duelen nuestras entrañas».

 

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

*Así lo he recibido. Así lo reenvío. Y seguiré arrodillándome, porque hoy he visto a Dios en negro y sin papeles.

+ Fr. Santiago Agrelo Martínez

Arzobispo de Tánger

 

 

 

 

JÓVENES DE HOY

D. Raúl Berzosa

 

 

1.- Para situarnos.

Alguna vez más he comenzado recordando tres frases lacerantes como dardos:

 

å      Cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, de pronto, cambiaron todas las preguntas” (Mario Benedetti)

å      “Hacer una y otra vez lo mismo, esperando respuestas diferentes, es una locura” (Einstein)

å      “En el Evangelio no se dice tanto cómo deben ser las ovejas (se las acepta tal y como son) sino cómo deben ser los pastores” (Carmen Pellicer)

 

Y, tras dichas frases, una sencilla observación: sigue siendo válida la frase lapidaria del filósofo  José Ortega y Gasset: “Yo soy yo y mis circunstancias”. La cual traducida a lo que a continuación escribo subraya que los jóvenes, para la sociedad y para la Iglesia, son una provocación y un reto, son el presente y el futuro más valioso. Los jóvenes son como la esponja o el termómetro de la nueva cultura. Su mundo recoge y adelanta los nuevos fenómenos sociales, con lo que supone de retos y posibilidades para la evangelización.

 

2.- ¿Cómo son los jóvenes de hoy?

Para comenzar, conviene identificar los tres valores o actitudes fundamentales de la juventud de hoy:

å     Be free (ser libre;)

å     Puenting (coleccionismo de experiencias;)

å     Connecting people (estar conectado).

 

Así como las “seducciones” a las que están sometidos estos mismos jóvenes, según Mons. Francisco Cerro:

å      La noche,

å      lo inmediato,

å      la sospecha,

å      el enjambre.

 

Se ha llegado a afirmar que estamos ante la “generación n: mayoritariamente, ni estudian ni trabajan.

En otro orden de cosas, la pandilla (o su tribu urbana) es lugar de cobijo emocional y foro de confianza frente al anonimato y el control de los adultos:

¡Allí se reconocen, se encuentran, comparten, se relajan, se socializan, se relacionan, se identifican… mientras aguardan!

También se nos habla de una cultura juvenil, según Mons. Juan María Uriarte, con estos rasgos:

å      Narcisista (curvados sobre sí mismos),

å      Individualista (se debilita la solidaridad),

å      Pan-erotizada (se han separado sexo y matrimonio, sexo y procreación, sexualidad y amor, sexo y género).

å      Débil sentido de pertenencia y falta de “confianza básica” (no sabemos quiénes somos ni a quiénes pertenecemos de verdad, mezclando desequilibrio afectivo y dependencia, ambición y fantasía),

å      Se acentúa la satisfacción inmediata de los deseos (consumismo indiscriminado),

å      Se vive al margen de Dios (como si Dios no existiera, lo hemos dejado “respetuosamente aparte” (De Lubac).

 

Son jóvenes, en cualquier caso, que viven en la “Europa de Maastrich”, donde prima la cultura de la satisfacción (de calidad de vida), el individualismo y la libertad, cierta xenofobia y racismo, y una religiosidad sin Iglesias. Se habla de una Europa de mercaderes que no es la Europa del Espíritu.

 

Si hablamos de los nuevos valores, tendremos que fijarnos en las cosas de cada día:

o        Pañales-kleenex: todo es de usar y tirar. Nada dura ni es estable.

o        Microondas: resultados inmediatos. El máximo efecto en el mínimo tiempo.

o        TV: la vida como zapping, historias cortas y sin huella.

o        Ordenador-Internet: información y conocimientos sin esfuerzo.

o        Fotocopias: eclecticismo, coleccionismo, apropiación.

o        Facebook-Tuenti: relaciones a distancia, poco comprometidas.

o        Second Life: construya su propio mundo ideal.

 

A la hora de contraponer modernidad-postmodernidad, L. Pinillos y J. Elzo, presentan los siguientes resultados para los jóvenes de hoy:

Global-fragmento; absoluto-relativo; unidad-diversidad; universal-particular; objetivo-subjetivo; futuro-presente; razón-emoción; ética-estética; certeza-duda; día-noche; trabajo-ocio; utopía-desencanto; masculino-femenino; leído-visto; esfuerzo-placer; complejidad-simplificación.

E. Sábato, en su obra “Antes del Fin” (Barcelona 1999), escribe cosas tan terribles como éstas: “El humanismo occidental está en quiebra y el fin de siglo nos encuentra incapaces de preguntarnos por la vida y por el hombre”. No es extraño por eso que “los jóvenes ya no quieran tener hijos. No cabe escepticismo mayor. Así como los animales en cautiverio, nuestras jóvenes generaciones no se arriesgan a ser padres. Tal es el estado del mundo que les estamos entregando”.

 

Los jóvenes de hoy son, ante todo, “urbanitas”: les gusta la estética urbana (“están en su ambiente”); les gusta la movilidad, la celeridad y el cambio; se han acostumbrado a lo plural y a lo novedoso; se sienten a gusto en el anonimato de la gran ciudad y, a la vez, en un gregarismo que no compromete.

 

La violencia se manifiesta alarmantemente entre los jóvenes. Es un problema cíclico, fruto de sociedades que parecen “cerrarse” (o por nacionalismos, o por falta de expectativas de futuro, o porque laboralmente el joven no encuentra salida, como si fuera un jubilado prematuro). Fruto también del trato recibido en el hogar, en unos casos, y en otros, de una sociedad permisiva que necesita experiencias nuevas y fuertes.

 

La “generación perfecta” del joven de hoy, sobreprotegida, con estudios y dinero, se quema por dentro: convive con la droga, el alcohol y la violencia. Consume de todo, incluso violencia. Le faltan valores: han desaparecido las creencias religiosas y políticas. Más de 8.000 padres han denunciado a sus hijos durante el año 2008 (“La Razón” 13.9.09).

La Fundación Santa María en su último informe señalaba que los jóvenes españoles son los más noctámbulos de Europa. El 86,5% reconoce que consume o ha consumido alcohol. El 63,7% lo hace habitualmente. El 71%, entre 14 y 19 años, se declaran bebedores habituales.

 

¿Qué factores influyen?

o        Factores sociales: negocio para multinacionales (rutas del bacalao), forma de diversión, estimulación placentera.    

o        Factores de socialización: hábitos mediterráneos; iniciación al mundo de los adultos (pandillas de prestigio), compensación al fracaso escolar y a la baja autoestima.

 

Son jóvenes “en paro”: hasta ahora, sus padres nunca les dijeron “no”. Han tenido más recursos materiales que cualquier otra generación. De ahora en adelante, la crisis los enfrenta a un problema participado por todos: la búsqueda de empleo digno.

Muchos de ellos son inmigrantes, con la paradoja de haber nacido en un nuevo país, con cultura-política-religión diferentes, pero habiendo interiorizado, en su familia, el mundo de origen. Poseen capacidad de adaptación pero poca autonomía.

 

Son jóvenes internautas y cibernéticos con estos rasgos:

1.- Las nuevas tecnologías acentúan el presente (presentismo) y miran con descaro hacia el futuro. En la mente y corazón de los más jóvenes late un presentimiento: lo mejor está en el presente y estará en el futuro.

2.- Las nuevas tecnologías logran borrar las barreras entre lo real y lo virtual. En la mente y corazón de los más jóvenes se confunde la cruda realidad con la virtualidad, lo imaginario. Hasta la chica o el chico ideal, el príncipe o la princesa azul, se pueden fabricar en Internet.

3.- Las nuevas tecnologías rompen la barrera del tiempo cronológico. En ellas, con ellas y por ellas se puede recuperar el pasado, “regresar al futuro”, instalarme en el presente o crear, interactivamente, el futuro. El joven vive varias historias y existencias simultáneas y, lo más dramático, varios “yos” simultáneos. ¿Cuál es su verdadera personalidad? ¿Cuál es el tiempo realmente vivido?

4.- Las nuevas tecnologías favorecen y propician una comunicación rápida y simultánea, un intercambio de información vertiginoso. No queda espacio para la reflexión ni se valora el discernimiento sosegado. Nos vive la vida.

El joven experimenta en su propia carne que el conocimiento y la sabiduría es sólo acumulación de datos y, a lo sumo, interrelación entre ellos. Se sirve de síntesis imparciales y tópicos simplistas para seguir caminando. Recuerda las palabras de Elliot: “Hemos perdido la sabiduría por la mucha especialización; y ésta por la mucha información”.

5.- Las nuevas tecnologías abren inmensos e insospechados campos lúdicos. Todo parece un juego: el trabajo o los estudios, las actividades ordinarias, la misma comunicación interpersonal.

Se experimenta la vida como un juego, donde, en jerga freudiana, el yo-niño prevalece sobre lo demás. ¿Estarán nuestros jóvenes condenados a ser eternos adolescentes?

6.- Las nuevas tecnologías producen la sensación de la temida prepotencia, del poder abarcar todo y en todos los campos.

El joven siente reforzado su individualismo y su, a veces, marcado endiosamiento narcisista y autista, socialmente hablando.

7.- Las nuevas tecnologías estimulan la prisa por los resultados. En el mínimo tiempo, los máximos resultados (síndromes del microondas y del invernadero) sin importar el sabor, el esfuerzo, o el valor. El joven espera y desea éxitos y satisfacciones inmediatos, a costa de lo que sea (síndrome del drogadicto).

8.- Las nuevas tecnologías nos hacen ver que todo es caduco e intercambiable. Instalados en el presente, además nos recuerdan que nada ni nadie es imprescindible.

Queremos vivir historias cortas y que apenas dejan huella.

9.- Las nuevas tecnologías, aparentemente abren horizontes cosmopolitas, de red internacional (“la aldea global”), pero en realidad contribuyen a crear un mundo doblemente dual: por un lado, los conectados y los no conectados; y, por otro lado, entre los conectados, los de primera categoría (los ricos) y los de segunda (que sólo participan de las migajas tecnológicas).

Los jóvenes del primer mundo, sin darse cuenta, están contribuyendo, en un mundo globalizado, a asentar la terrible sociedad de los tres tercios: los integrados; los empobrecidos; y los excluidos.

10.- Las nuevas tecnologías favorecen un mundo inmanente, donde el misterio y lo trascendente, en su sentido profundo, no tiene cabida. Dios, a lo sumo, queda en la “despensa” del disco duro. Prisionero de una tecnología chata y miope. Difícilmente el joven de nuestros días descubre que en la vida hay problemas (para los que existen peritos) y misterios (a los que sólo las creencias pueden responder).

 

 

3.- Jóvenes, sociedad y religiosidad.

Expresado lo anterior, una pregunta obligada: ¿Son religiosos y creyentes los jóvenes de hoy?...

A modo de eslóganes, o titulares, destaco:

å      No son arreligiosos pero tampoco cristianos.

å      No han personalizado el Dios en el que creen y fueron bautizados.

å      Religiosidad “porosa y flotante”, sin raíces y desconectada de la Gran Tradición…

å      Les interesa y les llena lo emocional-sentimental, vivido en microgrupos cálidos…

å      La religión es algo privado, sin relevancia social…

å      Religiosidad light, a la carta…

å      No lucha contra lo institucional; simplemente prescinde de ello…

å      No está dispuesto a hipotecar su vida en compromisos definitivos…

å      Revisionista: suplantan fácilmente personas y símbolos…

 

Pero los jóvenes, como dijimos al principio, son reflejo y espejo de la sociedad de su tiempo. Recordemos algunos rasgos concretos de la sensibilidad religiosa de hoy, con una paradoja inicial: lo religioso parece perder puntos pero, al mismo tiempo, da signos de cierta vitalidad. “¿Europa es una isla agnóstica en un mar de creencias mundial?” (Weimer)

Tal vez un slogan defina bien la nueva situación: “creer sin pertenecer”. -Porque una sociedad secularizada no es necesariamente una sociedad a-religiosa, sino una sociedad donde las religiones tradicionales “no detentan ya el monopolio, sino que coexisten incluso con la cultura laica” (J. J. Toharia).

Así pues, la pura indiferencia no es lo que caracteriza nuestra sociedad, sino el hecho de que la creencia escapa claramente al control de las grandes Iglesias y de las instituciones religiosas (Herviér-Léger).

Lo que se encuentra en crisis no es lo sagrado, sino la “religión de Iglesia o institucional”. Según lo anterior, hoy no se daría en lo religioso ni desaparición, ni retorno, sino transformación (Díaz Salazar). Es una “religiosidad-espiritualidad en movimiento” (Herviér-Léger).

Cuestión clave es la centralidad del individuo (cierto narcisismo) (Bernardo Fueyo), donde prima la experiencia personal y los criterios subjetivos de validación. La gente escucha lo institucional, pero es celosa de su soberanía personal.

Se repite que estamos en una especie de religión a la carta, light, selectiva. Y se insiste en que, en la nueva religiosidad (como en la nueva socialización), la experiencia personal es la norma, y la norma es la que se deriva de la experiencia personal (González Anleo).

En este sentido, las opciones de los jóvenes pueden considerarse como incoherentes, fragmentarias, o heterodoxas, pero para ellos tienen el valor de ser propias, construidas por ellos mismos (Javier Elzo).

 

Religiosamente, entre los rasgos que definen a la cultura de hoy, subrayo los siguientes:

No se enmarca ya en el cristianismo, no es la del régimen de cristiandad; la fe ya no es una evidencia cultural (malestar de lo religioso), ni es una herencia “natural”, ni siquiera una adquisición de prestigio.

La espiritualidad-religiosidad de hoy no se caracteriza por la síntesis sino por la yuxtaposición de doctrinas y ritos, tomados de tradiciones heterogéneas (F. Champion).

Se impone el eclecticismo frente a síntesis definidas y concretas. El concepto de pertenencia no es estable sino emocional y flexible. Del practicante hemos pasado al peregrino o coleccionador de experiencias (Herviér-Léger).

Reto añadido para las religiones e Iglesias tradicionales es el hecho de que la aparente indiferencia no es, muchas veces, secularización o egocentrismo, sino compromiso responsable y verdadera pasión por lo humano (“potencial humanista extraeclesial”) (C. Geffré).

 

Si hablamos de “respuestas sociales y eclesiales” a los retos juveniles antes planteados, que no son meras “recetas”, al menos sobresalen dos criterios:

1.- El Evangelio hoy se transmite por contacto personal y por contagio comunitario (Pedro Belderrain).

2.- La reconstrucción de la religiosidad juvenil (iniciación) no pasa simplemente por la transmisión de una cosmovisión ni por inculcar principios morales, sino por facilitar claves de una experiencia auténtica de Jesucristo (Javier Martínez-Cortés).

 

En resumen, la crisis de transmisión de la fe va unida al problema general de la socialización de las nuevas generaciones. Pero el mismo problema de transmisión de la fe del cristianismo lo tiene la sociedad misma.

La crisis de transmisión de la fe se inscribe en el marco de una crisis más amplia y profunda: el de la transmisión de valores y comportamientos sociales en una cultura y sociedad que cambia y muta usos y costumbres neuróticamente.

 

Es curioso, y ya en relación a las personas mayores, cómo a veces se las tacha de excluidas y, otras, se las reclama como la fuerza más poderosa a la hora de configurar fuerzas y tendencias políticas y sociales. Se ha llegado a hablar de la “civilización de los jubilados”, pues será el colectivo determinante a la hora de influir en las tendencias políticas europeas. Sin olvidar el papel y protagonismo que los abuelos tienen hoy, en la transmisión y educación de la fe de las nuevas generaciones.

 

 

 

Bibliografía. En el trasfondo de todo lo afirmado, se encuentran las siguientes escritos: R. BERZOSA, Trasmitir la fe en un nuevo siglo. Retos y posibilidades, DDB, Bilbao 2006; ID., ¿Qué es eso de la tribus urbanas? Jóvenes y religión, DDB Bilbao 2002; ID., 10 Desafíos al cristianismo desde la nueva cultura emergente, Verbo Divino, Estella 2005; ID., Nueva Era y cristianismo. Entre el diálogo y la ruptura, BAC, Madrid 1998, 2ª ed.; ID., Evangelizar en una nueva cultura, San Pablo, Madrid 1998; ID., En el planeta joven: retos y propuestas en la transmisión de la fe: “Misión Joven” 368 (2007) 17-29; Voces “acción misionera, acción catecumenal, acción pastoral”, en: V. M. PEDROSA-J. SASTRE-R. BERZOSA, Diccionario de pastoral y evangelización, Monte Carmelo, Burgos 2000.

 

 

 

LIBERADA FAMILIA

 

 

El 27 de diciembre celebrará la liturgia de la Sagrada Familia. Podría llamarse también de la liberada familia. Es ambigua la retórica sobre la familia, que escuchamos en algunas prédicas, coincidiendo con las convocatorias de manifestaciones sospechosamente hermanadas con los políticos de la crispación. Mejor será mirar a María, José y Jesús, Epifanía de la Vida, como familia liberada y liberadora.

 

Con doce años se va de casa Jesús para meterse en el “lío del Dios Padre” (Lc 2,49), que desembocará en el “lío de las redes”: Pescar personas vivas para la Vida (Lc 5, 10). Pero María y José no son posesivos y dejan crecer a Jesús. Años después, María, quizás ya viuda, lo tendría difícil. Jesús ha de marcharse camino del Jordán. ¿Familia liberada o acomplejada? Sus hermanos y hermanas menores (Mc 6,3) creen que el primogénito, metido a predicar y curar, se ha vuelto loco; los parientes quieren ir a recluirle (Mc 3,21). Pero él dice, señalando al “grupo de las redes”: “Estos son mi madre y mis hermanos” (Mc 3, 34-35). Uno le quería seguir a medias y Jesús le dice: “El que se queda en el círculo estrecho de la familia no vale para meterse en el lío de mi movimiento de redes por el Reino de los cielos” (cf. Mt 8, 22). Son exigentes estos pasajes sobre la familia. ¿Los habrán meditado los dirigentes eclesiásticos mitrados que predican retóricas sobre la sagrada familia para enardecer a públicos “neo-conservadores”?

 

Pero dejemos a un lado la anomalía de la iglesia en el estado español y volvamos la vista a la “Galilea de los gentiles”. Recordaré concretamente algunas “familias liberadas” con las que orar y por las que orar en el día de la Sagrada Familia..

 

Conozco cuatro familias (las llamaré A., B., C. y D., protegiendo su intimidad), que tienen en común el ser atípicas, pero normales y corrientes, además de muy liberadas. Uso intencionadamente la palabra “atípica”, lo más neutralmente posible, sin el mínimo rasgo de discriminación, y subrayo, para mayor garantía de ecuanimidad, que son cuatro familias normales y corrientes. 

 

La pareja A no tiene descendencia. Se plantearon en su día la fecundación in vitro; después desistieron y optaron por la adopción. En el contexto japonés, esto es atípico, porque la sociedad ve con prejuicio la esterilidad, exagera la vinculación genética y no favorece la adopción. Pero ellos son normales y corrientes. Profesora ella y  ginecólogo él, ayudan a parejas que optaron por la reproducción asistida; pero ellos, hicieron otra opción.

 

La pareja B tiene tres hijas y un hijo. Tener más de dos es completamente atípico en Japón; pero el ser atípicos no les impide ser una familia normal y corriente, en el mejor sentido de la palabra. Crecen y dejan crecer.

 

La pareja C no tiene hijos. Son una pareja estable de igual sexo. Hubieran querido una adopción para formar así una familia, pero tropezaron con dificultades legales. Son pareja atípica, porque la sociedad no se ha liberado de prejuicios sobre orientación sexual; pero la comunidad en que comparten la eucaristía no discrimina.

 

La pareja D: Bauticé al bebé de una inmigrante surasiática en Tokyo. Abandonada por el marido en su país, trabajaba en un bar y ahorraba para enviar dinero a su madre. Queda embarazada de un cliente japonés, que le exige aborto, pero ella no quiere, desea dar a luz a la criatura. Él se desentiende y la abandona. En su cuarto realquilado y estrecho, veinte personas apretujadas compartimos una pobre comida para celebrar el bautizo del bebé que vio la luz en familia monoparental. Ella conoce meses después a un chico de su país, trabajador en Tokyo, de la misma iglesia y también separado. Él la acepta como es, con su criatura. Merecería llamarse José. Habrá nueva boda. Dice el párroco: ¡Vaya lío sobre los papeles, esto no hay manera de que lo aprueben los canonistas! (“ratos y consumados” los matrimonios anteriores, y por la iglesia ambos). Responde el coadjutor: Pero es la vida. Y le dice con ironía al teólogo: ¿Qué dicen tus alumnos seminaristas en el examen ante un caso como éste? Pero el teólogo  contesta: No se arregla con papeles, sino con sentido común y evangélico. ¿Y si frunce el ceño algún canonista neoconservador? Pues lo calmamos: diremos que se arregló in foro conscientiae, como decía el P. Häring; o sea, que lo que no se puede arreglar de otro modo, se arregla ante Dios en el foro de la conciencia, porque “Dios quiere que vivamos en paz”, como decía Pablo (1 Co 7,15).

 

            El recuerdo de estas cuatro familias liberadas me anima en estos días, precisamente cuando se celebra el misterio de María, José y Jesús, Epifanía de la Vida: la Liberada Familia.

 

Juan Masiá Clavel

Diciembre de 2009

 

 

 

 

10 UNIVERSITARIOS EN EL TERCER MUNDO

 

La información que figura más abajo recoge lo más esencial de la experiencia que 10 Universitarios/as vivieron el verano pasado en América, en contacto con Comunidades del Tercer Mundo. Se pretende repetir la experiencia el próximo verano con un nuevo grupo, también promovida y desarrollada conjuntamente por Cooperación Internacional de Caritas de Asturias, la Agencia de Cooperación al Desarrollo y la Universidad de Oviedo.

 

Un cordial saludo.-Faustino

 

 INTRODUCCION.-

 

Entre agosto y diciembre del 2009, diez alumnos/as de la Universidad de Oviedo, estuvieron durante dos a tres meses en varios países de América: Nicaragua, Bolivia, El Salvador, Colombia, Ecuador y Honduras, en una actividad promovida por la Universidad de Oviedo, la Agencia de Cooperación al Desarrollo y organizada en su preparación, seguimiento y ejecución por el Departamento de Cooperación Internacional de Caritas de Asturias. Objetivo: Conocer la realidad del Tercer Mundo y, en lo posible, colaborar en proyectos de desarrollo en sus respectivos destinos donde Caritas Asturias y otras organizaciones asturianas, tienen presencia operativa.

 

 El pasado día 23 se reunieron todos en compañía de Ana Mª Fernández, Vicerrectora de Internacionalización y Cooperación al Desarrollo, Antolín Esteban Director de Cooperación al Desarrollo de la Universidad de Oviedo, Rafael Palacios Director de la Agencia de Cooperación, Pilar Acero, técnica de la Agencia de Cooperación, Mario Fanjul Responsable del Programa de Cooperación de Caritas, de Noelia Suárez también de Caritas, de Ana Arrizabaga, por dos veces Cooperante voluntaria en el Congo, y de quien esto escribe  cooperante en Guatemala y componente del Equipo de Cooperación de Cáritas Asturias. Objetivo de la reunión: Revisar su experiencia y trabajo en el Sur.

Son los siguientes: Raquel Ramos, Virgilio García, Adela Álvarez, José Juan Ferdz., Liliana Estefanía, Daniel Levy, Sheila Alvarez, Diego de Vallejo, Fernando Melero y Marta Bernardo. Todos ellos iban destinados a proyectos y actividades concretas.

 

Hoy les escribimos esta carta como un leve reflejo de lo mucho que dio de si la reunión del día 23 de enero.

 

 

Queridos amigos/as Universitarios/as Cooperantes

 

El sábado, día 23, en la reunión con vosotros/as, pude comprobar la gran ilusión con que marchasteis a Centro y Suramérica, porque vi, por un lado la satisfacción de haber ido, pero por otro la pena y la frustración que os embargaba por no haber podido realizar los excelentes propósitos que todos llevabais en la mente y el corazón.

 

Cuantos vamos, sobre todo la primera vez, al Tercer Mundo, nos preocupa mucho hacer todo lo más posible por aquella gente. Cuando yo fui en 2003 por primera vez, me habían dicho que era importante enseñar lo más posible sobre el manejo de la apicultura: aunque sabía un poco del tema, me matriculé en un curso al efecto, dirigido por un excelente especialista, busqué información, leí libros, etc. Llegué a Guatemala y en 6 meses no vi una sola abeja, ni una colmena. Volví en 2006 y lo mismo. Volví en 2008 y lo mismo...

 

Me pasó igual que a vosotros. La primera vez estuve tres meses sin hacer nada, solo hacía ver y ver, pero el Tercer Mundo sí estaba haciendo mucho en mi. Aunque en los tres meses siguientes hice algunas cosas, fue mucho más lo que recibí que lo que aporté. A vosotros/as también os pasó algo parecido:

 

“La pobreza, el subdesarrollo, la incultura os impactó mucho más de lo que habíais imaginado”

 

Comprobasteis que la situación era mucho peor de lo esperado, y mucho más difícil de abordar. Como decíais: "nada parecido a lo que hay aquí: ahora sabemos lo que tenemos aquí".

 

Sabíais en teoría que la situación de la mujer era muy mala, lo más pobre y marginada, pero ver y oír a mujeres concretas abandonadas por el marido porque ella había alumbrado a un hijo discapacitado y que ella era la culpable por haber hecho algo malo en su vida, y por ello recibía ese castigo: esto una cosa es oírlo y otra verlo en la realidad. "Todas las noches muchos borrachos golpeaban a las puertas de sus casas: ábreme, ábreme, pero ellas no les abrían porque sabían que era para llevar una paliza". "Niños con una cabeza enorme y un cuerpo enano". "Las historias de cada familia no tienen nombre".

 

Ver y oír contar como hay niños discapacitados abandonados que no son alimentados para que se mueran. Otros permanecen atados a una cuerda hasta los 17 años. "No saben nada de nada, están totalmente abandonados".

 

 Habéis descubierto en vivo y en directo como las multinacionales son la causa de los empobrecidos y el dominio que ejercen sobre la tierra.

 

“Sufrir y sentir miedo por ver a vuestro lado tiroteos, violencia, asesinatos, muertes sin sentido, vida sin valor: allí la vida no vale nada"."Vi mucho miedo en la gente: a que te tiroteen, a que te maten, a que te quiten los hijos, a tener que andar escondido"."Te desaparecen y nunca más se sabe de ti"."Te matan los paramilitares, el ejército, la policía". "Se tienen miedo unos a otros". "No me atrevía a andar sola".

 

Comprobar la manipulación de la gente en todos los sentidos.

 

“Constatar la injusticia de matar a otro para quedarse con sus tierras. Yo conocí el caso de una madre que envenenó a su hermano para quedarse con sus tierras, porque aquella tierra del hermano era cuestión de vida o muerte para ella y sus hijos”.

 

También algunos/as caísteis en la cuenta de los factores tan negativos que tuvo en muchos casos la colonización de América.

 

Descubristeis la enorme desigualdad que hay dentro del tercer mundo: el lujo para el turismo y casi al otro lado de la calle la miseria absoluta.

 

Habéis visto que es muy difícil cambiar la situación, que hay falta de oportunidades y gente que no tiene acceso a nada, y por contra "reciben información de un mundo al que nunca van a poder llegar".

 

Visteis huir a la gente de sus tierras, tener que abandonarlas y pasar incluso a otro país porque les afectaba la fumigación con glifosato de las plantaciones de marihuana.

 

También os llamaron la atención las agresiones al medio ambiente y las montañas de basura al lado de las carreteras.

 

Pero todo esto que parece muy negativo no lo es tanto. Es muy negativo para ellos, es una tragedia, pero tuvo aspectos muy positivos para vosotros:

 

Os ayudó a conocer en vivo y en directo, la dramática situación del Tercer Mundo. Estas vivencias permanecerán para siempre en vosotros/as. Esta experiencia ya os está ayudando a ver la vida de otra manera, a hacer una valoración distinta de las cosas.

"A mi me ha aportado más reflexión y madurez. Ahora valoramos mucho más lo que tenemos. Ahora doy Importancia a cosas que no la tenían, y otras que tenían más ahora tienen menos".

 "El sistema que tenemos de vivir en el Primer Mundo, a mi ya no me sirve".

 "Tenemos que trabajar aquí para cambiar esta sociedad, porque aquí está la causa del problema del Sur".

Habéis comprobado como la pobreza es mucho más que no tener alimentos, es global, abarca múltiples dimensiones: vivienda, salud, derechos, enseñanza, comunicaciones, soledad, inseguridad, impotencia, tristeza, frustración, toda clase de abusos...

Todo este gran bagaje de experiencias que traéis dentro, como os decía muy bien Rafael Palacios, os servirá para ejercer una influencia positiva de transformación en vuestro entorno, y cuando estéis trabajando profesionalmente enfocaréis vuestro trabajo con más responsabilidad, con más preocupación por los demás, ejerceréis una sensibilización en la sociedad; incluso si trabajáis en la administración o en la política haréis las cosas con más sentido del compromiso por la construcción de una sociedad mejor.

Un abrazo muy cordial para todas/os.-Faustino

 

 

 

TAMBIÉN HABÍA SACERDOTES Y RELIGIOSAS

         En las informaciones que dieron los medios de difusión sobre la atención a los familiares de las víctimas de la espantosa catástrofe de un avión de la compañía Spanair en el aeropuerto de Barajas el pasado 20 de agosto, no se mencionaba para nada la presencia de sacerdotes en esa difícil y encomiable tarea de acompañar, ayudar a sobrellevar el dolor, mitigar la angustia e intentar prestar las atenciones de buen samaritano a los seres queridos de las 124 victimas mortales y de los más de 20 heridos de la tragedia, en unos momentos en que no sabían a ciencia cierta qué había sido de ellos o posteriormente en la terrible espera para poder identificar los cadáveres desfigurados de los fallecidos.

 

         Como muestra de lo que digo, el diario La Nueva España,- nada sospechoso de animadversión a la Iglesia-, en la página 36 de la edición para el centro de Asturias del 22 de agosto, daba una pequeña nota, que decía: “Más de 2.700 personas, entre policías, bomberos, psicólogos y otros profesionales, han participado en las tareas de salvamento y asistencia a las víctimas del accidente. Según los datos facilitados por el Gobierno, el contingente más destacado es el movilizado por Cruz Roja, que tiene un total de 475 voluntarios dedicados a tareas de asistencia a los familiares de las víctimas”.

 

         Después se supo que, desde el primer momento, muchos sacerdotes y religiosas acudieron espontáneamente el aeropuerto para estar cerca de los familiares que iban llegando, con el fin de ayudarlos en esos momentos tan dramáticos. Posteriormente fueron también bastantes los sacerdotes de las diversas localidades de donde procedían las víctimas, que acudieron a Madrid con los familiares de estas, entre ellos  Francisco Cases y Andréu, Obispo de Las Palmas,- diócesis de donde provenía el mayor número de los pasajeros accidentados-, que el día 23 concelebró la Eucaristía por las víctimas del accidente, junto con el Obispo auxiliar de Madrid, Cesar Franco, y 18 sacerdotes, en la Institución Ferial de Madrid (IFM), a donde acudían los familiares para reconocer los cadáveres de los fallecidos.

 

         He querido hacer esta precisión de que también había sacerdotes y religiosas entre las muchas personas que prestaron ayuda a los familiares de las víctimas de la tragedia, porque hay una tendencia a ignorar todo lo que suponga una actitud positiva de la Iglesia, de la que sí se destacan los aspectos negativos, como pudiera ser la nefasta e intolerable conducta de algún sacerdote pederasta.

 

Alberto Torga y Llamedo

Sacerdote jubilado en Nava

 

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EL SACRAMENTO DEL PERDÓN

 

        En el número correspondiente al 1 de abril de la hoja diocesana “Esta Hora”, leí un titular sugerente, que luego se tradujo en un fiasco. Fue una especio de parto de los montes: “Parturiunt montes et nascitur ridiculus mus” (se ponen de parto los montes y nace un insignificante ratón).

          El título del artículo era “La Penitencia a examen”, con el subtítulo “Preocupación por el estado del Sacramento”. En él se hablaba de que del 3 al 8 de marzo se ha celebrado en el Vaticano el “Curso sobre el fuero interno”, organizado por el Tribunal de la Penitenciaría Apostólica de la Santa Sede para dar a la Iglesia “confesores más formados”, capaces de superar las dificultades que el sacramento tiene que afrontar.

          Me llevé una tremenda decepción, pues, aparte de una investigación sociológica de la Universidad Católica del Sagrado Corazón de Italia, en la que se constataba que en ese país el 30% de los fieles no considera necesaria la presencia de los sacerdotes en los confesonarios-, no hablaba para nada de la profunda crisis en que se encuentra este sacramento.

          Vaya por delante que yo sigo confesándome, por lo menos una vez al año en ejercicios espirituales, y que durante mi etapa activa como Párroco de la Misión Católica de Lengua Española de Nürnberg me sentaba todos los domingos media hora antes de la Misa en el confesonario. 

         Pero el resultado era decepcionante: Últimamente se acercaban al confesonario 5 ó 6 españoles y unos 12 latinoamericanos a lo largo del año. Y en otras ciudades, unos 20 latinoamericanos en Erlangen y unos 12 en Regensburg (Ratisbona).

          Aquí en España la situación es parecida: durante la Cuaresma, el viernes de Dolores, he estado ayudando a confesar en mi parroquia natal, otrora muy piadosa. Éramos 4 sacerdotes y a mi confesonario se acercaron 22, lo que supone que en total se confesaron unas 90 personas.

          También asistí a una celebración comunitaria del Sacramento del Perdón, con absolución general,  en otra parroquia, y la iglesia estaba a rebosar. Al final dos familiares muy cercanos que me acompañaron salieron encantados de la celebración y lo mismo se notaba en los demás asistentes con los que hablé.

          Estoy convencido de que la confesión privada ha tocado fondo, como ocurrió con otras formas del Sacramento del Perdón a lo largo de la historia de la Iglesia, y que no hay manera de revitalizarla, por más que la Jerarquía utilice la táctica del avestruz, negándose a reconocer la realidad.

          Por otra parte, los avances en la Iglesia,  tanto en el estudio de la Sagrada Escritura como en la Teología o en la Pastoral, han sido siempre obra de pioneros que fueron abriendo nuevos caminos, pese a ser tildados de herejes o de sospechosos de herejía durante un tiempo por Roma. Estoy pensando en el celebre escriturista Lagrange, a quien debemos la base de los grandes avances que hemos dado últimamente los católicos en la comprensión de la Biblia.

 Según la más rancia y clásica Teología, sólo tenemos obligación de confesar los pecados mortales, dado que los “veniales” se perdonan con cualquier obra buena, como la participación en la Eucaristía o la visita a un enfermo. Pero estoy convencido de que un cristiano normal,- el que frecuenta nuestras iglesias-, ordinariamente no comete ningún pecado “mortal”, dado que éste supone la ruptura de la opción bautismal, de la amistad con Dios. Un hijo podrá tener discusiones con su padre y causarle a éste más de un disgusto, pero eso no supone, ni mucho menos, que rompa con él.

         En los manuales de Teología Moral que estudiábamos en los seminarios los sacerdotes de mi generación, se presentaba un catálogo de pecados “mortales” como para echar a correr: perder la Misa un domingo, dejar de rezar una de las horas del breviario por parte de un sacerdote, soltar una blasfemia o comulgar habiendo bebido agua después de las doce de la noche (esto último antes de la reforma del ayuno eucarístico que se realizo en los años cincuenta del siglo pasado).

        Y se decía también que, mientras en los demás pecados se admite la “parvedad de materia”, -que deja el pecado en venial-, en materia del sexto mandamiento todos los pecados son “mortales”, supuesta la plena advertencia y el consentimiento perfecto.

 No tiene que extrañar que, ante semejantes aberraciones, los católicos de a pie fueran poco a poco alejándose de la práctica de la confesión privada, hasta llegar a la época actual, en la que nos encontramos ante el final de un modo de realizar el Sacramento del Perdón, que está pidiendo a gritos otra manera de hacer llegar la misericordia de Dios a sus hijos pecadores.

 Uno de esos caminos me parece que podría ser la celebración comunitaria del Sacramento del Perdón, con absolución general, como ya se viene haciendo en muchas parroquias de Asturias, de España, de Europa y del resto del mundo, pese a las resistencias de la Jerarquía.

 Pienso que sería muy provechoso que en la Conferencia Episcopal dedicaran una sesión monográfica a estudiar una salida pastoral a la crisis que esta atravesando hoy el Sacramento del Perdón para presentarlo en Roma, donde estoy seguro que otros episcopados ya han presentado sus propuestas.

 

Alberto Torga y Llamedo

                                          Sacerdote jubilado en Nava

        

 

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Me duele Valdediós

 

         Me duele Valdediós. Me da mucha pena que desaparezca la comunidad cisterciense del monasterio por decisión de Roma. Pero, como muy bien apostillaba el periodista Javier Morán, “de Roma ha venido lo que a Roma ha ido”.

         De muchos era conocido que el priorato de Valdediós tenía dificultades para mantenerse, dada la escasez de vocaciones, y que habían solicitado la incorporación del monasterio a la orden trapense, que procede del mismo tronco benedictino y que había prometido estudiar la petición en el capítulo general que se celebrará el próximo septiembre. Pero no se esperó a esa posible solución

         Parece que la diócesis tiene interés en que venga a Valdediós una congregación francesa creada en 1975, denominada Comunidad de San Juan, que cuenta con numerosos miembros.  Quiera Dios que no ocurra como con los extravagantes Heraldos del Evangelio, a los que se les confió la Escolanía de Covadonga, de la que luego desaparecieron misteriosamente sin que se diese ninguna explicación oficial.

         Me duele Valdediós, porque en aquel viejo caserón pasé dos años felices de mi adolescencia, los cursos 1946-47 y 1947-48, pese al hambre, al frió, a los sabañones y a las carencias de todo tipo.

         El frío lo combatíamos, entre clase y clase, a base de patadas y de entradas duras, jugando con una pelota de goma en el claustro de abajo. Y el hambre, a base de las manzanas con las que salíamos “atacados” de la pomarada, a la que habíamos lanzado el balón con toda intención desde el campo de fútbol. Luego, por la noche, en la iglesia, Don Blas,- el padre espiritual que luego fue más de 30 años párroco de Nava, mi tierra-, nos preguntaba en el examen de conciencia: “¿Has entrado en la pomarada?” Los aludidos nos mirábamos de reojo de una manera  cómplice, a la vez que decíamos por lo bajines: “¡Que remediu!”

         Recuerdo las extraordinarias clases de Latín y de Literatura Española de Don Juan-Bautista, al que una gran nevada le impedía un viernes por la tarde volver a su parroquia de San Pedro Ambás. Como a mí me había visto unas botas de caña, me las pidió. Yo se las presté complacido, pero se vio negro para calzarlas. Al lunes siguiente, volvió con ellas en la mano, calzando madreñas y diciéndonos a los alumnos que, al llegar a la rectoral, había tenido que llamar a un feligrés para ayudarle a descalzarlas.

         Me duele Valdediós, el caserón ahora restaurado, donde pasé dos años muy felices con condiscípulos inolvidables, cuando era seminario menor. Pero me duele, sobre todo, la pena que el prior Gilbert y sus tres compañeros están sufriendo en silencio.

 

Alberto Torga y Llamedo

Sacerdote jubilado en Nava

 

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François Houtard en la ONU

ASAMBLEA GENERAL DE LAS NACIONES UNIDAS.

PANEL SOBRE LA CRISIS FINANCIERA   (30-10-2008)

 

NOTA PREVIA: El escrito que figura a continuación tiene origen en cuatro fuentes:

            -La mayor parte en un escrito entregado por Houtard en las Jornadas de las Comunidades de Base.

            -Una charla que el mismo Houtard impartió en dichas Jornadas.

            -Diversas Ponencias e intervenciones del VI CONGRESO DE LA SIBI (18-21 DE MAYO DE 2009)

            -Algunas consideraciones y reflexiones al hilo de estos documentos.

 

PRIMERA PARTE:

El mundo requiere alternativas y no solo regulaciones. No es suficiente rehabilitar un sistema, se trata de transformarlo. No se trata de reparar una máquina, sino de hacer otra nueva. Es un deber moral y para comprenderlo, adoptar el punto de vista de las víctimas. Permite a la vez hacer una constatación y expresar una convicción: se trata de una crisis financiera, pero es eso y mucho más. Es una crisis financiera, alimentaria, energética, hídrica, climática, social, que proviene de una causa común: la asimetría de una minoría que se enriquece especulativamente, frente a una minoría que se empobrece, porque esa minoría lo convirtió todo en objeto de mercado, tanto los bienes particulares como los bienes universales: agua, tierras, energías, salud, educación, especies, alimentos, transportes, cultura, tecnologías, etc.

            Todo se convierte en objeto de dinero que es el dios del neoliberalismo, al cual es lícito sacrificarlo todo para que cada día sea más dios convertido todo lo demás en sacrificio oblativo a si mismo. Por ejemplo, la crisis de alimentos fue puramente especulativa: hacer más dinero. La Bolsa de Chicago, donde se negocia el mercado de futuros de los alimentos, repentinamente decidió un alza del 100 x 100, lo que instantáneamente enterró bajo el umbral de la pobreza a 95 millones de personas de 2007 a 2008. La crisis alimentaria es coyuntural: tuvo como objetivo hacer más dinero, de tal manera que las ganancias millonarias que se obtenían durante el día en Chicago, se trasferían por la noche, vía telemática, a paraísos fiscales (Islas Caimán), para evadir los impuestos de EE.UU.

             Esto se acentuó sobre manera desde hace unos 30 años, acompañado de una desaparición progresiva de la agricultura campesina y la implantación de grandes granjas, invernaderos, monocultivos y modificaciones genéticas, para producir más con menos costo y aumentar el diferencial de precio de origen a destino y obtener mayores ganancias. Así los supermercados están saturados de productos que recorren miles de kilómetros  hasta llegar al consumidor con el correspondiente costo de transporte, la contaminación ambiental del mismo, y propiedad a su vez del comercializador que ejerce el monopolio total desde el origen de la producción hasta el consumo final: hemos pasado de una agricultura campesina, rural, empleadora, sana, ecológica, autosustentable y diversificada, a una agricultura capitalista, industrial, excluyente, artificial, adulterada, química, ecocida, unificada y de cultivos genéticamente modificados.

             La crisis energética fue especulativamente provocada para ganar mucho dinero en poco tiempo, porque los recursos hasta ahora (petróleo y gas) tienen  los años contados: hasta el 2050 aproximadamente. El carbón podrá durar unos 200 años. El desarrollo capitalista se sustentó en una energía barata, en la expropiación de tierras para obtener energía fósil, la expulsión de campesinos, etc.[1]. De ahí surge la búsqueda de nuevas energías, pero la agroenergía no es una solución para el clima porque produce también mucho CO2, y solo soluciona parte del consumo: del 5 al 10 %, y podría llegar a alcanzar como máximo el 30 %, pero a base de cultivar enormes cantidades de suelo con la expulsión de esos territorios de unos 200 millones de campesinos. Si no es la solución, ¿por qué ese empeño en la agroenergía? Fundamentalmente por un lavado de imagen de las petroleras, y así aparecer como benefactoras del medio ambiente.

            Por un lado estamos aumentando la producción de CO2, pero por otro agravamos el problema destruyendo los absorbedores de carbono, como las selvas (la amazonía se está deforestando a  razón de 27000 Km2 cuadrados por año). Por otra parte la vegetación marina de los océanos está perdiendo actividad a causa de la contaminación de sus aguas, con lo que disminuye la absorción de CO2.

             Si la temperatura aumenta unos 2 grados, desaparecerían el 30 % de las especies, con lo cual la Zona Tórrida quedaría despoblada, provocando la migración de 150 a 200 millones de MIGRANTES CLIMÁTICOS. Si esa temperatura sube un poco más se multiplicarían los incendios (más CO2, más temperatura, más incendios, más CO2: progresión geométrica). Según Nicolás Stern, colaborador del BM, los cambios climáticos son el mayor fracaso de la historia de la economía de mercado, o sea, del neoliberalismo capitalista, causante de la devastación climática y  ambiental.

             Este conjunto de problemas no está siendo tomado en consideración por el neoliberalismo. Estamos ya agotando las posibilidades de que el planeta tierra pueda reconstruirse, y más si no cambiamos urgentemente de comportamiento[2].

 

La constatación:

             Cuando 1100 millones de personas viven bajo la línea de pobreza (en pobreza extrema, con menos de 1 € al día), y que su número aumenta; cuando cada 24 horas decenas de millares de personas mueren de hambre, una cada segundo, y cada 8 segundos muere un niño de sed; cuando desaparecen día tras día etnias, especies[3], modos de vida, culturas, poniendo el patrimonio de la humanidad en peligro; cuando el clima se deteriora y surge la pregunta de si vale la pena vivir en Nueva Orleáns, en El Salvador, en el Sahel, en las islas del Pacífico, en Asia Oriental o en la orilla de los océanos, no es posible aceptar que se trata solo de una crisis financiera.

            Las consecuencias sociales de esta crisis se sienten ya más allá de las fronteras de su propio origen: desempleo, vida costosa, exclusión de los más pobres, vulnerabilidad de las clases medias y ampliación de listado de las víctimas. Seamos claros: no se trata solo de un accidente en el recorrido o del abuso cometido por algunos actores económicos que requieren ser sancionados; estamos confrontados a una lógica que atraviesa toda la historia económica de los últimos dos siglos. De crisis a regulaciones, de desregulaciones a  crisis, el desenvolvimiento de los hechos responde siempre a la presión de las tasas de ganancia: en aumento se desrregula, en disminución se regula, pero siempre a favor de la acumulación de capital, definida como motor del crecimiento. Lo que se vive hoy no es, pues, nuevo.

             Sin embargo la burbuja financiera creada durante los últimos decenios, gracias entre otros factores, al desarrollo de nuevas tecnologías de información y comunicaciones, ha sobredimensionado todos los datos del problema[4]. La economía se vuelve cada vez más virtual, y las diferencias de ingresos han aumentado exageradamente. Para acelerar las tasas de ganancia, una arquitectura compleja de productos derivados ha sido puesta en marcha y la especulación se ha instalado como un Modo de operación del sistema económico[5]. Y lo nuevo es que todos los desequilibrios que se viven hoy mundialmente convergen en una misma lógica: MAS PARA LOS QUE MAS TIENEN, MENOS PARA LOS QUE MENOS TIENEN.

            El modo de vida de las clases superiores y medias se construyó sobre el derroche energético, sin medir las consecuencias sociales y climáticas, privilegiando el valor de mercado sobre el valor de uso. Ahora que la crisis amenaza con perjudicar seriamente la acumulación de capital, la economía neoliberal de mercado está de acuerdo en buscar soluciones, pero a condición de mantener el nivel de tasas de ganancia y que las mismas sean soportadas por las colectividades e individuos, preocupándose solo del 20 % de la población que tiene capacidad de consumir y así sostener el sistema, pero dejando al 80 % de la humanidad en el abandono y muchas veces en la desesperación.

             La alternativa empieza por constatar la realidad que movilice a la sociedad mediante la toma de conciencia crítica e historia de la situación en que estamos, y de conciencia política que una a todos en la finalidad de luchar por la liberación, mediante un combate que será duro y proporcional  al rechazo del cambio necesario que vendrá de parte de los poderes constituidos en torno al neoliberalismo.

            

     


[1] Ver lo que cuenta Leonardo Boff en Ecología, grito de la tierra, grito de los pobres (Ed.Trotta) sobre deforestación en la selva amazónica. Está preparada una síntesis de este interesante  libro para envío por E-mail a posibles interesados.

[2] El esplendor que tenía la selva amazónica (el pulmón de la tierra) hace tan solo un siglo, tardará muchos más en recuperarlo, suponiendo que la dejemos en paz, cosa que no estamos haciendo.

[3] Se calcula que en 1990 desaparecían 10 especies por día, y en 2006 una por hora.

[4] En muy pocas horas el dinero puede pasar de Tokio a Londres, de Londres a Chicago, de Chicago a Frankfurt, etc.

[5] En el decenio 1970-1980 se acaban los cambios fijos del dólar, se liberalizan los movimientos internacionales de capital, se incrementa el endeudamiento del Estado (bonos), se produce la crisis petrolífera (Guerra del Golfo), aumenta la deuda externa con muchos problemas para los países del Sur, porque los bancos del Norte fueron a colocar en ellos los excedentes financieros de los emiratos árabes. Además esos países del Sur emplearon mal ese dinero (armas, obras faraónicas sin valor social, enriquecimiento personal de los gobernantes...). Al mismo tiempo los países del Norte redujeron a los del Sur el precio de las Materias Primas, los EE UU elevaron las tasas de interés para atraer capital, los del Sur se vieron abocados a pagar los plazos vencidos y los intereses acumulados y como no podían pagarlos se incrementaba más y más la deuda, hasta que México en 1982 se declaró insolvente. Ante el miedo a la insolvencia generalizada intervino el FMI obligando a este y a otros países (Argentina, Brasil, El salvador) a una privatización salvaje del patrimonio colectivo en beneficio exclusivo de los operadores (bancos) privados internacionales. El FMI se convirtió en el guardaespaldas de los poderosos.

 

 

Segunda parte del documento de François Houtard


ARTICULACIÓN DE SOLUCIONES.
Aportaciones del François Houtard, y otras consideraciones:


Desde luego, el lenguaje apocalíptico no es portador de acción. Pero una constatación de la realidad puede conducir a reaccionar. (La conciencia crítica e histórica movilizan las personas y la conciencia política las une en la finalidad de luchar por la liberación). La búsqueda y la puesta en marcha de alternativas es posible, pero no sin condiciones. Suponen, en primer lugar, una visión a largo plazo, la utopía necesaria; después medidas concretas, escalonadas en el tiempo, y finalmente, actores sociales portadores de proyectos, en el marco de un combate cuya dureza será proporcional al rechazo del cambio (por parte de los poderes constituidos en toro al neoliberalismo).


La visión de largo plazo puede articularse alrededor de unos ejes mayores. En primer lugar, un uso renovable y racional de los recursos naturales, lo que supone otra filosofía de la relación con la naturaleza: no más explotación sin límites de una materia, el objeto en este caso de la ganancia, sino el respeto de lo que es fuente de vida. Las sociedades del socialismo llamado real, poco innovaron en esta materia.


En segundo lugar, privilegiar el valor de uso sobre el valor de cambio, lo que significa otra definición de la economía: no más producción de un valor añadido, fuente de acumulación privada, sino la actividad que garantiza las bases de la vida, material, cultural y espiritual de todos los seres humanos en todo el mundo. Las consecuencias lógicas son considerables. Desde este momento, el mercado sirve de regulador entre la oferta y la demanda, en vez de incrementar las tasas de ganancias de una minoría. El derroche de materias primas y de energía, la destrucción de la biodiversidad y de la atmósfera, son enfrentadas, tomando en consideración las "externalidades" ecológicas y sociales. Las prioridades de la producción de bienes y servicios cambian de lógica. Un tercer eje es la generalización de la democracia, no solo aplicada al sector político por una democracia participativa, sino también dentro del sistema económico, en todas las Instituciones, y entre los hombres y las mujeres (Democracia global). Una concepción participativa del Estado se deriva necesariamente de esto, así como una reivindicación de los derechos humanos en todas sus dimensiones, individuales y colectivas. La subjetividad vuelve a encontrar un lugar.


Finalmente, el principio de multiculturalidad entra a complementar estos tres ejes. Se trata de permitir a todos los saberes, aún tradicionales, de participar en la construcción de alternativas, a todas las filosofías y las culturas, quebrando el monopolio de la occidentalización, a todas las fuerzas morales y espirituales capaces de promover la ética necesaria. Entre las religiones, la sabiduría del hinduismo en su relación con la naturaleza, la compasión del budismo en sus relaciones humanas, la búsqueda permanente de la utopía del judaísmo, la sed de justicia en la corriente profética del islán, las fuerzas emancipadoras de una teología de la liberación en el cristianismo, el respeto de las fuentes de vida en el concepto de la madre tierra de los pueblos autóctonos de América Latina, el sentido de solidaridad expresado en las religiones de África, constituyen las contribuciones potenciales importantes, en el marco evidentemente de una tolerancia mutua garantizada por la imparcialidad de la sociedad política.
 
Utopías solo utopías! Pero el mundo necesita utopías, a condición que estas se traduzcan en la práctica. Cada uno de los principios mencionados es susceptible de aplicaciones concretas, que ya han sido objeto de propuestas de parte de numerosos movimientos sociales y de organizaciones políticas. La nueva relación con la naturaleza significa, entre otros, la recuperación por los Estados de la soberanía sobre sus recursos naturales y la no apropiación privada; el cese de monocultivos y la revalorización de la agricultura campesina, la ratificación y la intensificación de las medidas de Kyoto y de Bali sobre el clima.


Privilegiar el valor de uso conlleva a la no mercantilización de los elementos indispensables para la vida: las semillas, el agua, la salud, la educación; el restablecimiento de los servicios públicos; la abolición de los paraísos fiscales; la supresión del secreto bancario; la anulación de las deudas odiosas de los Estados d Sur; el establecimiento de acuerdos regionales, no sobre la base de la competitividad sino de la complementariedad y de la solidaridad; la creación de monedas regionales, el establecimiento de multipolaridades y muchas otras medidas todavía. La crisis financiera constituye una ocasión única de poner en práctica estas medidas.


Democratizar las sociedades pasa por la organización de la participación local desde la gestión de las materias económicas y hasta la reforma de las Naciones Unidas. La multiculturalidad se expresa por la abolición de las patentes sobre el sabe por la liberación de la ciencia del dominio de los poderes económicos, por la supresión del los monopolios de la información, por el establecimiento de la libertad religiosa.
 
Pero ¿quien será el portador de este proyecto? Es verdad que la genialidad del capitalismo es que transforma sus propias contradicciones en oportunidades: “Cómo el calentamiento global puede hacerle rico?”, se podía  leer en una publicidad del US Today al principio de 2007. El capitalismo podría llegar a renunciar a sus propios principios? Es evidente que no: solo una nueva relación de poderes lo logrará, lo que no excluye que actores económicos contemporáneos se adhieran. Pero una cosa es clara: el nuevo actor histórico portador de proyectos alternativos es hoy plural. Son los obreros, los campesinos sin tierra, los pueblos indígenas, las mujeres primeras victimas de las privatizaciones, los pobres de las ciudades, los militantes ecologistas, los migrantes, los intelectuales vinculados a movimientos sociales: su conciencia de ser actor colectivo empieza a emerger. La convergencia de sus organizaciones está apenas empezando y a menudo faltan todavía relaciones políticas. Algunos Estados, especialmente en América latina, han creado ya condiciones para que las alternativas nazcan. La duración y la intensidad de las luchas de estos actores sociales dependerán de la rigidez del sistema vigente y de la intransigencia de sus protagonistas. Ofrézcanles entonces, dentro de las Naciones Unidas, un espacio para que puedan expresarse y presentar sus alternativas. Eso será su contribución a la inversión del curso de la historia, indispensable para que el género humano vuelva a encontrar un espacio de vida y pueda. de esta manera, reconstruir la esperanza.
 
OTRAS CONSIDERACIONES:


1ª.-Una parte importante de la crisis la causaron las prácticas corruptas de los banqueros. Ellos mismos son corruptos y corruptores. El sistema financiero tenía ganancias enormes a base de corrupción. Por tanto deben asumirla, digerirla y sanearla, resarciendo a las víctimas de la misma. Las multinacionales van a una con los banqueros y a una deben responsabilizarse y cambiar radicalmente, dejando de contaminar, explotar y sobornar (como el expresidente Bush que pagaba 10.000 $ a cada periodista que escribiese en contra del protocolo de Kioto).


2ª.-Regular el sistema económico como se hizo en la crisis del 29, dando al Estado más poder y capacidad de control de los recursos financieros. Ahora el capital acepta la regulación del Estado, pero a condición de que respete la economía de mercado.


3ª.-Actitud de respeto y cultivo de la naturaleza: la naturaleza puede vivir sin los seres humanos, pero estos no pueden vivir sin ella. Por tanto fuera patentes genéticas y monocultivos que destruyen la diversidad con posibles peligros irreversibles.
 
Hoy es irrenunciable tomar muy en consideración la interdependencia geográfica, generacional, y entre recursos genéticos, tecnología y bioética.
 
La Bioética es la norma moral que permite a los científicos, a los políticos y a la población en general decidir los objetivos a perseguir. En otras palabras, mientras las Biotecnologías nos muestran lo que es posible obtener mediante el uso de la Biodiversidad, la Bioética nos ayuda a decidir lo que es deseable, si nos proponemos construir un mundo mejor y sin hambre.


Consecuencia necesaria: la Biogenética y las Biotecnologías tienen que caminar juntas e inseparables de la Bioética. Las Biotecnologías son una herramienta y la Bioética la fuente de principios morales y éticos que controlen aquellas en función del bienestar integral de la humanidad y la naturaleza.


4ª.-El neoliberalismo quiere mercantilizarlo y privatizarlo todo, para negociar con todo: solo le interesa el valor de cambio. Por tanto el valor de uso ha de primar y estar siempre sobre el valor de cambio, por ejemplo, en la sanidad, la enseñanza, la seguridad social, los servicios básicos, la cultura, etc. (El Vicepresidente Cheney decía que la sanidad y la salud no son un derecho universal, son un derecho que se compra ¡¡¡!!!).

 
5ª.-Eliminar los paraísos fiscales. Los grandes financieros dicen que están de acuerdo, pero a condición de no tocar los paraísos fiscales anglosajones.


6ª.-Es necesario regenerar los sindicatos obreros porque también están muy contaminados de “cultura” neoliberal. No se puede tener la cabeza a la izquierda y el bolsillo a la derecha. Es muy peligroso que el oprimido se identifique con el opresor (este lo busca), y el opresor se convierta para el oprimido en su modelo de hombre.


7ª.-Hay que apoyar a los países de América Latina que están dando muestras de resistencia al neoliberalismo y definirse claramente por un nuevo paradigma que dé un giro en profundidad a la marcha de la humanidad.


8ª.-Desde la opción de creyentes en Jesús de Nazaret el compromiso a tomar es indiscutible: El, de obra y de palabra, adoptó una posición crítica radical contra los detractores del bien social en todo los órdenes: político, social, económico, religioso, cultural, étnico, y por eso fue rechazado, perseguido y asesinado por todos los poderes opresores del pueblo. Jesús era subversivo con lo que hacía y decía contra toda clase de poder opresor establecido, y por eso lo mataron. Su muerte fue un asesinato. La Iglesia, y más la oficial, necesita retomar urgentemente este camino por el bien de la humanidad. En el devenir histórico se ha ido muy lejos de Jesús de Nazaret.


Faustino Vilabrille Linares.-Foro Gaspar García Laviana

 
 

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HONDURAS

Una realidad recorre América Latina.

 

Hoy el cielo despertó gris y llorando a cantaros, tanto Tegucigalpa como en Chile. En Tegucigalpa, porque nuevamente las Fuerzas Armadas se pusieron al servicio de la mafia burguesa para arrebatar la posibilidad de elección y consulta del pueblo. En Chile, por la impotencia y el recuerdo amargo.

 El Presidente Constitucional de la República de Honduras, Manuel Zelaya, fue arrancado a punta de fusil de su habitación, de su casa, de su país y de su pueblo. Tan solo se le ocurrió hacer una consulta, no vinculante, sobre la posibilidad de someter a criterio de las mayorías en las próximas elecciones de noviembre la opción de convocar a una Asamblea Constituyente.

 En términos técnicos, lo que Manuel haría este domingo 28 de julio sería una encuesta aplicable a todo el universo de población votante. No era nada más que eso. Un ejercicio estadístico.

 Imagínense si durante su gobierno se le hubiese ocurrido realizar alguna reforma económica importante. Fusilamiento por traición a la elite política y a la burguesía le hubiesen “decretado”.

 Sí, digo “decretado” porque, los golpes del siglo XXI vienen maquillados de fundamentos y pelucas jurídicas. Púes, la Corte Suprema de Justicia asumió abiertamente que “El poder judicial deja constancia de que sí, el origen de las acciones del día de hoy (domingo) están basadas en una orden judicial emitida por juez competente, su ejecución está enmarcada dentro de los preceptos legales". En otras palabras, en América Latina se dicta un nuevo precedente, a saber, ahora en adelante los Golpes de Estado se dictan mediante resolución legal del Poder Judicial y, como siempre, son ejecutados por las Fuerzas Armadas.

 Por su parte, el Congreso en pleno -incluyendo al propio partido de Manuel Zelaya, el Partido Liberal- resuelve nombrar como nuevo presidente a Roberto Micheletti, presidente del “honorable” poder legislativo. Ellos, tan “honorables”, dan cátedra de respeto a las órdenes emitidas por el Poder Judicial. Se suman festivos al Golpe de Estado.

 Una colusión tan antigua como la traición al pueblo se dio lugar nuevamente: Burguesía, Poder Judicial, Poder Legislativo y Fuerzas Armadas son el esperpento de cuatro brazos, más perfeccionado y fino, que la intervención imperialista ensaya para la desestabilización de la Patria Grande y cuyo objetivo final es Venezuela. Debemos estar atentos y responder con solidaridad y fuerza, mucha solidaridad y mucha fuerza para que el ensayo salga mal.

 En tanto en Chile, las reacciones no se hacen esperar. La solidaridad con Manuel Zelaya y el pueblo de Honduras ha sido expedita. Todos condenan el Golpe de Estado: Gobierno, Concertación, izquierdas, derechas y organizaciones de Derechos Humanos, lo que es bueno. Pero para algunos siempre habrá algo de futuro que cuidar en las condenas, están aquellos como Carlos Larraín -Presidente de Renovación Nacional, partido del candidato Presidencial de la derecha Sebastián Piñera- que condenan el Golpe de Estado “porque éste no se justifica”, así lo declaró hoy a La Tercera. Nótese la señal y el agravio sin vergüenza alguna.

 El Golpe al Pueblo de Honduras  es una doble maniobra; por un lado, están las elites económicas y los partidos políticos que ven amenazados sus intereses por el protagonismo y la fuerza del pueblo en los procesos de Democracia Participativa; por otro, están el imperialismo norteamericano y la derecha latinoamericana que se dan punta pies debajo de la mesa, ensayando así las formulas “legales” para intentar derrotar a los pueblos y evaluar la reacción de la comunidad regional, para saber cómo y cuándo será el momento para dar el golpe definitivo y terminar con esta ola de liberaciones nacionales en la Patria Grande.

 Concluyo entonces, aventurándome a señalar que, para Carlos Larraín hay Golpes de Estado que sí se justificarían: los que se hacen en Chile y los que habría que hacer en los países que empujan y sostienen el sueño, cada día más cercano, de la liberación definitiva de los pueblos y de la Patria Grande.

Ricardo Balladares. Miembro del Polo Izquierdo de la Memoria.


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Berlusconi y la Iglesia

Carta abierta de Paolo Farinella, cura de la diócesis de Génova, al presidente de la Conferencia Episcopal Italiana.

 

Sin la profecía sólo queda la complicidad

 

Estimado señor Cardenal Angelo Bagnasco:


Vivimos en la misma ciudad y pertenecemos a la misma Iglesia: usted como obispo, yo como cura. Usted es también el jefe de los obispos italianos, por lo que ha de dividirse en un 50% entre Génova y Roma. En Génova se dice que usted participa poco en la vida de la diócesis y probablemente en Roma dirán lo mismo pero en sentido contrario. Es el destino de los viajantes y de los cardenales a porcentaje. Con este documento público me dirijo al 50% del cardenal que es presidente de la CEI (Conferencia Episcopal Italiana), aunque también al 50% del cardenal que es obispo de Génova, porque las decisiones del primero afectan directamente al pueblo de su ciudad.


He leído su discurso a la 59ª Asamblea General de la CEI (24-29 de mayo de 2009), así como su conferencia de prensa del 29 de mayo de 2009. Me ha llamado la atención la delicadeza, casi el disgusto con el que ha tratado –o mejor dicho no ha tratado– la cuestión moral (¿o inmoral?) a la que se enfrenta nuestro país a causa del comportamiento del presidente del gobierno, algo que ya se ha demostrado de forma inequívoca: trato habitual con menores, perjurio sobre sus hijos, uso de la falsedad como herramienta de gobierno, planificación de la mentira en los medios de comunicación que controla, calumnia como arma política.


Usted y el secretario de la CEI han desleído las palabras hasta diluirlas en un caldito que incluso las novicias de un convento podrían beberse. Sin embargo, las acusaciones son graves y las fuentes fidedignas: la mujer acusa públicamente a su marido presidente del gobierno de «ir con menores», manifiesta que se le ha de tratar «como a un enfermo», lo describe como un «dragón al que hay que sacrificar vírgenes como ofrenda». Las entrevistas publicadas por un único (¡sic!) diario italiano en el desierto de la omertà (silencio) de todos los demás y de casi toda la prensa extranjera, han confirmado, más allá de cualquier duda, que el presidente del gobierno ha mentido descaradamente a la nación y sigue mintiendo sobre sus procedimientos judiciales, sobre la inacción de su gobierno y sobre su pedofilia. Una sentencia de un tribunal de primera instancia ha certificado que es un corruptor de testigos llamados a juicio y usa la mentira como instrumento ordinario de vida y de gobierno. Pese a ello, se jacta de moral católica: Dios, Patria, Familia. En una cadena de televisión complaciente ha transformado en algo privado un asunto público para utilizarlo con fines electorales, sin ningún pudor ético ni institucional.

Usted, señor Cardenal, presenta el magisterio de los obispos (y del papa) como garante de la Moral , centrada en la persona y en los valores de la familia; sin embargo, ni usted ni los obispos han dicho una sola palabra inequívoca sobre un hombre, jefe del gobierno, que ha llevado a nuestro pueblo al nivel más bajo de la degradación moral, avivando los instintos de seducción, fuerza/astucia y egoísmo individual. Los obispos asisten a la ruina moral del país ciegos y mudos, afónicos, escondidos tras una cortina de incienso que les impide ver la «verdad» que es la pura «realidad». Su actitud es reincidente, porque han utilizado el mismo lenguaje inocuo con los rechazos de los inmigrantes, que infringen todos los dictámenes del derecho, la Ética y la Doctrina Social de la Iglesia católica, con los que el gobierno suele llenarse la boca para complacerles, tomándoles así el pelo. Ustedes se han rasgado las vestiduras contra las parejas de hecho y las tutelas correspondientes, han hecho fracasar un referéndum en nombre de los supremos «principios no negociables» y ahora lo único que tienen que decir es que sus palabritas son «para todos», es decir, para nadie.


El pueblo creyente (de nuestro credo y de otros) se divide en dos clases: los desorientados y los resignados. Los primeros no entienden por qué no le han ahorrado reproches a Romano Prodi, intachable y católico practicante, mientras absuelven todas las inmoralidades de Berlusconi. ¿O es que no están dando una absolución previa, cuando tanto les interesa puntualizar que desde el punto de vista ético ustedes «hablan para todos»? Esa expresión vacía les permite no nombrar a nadie en particular y estar a las duras de la moral genérica (es decir, la inmoralidad) y a las maduras de los ingentes intereses en los que están implicados: en esa misma entrevista ha pedido usted más financiación para los colegios privados, relacionando así las dos cosas. ¿Podría ser una advertencia de que, si no llega la financiación, están dispuestos a abandonar al gobierno y a la actual mayoría que se mantiene gracias al voto de los católicos ateos? Son muchos los que están dejando la Iglesia y empiezan a hacer entrega del ocho por mil a otras confesiones religiosas: usted sabe sin duda que las aportaciones a la Iglesia católica no hacen más que disminuir; pero ha de saber que esa es una consecuencia directa del inexistente magisterio de la CEI , que ha transformado la profecía en diplomacia y la verdad en servilismo.

Los católicos resignados aún están peor, porque llegan a la conclusión de que, si los obispos no condenan a Berlusconi y al berlusconismo, significa que no es grave, y pasan por alto la acusación de pedofilia, los estilos de vida sexual con harén incorporado, el método de gobierno basado en la falsedad, la mentira y el odio al adversario con tal de vencer a toda costa. Los católicos le votan y las mujeres católicas se vuelven locas por un modelo de corruptela, cuyas televisiones y periódicos sin escrúpulos deforman moralmente a nuestro pueblo con «modelos televisivos» ignominiosos, pendencieros e inmorales.


A los ojos de nuestra gente ustedes, obispos taciturnos, son corresponsables y cómplices, tanto si callan como si, peor aún, intentan aminorar el alcance de las responsabilidades personales. El pueblo ha codificado este delito con un refrán: tan ladrón es el que roba como el que aguanta el saco. ¿Por qué le aguantan el saco a Berlusconi y a su indecente mayoría? ¿Por qué no levantan la voz para decir que nuestro pueblo es un pueblo drogado por la televisión, en un 50% propiedad personal del presidente del gobierno, que influye directamente sobre el otro 50% estatal? ¿Por qué no dicen ni una palabra sobre el conflicto de intereses que está aplastando la legalidad y los fundamentos éticos de nuestro país? ¿Por qué siguen fornicando con un hombre inmoral que predica los valores católicos de la familia y luego se divorcia, se vuelve a casar, vuelve a divorciarse y se rodea de menores para solazarse en su senil falta de virilidad? ¿Por qué no dicen que con hombres así no tienen nada que compartir como creyentes, como pastores y como garantes de la moral católica? ¿Por qué no le han condenado cuando rechazó a los inmigrantes, enviándoles a una muerte segura? ¿No es acaso el mismo hombre que hizo un decreto para salvar a toda costa la vida vegetal de Eluana Englaro? ¿No son ustedes mismos los que defienden la vida «desde su inicio hasta su conclusión natural»? ¿La vida de los negros vale menos que la de una blanca? ¿Hasta ese punto les ha contaminado la herejía de la Lega y del berlusconismo? ¿Por qué no dicen que los católicos que le respalden, de la manera que sea, son corresponsables y cómplices de sus crímenes, que también condena la ética natural? ¡Qué lejos están los tiempos en que San Ambrosio, en el año 390, impidió que Teodosio entrara en la catedral de Milán porque «también el emperador está en la Iglesia , no por encima de la Iglesia »! Ustedes adoran a un becerro de oro.


Yo y, créame, muchos otros creyentes pensamos que usted y los obispos han perdido su autoridad y han renegado de su magisterio porque actúan por interés y no por amor a la verdad. Por oportunismo, no por el evangelio. Un gobierno disipador y una mayoría, esclavos de un amo que dispone de ingentes capitales procedentes de «mammona iniquitatis», se han declarado dispuestos a atender cualquier petición económica que les hagan, según el principio de que cada hombre y cada institución tienen su precio. ¿La promesa implica su silencio que –todo hay que decirlo– es un silencio de oro? Cuando su silencio no aguanta ya la evidente ignominia de los hechos, ustedes, que en esto son hábiles, sopesan las palabras y lanzan mensajes subliminales, pero sin molestar demasiado a su destinatario: «zanjar, aplacar,… aplacar, zanjar».


Señor Cardenal, ¿se acuerda del conde tío de Los Novios? «Vea su paternidad; son cosas, como yo le decía, que han de morir aquí, que se han de enterrar aquí, cosas que si se remueven demasiado… es peor. Ya sabe su paternidad lo que viene después: esos choques, esos piques, comienzan a veces por una bagatela, y siguen, siguen… Si quiere uno saber su razón primera, o no se da con ella, o salen a relucir otros mil líos. Aplacar, zanjar, padre muy reverendo: zanjar, aplacar» (A. Manzoni, Los Novios, cap. IX). ¿Hemos de pensar que las acusaciones de pedofilia contra el presidente del gobierno y las mentiras comprobadas al país son una “bagatela” que se perdona con «cinco Padrenuestros, Avemarías y Glorias»? El ex presidente de la República , Francesco Cossiga, ha descrito la situación de una manera feroz y ofensiva para ustedes, que no le han desmentido: «A la Iglesia le importan mucho las conductas privadas. Pero entre un devoto monógamo [léase: Prodi] que se opone a algunas de sus directrices y un mujeriego que en cambio le echa una mano concreta, la Iglesia aplaude al mujeriego. Ecclesia casta et meretrix» ( La Stampa , 8-5-2009). Permítame traerle a la memoria un pasaje de un Padre de la Iglesia , el intachable San Hilario de Poitier, que ya en el siglo IV ponía en guardia contra las adulaciones y los regalos del emperador Constancio, el Berlusconi cesarista de turno: «Nosotros ya no tenemos un emperador anticristiano que nos persigue, sino que hemos de luchar contra un perseguidor aún más insidioso, un enemigo que adula; no nos flagela la espalda sino que nos acaricia el vientre; no nos confisca los bienes (dándonos así la vida), sino que nos enriquece para darnos muerte; no nos empuja hacia la libertad encarcelándonos, sino hacia la esclavitud invitándonos y honrándonos en su palacio; no golpea nuestro cuerpo, sino que se apodera de nuestro corazón; no nos corta la cabeza con la espada, pero nos mata el alma con el dinero» (Hilario di Poitiers, Contra el emperador Constancio 5).

Estimado señor Cardenal, en nombre de ese Dios que dice usted representar, denos una muestra de profecía, un susurro de evangelio, un relámpago veraniego de coherencia, de fe y de credibilidad. Si no puede hacerlo el 50% que le incumbe al presidente de la CEI «por intereses superiores», que lo haga por lo menos el otro 50% que le incumbe al obispo de una ciudad donde mucha, por no decir muchísima, gente se está alejando de la vida de la Iglesia debido a la moral elástica de los obispos italianos, basada en el principio de oportunismo, que es la negación de la verdad y del tejido conjuntivo de la convivencia civil.


Usted ha hablado de «emergencia educativa», que es también el tema propuesto para el próximo decenio, y se ha quejado de los «modelos negativos de la televisión». Supongo que usted sabrá que las televisiones no nacen bajo el arco de Tito, sino que tienen un propietario que es el jefe del gobierno y en ese doble papel condiciona los programas, la publicidad, la economía, los modelos y los estilos de vida, la ética y las conductas de las jóvenes a quienes sólo sabe ofrecer la perspectiva del «velinismo» (N.t. de velina = azafata televisiva) o, en segundo lugar, de parlamentario directamente dependiente del jefe que prodiga escaños en el parlamento como premios de fidelidad a quien demuestre ser más servicial, sobre todo si se trata de mujeres. Dicen las crónicas que el sultán se ha regocijado con su reacción porque se temía algo peor y, si lo dice él que es un experto, habrá que creerle. Ahora, alentado por la bendición de sus cosquillas, puede seguir dando rienda suelta a su audacia lasciva y a la trata de menores para inmolarlas en el altar del templo de su narcisismo paranoico, a beneficio del país de Berlusconistán, como lo llama la prensa inglesa.


Eminentísimo señor Cardenal, ¿podemos tener aún la esperanza de que los obispos ejerzan su ministerio con autoridad, sin alquimias que den cobertura a los ricos poderosos y perjudiquen la limpieza de la verdad, tal como enseña Juan el Bautista, que al Herodes de turno le grita, sin temer por su vida: «Non licet»? Al Precursor su palabra de condena le costó la vida, mientras que a ustedes el «callar» les trae suerte.

Quedo a la espera de sus noticias y aprovecho para saludarle atentamente.

Paolo Farinella, cura


Paolo Farinella es cura de la diócesis de Génova, biblista, escritor y ensayista, colabora con MicroMega, con Missioni Consolata de Turín y con el Editor Gabrielli, comprometido en el camino de Impegno per la Pace ed i Diritti, ha publicado: Bibbia, parole, segreti, misteri, Ritorno all’Antica Messa y Crocifisso …Dio e la civiltà occidentale.

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29-11-2009
Henri Boulad, un jesuita egipcio clave, lanza un SOS en una carta al Papa
«La Iglesia en el abismo»

ORIOL DOMINGO.


Henri Boulad, el jesuita egipcio más destacado en los ámbitos eclesial e intelectual, lanza un SOS para la Iglesia de hoy en una carta dirigida a Benedicto XVI. La misiva ha sido transmitida a través de la Nunciatura en El Cairo. El texto circula en medios eclesiales de todo el mundo. La epístola comienza con estas palabras: “Beatísimo Padre. Me atrevo a dirigirme directamente a usted por cuanto mi corazón sangra al ver el abismo en el que va cayendo nuestra Iglesia”.
 
Boulad es un respetado referente en una zona crucial de la Iglesia. Boulad deja constancia de que su análisis “tiene su fundamento en un conocimiento real de la Iglesia universal y de su situación hoy en día”. Este conocimiento es fruto de la amplia experiencia pastoral y teológica del autor de esta carta al Papa.
 
Henri Boulad (1931) es una personalidad indiscutible que vive en una zona crucial para la Iglesia católica, el ecumenismo y la política internacional. Es jesuita egipcio-libanés de rito melquita. Es rector del Colegio de los Jesuitas de El Cairo. Ha ocupado cargos de responsabilidad en la Compañía de Jesús, facultades de teología y Cáritas en Oriente Medio y África del Norte. Conoce la jerarquía católica egipcia a la que ha tratado como presidente de los superiores religiosos de Institutos en Egipto. También conoce a relevantes obispos y teólogos católicos de Europa. Ha visitado unos cincuenta países en los cuatro continentes. Ha publicado unos treinta libros.
 
Causas de una caída. Boulad se limita a apuntar diez de las causas de esta caída de la Iglesia.

  1. Práctica religiosa en decadencia.

  2. Seminarios y noviciados vacíos y vocaciones en caída libre.

  3. Muchos sacerdotes abandonan el sacerdocio. Entre los que aún quedan, en Europa y en el Tercer Mundo, hay quienes viven en concubinato.

  4. El lenguaje de la Iglesia es anticuado, anacrónico, aburrido, repetitivo, moralizante, inadaptado a la época actual.

  5. Hay que inventar un nuevo lenguaje que vuelva a expresar la fe de manera significativa para el hombre de hoy. Sólo será posible si hay una renovación profunda de la teología y la catequesis.

  6. Un gran número de cristianos se vuelve hacia las religiones de Asia, las sectas, New Age, el ocultismo.

  7. En moral, las exhortaciones del Magisterio repetidas hasta la saciedad sobre el matrimonio, la contracepción, el aborto, la eutanasia, la homosexualidad, el matrimonio de los sacerdotes, los divorciados que se vuelven a casar sólo engendran hastío e indiferencia. Se necesita una línea que sea más evangélica.

  8. La Iglesia católica, que ha sido maestra de Europa durante siglos, parece olvidar la madurez de esta Europa.

  9. Las naciones más católicas de antaño (Francia, hija mayor de la Iglesia, o el Canadá francés ultra católico) han dado un giro de 180 grados y entran en el ateísmo, el anticlericalismo, la indiferencia.

  10. El diálogo con las otras Iglesias y las otras religiones acusa un retroceso inquietante.


 

“La Iglesia católica no es el Vaticano”.
 
La postura de Boulad es coherente con la que mantiene desde hace años. Se refleja así en 31 jesuites es confessen, libro de entrevistas realizado en el 2003 por dos catalanes: el jesuita Josep Maria Benítez y el filósofo Valentí Gómez-Oliver.
“Es urgente comprender –según Boulad– que el jefe de la Iglesia universal no es el Papa sino Jesucristo. Es urgente comprender que la Iglesia católica no es el Vaticano. Es urgente darse cuenta que la Iglesia es por esencia múltiple, multiforme, plural y pluralista, y no únicamente latina y romana. Es urgente restablecer en la Iglesia un clima de confianza y diálogo, y dejar de proceder mediante condenas. Es urgente lograr que los derechos del hombre proclamados a tiempo y a destiempo por la Iglesia sean vividos y practicados por ella”.
 
Un sínodo general para una triple reforma urgente.
 
Boulad reclama un sínodo general en la Iglesia universal con participación de todas las confesiones cristianas. Sostiene que “la Iglesia de hoy necesita una urgente triple reforma”.
 
·        Una reforma teológica y catequética. Ésta repensaría la fe y la formularía de una manera coherente en el mundo contemporáneo. Una fe que no signifique nada y que no dé sentido a la existencia no es más que un ornamento y una superestructura inútil que cae por su propio peso.
 
·        Una reforma espiritual. El objetivo es vivificar la mística y repensar los sacramentos para darles una dimensión existencial y articularlos con la vida. La Iglesia es hoy en día demasiado formal y formalista. Da la impresión que la institución y una cierta fachada externa asfixia al carisma.
 
·        Una reforma pastoral. Se trata de repensar íntegramente las estructuras heredadas del pasado.

 

Aportación de Marga.

 

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COMENTARIOS DE FAUSTINO VILABRILLE

C1: SOBRE LA PAZ.   C2: LOS REYES MAGOS.   C3A TRES TENTACIONES C3: BAUTISMO DE JESÚS.   HAITÍ   C4: LAS BODAS DE CANÁ.   C5: EL PROGRAMA DE JESÚS   C6: ¿DÓNDE ESTÁN LOS PROFETAS?   C7: ECHANDO LAS REDES   C8 SER FELICES   C9 ¿A QUIÉN ECHAR LA CULPA?   C10 GENTE DE MALA FAMA   C11 JESÚS Y LA MUJER   C12 SEMANA ¿SANTA?   C13 NO SEA INCRÉDULO, SINO CREYENTE. C14 ¿QUÉ TE PASA, QUERIDA IGLESIA?   C15 SEMANA SOLIDARIA, LLARANES 2010   C16 EL AMOR,¿QUÉ AMOR?   C17 ¿POR DÓNDE ANDAS?   C18 NECESIDAD DE RESPUESTA  C19 LA ESCOBA Y EL CANDIL   C20 50€ DE ORO   C21 POR OTRO CAMINO   C22 GRACIAS POR NO HABER NACIDO MUJER.   C23 EL PUEBLO NO TIENE LA CULPA   C24: DOCE METROS DE ALTURA Y UN TRAPO CON CRUCES   C25 EL PEQUEÑO MILAGRO   C26 BANDIDOS Y SAMARITANOS   C27 JESÚS, MARTA Y MARÍA

C28: JORNADA DE REFLEXIÓN

 

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A PROPÓSITO DE

LA REFORMA DE LA LEY DEL ABORTO

 

 

El Foro “Curas de Madrid”, a propósito del debate social sobre la reforma de la ley del aborto y queriendo mantenernos cercanos ante las situaciones que está viviendo la gente de nuestros barrios, hacemos pública nuestra lectura de la realidad.

 

Algunos rasgos de esta situación:

 

Somos conscientes de que en la mentalidad actual se ha banalizado el mundo de la sexualidad, en particular las prácticas abortivas, consideradas incluso en ocasiones como un mero trámite de intervención quirúrgica sin mayores responsabilidades. La falta de una educación adecuada tanto en la familia y en la escuela como en otros ámbitos sociales es una de las causas determinantes de esta situación.

 A pesar de todo, generalmente las gentes de nuestros barrios valoran la vida. ¿Cuáles son entonces las causas que les conducen a tomar decisiones de este tipo?

 No pretendemos sistematizarlas, pero todos conocemos familias que se ven obligadas, por las precarias condiciones laborales, a escoger entre mantener su trabajo y renunciar a tener un hijo o tener el hijo a costa de perder su puesto de trabajo, ya que en demasiadas ocasiones se hace muy difícil la conciliación de la vida familiar y laboral.

 Conocemos asimismo mujeres que han de asumir toda la responsabilidad de la crianza y educación de los hijos a una edad en que no están preparadas para ello y sin el apoyo que necesitarían.

 Por otra parte, vemos que en la realidad social actual se da una práctica generalizada del aborto en clínicas privadas, como consecuencia de la Ley del Aborto vigente. Esto lo convierte en más difícil y peligroso para las familias que disponen de menos recursos económicos.

 

Ante esta situación, manifestamos:

 

1. Como cristianos, estamos a favor de la vida, de toda vida: la del prenacido y la de los nacidos. El derecho a la vida es el origen y fundamento de cualquier otro. Creemos por tanto que el aborto, es decir, la eliminación de un ser humano antes de nacer, no puede ser considerado un derecho ya que nadie está legitimado para eliminar una vida humana.

 

2. En cuanto a la legitimidad del Estado para legislar sobre estas cuestiones pensamos:

- Que la sociedad y aquéllos a quienes delega para su gobierno necesitan un ordenamiento jurídico que regule este tema de interés común.

 

- Que el ordenamiento jurídico debe establecerlo el Estado tomando como base un estudio antropológico, ético-filosófico y jurídico-político, que parta del supuesto universal de la dignidad humana y de sus derechos y obligaciones.

 

 - Que se debe seguir un proceso de diálogo y debate para llegar al mayor consenso democrático posible y articular la convivencia entre grupos cuyas orientaciones morales o convicciones científicas o filosóficas sobre el comienzo de la vida humana son de hecho diferentes.

 

3. Por otra parte, al considerar la realidad propia del aborto, debemos tener en cuenta las distintas posturas de científicos y moralistas, también católicos, sobre cuándo se puede considerar que nos hallamos ante una vida propiamente humana. Es un campo importante en el que debemos ser muy prudentes y a la vez continuar investigando, para mejor servir así a la comunidad cristiana y a toda la sociedad.

 

4. Consideramos asimismo que la penalización que pueda establecer la ley para los casos en que sea transgredida deberá tener en cuenta las circunstancias que influyen en la decisión de abortar de unas personas agobiadas con frecuencia por precarias condiciones de vida y de trabajo. Se deberá también evitar que el temor a la sanción conduzca a la opción del aborto clandestino. Lo deseable sería que no se tuviera que practicar ningún aborto, pero si, por las razones que sean, una mujer decide interrumpir su embarazo, no es bueno que lo haga en condiciones de inseguridad.

 

 5. En cuanto al acompañamiento pastoral de las personas que pasan por estas situaciones, creemos que hemos de mostrarnos comprensivos para ayudarlas a que puedan recuperarse de experiencias que son traumáticas para todos. Recordamos la norma pastoral de “condenar el pecado pero no al pecador” y pensamos que hay que acompañar a estas personas antes y después de tomar este tipo de decisiones, exponiéndoles lo que dicen las orientaciones de la moral cristiana, pero no condenándolas con facilidad.

Tratándose, en casos concretos y conflictivos, de un tema complejo y controvertido, habría que proceder con mucha cautela a la hora de juzgar y preferir un juicio personal de comprensión y de misericordia a otro de fácil y dura condena. Recordemos las palabras de Jesucristo: “Dios no envió a su Hijo al mundo para condenarlo, sino para salvarlo por medio de Él” (Jn 3,17).

 

6. Proponemos finalmente, que todos los cristianos demos el mismo apoyo que se presta a las campañas contra el aborto a otras acciones que defienden la vida, tan maltratada de muchas maneras, en situaciones de guerra, hambre, marginación... Como discípulos de Jesús, “toda vida nos importa”; los católicos debemos plantear y apoyar con el mismo entusiasmo todas las acciones en favor de la vida.

 

7. Que el Espíritu fortalezca la fe de los que creemos en Jesucristo de modo que hagamos presente en nuestro mundo al Dios de la vida.

 

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Sobre la elección de los obispos

¡Mostrad la tramoya!

 

Obispos

Publicado el 27.11.2009 en VIDA NUEVA

Autor: José Luís Corzo, Profesor del Instituto Superior de Pastoral de Madrid.

¿Quién los nombra en realidad? La circunstancia de sede cuasi vacante en la Nunciatura vaticana nos permite preguntarnos si estos nuevos obispos habrán sido obra del nuncio Monteiro, o de su relevo recién llegado, o del vacío entre ambos”

No saber quién los nombra no hace más fácil creer que sea el Espíritu Santo quien lo hace; ni siquiera que es el Papa en persona, aunque lo firme. Un halo de misterio en su designación no refuerza su sacramento ni su tarea.

La Iglesia española vive estos días nuevos nombramientos episcopales. Las jubilaciones dinamizan los relevos aquí y allá y todo fluye. Pero, ¿quién los nombra en realidad? La circunstancia de sede cuasi vacante en la Nunciatura vaticana nos permite preguntarnos si estos nuevos obispos habrán sido obra del nuncio Monteiro, o de su relevo recién llegado, o del vacío entre ambos. Conocí a un nuncio muy fatigado por recorrer mar y tierra en su escarpado país de misión para lograr que sus ternas de episcopables fueran plenamente fiables antes de enviarlas a Roma; pero estaba más fatigado aún porque los por fin nombrados no pertenecían a sus ternas.

Tampoco las comunidades diocesanas parece que participen mucho, al menos de forma transparente. Y además hay diócesis, como la palentina y otras, donde recibir y despedir obispo es casi una rutina. Así va a ser difícil mantener la metáfora del casto matrimonio entre diócesis y obispo, si van quedando atrás tantas separaciones.

¿No sería mejor mostrar la tramoya? La Historia es rica en fórmulas. Se ganaría en sencillez y transparencia, se conocerían los criterios y las dificultades, y aun se reforzaría el buen talante con que, al fin y al cabo, los fieles reciben siempre en España a sus pastores. Se evitaría la sensación de triunfo entre los que aplauden y la de fracaso entre los que se sienten cada vez más huérfanos del grupo de obispos con el que emprendieron su vocación cristiana y sacerdotal.

 

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Otro modelo de evangelización

 

I. Jesús anunció en Reino de los Cielos y lo que vino fue la Iglesia

II. Con la Iglesia hemos topado

III. La Iglesia Oficial

IV. La ominosa herencia del siglo IV

 

I. Jesús anunció el Reino de los Cielos y lo que vino fue la Iglesia

 

El núcleo de la predicación de Jesús es el anuncio del Reino de Dios o Reino de los Cielos. En el contexto de la época y de los documentos o escrituras que narran la actividad de Jesús, el término “evangelización” significa precisamente anunciar y hablar del Reino de los Cielos. Y cabe destacar dos circunstancias relativas al hecho de evangelizar y a su contenido, el Evangelio. La primera es que la propia palabra “evangelio” etimológicamente significa “buena noticia”, y la otra, que el propio Jesús menciona (Mateo 11, 5), es que los destinatarios de esa evangelización o buena noticia son los pobres. A estas dos, se le debe añadir una tercera característica, y es que en el anuncio de Jesús, la realización o venida de ese Reino se presenta como algo muy próximo. La clave de esa proximidad es que Jesús pretendía no sólo anunciar sino también hacer presente el Reino de Dios. Jesús se veía a sí mismo no sólo como anunciador sino también como realizador o agente histórico de ese Reino. O como iniciador del mismo. De hecho, una de las parábolas del Reino, la del grano de mostaza, contempla la implantación del Reino de los Cielos como un proceso progresivo, desde un comienzo humilde hasta una realización plena. La continuación de lo que él inicia es una tarea que él transfiere a sus seguidores: Como el Padre me envió, así os envío yo (Juan 20, 21). O sea que todo retraso en la implantación del Reino (y van ya 20 siglos de retraso) es responsabilidad nuestra, de los seguidores de Jesús. Y esto ocurrió y sigue ocurriendo porque la organización de los seguidores de Jesús, o sea la Iglesia, ha asumido un modelo de evangelización que nada tiene que ver con el Reino de los Cielos y con el mensaje del Maestro.

 

Como dato anecdótico de la disparidad entre la idea de Jesús sobre el Reino de Dios y lo que está siendo en realidad la práctica de la Iglesia, veamos, por ejemplo, lo que el Maestro le responde a un discípulo al que había invitado a seguirle y que quería posponer el seguimiento hasta haber enterrado a su padre. En Mateo 8, 22 la respuesta de Jesús es: Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos. En Lucas 9, 60 el texto dice: Deja que los muertos entierren a sus muertos, tú ven a anunciar el Reino de Dios. Leyendo esos versículos uno queda bajo la impresión de que el anuncio y la realización de Reino de Dios es algo más interesante y más excitante que algunos deberes piadosos como el de dar sepultura a los muertos, aunque sean parientes. ¿Se ve, en la actual práctica eclesial, la dedicación de los discípulos de Jesús a tareas interesantes? Las parroquias parecen ser, esencialmente, dispensarios de servicios religiosos, de carácter cultual, litúrgico, entre los que destacan precisamente los servicios funerarios, que Jesús calificaba, despectivamente, de ocupación de muertos. Para colmo, esa práctica cultual o ceremonial ha devenido ocupación profesional de un sector reducido de los miembros de la Iglesia en el marco de una diferenciación jerárquica (sacerdocio, laicado) que el Maestro no estableció.

 

¿Cuál es, o debe ser, entonces, el contenido de una verdadera evangelización que anuncie y contribuya a la realización del Reino de Dios? No falta, entre los teólogos, la opinión de los que pretenden que el objetivo de Jesús era establecer precisamente esta Iglesia, tal como es, y que la existencia de esa organización es ya una respuesta y un cumplimiento del anuncio de Jesús sobre el Reino de los Cielos. No se puede aceptar esa falsificación.

 

El reino de Dios, que Jesús anuncia y pretende realizar, es, realmente, algo más interesante y más emocionante, y también más peligroso (a Jesús le costó la vida), que la actual Iglesia dogmática, autoritaria y ritualista. Para ver de qué se trata, realmente, el proyecto de Jesús,  demos un repaso a lo que dicen sobre ese tema las Escrituras, y no sólo las del Nuevo Testamento, pues la expresión y el concepto de “Reino de Dios” aparece ya en algunos profetas y también en algunos salmos. En todos los casos esa expresión va siempre ligada a la idea de justicia, entendida como la liberación de los pobres y oprimidos.

 

En Amós 5, 23-24 leemos:Quita de mí el bullicio de tus canciones, pues no escucharé las salmodias de tus instrumentos.  Más bien, corra el derecho como agua, y la justicia como arroyo permanente. En ese texto se ve un claro rechazo de lo cultual y litúrgico (las canciones y la música del Templo) en favor de la justicia. En Isaías 1,17 se pone en boca de Dios lo siguiente: Aprended a hacer el bien, buscad lo justo, reprended al opresor, defended al huérfano, amparad a la viuda. Hablando del Mesías, tenemos: …juzgará con justicia a los pobres, y con equidad arbitrará a favor de los afligidos de la tierra… (Isaías 11,4) ... Haced justicia cada mañana y librad a quien es despojado de mano del opresor… (Jeremías 21,12)

 Así ha dicho Jehovah: Practicad el derecho y la justicia; librad a quien es despojado de mano del opresor; no maltratéis ni tratéis con violencia al forastero, ni al huérfano ni a la viuda; no derraméis sangre inocente en este lugar.  (Jeremías 22,3) ¿No consiste, más bien, el ayuno que yo escogí, en desatar las ligaduras de impiedad, en soltar las ataduras del yugo, en dejar libres a los quebrantados y en romper todo yugo? ¿No consiste en compartir tu pan con el hambriento y en llevar a tu casa a los pobres sin hogar? ¿No consiste en cubrir a tu prójimo cuando lo veas desnudo, y en no esconderte de quien es tu propia carne? (Isaías 58,6-7)

 

Dios mío, da tu juicio al rey,

y tu justicia al hijo de reyes.

para que rija a tu pueblo con justicia,

y a tus humildes con rectitud.

que los montes traigan paz para tu pueblo;

y las colinas, justicia.

que el defienda a los pobres del pueblo;

socorra a los hijos del necesitado

y quebrantará al opresor…

…que en sus días florezca la justicia

y la paz hasta que falte la luna…

…porque él librará al pobre que suplica,

y al afligido que no tiene quien le socorra…

él tendrá piedad del pobre y del necesitado,

y salvará la vida de los pobres.

de la opresión y de la violencia redimirá sus vidas;

la sangre de ellos será preciosa a sus ojos...   (Salmo 72)

 

Jesús asume ese programa mesiánico. Al referirse a la evangelización (la difusión y realización de la Buena Noticia), él presenta como destinatarios a los pobres:…los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son hechos limpios, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres se les anuncia el evangelio. (Mateo 11,5) Y en el himno (Magnificat) que Lucas pone en labios de María, se lee:

 

Desplegó (el Poderoso) la fuerza de su brazo;

dispersó a los de corazón soberbio

derribó a los poderosos de sus tronos

y levantó a los humildes.

a los hambrientos sació de bienes

y a los ricos los despidió vacíos. (Lucas 1, 51-53)

 

O sea que en la lucha de clases el Evangelio es una toma de posición a favor de los explotados y en contra de los explotadores. Esto es preciso resaltarlo porque con demasiada frecuencia el tipo o modelo de “evangelización” que la Iglesia lleva a cabo es justamente lo contrario. El Evangelio del Mesías Jesús es un factor positivo de transformación social, y el Reino que él anuncia es la victoria total y definitiva de la justicia. Pero la Iglesia que se dice fundada por él ha venido a ser un factor de estancamiento y regresión, de conservación de los poderes injustos existentes en el mundo. La jerarquización que constituye su organización interna es un reflejo y una reproducción de la sociedad clasista, y la autoridad de que se reviste la cúpula de su jerarquía es un poder absolutista de los que ya casi no quedan en la sociedad laica. Una Iglesia que no suscribió y no respeta en su funcionamiento interno los Derechos Humanos no puede pretender estar representando ante el mundo el Reino que Jesús anunciaba.

 

Pero las cosas no fueron siempre así. Después de haber visto cómo concebían ese reino en el Antiguo Testamento y cómo lo entendía Jesús, conviene que veamos también la respuesta de las primeras comunidades cristianas a la exigencia evangélica de justicia. Llama la atención el hecho de que la primera reacción de esas comunidades a las exigencias de justicia planteadas por el mensaje de Jesús fue la de poner en común los bienes dentro de la comunidad de los seguidores del Maestro. En el libro de los Hechos de los Apóstoles 2,42-45, hablando de la primera comunidad de Jerusalén, tenemos:Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión, en el partimiento del pan y en las oraciones. … Y todos los que creían se reunían y tenían todas las cosas en común. Vendían sus posesiones y bienes, y los repartían a todos, a cada uno según su necesidad.

En el mismo libro, versículos 4,32-35 se añade: La multitud de los que habían creído era de un solo corazón y una sola alma. Ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que todas las cosas les eran comunes. Con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús, y abundante gracia había sobre todos ellos. No había, pues, ningún necesitado entre ellos, porque todos los que eran propietarios de terrenos o casas los vendían, traían el precio de lo vendido y lo ponían a los pies de los apóstoles. Y era repartido a cada uno según tenía necesidad.

 

Ese tipo de comunidad y su funcionamienro eran a la vez una forma o modelo de evangelización y una práctica de vivencia del Evangelio en orden a la construcción del Reino de los Cielos. Esa comunidad de bienes, reflejo de una efectiva comunidad de sentimientos, es llamada por Lucas κοινονια (koinonia, o sea comunismo). En efecto, aportar cada uno lo que tiene y puede, y tomar cada uno según su necesidad, es, ni más ni menos, el ideal comunista que actualmente se formula de manera muy parecida: de cada uno según su posibilidad, a cada uno según su necesidad. Sorprende que una Iglesia que hizo del anticomunismo su bandera durante los siglos XIX y XX, en que definió la idea comunista como “intrínsecamente mala”, haya tenido en sus orígenes la voluntad y práctica del comunismo como expresión económica de la justicia para los pobres que postula el Reino de Dios anunciado por el Evangelio de Jesús.

 

Hay más testimonios neotestamentarios sobre la respuesta en un espíritu de koinonia o comunismo a la exigencia de justicia proclamada en la Buena Nueva del Reino. En la Carta a los Hebreos 13,16 leemos: No os olvidéis de hacer el bien y de compartir lo que tenéis, porque tales sacrificios agradan a Dios.

 

Todavía en el siglo II hay algunos escritos cristianos (como la Didaché y la Carta de Bernabé) que muestran que se valoraba ese compartir comunitario. Pero, en general, la evolución dentro de la Iglesia a lo largo de 20 siglos consistió en alejarse del espíritu de las enseñanzas evangélicas sobre ese tema y sobre otros. Concretamente sobre los temas de la diferenciación jerárquica y la subordinación de las mujeres en la Iglesia, el proceso de degeneración comenzó incluso antes que en el tema de la comunidad de bienes. Suele haber tendencia a idealizar la primitiva comunidad de Jerusalén y presentarla como el modelo inicial a seguir. Sin embargo vemos que el espíritu de la enseñanza del Maestro ya había empezado a ser traicionado entonces. En Hechos 6,1-5 se nos dice:

 

En aquellos días, como crecía el número de los discípulos, se suscitó una murmuración de parte de los helenistas contra los hebreos, de que sus viudas eran desatendidas en la distribución diaria. Así que, los doce convocaron a la multitud de los discípulos y dijeron:

-No conviene que nosotros descuidemos la palabra de Dios para servir a las mesas. Escoged, pues, hermanos, de entre vosotros a siete hombres que sean de buen testimonio, llenos del Espíritu y de sabiduría, a quienes pondremos sobre esta tarea. Y nosotros continuaremos en la oración y en el ministerio de la palabra. Esta propuesta agradó a toda la multitud; y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y del Espíritu Santo, a Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Parmenas y a Nicolás, un prosélito de Antioquía. Presentaron a éstos delante de los apóstoles; y después de orar, les impusieron las manos.

 

Suele ocurrir que hechos que aparentemente tienen poca importancia den lugar a grandes consecuencias, y un pequeño paso puede ser el inicio de una larga marcha. En principio parece lógico que el crecimiento de la comunidad de los seguidores de Jesús diese lugar a una cierta organización de funciones, y que se asignase a personas concretas el desempeño de algunas tareas. Pero lo cierto es que el hecho que narran los anteriores versículos citados fue el origen de grandes deformaciones que tuvieron lugar, a lo largo de 20 siglos, en la organización de la Iglesia. La imposición de las manos por parte de los apóstoles fue el inicio de lo que a partir de mediados del siglo II fue considerado como ordenación sacerdotal y episcopal, que se fue imponiendo a lo largo del siglo III para ser institucionalizado en el siglo IV, y que establece una diferenciación jerárquica (en la que jamás había pensado Jesús) entre los miembros de la asamblea de creyentes, con subordinación de unos a otros. Después vendría la creación de los cardenales o Príncipes de la Iglesia, el poder absoluto de los papas de Roma…

 

Por otra parte, el hecho de que los apóstoles se reservasen el “ministerio de la palabra” denota que esos primeros discípulos de Jesús seguían en sus trece de monopolizar la evangelización, desobedeciendo expresamente la enseñanza del Maestro en Lucas 9, 49-50 que dice:

 

Entonces respondiendo Juan dijo:

-Maestro, vimos a cierto hombre echando fuera demonios en tu nombre, y se lo prohibimos, porque no sigue con nosotros.

 Jesús le dijo:

-No se lo prohibáis. Porque el que no es contra vosotros, por vosotros es.

 

Después, en el bimilenario proceso de deformación vendría el establecimiento de la Cátedra de Pedro, Magisterio de la Iglesia, infalibilidad papal… Y una enormidad: en la autoatribución del control de la palabra y la enseñanza, la Iglesia llegaría a prohibir al pueblo creyente, durante siglos, la lectura de las Escrituras y su traducción a lenguas que la gente comprendía.

 

Finalmente, en el mencionado pasaje de Hechos 6,1-5 vemos que entre los siete varones elegidos sólo hay eso: varones, ninguna mujer. La situación de la mujer en la Iglesia ya había empezado a ser de subordinación, de segunda categoría. En la narración que nos hace el libro de los Hechos sobre Pentecostés hay algo que no sorprende a los lectores sin sentido crítico, que parecen ser la mayoría de los creyentes. En primer lugar se ve que los discípulos de Jesús, de alguna manera, ya se habían dado algún tipo de organización. Un grupo de ellos se autoproclamaron “apóstoles”, o sea “testigos” y limitaron su número a doce, hasta el punto de que ya habían elegido a otro discípulo para reemplazar a Iscariote. Por los evangelios sabemos que había más discípulos, que eran tan testigos como los otros once. El pasaje de Emaús da incluso el nombre de dos de esos discípulos y ninguno de ellos pertenecía al grupo de los once y sin embargo eran tan testigos como éstos. Y está además el caso de María Magdalena y otras mujeres que acompañaban a Jesús, en su predicación itinerante, en igualdad de condiciones que los varones del grupo. Sin embargo el grupo de discípulos se autoreduce a doce, entre los cuales no hay ninguna de las mujeres del grupo anterior y la única presencia femenina que acompaña al grupo de “testigos” es la madre de Jesús, pero no en condiciones de igualdad apostólica con ellos sino en una situación indefinible que viene a ser el modelo de la subordinación que se destinó en lo sucesivo a las mujeres en la Iglesia y que persiste hasta el día de hoy. El lector crítico se pregunta qué ocurrió en el grupo de seguidores de Jesús durante el poco tiempo transcurrido entre la desaparición del Maestro y la etapa inmediatamente anterior a Pentecostés. Ahí tuvo que haber tenido lugar algún tipo de ajuste de cuentas sobre el que no nos informan ni los textos evangélicos ni el libro de los Hechos de los Apóstoles. Y sin embargo ese período fue decisivo para la deriva posterior de lo que acabó llamándose “la Iglesia” y la deformación del espíritu del mensaje de Jesús que ésta llevo a cabo durante casi 2000 años.

 

Para comprender cómo esa Iglesia o asamblea de los seguidores de Jesús ha llegado al actual callejón sin salida en el que se encuentra (aunque su Jerarquía parece no darse cuenta) es preciso estudiar su bimilenaria travesía o trayectoria, las decisiones erróneas tomadas en el curso de esa historia, las desviaciones del espíritu del Evangelio, las deformaciones de la enseñanza del Maestro, el desprecio del objetivo final del Reino de Dios…

 

Ese estudio es el que se va intentar hacer a lo largo de los próximos capítulos. Lógicamente, no será un texto breve. Es para leerlo con calma y a pequeños trozos, y para reflexionar acerca de cada trozo leído. Gran parte del público aborrece los textos largos, pero las cosas son como son: se trata de un período de dos milenios y de lo que le ocurrió durante tan largo tiempo a un colectivo humano que no tiene nada de sencillo. A lo más que se puede aspirar es a exponerlo de la manera más sencilla posible y más asequible al público. Con la ayuda de Dios, esperemos conseguir ese objetivo.

 

 

 II

Con la Iglesia hemos topado

 En círculos y ambientes religiosos es bastante frecuente últimamente mostrar preocupación por el descenso de la práctica religiosa en nuestra sociedad. Se constata la disminución de los fieles que acuden a los cultos y servicios religiosos, así como el aumento de la media de edad de los fieles que frecuentan los templos. Paralelamente, es notable también la disminución de las vocaciones sacerdotales y religiosas en general, así como el aumento también de la media de edad del clero dedicado a la celebración del culto.

 

La preocupación por este tema se expresa en multitud de escritos, artículos en revistas religiosas o en Internet, no pocos libros y también en alguna carta enviada a la jerarquía eclesiástica, incluso al mismo Papa.

 

Hay bastante unanimidad en la descripción de los síntomas de esa realidad, menos coincidencia hay al señalar las causas de la misma, y mayor discrepancia al apuntar y proponer soluciones. Para algunos se trata de un problema de comunicación de la Iglesia con el mundo actual y proponen un cambio de lenguaje y de la manera de expresarse. En general, bastantes coinciden al denunciar el bloqueo, por parte de la jerarquía eclesial, del espíritu de reforma propuesto por el Concilio Vaticano II. Por su parte, en una especie de fuga hacia adelante, esa jerarquía se empeña en mantenella e no enmendalla, haciendo oídos sordos y dando la callada por respuesta a los requerimientos que se le hacen en ese sentido desde la base seglar de la Iglesia y desde los estratos inferiores de la clerecía.

 

Diríase que esa jerarquía que insiste en mantener un modelo de evangelización que se ha revelado ineficaz, si no contraproducente, tiene como esquema mental un tipo ideal de Iglesia que podría definirse como de “cristiandad”. Es decir, un tipo o modelo de Iglesia que perduró durante bastante siglos, y cuyas características eran: un culto religioso brillante y con masiva asistencia de fieles, una aceptación social mayoritaria de la Iglesia y sus normas, un prestigio y una preeminencia pública de las jerarquías y personalidades del aparato eclesial…

 

El caso es que de ese esquema mental de “cristiandad” no nos libramos ni siquiera los que criticamos el inmovilismo eclesial. Es decir,  cuando alguien, a quien le duele la Iglesia, constata que nuestra Iglesia perdió en el siglo XVIII a los intelectuales, en el siglo XIX a los obreros,  en el XX a la juventud, y en el XXI está perdiendo a las mujeres, se pone a buscar con la mejor buena voluntad del mundo las causas de esas pérdidas, y creyendo haberlas encontrado, sugiere soluciones… soluciones, ¿para qué?, pues para recobrar la solemnidad del culto, y que los templos se vuelvan a llenar de gente, como si ese fuera el objetivo y el ideal a conseguir. ¿Y lo es? ¡ABSOLUTAMENTE NO!

 

Desde el punto de vista de la magnificencia de los actos de culto y la masiva participación del pueblo en ellos, la situación en la época y el país de Jesús era envidiable, inmejorable… El Templo de Jerusalén era un centro de culto de primer orden. Según datos proporcionados por el historiador Flavio Josefo, no menos de once mil sacerdotes se ocupaban y turnaban en todos los servicios del templo, desde los sacrificios y las ofrendas en el Santuario, la música sacra, hasta la vigilancia y servicios de limpieza. A todo eso se ha de añadir el colegio de escribas que controlaba la exactitud de los rollos de las escrituras que se copiaban, y los que hacían copias para la venta al numeroso público interesado en el tema. No sólo en las fiestas del calendario religioso judío sino prácticamente todo el año había una enorme afluencia de fieles judíos al templo procedentes de toda Judea y Galilea más los que llegaban de la diáspora: Italia, Grecia, Egipto, norte de África,, Asia Menor, Mesopotamia… Y no sólo peregrinos judíos, en el templo había un enorme patio exterior llamado precisamente “el atrio de los gentiles” para acoger a los numerosos visitantes no judíos que sentían interés y fascinación por el monoteísmo judío y su culto a un Dios único. En ese sentido se estaba cumpliendo la profecía que Isaías había formulado, unos ochocientos años antes, que Jerusalén y la religión de Israel llegarían a ser “una luz para las naciones”.

 

A todo esto hay que añadir la asistencia de todos los judíos al culto de las numerosas sinagogas cada sábado, sin olvidar que existían diversas sectas que competían en la enseñanza y la interpretación de las escrituras y la práctica de la Torah: las escuelas de Hilel y Shamay sólo entre los fariseos, más las diversas sectas no fariseas, como los saduceos, los zelotas, los esenios, entre los que se podría incluir a los seguidores del Bautista, y a toda esa riqueza y variedad de practicantes religiosos vendrían a sumarse después los propios seguidores de Jesús de Nazaret. Resumiendo, que el régimen teocrático judío de esa época era quizá la mayor concentración de práctica religiosa que se ha dado en un área geográfica concreta en una época determinada. Y por si todo eso fuera poco, había entre el pueblo judío en ese tiempo una gran esperanza sobre la próxima aparición de un personaje extraordinario, una especie de rey, enviado de Dios, al que daban el título de “Mesías”.

 

Ante esa vitalidad religiosa, cualquiera podría pensar que la situación de ese pueblo desde el punto de vista espiritual era óptima. El propio Jesús, al comienzo de su predicación, era bastante optimista y solía repetir que  el Reino de Dios o Reino de los Cielos estaba próximo. Sin embargo, menos de tres años después ese Rabí había muerto de mala manera, rechazado por la población de Jerusalén y condenado por las autoridades religiosas de su nación. ¿Qué había ocurrido?

 

Aquí hay que hacer una aclaración para deshacer un equívoco existente entre muchos cristianos que desconocen el origen judío del cristianismo, y quizá también entre muchos judíos. El equívoco consiste en que muchas personas interpretan el drama del rechazo judío a Jesús como la negativa a aceptar una nueva religión propuesta por el Nazareno. No hay nada de eso: Jesús no intentó crear una nueva religión distinta del judaísmo. De hecho, en un proceso lento y por causas que ahora no viene al caso considerar, el movimiento religioso de los seguidores de Jesús se fue distanciando del tronco del judaísmo hasta llegar a constituir la religión aparte que hoy es, pero esa eventualidad Jesús no la había contemplado ni siquiera como un plan a largo plazo. Él mismo decía que no había venido a destruir la religión judía sino a purificarla y perfeccionarla (Mateo 5, 17). Su objetivo y su plan, el Reino de los Cielos, era llegar a la realización mesiánica de las profecías de la tradición religiosa judía. Donde más claro se ve eso es en el pasaje evangélico de la visita de Jesús a la sinagoga de Nazaret. En Lucas 4,18 y siguientes se nos cuenta que habiendo tomado el rollo de Isaías, Jesús leyó:

El Espíritu del Señor sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor.

 

Evidentemente, se trata de una profecía mesiánica. El autor de ese texto lo pone en labios del Mesías que había de venir. Al recitarlo, Jesús asume el protagonismo del anuncio mesiánico y por si fuese poco claro, añade por su cuenta: Esta Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy. Es claro que Jesús no rompe con la tradición religiosa de Israel sino que la asume y se inserta en ella. Sin embargo sus conciudadanos le expresan un rechazo que anuncia y prefigura el que le va a dedicar prácticamente toda la población judía unos pocos años más tarde. ¿Cuál es la causa de ese rechazo?

 

Aunque asumía  la tradición religiosa judía, Jesús intentaba purificarla y perfeccionarla. En efecto, del párrafo de Isaías, 61 que leyó, omitió deliberadamente la línea que seguía, que dice: y el día de la venganza de nuestro Dios. O sea, el Mesías Jesús censura el sionismo, el nacional-judaísmo, el odio a los extranjeros, del que no se habían librado ni los autores de los mejores libros proféticos como el de Isaías.

 

En la misma línea de perfeccionamiento o mejora del legado tradicional religioso del pueblo de Israel, Jesús, asumiendo la santidad del sábado y del mandamiento que ordena descansar en ese día, relativizaba, no obstante, su valor, y decía que es más importante el ser humano, que se hizo el sábado para el hombre y no el hombre para el sábado, y en base a esa interpretación osaba hacer en sábado curaciones que la ley formal prohibía. Igualmente, respetando el Templo y el culto que se oficiaba en él, relativizaba también su importancia diciendo que la oración podía ser válida en cualquier parte a condición de que se hiciese en espíritu y verdad. Y rebajaba también el valor de los sacrificios y ofrendas del templo cuando, parafraseando al profeta Jeremías, decía: misericordia quiero, y no sacrificios. También despreciaba las riquezas y se solidarizaba con los pobres. Véase Mateo 6,24 y Lucas 12,33. De hecho, y como hemos visto en la entrega anterior de este estudio, los seguidores de Jesús, concretamente los de la primera comunidad apostólica de Jerusalén, materializaban esa enseñanza implantando una comunidad de bienes de naturaleza radicalmente comunista.

 

Y tenía sobre la autoridad y sobre el sacerdocio unas ideas que lo iban a indisponer con los poderes dominantes, haciendo de él una especie de “anti-sistema”. Sobre la autoridad opinaba que ésta no se debía utilizar para oprimir y avasallar a los sometidos a ella, sino que el que más autoridad tenía más debía estar al servicio de los demás. Para ver el mal concepto que tenía de los sacerdotes, levitas y personal del Templo, basta leer una de sus parábolas, la del “Buen Samaritano”. En ella presenta a los clérigos descuidando la principal obligación de socorrer al que lo necesita en base a mantenerse puros y puntuales en el servicio del culto del templo, y el héroe de la jornada era un laico política y religiosamente incorrecto, o sea un samaritano, que ante todo era caritativo. En sus discursos denostaba frecuentemente a “escribas y fariseos”, y tenía también muy mala opinión de los teólogos, o sea los “doctores que se habían sentado en la Cátedra de Moisés”.

 

En teoría, el pueblo más religioso de la Tierra, el que se había adelantado a todos los demás en la adoración a un Dios único, el que se beneficiaba de la enseñanza de varias generaciones de profetas, el que había escrito el gran libro de la Biblia, el que practicaba un culto de formas más puras, el que esperaba expectante la llegada próxima de un mensajero de Dios… debería estar preparado para recibir la “Buena Nueva” del Reino de Dios. Y sin embargo resultó ser como un odre viejo que no soporta que se vierta en él un vino nuevo. O como un vestido viejo que no se beneficia de que le pongan un remiendo nuevo. Después de esperar al Mesías durante siglos, el pueblo elegido no lo reconoció cuando lo tuvo delante. El Sanedrín que detentaba el poder político-religioso de un régimen teocrático, no estaba dispuesto a cambios que cuestionaban ese poder. El pueblo, sin muchas luces (como casi siempre), prefirió fiarse de una autoridad con prestigio reconocido, como el Sanedrín del Templo de Jerusalén, antes que de un Rabí insignificante procedente de un lugar insignificante como Nazaret de Galilea. Total, que el pobre Jesús de Nazaret topó con la Iglesia, es decir con el Templo, con el poder religioso establecido.

 

La enseñanza que esto nos aporta es que un sistema religioso brillante con un ritual muy rico y con asistencia masiva no es indicativo de verdadera piedad y salud espiritual. Frecuentemente puede ser justo lo contrario. Muchas veces la magnificencia del culto litúrgico y la parafernalia de los servicios religiosos enmascaran y encubren una ausencia total de verdadera piedad y participación espiritual en lo que se celebra. Esto vale también para nuestra época. Detrás de tanta misa diaria y rezo del Rosario, de tanta procesión de Corpus, de tantas imágenes barrocas e iconos bizantinos, de tanta peregrinación a Roma, o a Compostela, o a la Meca o a Benarés, de tanta magnificencia en la construcción de catedrales, mezquitas y pagodas, de tanto escapulario, filacterias y velo de las musulmanas, y otros signos externos de profesión religiosa, suele haber no un dirigir el corazón a Dios sino solamente un cumplimiento formal de prescripciones de los diversos rituales, o un distintivo de pertenencia a una confesión religiosa determinada, pues en ese sentido los ritos y emblemas religiosos funcionan como los idiomas, que sirven para unir a los miembros del mismo grupo a base de diferenciarlos y separarlos de los miembros de otros grupos. Y no es esa precisamente la verdadera finalidad de la oración.

 

Con lo dicho debería quedar claro que el objetivo de Jesús no era fomentar una práctica religiosa del tipo de “cristiandad”, con la ostentación pública de piedad inherente a ese concepto. Él dijo algo acerca de cómo había que ocultarse en el habitáculo privado personal para hacer oración (Véase Mateo 6, 1-18). Y era más bien parco y restrictivo en lo que se refiere a la oración; a sus discípulos no les enseñó el “Padre nuestro” hasta que ellos mismos le pidieron: enséñanos a orar (Véase Lucas 11, 1-4), e intenta disuadir de presentar ofrendas ante el altar a los que se encuentren en discordia con sus semejantes (Véase Mateo 5, 23-24). Su recomendación: Velad y orad, para que no caigáis en tentación; parece tener más relación con una disposición de espíritu y meditación que con recitación formularia, y mucho menos pública. Decididamente, Jesús era contrario a los gestos externos de culto y a las poses de piedad ante el público.

 

Entre los que nos confesamos seguidores suyos no es esa la única ni la más grave de las violaciones de su enseñanza. A decir verdad, hay hoy un enorme abismo entre el mensaje que él predicó y lo que está siendo la práctica de nuestra Iglesia Católica Vaticana y también de otras iglesias y sectas cristianas.

 

El Magisterio de la Iglesia, o sea, la Cátedra del Maestro Jesús, está hoy ocupada por un personal tan poco recomendable como el que se sentaba en la Moisés en la época de Jesús. Se empeñan en difundir y enseñar teorías y doctrinas que Jesús jamás enseñó, y en proclamar dogmas que él jamás suscribiría. Y para sostener las construcciones teológicas elaboradas por ese equipo de “eminencias” la jerarquía eclesial creó un aparato judicial represivo que se desprestigió ad nauseam durante siglos con el título de “Inquisición” y que actualmente, aunque bajo otros nombres, sigue siendo el sistema judicial más opresivo y con menos garantías procesales de todo el planeta. Esa jerarquía gobierna la Iglesia de una forma y por unos métodos que violan no sólo el espíritu sino también la letra de lo que Jesús entendía que debía ser el ejercicio de la autoridad (Mateo 20, 25-28).

 

No es el Evangelio sino el Código de Derecho Canónico el que inspira y modela los órganos de dirección de la Iglesia. Ese Código está especialmente diseñado para consagrar dentro de la organización de la Iglesia un sistema de órdenes, estamentos o clases sociales que el espíritu del Evangelio rechaza; divide a los miembros del colectivo eclesial entre consagrados y laicos, una diferencia que Jesús ignoraba, y creó un sacerdocio de las mismas características que el sacerdocio judío que Jesús denostaba con repulsa, así como un sistema de normas y leyes muy similares a las de la interpretación talmúdica de la Torah judía, de la que Jesús quiso librarnos. Por otra parte, y en lo que se refiere a la mencionada división clasista, en base a la existencia de un sacerdocio, se da la circunstancia totalmente inaceptable de que en principio la mitad femenina del colectivo queda irremediablemente excluida. La cúspide de esa jerarquía, es decir, el Papa de Roma, se elige entre una exigua minoría y por parte de la misma minoría de miembros de la Iglesia, y el elegido goza, sobre el conjunto de la Iglesia, de un poder absoluto que no existe ya en casi ningún gobierno de la Tierra. Entre la prerrogativas de ese Papa está la de nombrar a todos los obispos del orbe, y a los cardenales que elegirán al Papa siguiente. En su conjunto, es un aparato de poder que se avala a sí mismo sin la más mínima participación del colectivo al que rige, y tienen la desfachatez de pretender que el Espíritu Santo aprueba ese procedimiento.

 

Otra característica destacable de la traición eclesiástica al espíritu del Evangelio es el acomodo de la Iglesia, bajo la dirección de su jerarquía, a los sistemas económico-sociales existentes en cada época, sin intentar siquiera transformarlos hacia la justicia que los profetas anunciaron y que el Jesús del Evangelio quiso realizar. De “Reino de Dios” o “Reino de los Cielos” nada de nada: la Iglesia del Código de Derecho Canónico se instaló confortablemente en todos los sistemas de explotación que en el mundo han sido y son: la esclavitud del Bajo Imperio Romano, el feudalismo medieval, el colonialismo europeo en otros continentes, el capitalismo burgués, incluso en sus variantes más brutales como el fascismo y el nazismo… Resumiendo, que el colectivo de los que nos autodefinimos como seguidores de Jesús incurrió a lo largo de dos milenios en aberraciones que el pobre predicador de Nazaret no podía haber imaginado ni en sus peores pesadillas. Hasta tal punto invirtió nuestra jerarquía el sentido del mensaje evangélico que llegó a constituir al colectivo eclesial como un fin en sí mismo y no como un instrumento para la realización del Reino. Esto se ve claramente en los llamados “Manda-mientos de la Iglesia”, que son como una síntesis del Código de Derecho Canónico. Esos mandamientos no se orientan para nada a la realización del Reino de Dios y su justicia. En ellos la Iglesia se ocupa sólo de sí misma: ayudar a la Iglesia en sus necesidades (en otro tiempo formulado como pagar diezmos y primicias a la Iglesia de Dios) y del culto, al que constituye el centro de su actividad y la justificación de su existencia: oír misa entera los domingos y fiestas de precepto, confesar los pecados mortales al menos una vez al año, y en peligro de muerte, y si se ha de comulgar, comulgar por Pascua de Resurrección, o normas de tipo talmúdico: ayunar y abstenerse de comer carne cuando lo manda la Santa Madre Iglesia. Resulta grotesco que para establecer una organización de ese tipo haya venido el Mesías al mundo y haya tenido que sufrir muerte de cruz.

 

Otra norma que la Jerarquía de la Iglesia impone a sus “ovejas” es: no hacer, leer ni difundir escritos contra la Iglesia. Bajo ese epígrafe pueden incluirse, según el criterio eclesiástico, todos los escritos que, al igual que éste, denuncian las lacras de la Iglesia para purificarla. Muchas personas bien intencionadas toparon con una Iglesia que no quiere ser purificada: a lo largo de este largo estudio iremos viendo casos como los de los infelices Prisciliano, Jan Hus y otros.

 

Así pues, como respuesta a un Jesús que no proclamó ningún dogma, que pasaba del culto y la jerarquía, que aborrecía las normas y despreciaba el dinero, tenemos hoy una Iglesia jerárquica, inclinada a imponer normas, amante del dinero y que hizo del culto y del dogma el motivo de su existencia. El resto de este estudio tiene por objeto analizar cómo y por qué se ha dado esta inversión total de los valores del Evangelio por parte de una organización cuya misión es la difusión y la puesta en práctica de ese Evangelio.

 

 

 

III

 La religión oficial

 

Como ya vimos en una entrega anterior, algunos elementos como la subordinación de las mujeres y un principio de diferenciación jerárquica empezaron a darse, entre los seguidores de Jesús, ya en la época apostólica y no sin alguna responsabilidad de los propios apóstoles. Pero lo cierto es que esos elementos no llegaron a institucionalizarse hasta el siglo IV. Y fue también en el siglo IV cuando se desarrollaron y se institucionalizaron otros elementos como el dogmatismo y el culto litúrgico. En la configuración de la Iglesia, tal como es en la actualidad, vemos tres o cuatro hitos o momentos históricos, a los que vamos a dedicar alguna atención.

El primero de esos hitos tiene lugar precisamente en el siglo IV de nuestra Era, concreta-mente en los años 313 y siguientes. La fecha del 313 figura destacadamente en el calendario histórico de la Iglesia porque fue entonces cuando el emperador romano Constantino proclamó la libertad religiosa para los cristianos. Ese decreto fue emitido tras la victoria militar de Constantino, en la batalla del Puente Milvio, sobre su cuñado Majencio que había gobernado hasta entonces en Roma. La verdad es que bajo Majencio ya no había persecuciones de cristianos en el territorio controlado por él. Algún cronista de aquella época asegura que Majencio simpatizaba con el cristianismo o incluso era cristiano él mismo. O sea que el reconocimiento de los cristianos estaba asegurado con independencia del resultado de la batalla del Puente Milvio. En la parte oriental del imperio, tras el fallecimiento del emperador Galerio y su sustitución por Licinio, otro cuñado de Constantino, la libertad religiosa para los cristianos vino igualmente aquel mismo año. De hecho, el decreto de tolerancia, conocido por los historiadores con el nombre de “Edicto de Milán”, fue firmado por ambos emperadores, Constantino y Licinio, que se reunieron en esa ciudad en el 313 con esa finalidad. No se conserva el texto del Edicto de Milán. Algunos historiadores dudan de que haya existido en realidad. Lo que sí se conocen son las instrucciones que Licinio impartió para su aplicación en la parte oriental del imperio, y por el texto de las mismas se ve que se trataba solamente de establecer una situación de tolerancia religiosa, con devolución de los locales y demás propiedades que habían sido confiscados a los cristianos pero sin privilegios especiales para la Iglesia.

Hasta ahí todo era normal. Los cristianos del imperio romano se habían ganado dignamente el derecho a ejercer libremente su religión tras más de media docena de persecuciones en dos siglos y medio. Lo que ya no fue tan normal, sino verdaderamente anómalo, fue lo que ocurrió de hecho, sobre todo en la parte del imperio controlada por Constantino, que finalmente asumió el poder en todo el imperio con la destitución y eliminación de Licinio. No oficialmente, pero sí de hecho, la religión cristiana que hasta entonces había sido perseguida pasó a ser la religión oficial del imperio, o más bien del emperador que viene a ser lo mismo, y como consecuencia de eso empezó a crecer desmesuradamente, de una forma anormal, artificial, pasando de ser unos seis millones de cristianos de una población de aproximadamente 50 millones, en el año 313, a ser mayoría en el imperio cuando en el período del 389 al 393 el emperador Teodosio, entonces sí de manera oficial, decretó la prohibición de las ceremonias públicas del paganismo y declaró como religión oficial a los cristianos que seguían el credo niceno con la proscripción de otras corrientes cristianas como el arrianismo.

Pero lo cierto es que ya durante el gobierno de Constantino y a partir del año 313 el cristianismo era ya de facto la religión oficial del imperio, y así vemos a Constantino convocando y presidiendo concilios de la Iglesia y nombrando a obispos para importantes cargos oficiales. Los propios cristianos no se esperaban ese regalo y no alcanzaron a comprender las consecuencias gravísimas que les reportaría. Como consecuencia de esa medida política empezó la etapa triunfante de la Iglesia, o sea la “cristiandad” que duró hasta el siglo XIX (En España hasta la segunda mitad del siglo XX) y a cuyo final, nunca del todo definitivo, muchos no nos podemos, y algunos no se quieren, acostumbrar.

Dijimos que la medida fue anómala, y debemos añadir que injusta. No había derecho a proclamar como religión oficial el cristianismo aunque hubiese sido la religión mayoritaria, que no lo era. El decreto de tolerancia estaba bien. El desarrollo normal de la situación hubiese sido que el aumento cuantitativo de los cristianos, si se producía, hubiese sido el resultado de su actividad positiva, de su buen ejemplo en la sociedad, del prestigio merecido por su buena manera de ser y actuar… De hecho, así ha sido, está siendo, en una sociedad donde nunca nuestra religión fue oficial ni recibió una ayuda especial por parte de las autoridades: en Japón. Allí tuvo lugar en su día, bajo el gobierno del Taiko, una persecución de cristianos similar a las de los primeros siglos en el imperio romano, pero luego, durante la segunda etapa del Shogunado, se concedió a los cristianos una tolerancia religiosa que dura aún después de cuatro siglos. En ese tiempo nunca la Iglesia Católica ni ninguna otra confesión cristiana gozó de privilegios ni apoyo estatal. El resultado es que hay un discreto porcentaje, bastante estable, de cristianos en el Japón, sin las conversiones masivas que tuvieron lugar en otros sitios bajo la presión de un poder gobernante comprometido, como fue el caso de Alemania bajo Carlomagno, el de Rusia bajo Vladimiro I en el año 989, o en América Latina bajo los conquistadores españoles… y, en la religión mahometana, todo el Oriente Medio y Norte de África, bajo los califas musulmanes. Volviendo al imperio romano en el siglo IV, así es cómo se cristianizaron masivamente la Península Ibérica y otras provincias del Imperio en Occidente y en Oriente.

Se libró el Japón también de las luchas entre cristianos que tuvieron lugar en el Imperio Romano a partir de la época de Constantino. La última y más sangrienta persecución que habían sufrido los cristianos fue la de Diocleciano y Galerio (en Oriente) secundados por Maximiano en Roma y las provincias occidentales. Pero tras la legalización y encumbra-miento del cristianismo las cosas fueron mucho peor, sólo que ahora eran los propios cristianos los que se perseguían entre sí por diferencias doctrinales, en el tiempo que les quedaba libre de perseguir a los paganos y a los judíos.

Los primeros cristianos víctimas del poder cristiano establecido fueron los gnósticos y los maniqueos. Después tuvieron lugar las querellas de los donatistas en el norte de África, que también fueron reprimidos. Pero lo que constituyó una verdadera catástrofe para el sistema cristiano establecido fue la aparición de la polémica del arrianismo. Se trataba de una verdadera discrepancia teológica que afectaba a una gran parte de los obispos en el poder. En Oriente eran aproximadamente tan numerosos los obispos (y los fieles) que aceptaban las tesis de Arrio, sobre la naturaleza de Cristo, como los que las rechazaban. Para debatir el tema se convocó un concilio, que tuvo lugar en Nicea, que marcó las pautas de una serie de concilios que tuvieron lugar después en el imperio romano por otras cuestiones doctrinales. Una de esas pautas era que el emperador era el convocante y presidente del concilio y el factor decisivo en la aceptación y rechazo de las cuestiones debatidas. Otra pauta era que las tesis aprobadas por el concilio se convertían en dogmas que debían ser obligatoriamente aceptadas por todos los cristianos bajo penas canónicas y civiles. Los obispos que perdían la votación y no aceptaban el fallo perdían sus sillas episcopales y eran enviados al destierro. A pesar de las sentencias conciliares seguían teniendo lugar en las ciudades del imperio revueltas y enfrentamientos, a veces bastante violentos, entre los partidarios y los adversarios de los dogmas proclamados.

El problema se complicaba cuando un cambio de emperador significaba un cambio en la doctrina oficial apoyada desde el poder. O, simplemente, cuando el emperador gobernante cambiaba de opinión. Constantino forzó que el Concilio de Nicea proclamase el dogma de la naturaleza divina de Cristo, que él apoyaba y propuso, y destituyó y desterró a Arrio y demás obispos que no se plegaron a esa decisión. Pero unos años después, a saber por qué, cambió de opinión y llamó a los arrianos desterrados para darles el poder mientras desterraba a los que hasta entonces había apoyado. El cristianismo seguía siendo la religión oficial del imperio, pero cambiaba la tendencia cristiana que ejercía el poder y perseguía a las demás tendencias. En aquellas circunstancias no es de extrañar que muchos cristianos, tanto clérigos como laicos, se acomodasen oportunistamente a las exigencias teológicas que se imponían desde el poder. De hecho, muchos de aquellos cristianos no eran sino paganos que se habían hecho bautizar cediendo a las mismas exigencias del poder establecido. Incluso bastantes obispos de la época procedían de familias ricas y senatoriales que se apresuraron a cristianizarse cuando los emperadores empezaron a apoyar a aquella religión hasta entonces perseguida. Cuando el emperador Constancio, hijo de Constantino, se pronunció, él también, a favor de la tendencia arriana, algunos obispos no arrianos resistieron y afrontaron el destierro, pero la mayoría, entre ellos el papa Félix de Roma, aceptaron el arrianismo para conservar el poder y los privilegios de que gozaban.

A Constancio le sucedió, en el gobierno del Imperio, su primo Juliano. Éste, que simpatizaba con el paganismo, intentó volver a la situación anterior al año 313, es decir, tolerancia religiosa, sin persecución del cristianismo, pero también sin apoyo oficial a esa religión. No es posible saber qué hubiese ocurrido si ese emperador hubiese dispuesto del tiempo suficiente para consolidar su proyecto, pero su etapa de gobierno fue corta y tras su muerte las cosas volvieron a estar como antes. Los obispos ejercían, por delegación imperial, como jueces y gobernadores de provincias, los templos paganos eran poco a poco derribados e incendiados, a menudo para sustituirlos por iglesias cristianas, el paganismo continuó desapareciendo, la situación de los judíos empeorando, y los cristianos se siguieron matando unos a otros por un quítame allá ese dogma. Aparecieron otras teorías religiosas cristianas, aparte del arrianismo que se resistía a desaparecer aunque volvió a ser proscrito por los emperadores que reaceptaban la teoría nicena. Hubo otros concilios que proclamaron otros dogmas y declaraban “herejes” a los que se oponían a ellos. No tiene sentido que nos ocupemos en este estudio sobre todas las doctrinas, heréticas o no, que surgieron en aquella época y sobre los concilios que se ocuparon de ellas. Simplemente diremos que el Credo cristiano, que se venía recitando en las misas desde el Concilio de Nicea, se fue alargando y complicando cada vez más, y en vez de ser una fórmula que aunase a los creyentes, se convirtió más bien en una confesión sectaria que iba dejando cada vez más gente fuera del ámbito de la creencia oficial.

A pesar de todos los efectos negativos derivados de aquel maridaje entre el gobierno del imperio y una iglesia oficial, la alianza era ventajosa para ambos. La jerarquía de la Iglesia obtenía ventajas y privilegios del poder imperial al que apoyaba, y éste utilizaba las ceremonias cristianas como cauce de propaganda ideológica del poder establecido a la vez que se nutría, en los órganos de dirección de la Iglesia, de cuadros para la administración del imperio en una época en la que no resultaba fácil cubrir la necesidad de dirigentes competentes para las tareas de administración civil. Siendo el ámbito religioso la cantera que suministraba cuadros y dirigentes para la administración del imperio, no es extraño que las sillas episcopales fuesen objeto de una feroz competencia por ocuparlas. En realidad, muchas de las polémicas teológicas que se producían, y que debían ser ventiladas en los concilios, no tenían más motivación que las ambiciones personales de los obispos o de los que aspiraban a serlo. Como ejemplo de esto, vamos a dedicar un poco de atención a sólo una de aquellas polémicas religiosas, una de las últimas, ya a final del siglo IV. Nestorio, obispo de Constantinopla y Cirilo, obispo de Alejandría, se enzarzaron en una polémica de lo más estúpido acerca de si, a la Virgen María se la podía llamar, o no, “Madre de Dios”. Era un enfrentamiento entre dos personalidades prestigiosas de la Iglesia en la parte oriental del imperio. Para los espectadores era como un torneo dialéctico en el que los contendientes tenían que derrochar elocuencia y ciencia teológica. Cirilo derrochó también grandes sumas de dinero, como papa que era de todos los obispos de Egipto, para hacer costosos regalos a la hermana del emperador de Constantinopla. Recuérdese que los emperadores tenían grandes competencias en los concilios de aquella época, y por aquel entonces el emperador de Oriente, Arcadio, era un muchacho bastante manejable y muy influenciado por su hermana mayor, Eudoxia. Lo que estaba en juego en aquel enfrentamiento entre dos pesos pesados del episcopado y de la ciencia teológica era la victoria en el Concilio de Éfeso, convocado para debatir aquella cuestión, lo que significaba entre otras cosas la atribución del título de “hereje” al obispo perdedor y su envío al destierro o a la cárcel, y el título de “Doctor de la Iglesia” y “Santo” al obispo vencedor. Cirilo apresuró un fallo del Concilio antes de que llegaran a Éfeso los obispos de Asia, favorables a la tesis de Nestorio. Total, que pudo manipular al Concilio y a la Corte de Constantinopla, y como consecuencia de todo ello sacó adelante su dogma de la maternidad divina de María, dogma que la Iglesia sigue defendiendo hoy como si se tratase de algo serio, mientras que las personas con cierto sentido común al considerar ese título de “Madre de Dios” se preguntan cómo es posible que el Eterno tenga una madre terrenal. Pero, en fin, ahí queda ese dogma como un monumento a lo que puede conseguir la acción conjunta del dinero, la manipulación y la estupidez humana.

A finales del siglo IV y principios del V, a los seguidores de Jesús de Nazaret les iban las cosas muy bien o muy mal según se encontrasen o no en la esfera eclesial en connivencia con el régimen imperial. En todo caso, de “Reino de los Cielos” nada de nada. La connivencia de la jerarquía eclesial con el poder político imperial era total, lo mismo que la opulencia y la corrupción de los magnates de la Iglesia. Aunque no abundaban, tampoco faltaban las voces que denunciaban aquella situación. Por supuesto, los que alzaban la voz contra aquel modelo de evangelización topaban con la Iglesia, eran automáticamente degradados y calificados de herejes para terminar luego en el cadalso. Entre los que corrieron esa suerte vamos a ocuparnos del caso paradigmático de Prisciliano que además nos toca un poco de cerca porque era español y además vecino nuestro, de Galicia. Llegó a ser nombrado obispo de Ávila, con la oposición de importantes miembros del episcopado de Hispania y el apoyo de otros. El hecho de que no le faltasen partidarios, tanto en las altas esferas de la Iglesia como entre el laicado muestra que la problemática que abordaba en sus discursos y sus escritos no le era en absoluto indiferente a la sociedad de su época. Denunciaba la corrupción eclesiástica y el maridaje de la Iglesia con el poder imperial. Tuvo que afrontar las denuncias de Higinio, obispo de Córdoba y de Idacio, obispo de Emérita Augusta (Mérida) que era por entonces la sede primada de toda Hispania y Lusitania. Esos dos epíscopos, junto con Itacio, un obispo portugués, convocaron un concilio en Zaragoza, que tuvo lugar en el año 380, con el objetivo de condenar las ideas de Prisciliano. Asistieron al sínodo dos obispos de Aquitania y diez españoles. No todos los obispos españoles estaban contra las posiciones de Prisciliano. De hecho, le apoyaban Instancio y Salviano, que rehusaron participar en el concilio para disminuir la autoridad de esa asamblea. Otro obispo, Simposio de Astorga abandonó el concilio en su segundo día con la misma intención. El obispo Valerio de Zaragoza aceptó las recomendaciones del papa de Roma, Dámaso, de evitar la condena in absentia. Siguió una agria querella epistolar entre los partidarios y adversarios de Prisciliano. Finalmente una carta de Idacio a Ambrosio, obispo de Milán, que era por entonces sede de la corte imperial de Occidente, le convenció para conseguir del emperador Graciano un decreto de excomunión y destitución de sus obispados para Prisciliano y sus partidarios. En el año 382 Prisciliano decidió viajar a Roma para defenderse, pero papa español Dámaso se encontraba entonces en plena batalla para conseguir para la sede papal de Roma la primacía sobre toda la Iglesia Universal y así llegar a ser el primer Papa “oficial”. Dámaso rehusó aceptar la visita de Prisciliano pues no se consideraba competente para anular un decreto del emperador. Finalmente Prisciliano se dirigió a Milán y aprovechó la ausencia de Graciano para convencer a su principal ministro de que anulase el anterior decreto imperial. Así pudo volver a España habiendo afianzado la posición de su grupo y consiguiendo además que Itacio fuese acusado de perturbar la Iglesia. El Vicecónsul Volvencio ordenó el arresto del obispo antipriscilianista y éste se vio obligado a fugarse a Tréveris, bajo la protección del obispo Britto.

En el año 383, el gobernador de la provincia romana de Britania, el español Magno Clemente Máximo, pasó a la Galia al mando de un ejército de 130.000 soldados en rebeldía contra el emperador Graciano, que fue después capturado y muerto por los soldados del sublevado, que se proclamó emperador de la parte occidental del imperio romano. Pero el emperador de Oriente, el español Teodosio se negó a reconocer al usurpador y se aprestó a combatirle. En esa delicada situación el nuevo emperador Clemente Máximo pretendía conseguir el apoyo de la Iglesia Católica, que, a su vez, necesitaba el apoyo institucional del emperador para afrontar los diversos movimientos disidentes: arrianos, novacianos, nicolaitas, ofitas, maniqueos... Y últimamente también los priscilianistas.

Esa alianza, recíprocamente provechosa entre el emperador y la Iglesia, selló el posterior desarrollo del asunto. La Iglesia oficial se enfrentaba a un movimiento popular muy extendido en toda la Península Ibérica y gran parte de la Galia, y el emperador Maximo quiso pagar el apoyo de la clerecía por medio de la condena oficial del priscilianismo. Pero la aplicación de la sentencia contra un hereje implicaba la confiscación, por parte del Estado, de todos los templos de la secta condenada, lo que no interesaba a la jerarquía eclesial ni convenía al emperador. Por tanto, se diseñó una forma de proceso judicial que pretendía condenar a los priscilianistas por brujería. Ese tipo de sentencia, más favorable a las arcas imperiales, incluía la requisa de la propiedad personal de los inculpados sin tocar los bienes eclesiales.

Entonces, se convocó un nuevo concilio en Burdeos, al que decidió asistir Prisciliano y algunos de sus seguidores, y en él se condenó de nuevo la herejía priscilianista, pero de esa asamblea, de hecho, se consiguió solamente la reposición de Itacio en su silla episcopal. Durante el desarrollo del sínodo un populacho enfurecido apedreó a una discípula de Prisciliano. Éste abandonó el concilio y se dirigió a Tréveris, en Alemania, donde estaba la corte imperial de Máximo, para convencer al emperador de que emitiese un veredicto que le fuera favorable. Pero en esa ciudad ya había tejido el portugués Itacio la red que pondría fin a la vida de Prisciliano.

En el año 385 Prisciliano llegó a Tréveris donde fue acusado por Evodio, ministro del emperador, de práctica de brujería, magia, uso de abortivos, astrología kabalista… Por medio de la tortura se consiguió que el propio Prisciliano confesase la culpabilidad de todos los cargos. Finalmente fue decapitado y la misma suerte corrieron sus seguidores: Felicísimo, Armenio, Eucrocia, Lautroniano, Aurelio y Asarino. Por primera vez una autoridad laica ejecutó sentencias de muerte dictadas por un tribunal eclesiástico. Tras el proceso el emperador Máximo envió dos comisarios a la Península Ibérica pera erradicar de las sillas episcopales a los restantes pricilianistas, emprendiendo un proceso de ejecución y deportación de los seguidores del gallego con abusos que acabaron asqueando a algunos sectores de la iglesia oficial descontentos del desarrollo de los acontecimientos.

En el año 388 Máximo fue derrotado por Teodosio y después decapitado. La situación se invirtió de tal manera que el obispo Itacio fue excomulgado en el año 389 por su implicación en el proceso contra Prisciliano. Ese mismo año algunos discípulos de Prisciliano viajaron a Tréveris para desenterrar los restos del maestro y transportarlos a Galicia. Finalmente los enterraron en las proximidades de un lugar que cinco siglos más tarde, cuando la tumba fue descubierta, recibió el nombre de Compostela. En esa ocasión también le cambiaron el nombre al dueño de las reliquias. Desde entonces se le viene llamando Santiago Apóstol y todos los años recibe la visita de miles de peregrinos.

La descripción del asunto Prisciliano fue un poco larga y detallada. Se hizo a propósito para mostrar cómo funcionaban en aquella época las cosas de la relación de la iglesia oficial con el Estado, cómo se intrigaba en cuestiones teológicas y de interés eclesial, cómo se manipulaban los concilios, como se combatían los partidos episcopales… Además de los cargos mencionados, en la sentencia que condenó a Prisciliano se le acusaba también de ideas gnósticas, maniqueas y un montón de cosas más. ¡Pamplinas! Seguro que los tics maniqueos de Prisciliano, que probablemente los tenía pues era una moda de la época, no eran más graves que los que aún conservaba Agustín de Hipona incluso después de su conversión al catolicismo, como sus ideas sobre la predestinación, que la Iglesia nunca aceptó y que él defendió hasta su muerte. Sin embargo Agustín fue declarado Santo y Doctor de la Iglesia mientras que Prisciliano fue declarado hereje y decapitado. ¡Está claro! Prisciliano era un anti-sistema, que atacaba el poder establecido, mientras que Agustín de Hipona, cripto-maniqueo o no, estaba bien instalado en ese sistema y su corrupción. Al servicio de los terratenientes y la burguesía norte-africana, Agustín utilizó las tropas imperiales bajo su mando para reprimir violentamente el movimiento reivindicativo de los circunciliones, esclavos que reclamaban se aplicase con ellos la justicia e igualdad que el Evangelio de Jesús proclamaba.

Hasta aquí hemos examinado cómo afectó, para deformarla, a la Iglesia cristiana, su maridaje con el poder político, que tiene raíces profundas de 17 siglos, y que fue el origen del dogmatismo, autoritarismo e intolerancia que siguen siendo notas distintivas y con-naturales de la organización eclesial, así como su instalación en las prebendas y las ventajas de la dominación, en abierta contradicción con la sencillez y la mansedumbre del Maestro Jesús de Nazaret. En siguientes capítulos iremos viendo otros hitos u ocasiones históricas que contribuyeron a profundizar el abismo entre la enseñanza evangélica y la práctica eclesial, enfangando a la organización de los seguidores de Jesús en una inercia fatídica de la que no somos capaces de salir.

 

 

IV

La ominosa herencia del siglo IV

 

Hemos visto cómo marcó a la Iglesia, de forma aún perdurable hasta ahora, el reconocimiento y apoyo que obtuvo de la autoridad imperial romana a partir del año 313. Después hubo otros eventos que contribuyeron a modelar a esa institución religiosa hasta llegar a ser tal cómo es ahora. Iremos viendo esos procesos históricos, pero ahora no podemos dar por terminado el estudio del siglo IV, pues en él se produjeron otros procesos que teniendo o no relación con el hecho de que el cristianismo llegara a ser la religión oficial del Imperio, en todo caso pesan aún hoy como una losa sobre la Iglesia de una manera que parece imposible llegue alguna vez a librarse de la influencia que ejercen sobre ella y su manera de actuar.

Lo del dogmatismo ya lo hemos visto en el capítulo anterior. En el siglo IV se proclamaron una serie de dogmas que el Magisterio de la Iglesia” denomina “legado de la Tradición” y “depósito de la fe”, y se siente obligado a conservar y defender. En realidad, el título que más le conviene a esa doctrina es el de “la herencia de siglos de ignorancia”. Ya hemos visto que toda esa dogmática se produjo como consecuencia del carácter de religión oficial que el cristianismo empezó a “disfrutar” a partir de Constantino. Se puede ser indulgente con ese emperador: tuvo la audacia política de romper con una tradición milenaria del paganismo greco-romano y apostar por una doctrina nueva basada en valores más humanitarios y progresistas. Como gobernante, apostaba y arriesgaba mucho en ese experimento y tuvo que llegar a temer que las disputas teológicas de los miembros de la nueva religión arruinasen la unidad de la población del Imperio que era su deber promover y proteger. Él no podía prever lo que nosotros contemplamos a posteriori: que los dogmas proclamados por los concilios generasen no la unidad deseada sino la intolerancia entre los discrepantes, y que el apoyo político a la jerarquía eclesiástica contribuyese a la corrupción de los miembros de esa jerarquía y a la perversión de los valores que predicaban.

El abuso del poder y la intolerancia teológica se materializaban, contra los discrepantes con la doctrina oficial, en penas civiles como el destierro, la prisión o el cadalso, y penas canónicas como la excomunión. El concepto de excomunión no nació en el siglo IV, sino en el III o quizá antes. Pero como secuela de los concilios del siglo IV se usó frecuentemente de ese recurso espiritual, añadido a los castigos materiales, para doblegar a los que no aceptaban por las buenas la doctrina del aparato de la Iglesia oficial. En esa práctica ya vemos una perversión del mensaje evangélico. El Mesías Jesús, en su parábola del Buen Pastor, se identifica con ese concienzudo guardián de las ovejas que, notando que le falta una, deja el rebaño bien protegido y sale a buscar la oveja perdida para reintegrarla al aprisco. En cambio los pastores eclesiásticos del siglo IV y siguientes con sus excomuniones y demás castigos lo que hacen es expulsar cada vez más ovejas del rebaño, y con su proclamación de dogmas lo que hacen es crear más motivos y ocasiones de discrepancia. Después, en siglos posteriores vendría la Inquisición, y el procedimiento, desgraciadamente, de alguna manera perdura hasta nuestros días.

Siguiendo con la herencia del siglo IV, vemos que en él aparece la Iglesia ya constituida, estructurada, institucionalizada. Se suele mencionar la influencia de Constantino en el proceso de institucionalización de la Iglesia como forma organizativa de la religión cristiana. Sin duda hay algo de eso pero Constantino no partió de cero. En el siglo III ya había una organización eclesial muy acabada por ejemplo en Antioquía y otros lugares. Más o menos, en todas las ciudades o núcleos de población donde había cristianos éstos se estructuraban en asambleas. La palabra “ecclesia”, de la que procede nuestro término “iglesia”, originariamente significaba precisamente “asamblea”. Y esas asambleas o iglesias cristianas estaban regidas por un “episcopus”, término que inicialmente significaba algo parecido a “supervisor” pero que se fue recargando de funciones, atribuciones, autoridad y finalmente poder. Con el paso de tiempo el poder episcopal se atribuyó la función de enseñar y la de proclamar lo que se debía creer. Lo que inicialmente fue un servicio a la comunidad se convirtió en la facultad de poder castigar y esquilmar al rebaño. Y lo que inicialmente era una función a la que se accedía por elección de la comunidad se convirtió en una autoridad que le viene impuesta a la comunidad desde arriba. Es cierto que Jesús no instituyó ninguna Iglesia ni creó una nueva religión, pero él daba por sentado que sus seguidores seguirían agrupados y organizados de alguna manera. Cuando dice (en Lucas 22, 25-26): Sabeis que los reyes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los que ejercen el poder sobre ellas se hacen llamar Bienhechores; pero entre vosotros no ha de ser así, sino que el mayor entre vosotros sea como el más joven y el que gobierna como el que sirve.  Y cuando a continuación pide a sus discípulos, refiriéndose a la toma del pan y el vino, que hicieran aquello muchas veces en memoria suya, Jesús está suponiendo que sus seguidores darán algún tipo de continuidad al grupo que formaban. Él no da fórmulas organizativas pero presupone la identidad y la continuidad de la comunidad que forman sus seguidores. Y define las características de humilde servidor que debe tener el que esté al frente de esa comunidad. No hay ningún problema en considerar a ese grupo o comunidad como el núcleo, embrión, semilla, germen, o lo que sea, de lo que hoy se llama “La Iglesia”, a condición de que ésta no incurra en las deformaciones y perversiones que estamos denunciando en estas notas  y que la distancian del modelo que Jesús contemplaba.

Y una de esas deformaciones o perversiones es precisamente la jerarquía eclesial: Papa, cardenales, obispos, sacerdotes… Ya vimos el proceso degenerativo del antiguo “episcopus” hasta el modelo del actual episcopado que ya se estableció a partir del siglo IV. El que llevó a uno de esos obispos, concretamente el de Roma, a convertirse en una especie de pastor universal, con poder absoluto sobre toda la comunidad eclesial, fue un proceso mucho más largo; no quedó ultimado, ni mucho menos, en el siglo IV. Ya vimos que Papa Dámaso fracasó en su pretensión de que la sede episcopal de Roma fuese considerada la primada de toda la cristiandad. Ese proceso tendremos que estudiarlo en capítulos posteriores, y veremos que fue un proceso muy accidentado. De hecho, la ruptura entre las iglesias de Oriente y la de Occidente se produjo principalmente debido a esa sed de poder del epíscopo romano.

De lo que sí tendremos que ocuparnos detenidamente ahora es de la figura del sacerdote, que también quedó institucionalizada en el siglo IV. Con independencia de lo que Jesús pensase sobre la continuidad de la congregación de sus seguidores, lo que es seguro es que no contemplaba la figura de ningún sacerdocio en la gestión de ese grupo. El Evangelio nos proporciona elementos, como la parábola del “Buen Samaritano”, para comprender que al Maestro le resultaban antipáticos el concepto y la función del sacerdocio. Los actuales defensores de la institución sacerdotal aseguran que Jesús efectuó esa institución del sacerdocio cristiano cuando, en la Cena de Pascua con sus discípulos, dijo a éstos, después de la toma del pan y el vino: Haced esto muchas veces en memoria mía. Vamos a ver que eso es una falacia. Las personas a las que Jesús dijo eso son las mismas a las que un momento antes decía: Tomad y comed… Tomad y bebed… ¿A quién representaban en ese momento los discípulos que se sentaban alrededor del Maestro? ¿Representaban a todo el conjunto de los seguidores de Jesús que habrían de venir en la posteridad, o solamente al clero, a los sacerdotes? Si sólo representasen al clero, a la jerarquía, sólo los sacerdotes y jerarcas podrían comulgar. Pero lo de Tomad y comed… Tomad y bebed… se refería a todo el conjunto de los seguidores del Maestro, y no hay ninguna razón teológica para asegurar que lo de Haced esto muchas veces en memoria mía no se refiriese también a todos. La distinción entre laico y sacerdote es una creación artificial de la jerarquía que tomó el control y el poder de la Iglesia y se autoatribuyó unos poderes y unas funciones que el Maestro no le asignó. Para Jesús todos somos sacerdotes, o más exactamente, todos somos laicos, y todos tenemos en la comunidad de Jesús las mismas funciones y atribuciones, con independencia del sexo y del estado civil de cada uno. No hay distinción entre personas sagradas y profanas. Para Jesús todas las personas son sagradas.

La diferenciación entre sacerdote y laico, entre persona consagrada y no consagrada, va a constituirse después del siglo IV, y con el paso del tiempo, en un elemento de clasificación social. El sacerdote pertenecerá a un estamento social diferente. Funciones que antes eran realizadas por cualquier miembro de la comunidad, bautizar, consagrar el pan y el vino y la realización de otras funciones, fueron siendo reservados para el clérigo, que además siempre debía ser varón. La comunión en la boca, obligatoria durante mucho tiempo, pretendía simbolizar la minoría de edad de los laicos; a los niños se les da la comida directamente en la boca sin permitir que la tomen con la mano. El Maestro había dicho: Tomad y comed… Tomad y bebedLa clerecía se atribuyó a sí misma la capacidad de corregir al Maestro y suprimir los dos Tomad, además del bebed. Además, durante siglos, se permitieron secuestrar las Sagradas Escrituras para que no fuesen traducidas a idiomas accesibles al laicado, que no conocía el latín ni el griego, ni mucho menos el hebreo. Aún hoy, cuando ya se corrigieron algunos de esos abusos, en las homilías de las celebraciones litúrgicas sólo puede hablar el celebrante, o sea el clérigo o sacerdote. A los fieles laicos se les reserva la única función de escuchar. En relación con esto último, uno no puede menos que recordar los siguientes pasajes del libro de los Hechos de los Apóstoles:

(Cap. 2, 17-18) Sucederá en los últimos días, dice Dios, que derramaré de mi Espíritu sobre toda carne. Vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán, vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños. De cierto, sobre mis siervos y mis siervas

en aquellos días derramaré de mi Espíritu, y profetizarán.

(Cap. 19, 5-7) Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús.  Y cuando Pablo les impuso las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo, y ellos hablaban en lenguas y profetizaban.  Eran entre todos como doce hombres.

(Cap. 21, 7-9)  Habiendo completado la travesía marítima desde Tiro, arribamos a Tolemaida; y habiendo saludado a los hermanos, nos quedamos con ellos un día.  Al día siguiente, partimos y llegamos a Cesárea. Entramos a la casa de Felipe el evangelista, quien era uno de los siete, y nos alojamos con él. Este tenía cuatro hijas solteras que profetizaban.  

Sea cual sea el significado concreto que se quiera dar al término “profetizar” en esos versículos, lo que queda claro en ellos es que es Dios quien suscita los profetas, y éstos no son el resultado de una carrera eclesiástica. El Espíritu sopla donde quiere, dice en otro lugar la Escritura. No es ninguna institución la que gestiona el Espíritu y el profetismo. Y sin embargo nuestra Iglesia del Código de Derecho Canónico, que no de la Escritura, pretende acaparar, administrar y gestionar la acción del Espíritu, diciéndole a Dios, por medio de un dogma proclamado en el Concilio Vaticano I, que el Espíritu debe soplar sólo en el Papa de Roma, y que en los actos litúrgicos pueden profetizar o predicar sólo los sacerdotes ordenados según sus normas canónicas.

Otra consecuencia del secuestro de las Escrituras, por medio de su confinación en las lenguas no populares, para que el pueblo no tuviese acceso a ellas, es que aún hoy, cuando esa prohibición ya no existe desde hace más de dos siglos, gran parte de los católicos jamás leen los textos bíblicos. Muchos de ellos ni siquiera tienen  un texto del Nuevo Testamento y menos aún del Antiguo. Y los que tienen en casa una biblia bellamente encuadernada jamás suelen leerla ni sabrían argumentar algo en base a su contenido. En cierto modo esto también es una herencia del siglo IV pues fue entonces cuando el autodenominado “Magisterio de la Iglesia”, con sus dogmas y concilios, empezó a constituirse de hecho, frente a las escrituras, en fuente de Revelación. A fin de cuentas, fue ese magisterio, por medio del Concilio de Cartago (año 393) el que determinó cuáles textos del Antiguo y del Nuevo Testamento eran canónicos y cuáles no. Se puede estar de acuerdo con la selección realizada, que fue bastante acertada, pero el caso es que por esa vía la Jerarquía, el Magisterio, se antepone a cualquier otra fuente de Revelación y legitimización.

Otro elemento del legado o herencia del nefasto siglo IV fue la institucionalización del culto, de la liturgia de los actos religiosos cristianos. Lo que con anterioridad había sido experiencia vital, genuina, espontánea de piedad, de fe y de identificación con el mensaje y el recuerdo de Jesús, cristalizó en formas rituales que acabaron perdiendo el sentido de lo que pretenden simbolizar. Cualquier merienda, festín, pic-nic, lunch, o como se le quiera llamar, de los que ocurren en la vida profana, se parece más, en la forma y en el fondo, a la Cena del Señor que las misas que tienen lugar en las iglesias todos los domingos, presididas por un celebrante vestido de romano, situado en un lugar, llamado presbiterio, apartado del resto de los participantes, dónde sólo él habla, reza y declama, quedando al resto de los presentes la única función de decir “amén” unas cuantas veces, y poco más, sin interactuar y relacionarse entre ellos y a menudo sin conocerse siquiera. Las comisiones de liturgia que la Iglesia tiene en varios niveles de su organización, incluso a nivel de parroquia donde están constituídas por laicos, más que cuestionar este sistema, lo que hacen es poner toda su atención en conservar ese carácter ritual, ceremonial, cultual, litúrgico, de lo relacionado con la devoción, profundizando en la diferenciación entre lo profano y lo sagrado: culto celebrado por personas consagradas frente al laicado profano, celebrado en lugares sagrados, separados del territorio profano, celebrado en días festivos o sagrados para diferenciarlos del tiempo normal, y sobre todo, celebrados en un tono, unos signos, unos gestos y unas formas convencionalmente sagradas para diferenciarlas deliberadamente de la actuación en la vida corriente. De esta manera la relación con Dios, que se supone se realiza en ese culto, es cualquier cosa menos auténtica. Lo auténtico y real es la vida que tiene lugar fuera del templo y fuera de esos actos litúrgicos, y la verdadera devoción que Dios espera de nosotros es que nos dediquemos a que esa realidad del mundo evolucione hacia lo que Jesús llamaba el Reino de los Cielos, el Reino de Dios y su justicia. No se trata de rechazar las asambleas cristianas sino de conseguir que su contenido y desarrollo sean más auténticos y menos teatrales, que recuperen el sentido de los ágapes en los que los primeros cristianos celebraban y recordaban la Cena del Señor. Cuando una ceremonia, un rito, un sacramento… deben ser explicados a los fieles para que comprendan su significado, es porque han perdido su capacidad de signo o símbolo de lo que representan. Gran parte de los asistentes a los ritos religiosos, por ejemplo la misa dominical, están allí porque se les inculcó la obligatoriedad de asistir a esos actos, pero sin comprender de que va aquello que se realiza en el presbiterio y porqué es necesario estar allí presente aunque sin participar más que para escuchar y decir “amén”, “aleluya” y otras expresiones cortas ya elaboradas por la comisión de liturgia. Esa forma de ritualización de la piedad y la devoción es una herencia del paganismo, algo inexistente en el cristianismo de los primeros siglos. La Iglesia ha evidenciado durante 17 siglos su incapacidad para librarse de esa influencia de los cultos idólatras.

También le va a resultar difícil a la Iglesia librarse de otro extraño elemento que se fue pegando a ella principalmente a partir de ese siglo IV. Se trata de la demonización del sexo y todo lo relacionado con un acto tan vital y natural como actividad sexual. A decir verdad, el cristianismo ya había recibido del judaísmo un código muy estricto de cosas permitidas y prohibidas en ese terreno, pero mientras que en otros temas los seguidores de Jesús supieron librarse de la minuciosidad y puntillosidad talmúdica de la tradición hebrea, en lo referente al sexo no solamente asumieron todas las restricciones judías sino que las aumentaron y potenciaron hasta extremos increíbles. Para los cristianos (especialmente los de la Iglesia Católica Romana) casi todo lo referente al sexo es pecado, Aunque en teoría se diga que es legítimo el acto sexual realizado dentro del matrimonio, la Iglesia pone tantas trabas, limitaciones, cortapisas y controles a la forma en que se realiza que, de hecho, lo constituye en prácticamente imposible de realizar sin pecar. Ya en el siglo IV, del que estamos tratando, Agustín de Hipona, que aún hoy es considerado un “Doctor de la Iglesia”, decía que cuando los esposos ya no podían, por la edad, procrear hijos deberían abstenerse del acto sexual bajo pena de pecado “venial”. Al menos, en la clasificación de pecados que él mismo estableció, el que asigna a los mayores de edad que aún conservan vigor para el acto sexual no los condena al fuego eterno (¡menos mal!) sino sólo a unos meses de purgatorio. Profundizando en esa actitud de demonización del sexo, en el siglo IV ya se recomendaba el celibato a los sacerdotes y un siglo o dos más tarde ya era obligatorio. Con muy buen criterio, en las Iglesias de rito oriental y en las reformadas no se aplica esa restricción pero la la iglesia vaticana sigue imponiéndola a sus sacerdotes y a los clérigos no sacerdotes de las órdenes religiosas y monacales. Todavía en nuestros días, un papa reciente, que también va para santo y doctor de la Iglesia, decía que los esposos durante la realización del acto sexual debían abstenerse de tener pensamientos libidinosos y fantasías eróticas; lo que no explica el infalible doctor es cómo se puede realizar bien ese acto sin poner en él la atención del pensamiento y el poder de la imaginación. El pueblo, cristiano o no, haría muy bien absteniéndose de la levadura de estos modernos fariseos.

Resumiendo, el siglo IV de la Era cristiana marcó al cristianismo de una forma que aún perdura, y no sólo en la Iglesia Católica Romana sino en todo el conjunto de iglesias que conforman el tronco principal del cristianismo: católicos, ortodoxos orientales, anglicanos, luteranos… Todas esas iglesias tienen un Credo muy parecido y se aferran a él con el mismo grado de dogmatismo, todas ellas hicieron del culto litúrgico el centro de su actividad religiosa, todas ellas se estructuraron organizativamente de forma parecida, con un sacerdocio excluyente y una jerarquía que asume todos los poderes, todas ellas son proclives a la connivencia con los poderes políticos para obtener ventajas y prebendas incluso al precio de traicionar el espíritu del Evangelio… y las diferencias entre ellas no son grandes. Pues bien, a lo largo de bastantes siglos esas iglesias evidenciaron su incapacidad de superar las pequeñas diferencias teológicas que las separan; por lo tanto no cabe esperar que lleguen a un acuerdo para superar el abismo que separa a todas ellas del Evangelio de Jesús.

 

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                                                                                                        (continuará…)

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LA IGLESIA EN ASTURIAS

Alfredo Cueto.

Aunque dentro de cada país las diferencias son mínimas… Sin embargo, depende mucho de dónde se la contemple… No es la misma en todos los ambientes y lugares, ni para todas las personas, edades y circunstancias…

En los tiempos actuales está perdiendo mucha credibilidad, disminuye el número de sus seguidores y la práctica cultual, se cuestiona la doctrina de la iglesia e incluso los dogmas, la jerarquía desde la muerte de Franco no encuentra su lugar en la sociedad laica, vive en permanente enfrentamiento con los gobiernos y aún no asimiló que está en un país democrático.

Es muy difícil ver en la iglesia jerárquica una referencia al Evangelio y a Jesús de Nazaret. La actitud de servicio, sencillez, humildad, pobreza, solidaridad brillan por su ausencia. El poder, el dominio, incluso de las conciencias, las grandes manifestaciones cultuales, el boato ornamental, las rúbricas litúrgicas, el lenguaje clerical y eclesiástico ocultan la realidad y anulan el mensaje… No se nos entiende… El pueblo tiene otro lenguaje distinto, más directo y sincero…

Se practica la pastoral de masas en los grandes eventos y concentraciones en lugares privilegiados… No preocupa la calidad, sino la cantidad… Somos muchos y no preguntamos cuántos faltan… Los niveles de testimonio y compromiso no funcionan…

Si hablamos de distancias, diferencias, desigualdades, posibilidades y clases las cosas se complican… Si el “Maestro” es el mismo ¿por qué tantas diferencias, desigualdades y posibilidades entre personas, puestos, parroquias, diócesis…?. Los puestos, categorías y clases (esclavos y señores) en la iglesia, sigue muy arraigado. Lo de servidores nadie lo quiere… Solo valen las parcelas de poder del signo que sean…

 

Alfredo J. Cueto

 

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SUEÑO CON ESA IGLESIA

 

Sueño con esa Iglesia próxima a las personas excluidas y marginadas, que se pone a su lado y de su lado, y que lucha por su igualdad y bienestar. Esa Iglesia que es testimonio coherente y convincente del Mandamiento del Amor. Sueño con esa Iglesia sin poder, que vive la pobreza y la austeridad, utilizando sus bienes materiales en favor de los demás. Esa Iglesia donde sus cuentas bancarias se encuentran en números rojos, igual que lo están, las de tantas familias que no pueden llegar a fin de mes. Sueño con esa Iglesia sin alzacuellos almidonados y sin casullas bordadas con hilo de oro, que le impiden avanzar con libertad. Esa Iglesia que alienta y acoge a los sacerdotes que viven su ministerio en soledad, y a las parroquias que celebran sencillamente la fe sin grandes ornamentos.

Sueño con esa Iglesia que reconoce la labor realizada por instituciones y asociaciones, dedicadas a poner en práctica la solidaridad. Esa Iglesia donde las religiosas y religiosos destinados en distintos sectores, son distinguidos por su activa presencia, valorados por su digna y encomiable misión, y tomados en cuenta para planteamientos y decisiones eclesiales.

Sueño con esa Iglesia que tiene presente la diversidad de planes pastorales, y respeta siempre su estimable quehacer. Esa Iglesia donde todas las acciones sociales y caritativas gozan de identidad propia, y cada una, sin exclusión, es merecedora de apoyo y consideración por igual, porque ninguna es superior ni más notable que las demás.

Sueño con esa Iglesia que desde la igualdad, trabaja en equipo con seglares y profesionales. Esa Iglesia que practica la justicia, respetando los derechos de tantos trabajadores remunerados en los diversos proyectos que posee, y donde cada asalariado participa activamente con el 'patrón', en la buena marcha de la 'empresa'.

Sueño con esa Iglesia sin cepillos en los templos, sin colectas programadas y sin estipendios establecidos por la celebración de los sacramentos. Esa Iglesia donde cada miembro desde su libertad y con profunda convicción, dona y comparte lo mejor de su ser.

Sueño con esa Iglesia que se enriquece con opiniones diferentes, y con la aportación de nuevas ideas para su edificación. Esa Iglesia que no se enclaustra en su verdad, sino que vive la transigencia y la tolerancia, porque quiere seguir creciendo con sensatez.

Sueño con esa Iglesia que camina con un respetable número de voluntariado, que vive su compromiso desde la fraternidad. Esa Iglesia sin dirigentes de despacho, que se esfuerza por aprender con cada voluntario, el verdadero sentido de la gratuidad.

Sueño, en definitiva, con la Iglesia de quien fue crucificado por los que rezaban de pie en las sinagogas, y decían estar muy cerca de Dios. Esa Iglesia pobre y sencilla, creíble y solidaria, auténtica y llena de fe, cuyo único objetivo es seguir el ejemplo de Jesús, con todas las consecuencias. Los sueños, sueños son, y yo quiero continuar soñando.

Carmen García González, voluntaria de pastoral penitenciaria y de la cocina económica de Gijón