PLENITUD DEFINITIVA

PARA TODOS Y PARA TODO

 

The New York Times elogia al Papa Francisco como "constructor

de puentes en una época de construcción de muros"

 

Necesitamos grandes voces proféticas, como la del Papa Francisco para defender a los pobres, y no las de la Comisión Europea de hace unos días para rechazar y expulsar a los inmigrantes a fin de que retornen a la miseria de donde han salido.

 

Mateo 17,1-9:

Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago ya su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos y su rostro resplandecía como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con El. Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: "Señor, ¡qué hermoso es estar aquí! Si quieres, haré tres chozas: una para ti, otra para Moisés otra para Elías", Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: "Este es mi Hijo, amado, el predilecto. Escuchadle". Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y tocándoles les dijo: "Levantaos, no temáis". Al alzar los ojos no vieron a nadie más que a Jesús, solo. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: "No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los muertos".

 

Este pasaje del Evangelio que nos cuenta la transfiguración de Jesús es una maravilla de esperanza. Cada vez que lo leo me acuerdo del gran Pitágoras, que varios siglos antes de Jesucristo tuvo una profunda reflexión al afirmar que lo que empieza no termina nunca, que la vida es para siempre, que la vida no se acaba, tan solo cambia.

 

1.-Jesús lleva a Pedro, Santiago y Juan a una montaña alta: Las montañas en la Biblia son signo de algo grande, de triunfo,  de manifestación de Dios, donde Él se encuentra con los seres humanos, con el pueblo, con la humanidad. Su altura y su solidez son símbolos de exaltación, de poder, de fortaleza, de energía, de perennidad.

 

Las vestiduras blancas tienen también un significado parecido, de felicidad, de plenitud, de grandeza, de dignidad, de encuentro con Dios.

 

2.-Las vestiduras blancas: aparecen bastantes veces  en la Biblia, sobre todo en los Evangelios y el Apocalipsis. En esta escena de la transfiguración Jesús aparece vestido de blanco como la luz. Para Marcos eran resplandecientes y tan blancas como no los puede volver ningún batanero del mundo. Para Lucas eran de una blancura fulgurante. El ángel que retira la piedra de la sepultura de Jesús y anuncia a María Magdalena y a otra María que ha resucitado, aparece vestido de blanco como la nieve, y dos “hombres” que lo anuncian a varias mujeres, entre las que está también María Magdalena, aparecen igualmente con vestidos deslumbrantes.

 

A esa plenitud resplandeciente, brillante, luminosa, estamos llamados todos los hombres y toda la creación, desde más allá del mismo big-bang, porque el origen de ese destino es Dios mismo.

 

3.-“¡Qué hermoso es estar aquí!”: Pedro se siente muy bien en la cumbre de la montaña y quiere quedarse allí. Todos aspiramos a la felicidad, a la alegría, a la vida, a la hermosura, a la plenitud.

 

Con esta escena Jesús quiso hacerles comprender a estos tres discípulos que tenían más influencia en todos los demás, que tanto a El mismo como a todos los demás nos espera un estado definitivo de vida, de plenitud, de grandeza, de felicidad, de vida sin fin; todo lo cual Jesús ratificará hablando muchas veces de la resurrección para El y para todos nosotros. Jesús nos anuncia que Dios “es un Dios de vivos, no de muertos, porque para El todos están vivos”,(Lucas 20,38).

 

4.-Este es mi Hijo amado...escuchadle: Una cosa es oír y otra escuchar. Oír oímos mucho, sobre todo en el mundo civilizado. Escuchar es otra cosa, es estar atento a lo que oímos. Todo es ruido por todas partes. Quizá tanto ruido nos impide escuchar, pararnos a pensar, reflexionar, interpretar el sentido de nuestra vida. La voz de Dios nos pide que escuchemos a Jesús, porque su mensaje es de liberación total, inmanente y trascendente.

 

5.-“Cayeron de bruces, llenos de espanto”: La voz de Dios asusta a los tres discípulos. No estaría mal que esa voz de Dios asustara hoy algo más que un poco a los grandes del dinero, del poder, de la política y de las armas, del FMI, del BM,  de la OMC, de la Multinacionales, que solo piensan en si mismos y ni escuchan ni piensan para nada en los gritos de dolor y sufrimiento de los oprimidos del mundo, de los encarcelados, de los emigrantes, de los sin tierra, de los padres y madres que ven a sus hijos llorar y morir de hambre, de sed, de guerras y atentados, de enfermedades evitables, de ignorancia, de ritos salvajes y religiones antihumanas como la que condenó hace poco tiempo a Vilma Murillo a morir quemada por considerarla endemoniada. Que tampoco escuchan el llanto de la Tierra empobrecida, maltratada, esquilmada y oprimida por ellos.

 

6.-Grandes voces proféticas como la de Francisco: Hoy necesitamos grande voces proféticas, como la del Papa Francisco, que denuncien las grandes maldades de este mundo y promuevan un mundo de vida, de esperanza, de ilusión, de liberación para el Hombre y la Madre Tierra, que sean voz de los oprimidos del mundo, y no la de los miembros de la Comisión Europea, que acaba de instar a los Estados Miembros a que detengan a las personas migrantes con mayor rapidez y por períodos de tiempo más largos, y presenta el aumento de retornarlos como elemento disuasorio clave para frenar la migraciónEl resultado de dicha política será un debilitamiento y negación de los derechos humanos en el proceso de retorno y de asilo.

 

7.-Bajar de la montaña para subir definitivamente a ella: Jesús baja a los tres discípulos de la montaña. Hay que volver a la arena de la vida, a la lucha, al compromiso en la construcción del Reino de Dios para el Hombre y para toda la Creación aquí y ahora, pues todos y toda ella estamos destinados a la plenitud definitiva, de la cual seremos tanto más dignos cuanto más hayamos luchado en este mundo para conseguirla para todos y para toda la creación, subiendo definitivamente a la cumbre de la montaña de la plenitud de la vida.