PARA ACERCARSE A LO SAGRADO,

HAY QUE ACERCARSE A LO HUMANO

 

Desde la encarnación de Jesús lo divino y lo humano

son algo absolutamente unido e inseparable

 

Los cristianos del mundo desarrollado, ¿podemos acercarnos dignamente a celebrar la Eucaristía? ¿No tendrán mucho contra nosotros los empobrecidos del Tercer Mundo, ya que gran parte de los bienes que tenemos es a costa de ellos y su pobreza?

 

Mateo 5,17-37:

Dijo Jesús a sus discípulos: "No creáis que he venido a abolir la ley o los profetas: no be venido a abolir, sino a dar plenitud. Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley. El que se salte uno solo de los pre­ceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres, será el menos importante en el Reino de los Cielos. Pero quien los cumpla y enseñe, será grande en el Reino de los Cielos. Os lo aseguro: si no sois mejores que los letrados y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cie­los. Habéis oído que se dijo a los antiguos: no matarás, y el que mate será procesado. Pero yo os digo: todo el que esté peleado con su her­mano será procesado. Y si uno llama a su hermano "imbécil", tendrá que comparecer ante el Sanedrín , y si lo llama "renegado", merece la condena del fuego. Por tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda. Con el que te pone pleito procura arreglarte en seguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue ai juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cár­cel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último cuarto. Habéis oído el mandamiento "no cometerás adulterio". Pues yo os digo: el que mira a una mujer casada deseándola, ya ha sido adúlte­ro con ella en su interior. Si tu ojo derecho te hace caer, sácatelo y tíra­lo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero al Abismo. Si tu mano derecha te hace caer, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero al Abismo. Está mandado: "El que se divorcie de su mujer, que le dé acta de repudio". Pues yo os digo: el que se divorcie de su mujer -excepto en caso de prostitución- la Induce al adulterio, y el que se casa con la divorciada comete adulterio. Sabéis que se mandó a los antiguos: "No jurarás en falso"y "Cumplirás tus votos al Señor". Pues yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios, ni por la tierra, que es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por su cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo pelo. A vosotros os basta decir sí o no. Lo que pasa de ahí viene del

 

 

1.-Toda relación verdadera con Dios, pasa a través de la relación con los demás: Desde la encarnación de Jesús, lo divino y lo humano están absolutamente unidos y son inseparables. Los letrados y fariseos se tenían por fieles cumplidores de la ley y los cultos, pero con la gente eran hipócritas, tramposos, explotadores de los pobres, amantes de los primeros puestos. Se tenían por gente de orden, superiores a los demás, pero no eran buena gente. Despreciaban a los que no eran como ellos. Así no se puede pertenecer al Reino de Dios, porque no se puede tener una buena relación con Dios sin tenerla con los demás.

 

Para Jesús lo sagrado está subordinado a lo humano y por eso dice claramente: si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presen­tar tu ofrenda. Los cristianos del mundo desarrollado, ¿podemos acercarnos dignamente a celebrar la Eucaristía? ¿No tendrán mucho contra nosotros los empobrecidos del Tercer Mundo, ya  que  gran parte de los bienes que tenemos es a costa de empobrecerlos a ellos?

 

2.-Pleitos y juzgados: Olvídate de pleitos y juzgados de guardia, pues aunque ganes pierdes, y arréglate siempre por las buenas, porque los jueces, los abogados, los fiscales, viven de los pleitos. Si no hay pleitos se acaba el negocio. Que nuestra norma sea siempre ser justos actuando justamente. Pero no se van a quedar sin trabajo, porque solo con la corrupción, los divorcios y las injusticias laborales y profesionales que hay en España, hay trabajo para todos ellos y muchos más, pues el número de asuntos en trámite en los Juzgados y Tribunales españoles a final de 2014 era de 2.562.153, y el número de asuntos pendientes era  8.653.160.

 

Estas cifras son un  reflejo de los conflictos, tensiones y problemas que hay en la sociedad, y sin duda de muchos sufrimientos que anidan dentro de tantas personas, y más considerando que 71,3% corresponden al orden penal..

 

3.-Adulterio: Jesús habla aquí del adulterio, que rechaza sin paliativos. Pero, ¿por qué Jesús contesta así? A Jesús le indignaba sobremanera la falsedad de letrados y fariseos. Jesús conoce muy bien lo clarísima que era la marginación de la mujer en la Leyes que ellos aplicaban: el divorcio solamente lo podían solicitar los varones; las normas de la pureza legal se aplicaban mucho más a las mujeres que a los hombres. La intención principal de las palabras de Jesús no fue tanto establecer la indisolubilidad del matrimonio, como el denunciar una ley injusta, que discriminaba a la mujer, y promover una relación de iguales y complementaria entre el hombre y la mujer.

 

Jugar con los sentimientos, la nobleza y la lealtad de las personas es algo muy grave. Engañar a la pareja es una gran injusticia. Un matrimonio contraído con toda la ilusión pude llegar a marchar mal y fracasar hasta el punto de hacer completamente imposible la convivencia, pero esto nunca justifica engañar a la pareja con otra relación, clandestina o pública, mientras se está con ella, incluso antes de formalizar el matrimonio. Por eso, desde esa situación de compromiso previo, dejarse llevar por el deseo de irse con la mujer o el hombre ajenos, y más si ya pertenece a otro u otra es incompatible con la dignidad de la persona y por tanto con el mensaje de Jesús, porque es una grave injusticia contra la propia pareja o la pareja del otro u otra. El marido o la mujer de otro u otra no son míos.

 

Pero la infidelidad es mucho más que eso, pues si mi diario vivir no está lleno de interés por el otro, ya estoy siendo infiel. La fidelidad tiene que ser física, de mente y de corazón.

 

 El amor es el fundamento del matrimonio: si no hay amor, no hay matrimonio.  Solo el hombre y la mujer juntos son la verdadera imagen de Dios ( Génesis 1,27). El matrimonio ha de ser una situación privilegiada para vivir el amor mutuo, desde todas las dimensiones integrales del ser humano: física, sexual, afectiva, sicológica, emocional, espiritual, complementaria y plenificadora; y desde esa unión en el amor pleno, no solo amar a los hijos sino además provocar en ellos el nacimiento constante y progresivo del amor, hasta que toda la familia viva el compromiso de amar a los demás sin esperar nada a cambio, especialmente a los más empobrecidos del mundo. El matrimonio ha de ser una senda diaria de cuidados del uno al otro, abierta al cuidado de todos y de todo.

 

 El amor hay que cuidarlo cada día, pero si por no hacerlo, el amor ha muerto, ¿cómo puede haber matrimonio? Puede haber una relación jurídica o legal, pero no matrimonial. Consumada la ruptura, por haberse acabado el amor, y ser totalmente imposible la convivencia, después de haber hecho todo lo posible por evitar la ruptura, incluso buscando la mediación de otras personas que nos ayuden, hay que hacerla lo menos traumática y onerosa posible para ambas partes, de manera ordenada, justa y pacífica, y muy especialmente para los hijos, si los hay. A partir de ahí cada cual juzgue si se considera legitimado para rehacer su vida con otra persona, y más si fue la otra parte la autora de la infidelidad.

 

 

4.-Integridad personal: nuestra integridad personal, nuestra sinceridad y autenticidad, nuestra nobleza y lealtad deben ser de tal calidad que nuestro sí y nuestro no sean siempre por si mismos dignos de toda credibilidad. Por algo Jesús dice: “a vosotros os basta decir sí o no”, y también: “la verdad os hará libres” (Juan 8,32).

 

faustino.vilabrille@gmail.com

 

archivo adjunto ampliando el apartado 3.

 

 

SEPARACIÓN Y DIVORCIO

LOS DIVORCIADOS EN LA IGLESIA CATOLICA

 

Benjamín Forcano

 

Es un hecho la existencia de miles y miles de parejas católicas divorciadas, en España y en el mundo entero. Entre esos miles, es innegable que muchos han llegado a una situación extrema de conflicto y fracaso, donde el sentido común y la razón aconsejan una separación  o un divorcio.

   ¿Qué ocurre y cómo se acoge a estos miles de parejas que, pese haber iniciado un proyecto con amor y haber luchado por mantenerlo, llega un momento en que fracasan y su convivencia es del todo imposible? ¿Qué se les dice? 

   Para ellos la respuesta es que, si se casaron con amor y libertad, no hay solución, no hay más solución que ponerse a convivir, remontar el fracaso, y demostrar que siguen siendo marido y mujer.

           ¡Son marido y mujer!

¿Aunque no puedan convivir? ¿Aunque su relación sea nula? ¿Aunque no vuelvan a amarse nunca? ¿Aunque sea con el riesgo de hacer de su hogar un infierno? ¿Aunque decidan alejarse el uno del otro para siempre?

         Hablo de situaciones claras de fracaso, donde el amor ha muerto. Y si el amor ha muerto, ¿qué clase de matrimonio puede haber?  Y cuando el amor muere en una pareja, ¿cómo se puede seguir sosteniendo  que ella es matrimonio? 

   ¿Y cuál es la solución  concreta que se da para estos casos?

 Canónicamente, ninguna. O mejor, seguir figurando públicamente  como matrimonio,  aunque nunca más lo sean. Y si se casan, por lo  civil obviamente, ese matrimonio no  es reconocido  y se les califica como concubinos, pecadores públicos, indignos de recibir la sagrada comunión y de figurar como padrinos en un bautizo.

        Esta postura es, en primer lugar, impropia de la tradición católica. La absolutización  del valor de la  indisolubilidad no siempre fue así. La indisolubilidad es un valor-ideal, que ojalá todos vivieran como algo propio, desde dentro, un valor que corresponde al plan original de Dios, pero Dios no lo impone a todos, en todo lugar y circunstancia, sino que, en casos de fracaso, e incapacidad humana, Dios actúa con la economía de  la comprensión, del perdón y de la misericordia.

         Y esta economía misericordiosa encaja con la condición humana, con la condición propia del matrimonio que, al estar basado en  personas libres, no excluye –no lo puede excluir- que el proyecto corra riesgos, conflictos graves y acabe a veces en fracaso y ruptura.

La debilidad y la defectibilidad son un propio del ser humano y, cuando se dan, deben ser atendidas, racional y amorosamente. La perfección, la perfección absoluta,  no es propia de este mundo. El ideal es algo a lo que hay que tender, pero hay situaciones en que, empeñarse en mantener el ideal, se convertiría en contraproducente. Siempre hay que procurar lo mejor, que no siempre coincide con el ideal. Son muchas las situaciones en que, sin renunciar al ideal, debemos procurar lo mejor, porque lo mejor es muchas veces enemigo de lo ideal.

 

NOTA PERSONAL: España, se producen de manera estable unos 130.000 divorcios al año, de forma que medio millar de personas al día pasan a ser divorciados.