El mundo de Jesús de Nazaret

Comentario Evangelio 2 de julio 2017

El hambre y la sed tienen nombre de mujer, pues

el 70 % de los hambrientos y sedientos del mundo son mujeres.

 

Mateo 10-37-42: Dijo Jesús a sus apóstoles: «El que quiere a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí; y el que no coge su cruz y me sigue no es digno de mí. El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí la encontrará. El que os recibe a vosotros me recibe a mí, y el que me recibe recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta tendrá paga de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo tendrá paga de justo. El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pobrecillos, sólo porque es mi discípulo, no perderá su paga, os lo aseguro.»


El mensaje del Evangelio no se puede interpretar solo desde un pasaje concreto, es necesario mirarlo en su conjunto. Para comprender un poco este pasaje tan radical del Evangelio de este domingo es necesario entrar dentro del mundo ideal que Jesús quería para toda la humanidad.


¿Cuál es?


Jesús quiere hacer de la humanidad la gran familia de los Hijos de Dios, donde la fraternidad sea algo que realmente todos vivamos. Para Jesús todo ser humano tiene que ser siempre mi hermano.Tengo que verlo y tratarlo como hermano por encima de todo y sobre todo. Más allá de su figura humana, de su apariencia, tengo que ver en él a Jesús, y tratarlo como Jesús lo haría y como de hecho realmente así lo hizo. Es el valor y la dignidad infinita con que El tomó en consideración a todo ser humano. Para Jesús todos somos iguales: “a nadie llaméis señor sobre la tierra, todos vosotros sois hermanos”.


Jesús quiere que toda nuestra vida sea una entrega permanente a los demás, que lo sea la de todos para todos. Jesús quiere que todo ser humano sea para otro ser humano su padre, su madre, su hermano: “el que escucha la palabra de Dios ese es mi padre, mi madre y mi hermano”. Jesús quiere que superemos los límites del círculo familiar, para formar entre todos un gran círculo que abarque a la humanidad entera.

 

A partir de ahí, el acto más sencillo, como dar un vaso de agua, adquiere toda una dimensión de trascendencia y por tanto no quedará sin su paga: “el que dé un vaso de agua a uno de estos pobrecillos… os aseguro que no perderá su paga”, “tuve sed y me disteis de beber”.

 

Por cierto, ¿qué estamos haciendo cada uno de nosotros para dar agua de beber al 71 % de los habitantes de Somalia que carecen de ella, el 57 % en Guinea Ecuatorial donde gobierna un dictador que estudió en España, el 55% en la Rep. Demo. del Congo donde son violadas niñas ya de dos años, el 54 % en Madagascar, el 53 % en Mozambique, el 51 % en el Níger de donde Francia lleva el Uranio para sus 59 centrales nucleares y los nigerianos se mueren de hambre, el 50 % en Mauritania, etc.?


Y si nos vamos a América del sur, también carecen de ella el 50% en Ecuador, el 41 % en Colombia, el 37 % en República Dominicana, 36 % en El Salvador, 30 % en Brasil. Ninguno llega al 100 x 100.

Mientras los países del norte gastamos millones de litros de agua en los campos de Golf (solo en España hay más de 600 cada uno de los cuales consume de 200.000 a 300.000 m3/año, resulta que carecen de ella en:

 

África subsahariana: 319 millones
Asia meridional: 134 millones
Asia oriental: 65 millones
Asia suroriental: 61 millones
El resto de regiones: 84 millones

Total: 663 millones de personas.

 

Como siempre, África lleva las de perder, sobre todo las mujeres y los niños/as. El hambre y la sed tienen nombre de mujer, pues el 70 % de los hambrientos y sedientos del mundo son mujeres.

Jesús dio mucha importancia al agua: para convertirla en vino y alegrar una boda (Juan 2,1-11), para pedírsela a una mujer samaritana (Juan 4,4-30), para valorarla aunque solo sea un vaso para un sediento (Mateo 10,42), para bautizarse El y bautizarnos con ella y así decidirnos por El y su Mensaje (Marcos 1,9 y Mateo 28,19), para pasear a su lado (Mateo 4,18), para caminar sobre ella (Juan 6,19), para considerarla como símbolo de vida en plenitud (Juan 4,10 y 14), y sobre todo y más importante para que lo identifiquemos en los que tienen sed y Le demos y les demos de beber (Mateo 25,35).

 

Entre los proyectos que más agradecen los empobrecidos del Tercer Mundo están los del agua, junto con los de alimentación y salud. Los tres aparecen en el mensaje definitivo de Jesús para toda la humanidad: Mateo 25,31 a 46.

Con el cambio climático el agua pronto va a tener mucho más valor que todos los diamantes y todo el oro del mundo. Cuidar el agua es cuidar la vida. Solo lo haremos bien cuando demos a cada ser humano el mismo valor que le dio Jesús.

Jesús es Buena Noticia para los pobres, pero es mala para los ricos, porque ninguna riqueza es inocente. Como en los países desarrollados, o bien somos ricos o queremos serlo, no nos interesa casi nada el mensaje de Jesús, pues los países ricos explotamos sin parar a los pobres, lo cual es contradictorio con el Evangelio: conservamos los ritos (cada vez menos, pues bajan las bodas por la iglesia, las bautizos, las comuniones, etc., tal vez ¡afortunadamente!, porque los hemos desconectado de la vida), pero no conocemos y menos aún practicamos el mensaje del Evangelio (justicia, igualdad, fraternidad, amor, paz, vida, solidaridad), que es lo esencial para el futuro de la humanidad.

 
Cuando los ricos se desprendan de lo que les sobra, y los pobres tangan lo que les falta y todos nos cuidemos unos a otros y a la madre Tierra, la humanidad estará feliz y en paz, llena de vida y esperanza: el reino de Dios habrá llegado a nosotros. Infinitas gracias a tantas personas que ya lo estáis haciendo así.