PROFETAS

 

a.- Jesús, profeta de Dios.

A los cristianos nos ha llegado la imagen de un Jesucristo sacerdote, profeta y rey, interpretándolo a la luz del Antiguo Testamento. En realidad, al leer la vida de Jesús tal como se nos presenta en los evangelios, fácilmente percibimos que el Nazareno nada tiene que ver con los sacerdotes de Israel ni con los reyes de la tierra. Por eso hay que decir que estas metáforas son equívocas y por tanto no nos sirven. Leyendo los citados libros, lo que más bien parece es que Jesús fue un seglar que vivió pobremente al margen del templo y del poder político. Lo que aparece a simple vista es que quiso iniciar un movimiento religioso de laicos, tanto desde el punto de vista de la praxis como de la doctrina. En aquella sociedad teocrática, impregnada de una religión opresora de la gente pobre, él adopta una postura antisistema, en defensa de los oprimidos. Si quisiéramos relacionarlo con el judaísmo pasado habría que verle más bien como un profeta.

Observando la historia del cristianismo podemos concluir que, en general, sus seguidores no fueron capaces de ser ni vivir como él, enmarcados por las mismas coordenadas dentro de las que él vivió. Hubieron de sacralizar el movimiento y buscar el amparo de los poderosos. Como consecuencia de ello aparece un culto con sus sacerdotes y sus templos, unido ello al maridaje entre la cruz y la espada. El verle como “rey”, pantocrátor, suponía la sacralización de la autoridad que surge dentro de la comunidad y con ello, en correspondencia, el sometimiento sacralizado de los fieles, a los que se les exige obediencia en nombre de Dios, pues su autoridad es de “origen divino”. Todo ya diametralmente muy distinto a los comienzos. Entonces su muerte la habían decidido precisamente los sacerdotes (Anás y Caifás) y el poder político (Pilatos).

Como decía antes, sí podemos relacionar en determinados aspectos al Jesús de los evangelios con algunos de los antiguos profetas de Israel. Sobre todo en su actitud crítica de la religión y de la sociedad, estando al lado y defendiendo a los más pobres: viudas, niños, leprosos, lisiados, ciegos, hambrientos… También fue esencial en los profetas y en Jesús ser la palabra que hablaba de Dios e interpretaba el sentido de la naturaleza, de las personas y de la historia. E igualmente en común con los profetas tenemos la persecución que hubo de sufrir, que en su caso terminó con su muerte en cruz.

Las primeras palabras de los cristianos sobre Jesús no nos dan la visión de que fuera ni sacerdote, ni rey. Parece que le entendieron más bien como un profeta de Dios. Hoy son muchos los que piensan que es aquí donde realmente se encuentra el meollo de su personalidad y que es desde esta perspectiva desde donde mejor podemos comprender su figura. Por consiguiente, si queremos ver a Jesús teniendo en cuenta el A.T. hay que destacar en él el ser profeta. Pero hay otros conceptos que nos sirven mejor para entender su personalidad.

 

b.- Jesús, crítico

La actitud crítica de Jesús es uno de los aspectos fundamentales de su vida. Su crítica se centra especialmente en la religión, tan opresora, tan formalista, tan deshumanizada… La Ley y el culto, componentes esenciales de la religión judía, fueron objeto de su atención por la incidencia negativa que tenía en la vida de la gente sencilla. Veremos también en esta breve reflexión la libertad con que ejerció sus denuncias y la radicalidad de su compromiso que le conduce irremisiblemente a la muerte.

 

c.- Jesús comprometido

En Jesús fue muy importante el hablar, pero igualmente lo fue el hacer.

Lo más importante fue haber iniciado un movimiento nuevo, de seglares, sin clero. Eran creyentes, pues para ellos Dios significaba mucho. Un Dios padre, amor, conformando en torno a él una familia de hijos en la cual los predilectos serían los más necesitados.

También fue decisivo en él su enfrentamiento al formalismo religioso establecido, a los sacerdotes y al culto. Se percibe ya en una primera lectura de los evangelios. Es algo de bulto. El pueblo sencillo vivía oprimido por una religión que a través de múltiples preceptos era un agobio en su vida. Eran muchos los que no podían ni llegar a conocer “la ley” lo que ya les situaba en la marginación social en la teocrática sociedad judía. Aquí concretó su compromiso temporal. Quiso hacer un mundo mejor partiendo del mundo religioso, tan importante en aquel mundo suyo. Este fue su compromiso temporal liberador. Tres años de vida comprometida fueron suficientes para que los sacerdotes, precisamente ellos, tomasen la decisión de acabar con él.

 

d.- Jesús al lado de los marginados

Nace en el seno de una familia pobre y cuando sale de ella será para vivir aún más pobremente, sin casa, sin trabajo…, entregado enteramente a comunicar su visión de Dios, de la naturaleza, del ser humano, de las relaciones entre unos y otros…

Una escena en su vida que nos sitúa en el modo de verse Jesús así mismo: “El Espíritu del Señor está sobre mí porque él me ungió para evangelizar a los pobres, me ha enviado a anunciar a los cautivos liberación y a los ciegos visión, a poner a los oprimidos en libertad, a proclamar el año de gracia del Señor”. “Hoy se ha cumplido ante vosotros esta Escritura”. Es verdad lo que alguno dice: Jesús se fija más en el sufrimiento del ser humano que en el pecado del mundo. Los pobres, los cautivos, los ciegos y los oprimidos. En este texto se resalta el marcado carácter liberador con el que Jesús quiere significarse. Aquí comienza ya la persecución del profeta: quieren lanzarle al barranco.

 

c.- Jesús un hombre libre

Lo fue respecto a la ley, al templo, a la tradición, a la familia.

 

Es fácil concluir después de leer los evangelios que a Jesús nada le ataba, era absolutamente libre para hablar y hacer. Como soporte de esta libertad estaba su decisión de ser él mismo siempre sin dejar que nada ni nadie le condicionase sacar adelante su proyecto de vida.

 

 

Libre respecto a la ley

 

La Ley era la institución fundamental del pueblo judío. Religión y Ley venían a identificarse. Si un hombre violaba la ley, se consideraba como una ofensa directa a Dios. Por eso, violar la ley era la cosa más grave que podía hacer un judío. Una violación importante de la ley llevaba consigo la pena de muerte. 

 

Pues bien, estando así las cosas, el comportamiento de Jesús con relación a la ley se puede resumir en los siguientes puntos:

 

1) Jesús mismo quebrantó la ley al tocar a los leprosos, al curar en sábado (día de reposo), al tocar los cadáveres y revivirlos. 

 

2) Jesús consintió que sus discípulos quebrantasen la ley al comer con pecadores, prostitutas y paganos, al no practicar el ayuno en los días establecidos en la ley, al hacer lo que estaba expresamente prohibido en el día de reposo (sábado) al no observar las leyes sobre la pureza ritual. 

 

3) La Ley prohibía tocar a los leprosos, enfermos y cadáveres. Jesús cura "tocando" y con su contacto Jesús produce salud, vida y salvación. 

 

4) Jesús, en contra de la Ley, declara puros todos los alimentos y anula el privilegio que tenía el varón para separarse de la mujer y se sentaba, a comer  con prostitutas y paganos.

 

La libertad de Jesús frente a la ley nos enseña que el bien de la gente está por encima de cualquier ley o, de otro modo, que las leyes no pueden ser un obstáculo para que ayudemos a quien nos necesita, no lo pueden ser tampoco para hacer un mundo mejor.

 

 

Libre respecto al Templo, al culto, a la autoridad religiosa.

 

El Templo de Jerusalén era el centro de la vida religiosa, era el lugar de la presencia de Dios, allí donde uno se podía encontrar con él. Eso lo hacía especialmente sagrado para los judíos. 

Ello así, sin embargo en los evangelios no vemos nunca a Jesús participando en los ritos del templo. Él frecuentaba el templo, pero iba para hablar a la gente, porque era el lugar donde la gente se encontraba; por la misma razón, Jesús iba a veces a las sinagogas. Para orar al Padre del cielo, Jesús se iba a la montaña, o a sitios apartados ya que eso era su costumbre.

 

En la expulsión de los comerciantes del templo, tirando por tierra las mesas de los cambistas, vemos su total oposición al pago del tributo y un culto ligado al dinero que se practicaba allí de tal manera y hasta tal punto que, como es bien sabido, el templo era la gran fuente de ingresos para el clero judío e incluso para toda la ciudad de Jerusalén. De esta manera, el gesto de Jesús vino a tocar un punto neurálgico: el sistema económico del templo. El templo dejó de ser un centro de adoración y comunicación con DIOS, para convertirse en un lucrativo centro comercial. El gesto de Jesús tuvo que resultar un hecho totalmente intolerable. 

 

Por supuesto, Jesús tuvo que ser consciente de que, al actuar y hablar de aquella manera, se estaba jugando la vida. Pero entonces, ¿por qué lo hacía? Sencillamente porque el templo era el centro mismo de aquella religión. Y aquella religión era una fuente de opresión y de represión increíbles, una religión que apartaba al hombre de DIOS. Por eso Jesús anuncia la destrucción total del templo y de la ciudad santa (Mt 24:1-2). Porque para él todo aquello no era un espacio de libertad, sino una estructura de sometimiento, dados los abusos que en él se cometían. 

 

 

Libre ante el poder religioso:

 

El mensaje de los evangelios sobre el sacerdocio judío en general es un mensaje crítico, incluso provocador.

Resulta significativo que, por ejemplo, en la parábola del buen samaritano, los personajes prototipo de la insolidaridad son precisamente un sacerdote y un levita. Este texto, y otros, nos dan la visión negativa que tenía Jesús del clero judío. Y se nos explica el porqué: mientras lo propio de Jesús es el amor misericordioso que acoge al despreciado y marginado social, al enfermo, y al oprimido lo que caracteriza a los sacerdotes es el rito pomposo, la ceremonia formalista, el cumplimiento de leyes y rúbricas… Parece que para nada se preocupaban de los marginados de su pueblo, de la pobreza de una buena parte de la gente.

 

Los sumos sacerdotes son caso aparte. Son el poder religioso que se enfrenta directa y constantemente a Jesús, que termina muriendo en cruz. Entre Jesús y ellos hubo un enfrentamiento letal que se produjo porque Jesús se comportó y habló con una libertad absoluta. Jesús no los venera, no los adula, no los endiosa, sino que, por el contrario, los desprestigia y los pone en evidencia ante el pueblo y se enfrenta directamente con ellos.

Cuatro familias de sumos sacerdotes acaparaban todo el poder basándose en la fuerza brutal y en la intriga. De ellas dice un testigo de la época: "Son sumos sacerdotes, sus hijos tesoreros, sus yernos guardianes del templo y sus criados golpean al pueblo con bastones". Dominaban y oprimían al pueblo. Y eso es lo que Jesús no tolera ni soporta. Por eso él se rebela, toma postura frente a aquellas cosas y se manifiesta en contra de semejantes procedimientos y actitudes.

 

Libre en la familia

Los evangelios hablan de una manera muy crítica de las relaciones familiares, debido ello a que la familia del tiempo de Jesús era una estructura sumamente opresiva, dominante, esclavizante y machista. El modelo de aquella familia era el patriarcal dominante donde el padre o patriarca tenía todos los derechos y libertades, mientras que la mujer y los hijos tenían que vivir en el más absoluto sometimiento. Y eso es lo que Jesús no tolera. Por eso las relaciones familiares del propio Jesús con su familia tuvieron que ser enormemente críticas. En este sentido, el evangelio cuenta que sus parientes pensaban que Jesús estaba loco. Y en otra ocasión se dice que los parientes y los de su casa despreciaban a Jesús. De ahí que el propio Jesús afirmó un día que su madre y sus hermanos eran los discípulos, los miembros de la comunidad que le seguía.

Un día dijo Jesús a sus discípulos: "No os dejéis llamar 'padre' unos a otros en la tierra, pues Padre es uno solo, el del cielo". Con estas palabras, Jesús rechaza el modelo de relación familiar de sometimiento como modelo válido para sus seguidores.

Podemos concluir que el evangelio nos viene a decir que Jesús, al no tolerar las relaciones de sometimiento y dominación de unas personas sobre otras, rechaza ese modelo de relación como válido para los cristianos. El proyecto de Jesús es un proyecto de liberación integral del hombre. En la medida en que la familia se oponía a eso, en esa misma medida Jesús rechaza  la tradición  familiar. He ahí la razón profunda de la libertad de Jesús con respecto a la estructura familiar.