Descripción: La Nueva España

 

Carta a Gaspar en el 40.º aniversario de su muerte

13 de Diciembre del 2018 – 

Juana María García Iglesias (Sama de Langreo)

 

 

 

El 11 de diciembre de 1978 el comandante Marvin, con voz emocionada, daba

la triste noticia de tu muerte a través de Radio Sandino. Ya han pasado 40 años.

¡Dios mío, qué tristes y qué solos se quedan los muertos!, decía Becquer. Pero

yo sé, Gaspar, que tú no estás solo.

Tú estás con tu Cristo de Palacagüina, con el Cristo proletario y solidario, ese

que petrolea carreteras y chequea llantas en la gasolinera. El Cristo humano, el

Cristo obrero, el arquitecto, el ingeniero, el artesano, el carpintero. El que alza

los brazos para defender al pueblo del dominio explotador. El que anda por

todos los caminos, por veredas y por cañadas; el que no anda con "carambadas".

Con todos esos Cristos estás tú, como bien reza la Misa Campesina

Nicaragüense.

Y no estás sólo porque sigues en tu Nicaragua-Nicaragüita, la flor más linda de

tu querer. Sigues en la alforja campesina pinolera, el mero escapulario de tu

tierra, esa que cuando baja del monte tan cargada parece una indita

embarazada.

Estás en la tumba del guerrillero, en las tumbas de todos los guerrilleros de

Nicaragua, en ríos, montes y praderas y en todos los valles sigue retumbando tu

voz y diciendo “¡agarra bien la guitarra, jodío!”.

Y estás con las mujeres del Cuá: con la María Venancia, con la Amanda Aguilar

y con la Cándida Martínez. Estás en la milpa del campesino, en el indiecito

dormido, en las nubes que lleva el viento.

Estás en todos los José Pérez y en su hambre diaria. Estás en Pedro el minero,

en las niñas del prostíbulo, en el tamborilero que todos los años nos anuncia la

llegada de la Navidad, en los miserables de Acahualinca y en todos los poetas

del Solentiname. En cada palmo de tu Nicaragua, ahí estás tú, Gaspar.

Tú no estás solo. Estás en muchos corazones porque eres de esos amigos que no

dejan un espacio vacío cuando se van (tú lo llenas todo, desde donde estés), ni

dejan un árbol caído, contigo no se detienen los caminos porque tú abres camino

con tu andar.

Y serás como Ramón Sijé, y también al almendro de nata te requiero, “porque

tenemos que hablar de muchas cosas, compañero del alma, compañero”.

Allí donde estés, reza por nosotros.

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