SÍNTESIS DEL DISCURSO DEL PAPA A LOS PRESOS DE CIUDAD JUARES

 

Ante los problemas de convivencia, de violencia, ¿qué hace la sociedad? Ya tenemos varias décadas perdidas pensando y creyendo que todo se resuelve aislando, apartando, encarcelando, sacándonos los problemas de encima, creyendo que estas medidas solucionan verdaderamente los problemas.

 

Lo que se debe hacer es preocuparnos de la vida de las personas; sus vidas, las de sus familias, las de aquellos que también han sufrido a causa de este círculo de violencia.

 

Las cárceles son consecuencia de una cultura del descarte, de una sociedad que poco a poco ha ido abandonando a sus hijos, de una cultura que ha dejado de apostar por la vida.

 

La reinserción ha de comenzarse a hacer antes, afuera, cuidando la salud social en el barrio, las escuelas, las plazas, las calles, los hogares, generando una cultura que actúe y busque prevenir aquellas situaciones, aquellos caminos que terminan lastimando y deteriorando el tejido social.

 

Viendo como son en realidad las cárceles parece que han sido concebidas para incapacitar a las personas a seguir cometiendo delitos. Debiera ser un tiempo para promover los procesos de inserción atendiendo los problemas sociales, psicológicos y familiares que llevaron a una persona a la cárcel.

 

También parece que las cárceles son concebidas como la solución a la inseguridad. Para solucionar este problema se deben afrontar las causas estructurales y culturales de la inseguridad, que afectan a todo el entramado social. La convivencia se mejora atendiendo a los hambrientos, a los sedientos, a los sin techo o a los presos. La inclusión social de todos los excluidos es la mejor solución a la inseguridad social. Es un engaño social creer que la seguridad y el orden solamente se logran encarcelando.

 

La reinserción social comienza insertando a todos nuestros hijos en las escuelas, y a sus familias en trabajos dignos, generando espacios públicos de esparcimiento y recreación, habilitando instancias de participación ciudadana, servicios sanitarios, acceso a los servicios básicos, por nombrar solamente algunas medidas. Ahí empieza todo proceso de reinserción.

 

Los encarcelados deben aprender a no quedar presos del pasado, del ayer, a abrir la puerta al futuro, al mañana; a creer que las cosas pueden ser diferentes; a levantar la cabeza y a trabajar para ganar ese espacio de libertad anhelado.

 

Lo que hay que hacer es revertir las situaciones que generan más exclusión, frenar el círculo de la violencia y la exclusión, trabajar para que esta sociedad que usa y tira a la gente no siga cobrándose víctimas.

 

Los que acompañan a los presos deben darse cuenta de que ellos no están libres de pecado, han tenido sus propios errores. ¿Por qué ellos sí allí y yo no? Quizás simplemente porque no hemos vivido sus mismas circunstancias. Su presencia de acompañamiento debe ser signo de la misericordia de Dios.