El Papa Francisco critica el sistema penitenciario

que "no genera nuevas oportunidades"

 

PABLO PARDO Corresponsal Washington. 27/09/2015

 

Francisco se reunió ayer con unos 9 presuntos asesinos, alrededor de 15 personas acusadas de violación y otros 5 individuos a los que los fiscales consideran ladrones. En total, el Papa se reunió con unas 80 personas más, todas ellas acusadas -o condenadas- a cárcel. Fue en la prisión de Curran-Fromhold, en las afueras de Philadelphia, desde donde regresará esta noche (hora de EEUU) a Roma, tras su viaje de 9 días por Cuba y Estados Unidos.

La visita del Papa a la cárcel tiene un sentido especial en Estados Unidos, un país en el que, literalmente, una condena en prisión supone la muerte civil de una persona, y que, además, tiene la mayor población reclusa del mundo (con la posible excepción de China, un país cuyas estadísticas en esta área han sido cuestionadas por diferentes organizaciones).

Allí, en lo que parecía el gimnasio de la cárcel, Francisco saludó a los aproximadamente 70 hombres y 11 mujeres -éstas, procedentes de otro centro penitenciario-, los abrazó y los bendijo. Se sentó en una silla de madera de castaño fabricada para él por los presos -en su misa en el Madison Square Garden, en Nueva York, también había rechazado el trono que le había sido ofrecido y lo sustituyó por una silla hecha por inmigrantes para él- y les dijo: "He venido como pastor pero sobre todo como hermano a compartir su situación y hacerla también mía".

El Papa recibió un paquete de hortalizas que los presos cultivan en la cárcel, y afirmó que "es penoso constatar sistemas penitenciarios que no buscan curar las llagas, sanar las heridas, generar nuevas oportunidades". Es un mensaje muy claro en Estados Unidos, un país en el que la tasa de reincidencia de los delincuentes -es decir, la probabilidad de que éstos vuelvan a cometer crímenes al salir de la cárcel- es del 43%. Como referencia, baste decir que la tasa de reincidencia de los expresos de Guantánamo es del 9% aunque, en este segundo caso, muchos de ellos permanecen controlados por las fuerzas de seguridad en los países a los que han sido entregados.

Antes de visitar Curran-Fromhold, Francisco se había reunido con un grupo de víctimas de abusos sexuales por parte del clero de Estados Unidos. Ahí Francisco se mostró mucho más duro que en Curran-Fromhold, en línea con lo que ha sido su política desde que inició su pontificado. "Los crímenes, los pecados de los abusos sexuales a menores no pueden ser mantenidos en secreto durante más tiempo", dijo el papa, que volvió a declarar que todos los responsables "rendirán cuentas".

 

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