Vicente Ferrer, uno de los nuestros

 

Causa sorpresa la postura silenciosa de la Iglesia oficial, con  motivo de la muerte de Vicente Ferrer, cuando el mundo multicolor y diferente despedía, con gratitud y emoción, al benefactor y humanitario misionero.

              Pensamos que esta ausencia injustificada ante la pérdida de un hombre íntegro, cristiano excepcional, que hizo de su vida entrega y lucha contra la pobreza en el mundo, contrasta con la admiración general de cientos de miles de personas que se vieron favorecidas por las obras de los servicios sociales de Vicente Ferrer en la tierra más pobre de la zona, en Anantapur: granjas agrícolas, excavación de más de cuatro mil pozos, cooperativas, residencias, hospitales.

              Vicente Ferrer nace el día 5 de mayo de 1920 en Barcelona. A los 24 años ingresa en la Compañía de Jesús, de la que se separa, por dificultades de entendimiento en el mes de marzo de 1970. Ese mismo año contrajo matrimonio con  Anne, periodista inglesa, con la que tuvo tres hijos.

              Vicente Ferrer fue premio Príncipe de Asturias de la Concordia en 1998, español universal, personaje destacado de la historia del siglo XX por La UNESCO en 2001.

              Cuando hoy, dentro y fuera de la Iglesia, se escuchan tantas palabras vacías, pronunciadas a destiempo, cargadas de falsas alabanzas, nosotros, cristianos, alzamos la voz en recuerdo y gratitud de Vicente Ferrer, uno de los nuestros, figura insigne de atención a los pobres, apóstol de la casta inferior de la sociedad hindú, de los intocables y valoramos su esfuerzo y el de tantos otros y de otras, que como él, tomaron muy en serio la causa de Jesús.

 

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