SOBRE LA ACTUAL CRISIS

DE PASTORAL PENITENCIARIA EN ASTURIAS

Después de ser informados directamente por personas que están viviendo en su carne el problema actual de Pastoral Penitenciaria y después de conocer lo dicho y escrito al respecto por parte de la diócesis y del delegado de Pastoral Penitenciaria, a todos nos pareció que la manera como el nuevo delegado, apoyado por el obispo, abordó la situación de la Pastoral Penitenciaria no fue la correcta, sobre todo por el modo tan autoritario de anular sin previo aviso la autorización para entrar en la cárcel con el evidente perjuicio para aquellos internos que recibían el beneficio de su presencia en el Centro Penitenciario. A algunos hubo de autorizárseles de nuevo a entrar, debido a la importancia de lo que estaban haciendo en ese momento. También nos parece que las personas comprometidas en Pastoral Penitencia no han sido tratadas con el respeto debido.

En el análisis que se hizo se observó que el problema de fondo radicaba en dos concepciones distintas de Iglesia:

Una la entendía como una institución esencialmente jerarquizada y autoritaria, donde el obispo y sus vicarios o delegados son los que dirigen y mandan. Los cristianos lo que tienen que hacer es obedecer sumisamente y seguir las directrices que emanan del vértice, de arriba, de la autoridad competente.

Otra es la que tiene la mayoría del grupo suspendido: entienden la Iglesia como Pueblo de Dios, como comunidad de hermanos, que caminan todos juntos anunciando la nueva noticia de Jesucristo. En esta Iglesia no hay obispos que se comportan como jefes propiamente dichos que dirigen y mandan, es una Iglesia popular, donde todos pueden hablar y a todos se les escucha. Entre todos se ve cómo ser Iglesia y cómo hacer Iglesia.

Se observaron también dos concepciones distintas de hacer la pastoral:

Una es principalmente sacramentalizadora, preocupada sobre todo por las almas. La concepción que se tiene de la actividad de la Iglesia hacia afuera es más bien la de una pastoral de cristiandad, que, entre otras muchas cosas, lleva consigo buscar la protección o el apoyo del poder, de las autoridades civiles, con las que se suele vivir en connivencia.

Hay otro modo de hacer Iglesia: la de una pastoral misionera. Ésta entiende que incitando, ayudando o colaborando en hacer pozos de agua con la gente que no la tiene, o haciendo escuelas, o dispensarios, etc. se está, con los hechos mismos, anunciando el evangelio de Jesús. En un Centro Penitenciario no se hacen pozos de agua, ni escuelas…, pero hay enfermos, indigentes, marginados… Se puede estar a su lado, se les puede escuchar, oír sus problemas y, si se puede hacer alguna actividad que les pueda ayudar a realizarse, darles clases según sus necesidades o aficiones… También haciendo una liturgia eucarística participada y creativamente adaptada. Además, la pastoral misionera, al contrario de la de cristiandad, no olvida la actitud profética, tan importante en la vida de Jesús, ejerciendo siempre que es necesario la crítica o denuncia del mal social, de las injusticias, de los abusos de poder, de la falta de profesionalidad que perjudique a alguien, etc.

Nuestro modo de entender la Iglesia y la pastoral coincide con quien la concibe como una comunidad de hermanos, con todo lo que ello implica, y con el que hace una pastoral misionera, con las consecuencias que ello tiene. Muchos obispos, -con sus equipos de gobierno incluidos-,  no han entendido el mensaje de cambio del Papa Francisco, que viene a enlazar con el camino abierto por el Concilio Vaticano II, más en consonancia con el modo de ser y hacer de Jesús de Nazaret.

Así pues, queremos manifestar nuestro a poyo al grupo de Pastoral Penitenciaria con los que coincidimos en el modo de entender la Iglesia y la pastoral, pidiendo al mismo tiempo que se les trate como corresponde, se les respete y se valore su larga trayectoria de presencia desinteresada en el Centro Penitenciario de Villabona, que les da la suficiente experiencia para participar activamente en el modo de concebir y de decidir cómo llevar a la práctica la Pastoral Penitenciaria. Conocemos a muchos de ellos y sabemos que llevan ya trabajando ininterrumpidamente en este Centro Penitenciario más de 15 años y es una inversión que no se puede recortar ni perder.

Creemos que, dados los valores cristianos que hay que suponer en todos, no será difícil abrir cauces de diálogo y llegar pronto a encontrar una solución donde se restablezca la comunión y el quehacer misionero, con todo lo que ello implica, en el centro Penitenciario de Villabona.

 

FORO GASPAR GARCÍA LAVIANA.

Febrero de 2016