CHARLA DE ANDRÉS TORRES QUEIRUGA EN GIJÓN

18 de Marzo 2015

Este era el tema que se había anunciado: La fe en la cultura contemporánea. En el momento de comenzar el mismo ponente nos ofreció este titular de su reflexión:

Alguien así, es el Dios en el que yo creo: Dios sólo sabe, puede y quiere amar.

Voy a tratar de resumir las ideas que expuso.

A Dios sólo se le puede concebir como salvación, alguien que me puede ayudar. Es necesario pasar de un Dios que ensombrece la vida a un Dios que nos da luz. A través de la historia se va descubriendo quién es Dios. Siguiendo los tiempos de la Biblia, primeramente se piensa en un Dios que es poder, luego juez.

Hay la visión de un Dios inmisericorde con los enemigos de su pueblo, con quienes no le guardan fidelidad… Al bajar Moisés del monte con las tablas de la ley y encontrar a los israelitas adorando al becerro de oro, después de haber reunido a los del Señor, Dios le dice que ejecuten a los culpables: murieron tres mil hombres del pueblo.

Se tuvo la creencia en un Dios que castiga a los malos y premia a los buenos. A este respecto, el autor del libro de Job supone un avance en la manera de entender a Dios. El personaje protagonista de este relato es una buena persona a quien Dios somete a sufrimiento. Sus males no reflejan lo que se creía, no son un castigo de Dios debido a sus pecados.

Se avanza en la concepción de Dios al descubrirle como misericordioso, protector de los débiles…

El Dios en el que hay que creer es el Dios de Jesús. Jesús de Nazaret da un paso definitivo al descubrirnos a Dios como Padre-Madre. Nos muestra a un Dios que sólo sabe amar. Él ama a todos, incluso a los “malos”, sobre quienes hace salir el sol de igual manera que sobre los “buenos”. Le dará pena que no seamos buenos, pero nos seguirá amando, pues es puro amor, puro perdón. Dios estará siempre a nuestro lado, al lado de los pobres, de los enfermos, es un Dios misericordioso…Por eso se puede decir que el amor de Dios es incluso más grande que el amor de un padre o una madre.

Este Dios de amor vive en nosotros. El amor que vive en nosotros es Dios, un amor que cuando lo ponemos en acto produce verdaderos milagros, cambia el curso de las leyes de la naturaleza. El malherido en el camino, después de ser asaltado, robado y violentado, lo normal es que hubiera muerto. Pero el amor solidario del samaritano rompe el desarrollo de los hechos, hace que se produzca el milagro de que el maltratado siga con vida. Si nos dejamos llevar por el amor de Dios en nosotros, como de hecho sucede tantas veces, se estarán produciendo continuamente milagros en el mundo, como de hecho están sucediendo por la actuación de tanta gente solidaria.

El nuevo modo de ver hoy a Dios nos obliga a cambiar el modo de orar. Le pedimos a Dios que tenga compasión y piedad de las personas que sufren, que pasan hambre o mueren por falta de sustento. Si las cosas no cambian, como de hecho sucede, ¿es culpa de Dios o nuestra? Pedimos a Dios que haga lo que nosotros tenemos que hacer. Dios ya es misericordioso. Lo que tenemos que hacer es ser solidarios y hacer que cada vez más gente lo sea. Nosotros hemos de ser las manos de Dios.

El modo de hablar hoy de Dios es gracias a Jesús y también debido a que sabemos mejor por qué suceden los hechos. No hay unas fuerzas externas que estén actuando sea Dios o sean demonios. Se pensaba que las cosas buenas se debían a la actuación de Dios y las malas a los demonios. El Concilio Vaticano II ha reconocido claramente la autonomía del mundo, que se desarrolla según sus propias leyes. Es necesario cambiar el modo de ver la presencia de Dios en el mundo. Por ejemplo, cuando estamos enfermos no es cuestión de pedir a Dios que nos cure, sino de ir a un médico. Eso lo sabemos bien, pero todavía nos queda dentro la anterior mentalidad y aun yendo al médico seguimos rezando a Dios pidiéndole que nos sane. Hay que ser completamente consecuentes con el cambio de mentalidad.

El desarrollo de la ciencia, el avance en el conocimiento de las causas por las que se producen los hechos, nos ha obligado a cambiar cierto modo de ver a Dios. Es también lo que ha producido en el siglo XVIII, cuando se descubre cómo funciona el mundo, el fenómeno del ateísmo. Se produjo entonces un cambio equivocado de ver a Dios, viéndole como el gran creador del mundo, peor que luego se aparta fuera de él. Dios nos está creando continuamente y lo hace por amor. Este es un principio fundamental de la teología. Dios actúa siempre, sin interrupción. Dios está dentro de nosotros llevándonos adelante, está dentro de la vida, dentro de la sociedad. No hay que rogar a Dios, es Dios quien nos ruega a nosotros para que tengamos piedad del mundo, de los que sufren. Lo más auténticamente humano, según Dios, es ser solidarios. Es por donde Dios quiere que vayamos. Esta es la dirección que Dios ha marcado a la creación. Cuando pedimos a Dios que venga a nosotros su Reino, nos estamos diciendo a nosotros mismos lo que hemos de hacer, lo que Dios quiere que hagamos: una sociedad justa, solidaria, compasiva… La oración de petición a Dios para que él haga lo que hemos de hacer nosotros no tiene sentido. Siguiendo como siguen las cosas igual o casi igual, ¿tendríamos que decir que es Dios el responsable?

Al final hubo un largo diálogo donde se le pregunta sobre la frase de Jesús “pedid y se os dará”, sobre la eucaristía como sacrificio, sobre qué es lo que hay detrás de la palabra “Dios”, etc.

(Síntesis hecha por Pipo Álvarez.)