COLABORACIÓN

Más fidelidad evangélica que estrategia

POR ÁNGEL M. UNZUETA, * VICARIO GENERAL DE LA DIÓCESIS DE BILBAO – Deia. Sábado, 26 de Octubre de 2013 - Actualizado a las 06:02h.

 

 

¿SERÁ capaz el Papa Francisco de llevar adelante la reforma que sus gestos y palabras evocan y provocan? La pregunta se formula en medios eclesiales y en ambientes sociales de signo diverso. Se teme que las expectativas generadas en estos siete meses de pontificado queden truncadas en razón de su edad ("si fuera algo más joven"), de la dificultad inherente a todo cambio ("una cosa son los gestos y las palabras y otra las decisiones") o de las resistencias visibles o latentes (detectadas principalmente en sectores de la curia vaticana, pero para nada exclusivas de ellos).

 

En las declaraciones y decisiones de Francisco se puede percibir una melodía de fondo, a veces no suficientemente atendida, que alienta la esperanza en una renovación profunda de la actual configuración de la Iglesia. Preguntado acerca de las posibilidades de éxito de su esfuerzo renovador, el Papa viene a mostrar sus limitaciones, para afirmar acto seguido que la reforma será posible gracias a la labor de sus colaboradores: "Yo solo no, pero con otros, probablemente sí".

Con ello, Francisco trata de evitar el culto a su personalidad, ciertamente asombrosa y seductora, para centrar la atención en el carácter colegial del gobierno de la Iglesia. Es consciente de que precisamente en ese contexto encuentra su pleno sentido el papado. No en vano se presentó el primer día como obispo de Roma, encargado de presidir en la caridad, en la comunión fraterna, a sus demás hermanos obispos y a las Iglesias locales. Tal talante rima más fácilmente con la letra y el espíritu del Vaticano II y con el Evangelio. De ahí que en el Papa actual mucha gente haya percibido de modo casi espontáneo e inmediato frescura evangélica y aire conciliar.

En definitiva, la búsqueda de la colegialidad y del consenso en la Iglesia no obedece primeramente a razones de eficacia, sino de fidelidad al Maestro de Galilea que, aun siendo único, desde el comienzo asoció a otros a su misión. Tiene mucho más que ver con la espiritualidad y con la virtud que con la estrategia o la eficacia. Y conecta directamente con la fórmula elaborada por Pablo VI para firmar las actas del Concilio. En ella, el Papa no suscribía los documentos solo, como venía siendo la costumbre, sino conjuntamente con los demás obispos, entendiéndose a sí mismo como Pablo, obispo de la Iglesia católica. Por factores diversos, que no es necesario detallar ahora, algo de esto se ha perdido en estos años. Nunca es tarde.