Querid@s amigos y amigas

Lamentablemente, razones familiares y de otros amig@s nos han aconsejado no viajar a Chiapas y a otras ciudades de México en este momento. Pero les prometemos que, en una fecha convenida en el año próximo, estaremos seguramente con tod@s Ustedes.

Unas pocas palabras sobre el tema de la protección de la Madre Tierra y el aporte importante de la sabiduría de los pueblos originarios:

Todos sabemos que la Tierra se encuentra crucificada a raíz de la superexplotación que el sistema industrialista de corte capitalista está haciendo de forma cruel y sin piedad. La Tierra necesita de “un año y medio” para reponer lo que le sacamos durante “un año”. Esto quiere decir que la Madre Tierra ya no tiene sostenibilidad. Hemos tocado los límites físicos de nuestro Planeta. El proyecto de la modernidad tenía como base dos presupuestos: el infinito de los bienes y servicios de la naturaleza (que los indígenas llaman “bondades de la naturaleza”), imaginando la Tierra como un baúl del cual se podría sacar todo lo que queríamos. Y que podríamos seguir infinitamente con el desarrollo/crecimiento en dirección del futuro.

Estos dos presupuestos son falsos e ilusorios. La Tierra es pequeña, finita, megasecular y con bienes y servicios limitados, muchos de ellos no renovables. Un proyecto infinito no puede ser soportado por una Tierra finita. Y no se puede llevar adelante el proyecto infinitamente porque si quisiéramos universalizar el bienestar de los países ricos del Norte del mundo para toda la humanidad, necesitaríamos de 3 Tierras semejantes a ésta. Lo que es evidentemente imposible.

Tenemos que cambiar nuestra forma de habitar nuestra única Casa Común. Tenemos, sí, que producir para atender las demandas de millones de personas y también de toda la comunidad de vida, ella también creada por la Madre Tierra, como los animales, los bosques y todos los demás seres que conviven con nosotr@s. Pero producir respetando las posibilidades y los límites de cada ecosistema.

Lo que hoy se pide, al revés de una globalización que todo somete a un único pensamiento y a un único tipo de ciencia, es el bioregionalismo. Respetar el mapa que la Tierra misma ha diseñado, especialmente por las montañas y los ríos. Dentro de cada ecoregión elaborar un tipo de producción que pueda atender a toda la población y a la comunidad de vida. Hay que incluir la cultura, las tradiciones, las fiestas y la historia local en este tipo de convivencia para que sea incluyente y armónica.

La reacción de la Tierra de cara a las agresiones que sufre es mostrar que está enferma. La enfermedad se revela por la fiebre que ya tiene. Es el calentamiento global. No nos estamos yendo rumbo al calentamiento; estamos ya dentro de él, muy próximo a los 2 grados Celsius. Ya con este nivel muchos seres vivos empiezan a desparecer. El gran biólogo de Harvard, Edward Wilson, en sus últimos cálculos demostraba que cada año están desapareciendo entre 27-100 mil seres vivos: Son libros abiertos que pueden contener la cura del Sida, del Parkson y otras enfermedades y nosotr@s ni siquiera los hemos abierto y leído. Los hemos desechado. Esto equivale a una devastación como en eras primitivas.

Tenemos que garantizar la vitalidad de la Tierra. No la Tierra misma porque ella puede seguir sin nosotr@s. Ella no nos necesita. Nosotr@s si necesitamos de ella. Ella puede continuar cubierta de cadáveres, pero sin nosotr@s. Esto no lo podemos permitir, en nombre del Dios de la vida y por amor a nosotr@s mism@s.

Y no hay que olvidar otra grande amenaza: la máquina de muerte que los países militaristas han creado con armas químicas, biológicas y nucleares que pueden, como decía, hace poco tiempo, Michail Gorbachev, eliminar toda la vida y nuestra vida humana por más de 25 formas diferentes. Esta máquina ya está montada. Y sabemos que la seguridad nunca es total y perfecta. Véase lo que ocurrió con Fukushima y Chernobyl.

Tanto la amenaza de armas masivas de muerte, como la crisis del calentamiento global, ponen en riesgo el futuro de nuestra civilización, incluso de la especie humana. Por esto la Carta de la Tierra empieza con esta frase tan severa: “Estamos en un momento crítico de la historia de la Tierra y de la Humanidad, un tiempo en que tenemos que hacer una opción: o hacer una alianza global para cuidar de la Tierra y un@s de otr@s, o entonces arriesgar nuestra destrucción y de la diversidad de la vida”.

En este contexto tenemos que aprender de la sabiduría de todos los pueblos que han tratado a la Madre Tierra, como Pacha Mama, y la han amado, respetado y venerado. Tenemos que rehacer el contrato natural: la Tierra nos ofrece todo lo que necesitamos para vivir. Y nosotr@s sin ninguna reciprocidad la hemos maltratado, explotado, herido, practicando todo tipo de violencia contra ella. No hay, por lo tanto, una relación de reciprocidad. El contrato social, mediante el cual vivimos en sociedad con leyes, instituciones y comportamientos más o menos civilizados ( aunque estamos lejos de este sencillo ideal..), tenemos que unirlo con el natural para poder sobrevivir.

Aquí viene el aporte de las culturas de los pueblos originarios, especialmente de A. Latina. Visité a muchos de ellos, empezando con los mapuche en el Sur, después los andinos de Bolivia, Perú y Ecuador y, en América Central, Guatemala y otros países de población maya. Era nuestro gran deseo conocer Chiapas y aprender de la sabiduría de las antiguas tradiciones.

Como la gran mayoría de estos pueblos no han pasado por la circuncisión de la cultura moderna, guardan fielmente sus antiguas tradiciones y enseñanzas. Para todos ellos la Tierra es un ser vivo que vibra, siente, intuye, trabaja, engendra y alimenta a todos sus hijos e hijas. Por eso el ser humano, como decía el gran cantante e indígena argentino Atahualpa Yupanqui: “el ser humano es la Tierra que anda, que siente, que canta, que ama y que cuida”. Sí, nosotr@s somos aquella porción de la Tierra que en su evolución y complejidad empezó a sentir, pensar, amar y venerar. Esto lo han intuido los astronautas desde sus naves espaciales, cuando decían: desde la Luna, Tierra y Humanidad son una sola entidad. Por eso somos también Tierra. Esto es evidente en la cosmovisión de la gran mayoría de los pueblos originarios desde América Latina hasta en el polo norte con los samis y otros que he encontrado.

Tres cosas estos pueblos nos enseñan:

*En primer lugar, tratar a la Tierra con respeto, con veneración y con un espíritu de sinergia. Ella es, efectivamente y de hecho, Madre. Esto no es una metáfora. Es un dato científico que se afirmó en la comunidad científica mundial cuando James Lovelock y su grupo han mostrado de forma irrefutable que la Tierra no solamente tiene vida contenida en ella, sino que ella misma es un super Organismo Vivo que combina lo químico, lo físico y lo ecológico de tal forma que siempre produce y reproduce vida. Y la han llamado Gaia, uno de los nombres de la mitología griega para la Tierra viva. Esto ya lo sabían los pueblos originarios desde hace centenares de generaciones.

*En segundo lugar, nos enseñan el “bien vivir” que es un bien convivir de un@s con l@s otr@s, con la naturaleza, con la Madre Tierra, con los bosques, los ríos, con el Universo y con la Realidad Suprema que tiene muchos nombres. Este “bien vivir” entró en las constituciones de Bolivia y de Ecuador como la tarea principal del gobierno: crear las condiciones para que tod@s puedan tener su “bien vivir” junto con el conjunto de la naturaleza.

*En tercer lugar, los pueblos originarios nos están enseñando otro tipo de democracia, típica de América Latina y que significa una contribución nuestra a la idea general de democracia: no solamente representativa y participativa, sino también una democracia comunitaria en la cual toda comunidad participa y ayuda a formular las cuestiones y encontrar los mejores caminos para la sociedad.

Mucho habría que decir. Voy terminando. Hermanas y hermanos: parece que los escenarios son amenazadores. Pero yo creo en la fuerza del futuro y en la esperanza. No estamos en un escenario de tragedia, sino de una gran crisis que nos va purificar y permitir un salto de calidad hacia otro tipo de relaciones hacia la Tierra y entre nosotr@s: relaciones de colaboración, de fraternidad, de respeto a las diferencias. Los dolores que sentimos no son de una persona que está muriendo, sino de una madre que está dando a luz a un@ niñ@.Mientras niños y niñas siguen naciendo es una señal de que Dios aún confía en la humanidad.

Seamos, hermanos y hermanas, con la sabiduría ancestral, de nuestros pueblos originarios, l@s primer@s anunciador@s y testimoni@s de esta nueva aurora.

¡Muchas gracias y que el Dios de la vida nos bendiga a tod@s!
Leonardo Boff
19/10/2014