PARA TI, HERMANO FRANCISCO, PAPA

 

            Escribimos estas palabras desde la mente y el corazón: llevamos muchos años ansiando y pidiendo sin cesar a Dios, una reforma muy profunda de la Iglesia que la retorne a la fidelidad al Evangelio y a la coherencia con la realidad de nuestro tiempo.

 

            Tus primeros gestos nos han hecho abrigar esperanzas en esa dirección, pero tienes y tenemos todos un camino muy largo que recorrer, porque desde la base y más desde los diferentes peldaños de la estructura eclesiástica nos hemos desviado tanto del Mensaje de Jesús, que el retorno al mismo va a ser largo y costoso.

 

            Tenemos muy claro que tu solo no lo puedes  hacer, que es tarea de todos, pero sin duda tú eres la pieza clave o “piedra angular”, para:

 

            -construir de verdad una Iglesia pobre, con los pobres y para los pobres, pues son más de mil millones los empobrecidos del mundo, muchos muriendo de hambre cada día: “tuve hambre y me disteis de comer”. Este es el problema más grave de la humanidad, con el escandaloso agravante de que hoy hay bienes de sobre para todos, y por eso el hambre del mundo es una colosal injusticia. Jesús lo dijo así: “dichosos los que tienen hambre y sed de justicia”. Este problema, por si solo merecería un Concilio. Una Iglesia sin el compromiso total de hacer justicia a los empobrecidos del mundo será lo que sea, menos la Iglesia de Jesucristo. Necesitamos una Iglesia que, contigo a la cabeza, no solo auxilie a los oprimidos del mundo, sino que denuncie públicamente las causas y los causantes de los mismos, incluso a quienes, estando oprimidos, se identifican con los opresores y tienen en ellos su nefasto modelo de hombre.

 

            -desprenderse del patrimonio eclesiástico: la iglesia tiene un patrimonio artístico y cultural que le impide ser fiel reflejo del Evangelio, que se contradice con el testimonio de Jesús que dijo a los discípulos que le invitaban a admirar la suntuosidad del templo de Jerusalén: “en verdad os digo que no quedará piedra sobre piedra”, y también “el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza”. Esa suntuosidad es una enorme ofensa ante Dios y ante los ojos que quienes piden pan. Por tanto es necesario pasar todo ese patrimonio a otros organismos civiles que lo guarden y conserven, pero que su valor contable y el que genere una buena gestión de los mismos pase a socorrer las necesidades de los empobrecidos del mundo. No se puede servir a Dios y al dinero. El verdadero templo de Dios no son las piedras, las imágenes, los retablos: “vosotros sois el templo de Dios vivo”. La Iglesia tiene que ser pobre y aparecer como tal. A muchos creyentes se nos indigestan los fastos, las ceremonias teatrales de San Pedro, de muchas catedrales, de los órganos millonarios, de los coros que cantan a los ricos pero no lloran con los pobres, de los templos y santuarios lujosos, de los miles que se gastan en flores, coronas y ostentaciones, mientras a la puerta hay quien pide por hambre. También se nos indigestan los trajes de primeras comuniones, los de bodas eclesiásticas, y un largo etcétera.

 

            -reformar en el fondo y en la forma el Vaticano y su Curia, para que muy lejos de aparecer como un staff ejecutivo y disciplinario, sea un servicio a toda la Comunidad eclesial, desde la trasparencia, la sencillez, la cercanía, la fraternidad, el diálogo, la escucha muy atenta a la realidad del mundo. Y por tanto: disolver el Estado Vaticano, y quedarse como cualquier otra institución que funciona  por sí misma, sin poseer ningún territorio cual estado o nación independiente, ni ejercer ningún poder político, ni toda la parafernalia que acompaña a este, como “ministros”, “ministerios”, “nuncios”, bancos, etc., sino que su fuerza sea la fidelidad al mensaje de Jesús y su autoridad sea exclusivamente la que brote de su compromiso con la práctica, la enseñanza y el compromiso con los grandes valores del Evangelio.

 

            -institucionalizar la democracia en la Iglesia, con la participación de las comunidades cristianas en la elección y designación de sus pastores, surgidos de la madurez en la fe de las propias comunidades, cuya decisión pueda recaer tanto en hombres como en mujeres, y que por tanto éstas puedan ejercer las mismas funciones ministeriales que ejerzan los varones sin ninguna limitación, tanto para las Iglesias locales como para la Iglesia universal. En este contexto no tiene sentido el celibato obligatorio y que cada persona pueda optar libremente por aquella situación que considere más favorable para el servicio de la Comunidad, viviendo económicamente como cualquier otro miembro de la comunidad y prestando su servicio a la misma desde la voluntariedad como lo hacen muchos creyentes sin esperar nada a cambio.

 

            -una iglesia totalmente desvinculada del poder político y económico, con sus propias instituciones de educación en la fe, siendo la primera la propia Comunidad cristiana, que ha de capacitar a sus miembros para ser personas adultas y maduras como hombres y como creyentes, con la suficiente formación para estar a la altura de los retos y las necesidades de nuestro tiempo, capaces de hacer una análisis crítico, político e histórico del momento existencial  en que les toca vivir.

 

            Gran y profunda tarea, hermano papa, Francisco. Aquí en la base estamos muchos para desearte toda la ayuda de Dios y acompañarte en este duro y largo camino de retorno al mensaje transparente, claro y nítido del Evangelio. Vamos a toparnos, sobre todo tú, con muchas y poderosas fuerzas reaccionarias, como le pasó a Jesús con los fariseos, los escribas, los letrados y senadores de Jerusalén que le llevaron hasta el terrible patíbulo de la cruz, pero al final resucitó. Te decimos como Jesús a Pedro: “No temas”.